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martes, 10 de noviembre de 2015

La gran batalla

don bosco dos pilares
29 de abril de 1977
Fiesta de Santa Catalina de Siena

Mi plan.
“Ha llegado mi hora. Nadie podrá impedir mi plan, que desde hace tiempo he preparado para salvar a la Iglesia.
Los puntos estratégicos de este plan sois vosotros, Sacerdotes, hijos de mi maternal predilección.
Mi plan sólo se podrá realizar a través vuestro.
Pero a vosotros no os toca conocerlo en sus detalles. Basta que los conozca Yo, que soy vuestra Capitana. Vosotros sólo tenéis que obedecer dócilmente mis órdenes y dejaros guiar por Mí. No me preguntéis adónde os llevo. Yo colocaré a cada uno en el sitio conveniente. Cada uno se preocupe de cumplir fielmente su cometido. No se ocupe ni se preocupe de lo demás.
Me incumbe a Mí disponerlo todo según el plan que desde hace tiempo viene preparando mi Inmaculado Corazón, en la luz de la Sabiduría de Dios.
Algunos de vosotros serán llamados a vivir en la línea de la acción.
A éstos se les concederá luz y fuerza para aniquilar los ataques de quienes intenten destruir toda la Verdad contenida en el Evangelio de mi Hijo Jesús.
En sus bocas estará la espada de doble filo para desenmascarar el error y defender la Verdad.
En una mano llevarán la corona del Rosario y en la otra la Cruz de mi Hijo, para quien ganarán muchas almas en número tanto mayor cuanto más intensa y decisiva sea la batalla.
Serán revestidos con el fuego de la luz purísima del Espíritu Santo para disipar las tinieblas del error; al fin, y por medio de vosotros, triunfará la Verdad.
Otros serán llamados a ocupar las líneas de apoyo.
Tendrán que rezar y sufrir mucho. A muchos de éstos les pediré un sufrimiento tan grande, que culminará con la inmolación de la propia vida. Pero a éstos les daré el consuelo de mi constante y extraordinaria presencia. Mi Corazón Inmaculado será el altar en que serán inmolados para la salvación del mundo.
Hijos míos Sacerdotes, os llamo ya de todas las partes del mundo. A cada uno le ha sido asignado su puesto en esta batalla que ya ha comenzado.
Tengo prisa. Dejaos reunir por Mí; decidme todos sí. Así podré colocar a cada uno en su lugar preciso, aquel que la Madre ha preparado ya para vosotros.
Sólo entonces habré completado mi plan y el ejército de mis Sacerdotes estará preparado.”
18 de mayo de 1977
Mi batalla.
“Dejaos conducir por Mí, hijos míos predilectos, Mi batalla ha empezado ya.
Comenzaré atacando al corazón de mi Adversario, y lo haré, sobre todo, allí donde él se cree ya vencedor seguro.
Ha conseguido seduciros ya con la soberbia. Ha sabido disponerlo todo de una manera inteligentísima.
Ha doblegado a su plan a amplios sectores de la ciencia y de la técnica humana, ordenándolo todo a la rebelión contra Dios.
En sus manos se encuentra ya una gran parte de la humanidad.
Ha sabido atraerse, con engaños, a científicos, artistas, filósofos, sabios y poderosos. Seducidos por él, se han puesto a su servicio para obrar sin Dios y contra Dios.
Pero aquí está su punto débil.
Lo atacaré empleando la fuerza de los pequeños, de los pobres, de los humildes, de los débiles.
Yo, “la pequeña esclava del Señor”, me pondré a la cabeza del gran ejército de los humildes para atacar al baluarte de las aguerridas huestes de los soberbios.
A todos estos hijos míos les pido sólo que se consagren a mi Inmaculado Corazón y que se dejen poseer por Mí. Así seré Yo misma la que obre en ellos. Mi victoria, por medio de ellos, ya ha empezado.
También en mi Iglesia parece que Satanás lo ha conquistado todo ya.
Se siente seguro porque ha logrado engañaros y seduciros:
con el error, difundido por doquier y proclamado hasta por muchos de mis pobres hijos Sacerdotes.
con la infidelidad, que se ha revestido de cultura, de “aggiornamento”, con la tentativa de hacer más actualizada y aceptable la evangelización. Así, el Evangelio que hoy algunos predican no es ya el Evangelio de mi Hijo Jesús.
con el pecado, que hoy cada vez se comete más y se trata de justificar. No pocas veces las vidas sacerdotales y religiosas se han convertido en verdaderas cloacas de impureza.
Sobre esta Iglesia, que parece a punto de irse a pique, Satanás quiere reinar como seguro triunfador. Pero le heriré el corazón, poniendo su misma victoria al servicio del triunfo de mi Inmaculado Corazón.
Me valdré de las tinieblas, que él ha difundido por todas partes, para escoger las almas de mis hijos más pequeños, a quienes daré mi misma luz.
Así todos serán llevados por la misma oscuridad a buscar la salvación en la Luz que parte de mi Corazón Inmaculado.
Y todo el triunfo de mi Adversario servirá únicamente de ayuda a innumerables almas, que se cobijarán en mi Corazón de Madre.
Llamaré a mis Sacerdotes a dar testimonio de su fidelidad hasta el heroísmo.
Con su ejemplo ayudarán a las almas de muchos hijos míos extraviados a volver al camino de la fidelidad.
A mis hijos predilectos los llevaré a una gran santidad para que, por su medio, sea reparado todo el pecado del mundo. Y así tantos hijos míos perdidos podrán aún salvarse.
Por eso, ¡cuánto miedo me tiene Satanás!
Yo estoy actuando ya con el ejército de mis pequeños hijos. Nada podrá detenerme hasta lograr mi más completa victoria. Y así, en el mismo momento en que todo parezca perdido, la Providencia traerá el triunfo de mi Inmaculado Corazón en el mundo.”
(Mensajes de la Santísima Virgen al Padre Gobbi)

viernes, 28 de marzo de 2014

Cristo fundó una sola Iglesia: La Católica

CRISTO FUNDÓ UNA SOLA IGLESIA: LA CATÓLICA

"Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella." Mt. XVI, 18

Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, dio su vida en la Cruz para salvar a los hombres del pecado y del poder del demonio. Fundó su Iglesia para continuar su obra de salvación. Única y exclusivamente a esta Iglesia que Él mismo fundó, confió su misión, su Evangelio, su autoridad y sus poderes divinos para predicar, bautizar, hablar en su nombre y salvar a los hombres. Sin embargo, dieciséis siglos después de Cristo, Martín Lutero, un sacerdote católico excomulgado por sus graves errores en materia de fe, inventó la teoría de la libre interpretación de la Biblia. Este libre examen produjo unas 36,000 sectas diferentes y opuestas, que sin ningún derecho se apropiaron del Evangelio, utilizándolo contra la legítima Iglesia. Para hacerse aceptar, todas estas sectas destructoras de la Iglesia legítima, pretenden ser de Jesucristo. Hoy en día muchos fundan “su iglesia” y “predican la Biblia” a su modo, haciendo “discípulos” y sembrando confusión y división entre los católicos.

¿Todo esto sería fruto del Espíritu Santo de Cristo? ¿Reconoce Cristo a estas 36,000 iglesias como suyas o las rechaza? puesto que Él no las fundó y a nadie dio autoridad para fundarlas? Frente a la confusión provocada por las sectas, para no dejarse engañar y perderse eternamente (Mateo 7, 15-23) ¿cómo saber con certeza cuál es la verdadera Iglesia que Cristo fundó? Este asunto necesita reflexión, mucha buena voluntad y humildad.

Cristo fundó la Iglesia Católica

Toda persona que es lógica y cree en lo que dice la Biblia y quiere hacer la voluntad de Dios, debería aceptar los principios siguientes:

1. Cristo no escribió una Biblia, sino que fundó una Iglesia: formó hombres y los mandó a hablar y actuar en su Nombre (Mateo 28, 19; II Timoteo 2, 2).

2 La Iglesia que Cristo fundó debe necesariamente tener 21 siglos de existencia, puesto que Cristo vivió hace más de 2000 años en esta tierra.

3. Únicamente la Iglesia que tiene 21 siglos viene de Cristo, es la iglesia legítima, la que escribió la Biblia, la que recibió el Espíritu Santo.

4. Ahora bien, la historia nos dice que la Iglesia Católica, es decir, la Iglesia cristiana universal, es la única Iglesia que tiene 21 siglos, y que esta misma Iglesia viene de los Apóstoles, a través de sus legítimos sucesores. Desde San Pedro, martirizado en el año 67 en Roma por el emperador romano Nerón, hasta el Papa Benedicto XVI, esta Iglesia tiene un jefe, representante de Cristo y sucesor de San Pedro, ahora llamado Papa.

5. Únicamente la Iglesia Católica, que ha tenido 265 Papas, puede proporcionarnos una lista de sus jefes, desde San Pedro hasta el Papa actual. Ninguna otra iglesia puede ofrecernos esta lista de la sucesión apostólica. Si no puede mostrarnos este documento, significa que fue fundada después; y si fue fundada después, no es una iglesia legítima, ni verdadera ni bíblica; no puede ser obra de Cristo; si no es obra de Cristo, esta “iglesia” fundada por supuestos profetas, no puede ni predicar correctamente el Evangelio, ni santificar ni salvar, aunque afirme ser de Cristo (Mateo 7, 15-23). Es un instrumento de perdición que confunde la gente, ya que Cristo afirma que habrá supuestos “profetas que extraviarán a muchos” (Mateo 24, 11).

6. Cristo, por ser Dios, no puede equivocarse ni engañarnos: prometió a sus Apóstoles y a sus sucesores que Él estaría con ellos hasta el fin del mundo y que las fuerzas del mal no podrían prevalecer contra su Iglesia (Mateo 28, 17-19). Por consiguiente, pretender que la Iglesia verdadera se acabó en el siglo cuarto y que el emperador Constantino “fundó la Iglesia Católica”, es antibíblico y antihistórico; es una afirmación indigna de un hombre sensato.

7 Los que inventan supuestas iglesias desobedecen a Cristo y sus legítimos representantes a quienes Él dijo: “Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha y quien a vosotros rechaza, me rechaza a Mí; ahora bien, quien me rechaza a Mí rechaza a Aquel que me envió.” (Lucas 10, 16).

8. A los que rechazan la Iglesia Católica, pero se sirven de la Biblia, que la misma Iglesia Católica recibió, escribió, y nos la transmitió durante dieciséis siglos, decimos: Cristo, por ser Dios, es sabio y prudente, no dejó la Biblia como una manzana de la discordia entre sus discípulos y los que se hacen pasar por sus discípulos fundando sectas. Cristo fundó una Iglesia, dejó un representante, que fue San Pedro y sus legítimos sucesores, para predicar, interpretar y defender su Evangelio contra los manipuladores de la Biblia (II Pedro 1, 20; Gál. 1, 8; II Cor. 11, 13-14). La Biblia en manos de los fundadores de sectas, no puede defenderse, no tiene boca para desmentir las falsas interpretaciones y malas aplicaciones.

9. La Iglesia verdadera necesariamente es UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA y debe tener 2000 años; debe tener la misma fe, la misma moral, la misma autoridad mediante la legítima sucesión apostólica y la misma enseñanza, desde Cristo hasta hoy. Ahora bien, aparte de la Iglesia Católica, ninguna de las 36 000 iglesias protestantes cumple con estas condiciones (Juan 17, 20).

La Biblia nos habla de una Iglesia
San Pedro, después de haber declarado que Cristo es el Hijo de Dios vivo, recibe del propio Cristo esta respuesta: “Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré MI IGLESIA, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que atares sobre la tierra, será atado en los cielos, y lo que desatares sobre la tierra, será desatado en los cielos.” (Mateo 16, 17-19).

Cristo dice a San Pedro: "Apacienta mis
ovejas".  Jn. XXI,17.
Nuestro Señor dice mi Iglesia, no dice mis iglesias. Aunque la Iglesia esté en el mundo entero, es una. Jamás de los jamases nuestro Señor habla de varias iglesias. Al contrario, nos advierte de no dejarnos engañar por supuestos profetas. Así como Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2, 5), así la Iglesia Católica es la única Iglesia que conduce a Jesucristo, puesto que ella sola fue fundada por Él, para continuar su obra. Ella sola recibió al Espíritu Santo y la promesa de ser asistida por Él hasta el fin del mundo (Hechos 1, 8; Mateo 28, 20); ella sola es “la Iglesia del Dios viviente, columna y sostén de la verdad” (I Timoteo 3, 15); ella sola es la Iglesia de los Apóstoles, la iglesia de la cual habla la Biblia. Separarse de ella es renunciar a Cristo. Que esta Iglesia tenga hijos o ministros buenos o malos es otro asunto.

Cristo, Pontífice y Sacerdote supremo del Nuevo Testamento (Hebreos 4 y 5), formó a los Apóstoles y les comunicó sus poderes. Los Apóstoles que son los enviados y depositarios exclusivos de la autoridad de Cristo, antes de morir dejaron sucesores legítimos, esto es, formaron otros presbíteros y obispos, a quienes dieron el poder y la misión de predicar conforme a la Fe que ellos recibieron, predicaron y transmitieron ( II Timoteo 2, 2). Desde el siglo I hasta el XXI, siempre la Iglesia Católica tuvo sacerdotes, obispos y papas. Ella sola tiene esta sucesión apostólica legítima. San Pablo escribe a su discípulo, el obispo Tito: “Te he dejado en Creta [isla griega] para que arregles las cosas que faltan y para que constituyas presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené” (Tito 1, 5). Los presbíteros son los sacerdotes. El mismo San Pablo dice a los fieles de la ciudad de Corinto: “Os alabo porque observáis las tradiciones conforme os las he transmitido” (I Cor. 11, 2). “Mantened firmemente las tradiciones en que fuisteis adoctrinados, ya sea de viva voz ya sea por carta nuestra”(II Tesalonicenses 2, 15). Una secta que nació 2000 años después no ha visto nada, no recibió nada, no escuchó nada, no tiene ninguna tradición apostólica ni legitimidad. La palabra tradición viene del latín; significa transmisión y entrega del mensaje de Cristo, comunicado oralmente o por escrito (II Juan 12; III Juan 13). Por ejemplo por la Tradición sabemos que hay cuatro evangelios. En la Iglesia Católica, los fieles con sus presbíteros observaron lo que les fue transmitido, y ellos lo transmitieron, bajo la vigilancia de los obispos, a la generación siguiente; así fue desde el siglo I hasta hoy.

La más antigua secta protestante fue fundada por un sacerdote católico Martín Lutero, 1521 años después de Cristo. Ahora bien, los protestantes, que nacieron dieciséis siglos después de los Apóstoles, nunca los conocieron ni los escucharon ni recibieron una Biblia o misión de ellos. De ninguna manera pueden saber la correcta interpretación de la Biblia, que es el libro Sagrada de la Iglesia Católica y Apostólica. San Pablo dice: “Aun cuando nosotros mismos, aun cuando un ángel del cielo os anuncie un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea maldito. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema.” (Gálatas 1, 8-9). Toda interpretación de la Biblia que contradice la Fe católica y apostólica de 2000 años es un evangelio distinto. Todas las sectas predican un evangelio diferente del que predicaron los Apóstoles y sus legítimos sucesores. Esto es sumamente grave para ellas y sus víctimas.

Hablando de los predicadores no autorizados por la legítima Iglesia, San Pablo dice: “Esos tales son falsos apóstoles, obreros engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. No es maravilla, ya que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. No es mucho, pues, que también sus ministros se disfracen de ministros de justicia; su fin será el que corresponde a sus obras” (II Cor. 11, 13-14). Esto es algo tremendo e increíble. Sin embargo Cristo dijo: “Se levantarán muchos falsos profetas que engañarán a muchos […] y obrarán grandes señales y prodigios....” (Mateo 24, 11, 24). Los falsos profetas harán incluso falsos milagros.

La verdadera Iglesia es católica y apostólica
Cristo mandó a sus Apóstoles y sucesores anunciar su Evangelio (Mateo 28, 20). Los Apóstoles predicaron y dejaron representantes. San Pablo escribe a Timoteo, a quien consagró Obispo: "Lo que oíste de mí transmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros" (II Timoteo 2, 2). En la Iglesia Católica, desde San Pablo los obispos transmitieron a otros obispos lo recibido y los dejaron como guardianes de este depósito de la Fe (I Timoteo 6, 20).

Las palabras Iglesia y Católica vienen del griego y significan la asamblea universal de todos los fieles cristianos. Decir católico y decir cristiano es la misma cosa. “La Iglesia dijo San Agustín es el pueblo cristiano esparcido por toda la redondez de la tierra”. Desde el año 107, San Ignacio mártir, segundo Obispo de Antioquía de Siria, después de San Pedro, utilizó el término Iglesia Católica hablando de las iglesias fundadas por los apóstoles.

La historia nos dice que los rusos y griegos “ortodoxos”, por ejemplo, se separaron de la Iglesia Católica en el año 1054. Los protestantes y evangélicos empezaron con Martín Lutero a partir de 1521. Los anglicanos fueron fundados en 1534 por el rey de Inglaterra, Enrique VIII, porque el Papa no le permitió divorciarse. Todas las demás sectas nacieron de la revolución luterana. Los Testigos de Jehová fueron fundados en Estado Unidos en 1871 por Carlos Taze Russell; los Mormones en 1830 por Joseph Smith; los de la supuesta “Luz del mundo” en 1926 por Eusebio Joaquín González en México. Los que se llaman “cristianos” son protestantes disfrazados. De todas estas sectas, ninguna tiene 2000 años, ninguna viene de los Apóstoles. Ahora bien, si Cristo no las fundó ¿qué garantía de veracidad y legitimidad pueden tener? Absolutamente ninguna. Al contrario, la Biblia, la historia, el sentido común y la justicia las condenan como usurpadoras de misión y función (Jeremías 23, 21, 25).

En conclusión, Cristo, fundador de la Iglesia Católica y Apostólica nos advierte: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas por dentro son lobos feroces… No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, éste entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día (del Juicio): Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu nombre, en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre obramos muchos prodigios? Y entonces les declararé: nunca jamás os conocí; apartaos de mí los que obráis la iniquidad” (Mateo 7, 15-23).

En la crisis actual muchos de buena fe están en las sectas, pensando estudiar la Biblia. Sin embargo, se separaron de la Iglesia de Cristo para seguir iglesias ilegítimas que no tienen la autentica interpretación de la Biblia y que no salvan. La solución es regresar a la Iglesia fundada por Cristo, la que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

Un sacerdote católico

miércoles, 8 de agosto de 2012

Amó a la Iglesia

                                           

Amó a la Iglesia…

30. julio 2012 | Por  | Categoria: Iglesia
El Obispo católico de una nación totalmente protestante como es Suiza, moría en Roma y en ella dejaba sus restos mortales. Era doloroso no ser enterrado en la propia patria. Pero estaba santamente orgulloso de su sacrificio. Se le pregunta cuando ya está muy enfermo: -¿Y por qué había de morir aquí?… El enfermo ya no podía responder. Pero quienes le asistían respondieron por él con unas palabras del apóstol San Pablo: ¡Porque amó a la Iglesia!
Un elogio grande. Y son las dos palabras escuetas en latín que grabaron en la lápida de su modesto sepulcro dentro de una iglesia muy clásica de Roma: “Dilexit Ecclesiam” (Cardenal Mermillod)
Estas palabras las dijo Pablo hablando de Jesucristo: ¡Que amo a la Iglesia, y se entregó hasta morir por ella! (Efesios 5,25)
¿Podrían ser estas palabras para nosotros un ideal?… Porque amar a la Iglesia no es una cosa cualquiera. Es amarse a sí mismo, porque que somos Iglesia. Si fue el ideal de Jesucristo, ¿no puede serlo también de cada cristiano?
Las tres mujeres que la autoridad máxima de la Iglesia ha declarado como Doctoras —privilegio extraordinario ostentado por muy pocos— fueron tres Santas apasionadas por la Iglesia.
- Catalina de Siena, en el siglo catorce, que, a sus treinta y tres años, exclama entusiasmada en el lecho de muerte: -¡Créanme! Si abandono este cuerpo es porque doy mi vida por la Iglesia y en la Iglesia; y esto es un privilegio insigne.
- Teresa de Jesús, en el siglo dieciséis, se dirige a Dios en su lecho de muerte con esta exclamación que se ha hecho tan clásica: -En fin, Señor, ¡soy hija de la Iglesia!
     – Teresa del Niño Jesús, la jovencita Doctora de veinticuatro años, en nuestros mismos días: -¡Quisiera realizar las gestas más heroicas, muriendo por la Iglesia en un campo de batalla!
Este amor a la Iglesia tiene raíces muy hondas en el espíritu cristiano.
Basta acudir a San Pablo, ejemplo sin igual en el amor a la Iglesia.
Llora, con sólo recordar lo que fue al principio: -¡Que no soy digno de ser llamado apóstol porque perseguí a la Iglesia de Dios!… (1Corintios 15,9)
Mira a la Iglesia como la Esposa de Cristo, y esto le llena de celo apasionado por los creyentes, para que sean dignos de Jesucristo: -Os desposé como casta virgen con un solo Esposo, Jesucristo (2Cor.11,2 )
Se mata por cualquier miembro de la Iglesia: -¿Quién desfallece, sin que desfallezca yo? ¿Quién se ve en peligro de perderse, sin que yo me abrase por dentro? (2Corintios 11,29)
Y acaba de decir antes, habando de todos sus trabajos: -Y esto, sin contar la preocupación diaria que supone la solicitud por todas las iglesias (2Cor. 11,28)
Con sólo Pablo, ya vemos por la Biblia lo que significa para el cristiano amar a la Iglesia y el hacer algo por ella.
Hemos visto antes cómo sentían y se expresaban esas tres admiradas Doctoras de la Iglesia, que la querían con el amor grande y apasionado de mujeres estupendas.
Pero, ¿creemos que esto de hacer algo grande y heroico por la Iglesia está sólo en las páginas bellas de algunos cristianos, escritas en un tiempo de emoción o de entusiasmo, como lo pudieron hacer esas queridas Doctoras?…
No; eso es algo que muchos realizan en la prosa de la vida, en lo más vulgar y monótono, siempre en el silencio más absoluto. Como aquél misionero de los hielos polares.
Unos aventureros exploradores se llegan hasta el círculo polar ártico. Allí se encuentran con un Misionero de María Inmaculada, al que llaman con humor el Párroco del Polo Norte. Una visita en aquellas soledades inmensas, sobre sabanas de hielo y a cuarenta grados centígrados bajo cero, hay para celebrarla…, y lo hacen con alegría grande. Empiezan por preguntar con buen humor::
- ¿Qué tal, Padre? ¿A cuántos kilómetros se extiende su Parroquia?
El Padre no da importancia a lo que significa su gran sacrificio: -¡Bah! No es muy grande. Sólo ciento cuarenta mil kilómetros cuadrados…
Sus interlocutores, sorprendidos: -¿Hemos oído bien? ¿Ciento cuarenta mil?… Pero, ¿serán muchos los feligreses? ¿Cuántas almas tiene a su cuidado?
Y el Misionero, riendo:- ¡Oh, muchísimas! Ciento ocho…
Más admirados los otros: -¿Ciento ocho?… ¿Y por ese puñadito de fieles lleva usted aquí veintidós años ya…, y esperando los que le falten?…
Las risas con que el Padre celebraba la extrañeza de sus visitantes se convirtieron de repente en una reflexión grave, que dejó profundamente pensativos a aquellos hermanos protestantes: -Sí; por la Iglesia de Jesucristo se puede hacer todo esto y mucho más… (Padre Girard, en Pont Inlet, entonces lo más cercano al Polo)
Ante casos como éstos, que apasionan, el cristiano sabe jurar amor eterno a la Iglesia santa de Dios.
Está dispuesto a hacer algo por la Iglesia.
Se quiere sacrificar en un apostolado que le ilusiona, pero que le exige entrega.
Está dispuesto a obedecerla en todos sus preceptos. A serle fiel, aunque cueste sacrificio.
Más que nada, a permanecer firme en la fe en que fue bautizado, sin titubeos, sin ceder un milímetro, sabiendo que la dicha suprema será verse cobijado por el manto de la Iglesia en el instante supremo.
“Cristo amó a la Iglesia hasta entregarse por ella”, decía Pablo. Entonces, no está del todo mal el sentirse algo satisfechos cuando se dice con sinceridad:
- ¡Cómo quiero yo a mi Iglesia Católica!…