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sábado, 28 de marzo de 2020

Retiro espiritual mundial....

Papa-Francisco-reza-Rosario

Retiro espiritual mundial.

En esta especie de retiro espiritual mundial en que la divina Providencia nos ha colocado, no es el momento de perder este valioso tiempo de escucha y conversión, sino emplearlo en la meditación, la lectura de la Palabra de Dios, y la oración continua, especialmente rezando muchas veces durante el día el Santo Rosario.
Estamos en tiempo de Cuaresma, tiempo dedicado por la Iglesia especialmente a la oración. Por ello, ya que Dios ha permitido que el mundo entero esté en cuarentena, en una especie de retiro espiritual mundial, aprovechémoslo para rezar más Rosarios, recordando aquellas palabras que la Santísima Virgen le revelara a Sor Lucía Dos Santos, vidente de las apariciones de Fátima, que son las siguientes:
"… La Santísima Virgen nos dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo: el Santo Rosario y el Inmaculado Corazón de María…" 
"… Mire, Padre, la Santísima Virgen, en estos últimos tiempos en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia al rezo del Santo Rosario, de tal manera que ahora no hay problema por más difícil que sea: sea temporal y, sobre todo, espiritual; sea que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros o a la vida de nuestras familias del mundo o comunidades religiosas, o a la vida de los pueblos y naciones; no hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario". 
"Con el Santo Rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas. Por eso, el demonio hará todo lo posible para distraernos de esta devoción; nos pondrá multitud de pretextos: cansancio, ocupaciones, etc., para que no recemos el Santo Rosario". 
"Si nos dieran un programa más difícil de salvación, muchas almas que se condenarán tendrían el pretexto de que no pudieron realizar dicho programa. Pero ahora el programa es brevísimo y fácil: rezar el Santo Rosario. Con el Rosario practicaremos los Santos Mandamientos, aprovecharemos la frecuencia de los Sacramentos, procuraremos cumplir perfectamente nuestros deberes de estado y hacer lo que Dios quiere de cada uno de nosotros". 
"El Rosario es el arma de combate de las batallas espirituales de los Últimos Tiempos".
Este mensaje nos debe empujar a rezar cada día más Rosarios, porque la salvación del mundo, de nuestras familias, ciudades, naciones y de las almas, depende de que recemos muchos Rosarios.
Rezando el Santo Rosario se irán aclarando todos los caminos y los acontecimientos del mundo, de nuestras familias y de nosotros mismos, todo se ordenará a la voluntad adorable de Dios, haciendo que ya seamos felices en este mundo, porque la oración -el rezo frecuente del Rosario- nos hará felices ya en esta tierra. Quien no lo crea así, que haga el intento y comprobará esta luminosa verdad.

sábado, 21 de marzo de 2020

Consejos de un Sacerdote .......

Muy útiles para una Cuaresma en cuarentena

Los consejos de un sacerdote experto sobre cuándo, dónde y cómo rezar... y qué pasa con los fallos





Todo acto o pensamiento que nos dirija a Dios ya es oración, explica el padre Etêve. Pero Él también cuenta, porque rezar es encontrarnos con quien viene a nuestro encuentro.
Todo acto o pensamiento que nos dirija a Dios ya es oración, explica el padre Etêve. Pero Él también cuenta, porque rezar es encontrarnos con quien viene a nuestro encuentro.

Jean Etève es sacerdote del Instituto Notre-Dame de Vie [Nuestra Señora de la Vida], que agrupa sacerdotes diocesanos para misiones comunes con una espiritualidad carmelita, esto es, centrada en la oración.
Oración que no es entendida como un “método”, pues todo movimiento hacia Dios (la adoración, el rosario, la lectura espiritual) es oración. “Cuando uno se dirige a Dios ya puede hablarse de oración”, explica el padre Etève: “Rezo con todo lo que soy, con mi temperamento, mi cultura, en la angustia o en la alegría. El mejor método de oración es el que a mí me permite encontrar a Dios”. Según el carisma de su  Instituto, uno descubre la oración cuando entiende que es algo que no va de uno mismo, sino de Él: “Rezar es el mayor servicio que puedo hacer a mi prójimo, a quienes me rodean, al mundo entero”.
Pero ¿cómo hacerlo? Él mismo ofrece algunos consejos muy sencillos y prácticos en un artículo en Famille Chrétienne que resulta de especial utilidad ahora que, sobre ser Cuaresma, buena parte de los cristianos del mundo se encuentran recluidos en cuarentena por el coronavirus y son exhortados por el Papa y los obispos a aprovechar este periodo como un "tiempo de gracia" para profundizar en la relación con Dios.
Jean Etève, sacerdote diocesano de espiritualidad carmelitana.
¿Cuándo y dónde? La fidelidad es más importante que la cantidad
Si esperamos a tener tiempo para rezar, lo más probable es que no lo hagamos nunca, dice el padre Etève con realismo. Y eso, a pesar de que cualquier momento que dediquemos a Dios “nunca es tiempo perdido”. Cada cual debe decidir el momento que pueda dedicar, de forma que luego pueda ser fiel a ese propósito. Se puede comenzar por poco, unos diez minutos. ¿Parece mucho? Quince minutos son solo un 1% de las 24 horas de las que consta un día. Pero “no importa la cantidad de tiempo, sino el hecho de dedicarlo”.
El sacerdote propone hacerlo por la mañana (salvo quienes trabajen de noche), levantándose si es preciso un poco antes, porque “Dios es entonces el primero a quien servimos, y nos aseguramos de que es la fuente de nuestra jornada”. Pero tampoco está mal interrumpir las actividades cotidianas para rezar –siempre que podamos ser fieles a la decisión de hacerlo– porque para ello hay que parar de hacer lo que estemos haciendo y poner el teléfono en modo silencio, y “eso nos obliga a escogerle a Él”, y además “es una forma de decirle al Señor que sin Él no podemos hacer nada”.
Etève recomienda dedicar un espacio concreto a la oración, ya sea una iglesia ante el Santísimo o la propia habitación o un lugar determinado, porque si ese lugar es reconocible, “cuando pase delante de él a lo largo del día recordaré el encuentro que tuve con Él…¡o que no tuve!”.
¿Cómo? Con una actitud de oración
Para rezar hay que disponer un entorno que favorezca el recogimiento: un icono, un crucifijo, una imagen de Cristo o de la Virgen, una vela… “todo puede ayudar”, porque “se reza físicamente, con el cuerpo”, y por eso también es bueno adoptar una actitud específica para la oración, ya sea “de rodillas, sentado, apoyado sobre los talones…”
Lo importante, dice el sacerdote, es “encontrar una actitud corporal que indique que estoy atento para Dios”. Además, habrá ocasiones en las que, “por mi estado interior o por mi cansancio, la actitud de mi cuerpo será mi única oración”.
¿Qué? Abrir la puerta a un encuentro
A veces, al pensar en qué hacer en la oración, “¡uno se olvida de Dios, de que Él también interviene! La oración es un intercambio de amistad”. No se trata tanto, dice, de “concentrarse y pensar en Dios”, como simplemente en “permitir que Dios entre en mi vida”. Decía San Juan de la Cruz que Dios es como el Sol: basta abrir las ventanas para que ilumine y caliente.
¿Cómo abrir esas ventanas? Eso ya depende de cada cual: puede ser un canto, una invocación al Espíritu Santo, hacer la señal de la Cruz, orar a la Virgen María, rezar el rosario… “Uno puede exponer sus peticiones o dar gracias, ¿qué importa? El objetivo es orientarme hacia Aquel que viene a mi encuentro”.
Ahora bien, ¿qué mejor compañía en ese camino que Jesús mismo? Y “para encontrar a Cristo, ¿qué mejor que el Evangelio? A condición de abrirlo para escuchar a Cristo, no solamente para leerlo. En la oración, la lectura está al servicio del encuentro. También vale el Antiguo Testamento, donde Él está tan anunciado que está presente, aunque esté escondido. Los salmos me hablan de Cristo. También podemos coger el Evangelio del día, en el Magnificat o en otro lugar, y hacer la lectura y luego el Evangelio, o algunos versículos. La finalidad no es leerlo todo, sino encontrar algunas ideas cuya lectura me permita encontrar a Cristo”.
Sequedades y distracciones: Cristo nos habla de nuestros apegos
El mismo Catecismo de la Iglesia católica dice que “la dificultad habitual de la oración es la distracción” (n. 2729). La imaginación nunca deja de actuar. Así que no es sorprendente que nos distraigamos, “lo sorprendente sería lo contrario”, tranquiliza Etève: “Las distracciones solo me alejarán de Dios si son voluntarias”, así que cuando aparezcan no hay que rendirse a ellas, sino “recentrarnos en Aquel a quien buscamos”. Como dice San Juan de la Cruz: “Si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado a ella” (Llama de Amor Viva, 3, 27). Además, a través de las distracciones Dios nos enseña, “desvelándonos cuáles son nuestros apegos”.
En cuanto a las sequedades, Etève es aún más sincero: “La sequedad y el aburrimiento forman parte de la oración. Pero vale la pena, ¿no?”