martes, 30 de octubre de 2012

Beato Juan Pablo II, de confesar a un mendigo.....

La cara desconocida del Papa
De confesar a un mendigo a la broma a un obispo... algunas anécdotas del beato Juan Pablo II
Actualizado 30 octubre 2012 
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Javier Lozano / ReL  
Juan Pablo II era un hombre sencillo y así lo demostraba. Sus más allegados cuentan algunas anécdotas que reflejan cómo era el Papa en su día a día.
La vida de Juan Pablo II sigue fascinando a propios y a extraños, a creyentes y no creyentes. A nadie dejó indiferente el beato, el Papa de los jóvenes. Durante sus 27 años de Pontificado se produjeron miles de anécdotas y hechos que han puesto en evidencia la profunda y extraordinaria personalidad de aquel joven cardenal polaco que se sentó en la Cátedra de San Pedro.

Uno de los que mejor conoce esta multitud de detalles es Slawomir Oder, postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II. Tras años de trabajo descubrió el amor y el sentido del humor del Papa ahora beato hacia su grey.

Confesado por un mendigoEl sacramento de la reconciliación era primordial para él y todos los Viernes Santo acudía a la Basílica de San Pedro a confesar. Sin embargo, hay una anécdota que muestra muy a las claras cómo era: el Papa fue confesado por un mendigo.
Oder afirma que un monseñor de Estados Unidos que se encontraba por Roma se disponía a rezar en una parroquia de la capital italiana cuando al entrar en ella se encontró con un mendigo. Pasó de largo pero le iba dando vueltas a la cara de esa persona hasta que se dio cuenta de que le conocía, que hace años habían sido compañeros en el seminario y que se ordenaron el mismo día. Volvió hacía él, le saludó y le preguntó qué le había ocurrido.Éste le dijo que había perdido su vocación y la fe.
Al día siguiente este sacerdote estadounidense participaba en un encuentro privado con Juan Pablo II y cuando le tocó el turno para saludarle no pudo dejar de contarle lo que le había ocurrido en la víspera. El Papa se preocupó por la situación e invitó a este cura y al mendigo a cenar con él.
“Una vez sacerdote, sacerdote siempre”Tras proporcionarle ropa limpia y aseo ambos acudieron al encuentro con el Santo Padre hasta que en un momento tras la cena, el ahora beato pidió al sacerdote que les dejara solos. Entonces pidió al mendigo que escuchara su confesión. Éste se quedó estupefacto y le dijo que ya no era sacerdote. “Una vez sacerdote, sacerdote siempre”, le contestó el Papa. Sin embargo, éste insistió y le dijo que “estoy privado de mi derecho a ser sacerdote” pero igualmente Juan Pablo II le contestó que era “el Obispo de Roma y me puedo encargar de eso”.

Finalmente, el mendigo confesó al Papa y viceversa. El sacerdote sin fe lloró amargamente y el beato le dijo: “¿ves la grandeza del sacerdocio? No la desfigures”. Al salir de ese encuentro con su vocación sacerdotal renovada, el Santo Padre le envió a la parroquia en la que pedía limosna y le nombró asistente y encargado de la atención de los mendigos.

La boda del cerrajero y la mecanógrafa Como ésta, existen multitud de anécdotas de Juan Pablo II que apenas son conocidas. Lo que sí acreditan los más cercanos a él es que era una persona detallista y cercana, quebautizaba a los hijos de sus amigos o de sus más modestos colaboradores. Llegó a casar a una mecanógrafa con un cerrajero e incluso tras las cenas siempre se pasaba por la cocina para agradecer el trabajo de los cocineros.

¿Los defectos del Papa?Por ello, muchos se han preguntado si tenía defectos. En una entrevista monseñor Oder comentaba lo siguiente: “Imagino que sí, como todos. Algunos dicen que era demasiado transparente. Recuerdo el problema que se creó cuando una periodista logró fotografiarlo mientras se lanzaba a la piscina de Castel Gandolfo. Cuando le informaron dijo: ¿de verdad? ¿y dónde lo podré ver publicado? Y es que le daba igual. Otros sostienen que podía parecer que daba signos de inquietarse, pero era evidente que tenía gran dominio de sí”.

A raíz de esto cuenta otra historia de cuando era cardenal de Cracovia. Le informaron de que un sacerdote de la Diócesis acumulaba numerosas multas por su conducción. “Le llamó, le regañó amablemente y le pidió que dejase allí su carnet de conducir. Pero en cuanto aquel pobre sacerdote abandonó arrepentido el despacho, Wojtyla reflexionó: ‘¿y cómo llegará este hombre a todas las parroquias que tiene que atender?’. Así que enseguida le llamaron y le entregó de nuevo su carnet”.
La humildad del beatoOtra persona que también puede contar algunas de estas anécdotas es Joaquín Navarro Valls, portavoz de la Santa Sede durante el Pontificado de Juan Pablo II. El español relata en una entrevista que “en cierta ocasión, le sugerí que no leyese un artículo bastante agrio en el que se le denigraba. Para mi sorpresa, me dijo que el periodista que lo había escrito estaba pasando por una muy difícil situación familiar y que, por lo tanto, requería nuestra especial comprensión”.
Navarro Valls cuenta también los esfuerzos del Papa para no caer en la autocomplacencia. “Entré en sus aposentos enarbolando un ejemplar de la revista Time, que le consagraba como ‘hombre del año’. Mientras conversábamos noté que daba la vuelta a la revista sin dejar de hablar. Yo, muy delicadamente, volví a mostrársela, y él, una vez más, la apartó de sí. ¿Qué ocurre Santidad, es que no le agrada?, le pregunté”. Él respondió esbozando una sonrisa: “Tal vez me agrade demasiado”.
Tras muchos años sirviendo al Papa confiesa que “su capacidad para sobreponerse, no ya sólo al dolor físico, sino a las preocupaciones de cada día, manteniendo el sentido del humor, implica un olvido voluntario, deliberado, de uno mismo”.

La broma al obispoSobre humor se puede escribir mucho del nuevo beato de la Iglesia. Este es sólo un pequeño detalle. Lo cuenta también Navarro Valls: “un día, recién llegado del hospital Gemelli, donde había sido intervenido a causa de una rotura de fémur, recibió a un obispo. Este se entretuvo en elogiar el buen aspecto que tenía: ¿sabe que le digo? El hospital le ha sentado muy bien. Está incluso mejor que antes de ingresar en el Gemelli. Él miró fijamente con pillería al contestarle: “entonces, ¿por qué no ingresa usted también allí?”. La cara del obispo ante esta respuesta tuvo que ser todo un poema.

lunes, 29 de octubre de 2012

Quieres ser santo????


      ¿

QUIÉN ESTÁ LLAMADO A SER SANTO?
Todos los hombres, mujeres y niños de cualquier edad, en cualquier estado de vida, condición, talento y profesión. 

 TÚ ESTÁS LLAMADO A LA SANTIDAD
"Claro, así como el que os ha llamado es Santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta" (1 Pedro 1, 15).

¿POR QUÉ?
¡Porque Dios te ama!
Tú eres valioso para Él. Tú le perteneces.
Él te ama desde antes que el tiempo existiese. Él es tu Padre.
Necesitas de Él. 

ÉL QUIERE QUE SEAS COMO ÉL - SANTO. 
"En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos" (Ef. 2,10)

 ¿CÚANDO?
¡Ahora! Hoy, en este momento. 
SU GRACIA ES SUFICIENTE PARA TI. 
"En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación" (2 Cor. 6, 1-2). 

¿DÓNDE PUEDO SER SANTO?
 
En casa En el trabajo
Al descansar En el colegio
En una multitud - solo - con tu familiar en prisión - 

EN CUALQUIER LUGAR SE PUEDE SER SANTO
"Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios" (1 Cor 10, 31) 

¿ES POSIBLE? 
Sí, Jesús dará fruto en ti si tú cooperas con su gracia. La gracia viene con arrepentimiento, Confesión, Comunión, oración, Sacramentos, Sagrada Escritura, buenas obras - amor, fe y esperanza.
"Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que parezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros" (2 Cor. 4,7)

¿DE VERDAD ES PARA MÍ? 
Sí, la santidad es para ti. No es para algunas almas escogidas. La santidad es para la gente ordinaria que cumple el Plan de Dios con alegría, en fe y en Verdad.
"Porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario" (1 Cor. 3,17).

¿QUÉ DEBO HACER?
Vive tu fe en tu estado de vida - casado, soltero, religioso, estudiante.
Vive tu fe a la Santa Madre Iglesia - Preceptos, Sacramentos, Mandamiento, Doctrina, Enseñanza.
Lee la Palabra de Dios y otras lecturas espirituales.
Sigue las Bienaventuranzas - el plano para la santidad.
Se amable y preocupado.
Deja que Jesús brille dentro de ti. Reza.
 "Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta" (Flp. )



¿CUÁLES SERÍAN ALGUNAS SUGERENCIAS PRÁCTICAS?

1. Descubre a Dios en el cada momento.
2. Cambia cada momento desagradable en una situación de bien para tu alma.
3. Adáptate al temperamento de tu prójimo.
4. Manténte unido a la Voluntad de Dios.
5. Escoge a Dios antes que a ti mismo.
6. Imita a Jesús.
7. Visita seguido a Jesús en la Eucaristía.
 8. Practica la virtud.
9. Frecuenta los sacramentos.
10. Trata de vivir siempre en Su Presencia.
"Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación" (Rom. 15, 2).

¿DÓNDE ESTÁ MI FUERZA?

En la misericordia de Dios
En la Preciosa Sangre de Jesús
En el poder del Espíritu
En la intercesión de María, nuestra Madre
En la protección de los ángeles en la Eucaristía
En Su Cruz.
"Que el mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena" (2 Tes. 2, 16).



¿VERÉ RESULTADOS?

Sí, más armonía en el hogar . Más paciencia con tu prójimo
Más fuerza para vencer la debilidad. Más compasión por los demás
Más misericordia . Más alegría . Paz en medio de la confusión.
"En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí" (Gal. 5, 22-24).

 ¿DÓNDE ESTÁ MI CONTÍNUA FUENTE DE SANTIDAD?
Su Amor - Su Gracia . Su Iglesia - Su Palabra
Su Espíritu - Su Poder . Sus Sacramentos - Su Presencia
Su Cruz - Su Resurrección
"Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él" (Jn. 6, 56).

 ¿CUÁNTO DEMORA?
De momento a momento - de oración en oración - día tras día.
"No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús" (Flp. 3, 12-14).

 METAS
Ser como JesúsAmar a mi prójimo como Jesús lo hace
Ser fiel a Su Iglesia
Anunciar la Buena Nueva para ser Santo
"Te he puesto como la luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra" (Hechos 13, 47).

Evangelio - Lunes XXX Semana del Tiempo Ordinario


† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 10-17
Gloria a ti, Señor.
Un sábado estaba Jesús enseñando en una sinagoga, y había allí una mujer, que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo; estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: 
"Mujer, quedas libre de tu enfermedad". 
Le impuso las manos y, al instante, se enderezó y se puso a alabar a Dios. El jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús sanaba en sábado, dijo a la gente: 
"Hay seis días en que se puede trabajar; vengan esos días a que los curen, y no los sábados". 
Entonces el Señor dijo: 
"¡Hipócritas!: ¿No desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre en sábado para llevarlo a beber? Y a esta hija de Abrahán, a la que Satanás tuvo atada dieciocho años, ¿no convenía soltarla de su atadura en sábado?"
A estas palabras, sus enemigos quedaron avergonzados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

† Meditación diaria
 30ª semana. Lunes                                                                                                                                    MIRAR AL CIELO
— La mujer encorvada y la misericordia de Jesús.
En el Evangelio de la Misa1, San Lucas nos relata cómo Jesús entró a enseñar un sábado en la sinagoga, según era su costumbre. Y había allí una mujer poseída por un espíritu, enferma desde hacía dieciocho años, y estaba encorvada sin poder enderezarse de ningún modo. Y Jesús, sin que nadie se lo pidiera, movido por su compasión,la llamó y le dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Y le impuso las manos, y al instante se enderezó y glorificaba a Dios.
El jefe de la sinagoga se indignó porque Jesús curaba en sábado. Con su alma pequeña no comprende la grandeza de la misericordia divina que libera a esta mujer postrada desde hacía tanto tiempo. Celoso en apariencia de la observancia del sábado prescrita en la Ley2, el fariseo no sabe ver la alegría de Dios al contemplar a esta hija suya sana de alma y de cuerpo. Su corazón, frío y embotado –falto de piedad–, no sabe penetrar en la verdadera realidad de los hechos: no ve al Mesías, presente en aquel lugar, que se manifiesta como anunciaban las Escrituras. Y no atreviéndose a murmurar directamente de Jesús, lo hace de quienes se acercan a Él: Seis días hay en los que es necesario trabajar; venid, pues, en ellos a ser curados y no en día de sábado. Y el Señor, como en otras ocasiones, no calla: les llamahipócritas, falsos, y contesta –recogiendo la alusión al trabajo– señalando que, así como ellos se daban buena prisa en soltar del pesebre a su asno o a su buey para llevarlos a beber aunque fuera sábado, a esta, que es hija de Abrahán, a la que Satanás ató hace ya dieciocho años, ¿no era conveniente soltarla de esta atadura aun en día de sábado? Aquella mujer, en su encuentro con Cristo recupera su dignidad; es tratada como hija de Abrahán y su valor está muy por encima del buey o del asno. Sus adversarios quedaron avergonzados, y toda la gente sencilla se alegraba por todas las maravillas que hacía.
La mujer quedó libre del mal espíritu que la tenía encadenada y de la enfermedad del cuerpo. Ya podía mirar a Cristo, y al Cielo, y a las gentes, y al mundo. Nosotros hemos de meditar muchas veces estos pasajes en los que la compasiva misericordia del Señor, de la que tan necesitados andamos, se pone singularmente de relieve. «Esa delicadeza y cariño la manifiesta Jesús no solo con un grupo pequeño de discípulos, sino con todos. Con las santas mujeres, con representantes del Sanedrín como Nicodemo y con publicanos como Zaqueo, con enfermos y con sanos, con doctores de la ley y con paganos, con personas individuales y con muchedumbres enteras.
»Nos narran los Evangelios que Jesús no tenía dónde reclinar su cabeza, pero nos cuentan también que tenía amigos queridos y de confianza, deseosos de acogerlo en su casa. Y nos hablan de su compasión por los enfermos, de su dolor por los que ignoran y yerran, de su enfado ante la hipocresía»3.
La consideración de estas escenas del Evangelio nos debe llevar a confiar más en Jesús, especialmente cuando nos veamos más necesitados del alma o del cuerpo, cuando experimentemos con fuerza la tendencia a mirar solo lo material, lo de abajo, y a imitarle en nuestro trato con las gentes: no pasemos nunca con indiferencia ante el dolor o la desgracia. Hagamos igual que el Maestro, que se compadece y pone remedio.
— Lo que nos impide mirar al Cielo.                                                                                              
«Así encontró el Señor a esta mujer que había estado encorvada durante dieciocho años: no se podía erguir (Lc 13, 11). Como ella –comenta San Agustín– son los que tienen su corazón en la tierra»4; después de un tiempo han perdido la capacidad de mirar al Cielo, de contemplar a Dios y de ver en Él la maravilla de todo lo creado. «El que está encorvado, siempre mira a la tierra, y quien busca lo de abajo, no se acuerda de a qué precio fue redimido»5. Se olvida de que todas las cosas creadas han de llevarle al Cielo y contempla solo un universo empobrecido.
El demonio mantuvo dieciocho años sin poder mirar al Cielo a la mujer curada por Jesús. Otros, por desgracia, pasan la vida entera mirando a la tierra, atados por la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida6. La concupiscencia de la carne impide ver a Dios, pues solo lo verán los limpios de corazón7; esta mala tendencia «no se reduce exclusivamente al desorden de la sensualidad, sino también a la comodidad, a la falta de vibración, que empuja a buscar lo más fácil, lo más placentero, el camino en apariencia más corto, aun a costa de ceder en la fidelidad a Dios (...).
»El otro enemigo (...) es la concupiscencia de los ojos, una avaricia de fondo, que lleva a no valorar sino lo que se puede tocar. Los ojos que se quedan como pegados a las cosas terrenas, pero también los ojos que, por eso mismo, no saben descubrir las realidades sobrenaturales. Por tanto, podemos utilizar la expresión de la Sagrada Escritura, para referirnos a la avaricia de los bienes materiales, y además a esa deformación que lleva a observar lo que nos rodea –los demás, las circunstancias de nuestra vida y de nuestro tiempo– solo con visión humana.                                                                                               »Los ojos del alma se embotan; la razón se cree autosuficiente para entender todo, prescindiendo de Dios (...). La existencia nuestra puede, de este modo, entregarse sin condiciones en manos del tercer enemigo, de la superbia vitae. No se trata solo de pensamientos efímeros de vanidad o de amor propio: es un engreimiento general. No nos engañemos, porque este es el peor de los males, la raíz de todos los descaminos»8. Ninguno de estos enemigos podrá con nosotros si tenemos la sinceridad necesaria para descubrir sus primeras manifestaciones, por pequeñas que sean, y suplicamos al Señor que nos ayude a levantar de nuevo nuestra mirada hacia Él.
— Solo en Dios comprendemos la verdadera realidad de la propia vida y de todo lo creado.
La fe en Cristo se ha de manifestar en los pequeños incidentes de un día corriente, y ha de llevarnos a «organizar la vida cotidiana sobre la tierra sabiendo mirar al Cielo, esto es, a Dios, fin supremo y último de nuestras tensiones y nuestros deseos»9. Cuando, mediante la fe, tenemos la capacidad de mirar a Dios, comprendemos la verdad de la existencia: el sentido de los acontecimientos, que tienen una nueva dimensión; la razón de la cruz, del dolor y del sufrimiento; el valor sobrenatural que podemos imprimir a nuestro trabajo diario y a cualquier circunstancia que, en Dios y por Dios, recibe una eficacia sobrenatural.                          El cristiano no está cerrado en absoluto a las realidades terrenas; por el contrario, «puede y debe amar las cosas creadas por Dios. Pues de Dios las recibe, y las mira y respeta como objetos salidos de las manos de Dios»10, pero solo «usando y gozando de las criaturas en pobreza y con libertad de espíritu, entra de veras en posesión del mundo, como quien nada tiene y es dueño de todo: Todas las cosas son vuestras, vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios (1 Cor 3, 22)»11. San Pablo recomendaba a los primeros cristianos de Filipos: Por lo demás, hermanos, cuanto hay de verdadero, de honorable, de justo, de íntegro, de amable y de encomiable; todo lo que sea virtuoso y digno de alabanza, tenedlo en estima12.                                                                                                                                                     El cristiano adquiere una particular grandeza de alma cuando tiene el hábito de referir a Dios las realidades humanas y los sucesos, grandes o pequeños, de su vida corriente. Cuando los aprovecha para dar gracias, para solicitar ayuda y ofrecer la tarea que lleva entre manos, para pedir perdón por sus errores... Cuando, en definitiva, no olvida que es hijo de Dios todas las horas del día y en todas las circunstancias, y no se deja envolver de tal manera por los acontecimientos, por el trabajo, por los problemas que surgen... que olvide la gran realidad que da razón a todo: el sentido sobrenatural de su vida. «¡Galopar, galopar!... ¡Hacer, hacer!... Fiebre, locura de moverse... Maravillosos edificios materiales... 
»Espiritualmente: tablas de cajón, percalinas, cartones repintados... ¡galopar!, ¡hacer! —Y mucha gente corriendo: ir y venir.
»Es que trabajan con vistas al momento de ahora: “están” siempre “en presente”. —Tú... has de ver las cosas con ojos de eternidad, “teniendo en presente” el final y el pasado...
»Quietud. —Paz. —Vida intensa dentro de ti. Sin galopar, sin la locura de cambiar de sitio, desde el lugar que en la vida te corresponde, como una poderosa máquina de electricidad espiritual, ¡a cuántos darás luz y energía!..., sin perder tu vigor y tu luz»13.
Acudamos a la misericordia del Señor para que nos conceda ese don, vivir de fe, para poder andar por la tierra con los ojos puestos en el Cielo, con la mirada fija en Él, en Jesús.
1 Lc 13, 10-17. — 2 Cfr. Ex 20, 8. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 108. — 4 San Agustín, Comentario al Salmo 37, 10. — 5 San Gregorio Magno,Homilías sobre los Evangelios, 31, 8. — 6 Cfr. 1 Jn 2, 16. — 7 Cfr. Mt 5, 8. — 8 San Josemaría Escrivá, o. c., 56. — 9 Juan Pablo II, Ángelus 8-XI-1979. — 10 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 37. — 11 Ibídem. — 12 Flp 4, 8. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 837.

Tras perseguir a la Iglesia durante décadas.....



Tras perseguir a la Iglesia durante décadas fue bautizado por su hijo al que prohibía ser creyente

Sat, 27 Oct 2012 16:03:00

Dios tiene sus tiempos para encontrarse con las personas y utiliza los instrumentos más inimaginables para realizar su obra. Es lo que ocurrió con Hung Phuoc Lam, un dominico vietnamita, cuya vocación fue utilizada por Dios para transformar el corazón de su padre, un perseguidor de la Iglesia.

Este fraile de la Orden de Predicadores cuenta en su experiencia que nació en una familia pagano-católica puesto que su padre veneraba a sus ancestros y su tía era monja budista mientras que su madre era católica. Aun así, él fue bautizado católico.

Su padre les prohibía ir a la Iglesia
Sin embargo, Phuoc Lam relata que la vida de fe y la de su madre no era nada sencilla. “Mi padre era muy severo y prohibía a mi madre ir a la Iglesia –y por lo tanto también estaba prohibido para mí”. Su padre odiaba el catolicismo por el trato que había recibido en un par de ocasiones por varios curas y religiosas, algo que no admitía. “Desde entonces se llenó de prejuicios contra los sacerdotes y contra la Iglesia, y el resultado inevitable era esta prohibición a los miembros de mi familia”.

La fe en Dios durante tantos años de su madre alimentó también a Hung y como él mismo recuerda, “con Dios todo es posible”. “Sólo puedo decir que esta situación era muy triste. Yo seguí confiando en Dios. Rezaba. Le rogaba que cambiara el corazón de mi padre costara lo que costara. No excluí mi propia llamada”.

“Que Dios cambiara el corazón de mi padre”
El Señor no tardó en responder a las oraciones de este joven vietnamita. Y la respuesta fue contundente. “Dios me llamó a la orden dominica, tenía 26 años y mi padre no aceptó la vocación”, asegura. Entonces fue cuando pudo entender las palabras del Evangelio de San Mateo: “no he venido a traer paz, sino espada”.

Su padre estaba furioso y le decía: “¡te prohíbo ser católico y ahora quieres ser sacerdote! ¿No te das cuenta de cómo son los sacerdotes y las monjas?”. De hecho, tomó una actitud “indiferente” hacía su hijo y casi le abandonó. A pesar de ello, “yo seguí adelante, en silencio, confiando en Dios. Y todos los días recé por él con mi madre”.

“Dios cambió a mi padre”
Hung Phuoc Lam entró en el Noviciado para ser fraile dominico mientras el Señor comenzaba también a actuar en su padre. Pasaron los años pero “Dios cambio a mi padre y lo hizo de verdad”.

¿Qué ocurrió para que se diera este cambio de actitud? La clave estuvo en la profesión de sus primeros votos. Ahí fue cuando aceptó la vocación de su hijo. “Luego hice mis votos finales en la Orden de Predicadores y participó en la celebración y gradualmente fue desapareciendo su prejuicio contra la Iglesia”.

“He sido derrotado por Dios”
De este modo, antes de su ordenación hizo una petición muy importante a su padre: que dejara a su madre ir a la Iglesia. Aceptó y su madre era la mujer más feliz en la faz de la tierra. “Fue una alegría el día de mi ordenación, pues la paz regresó a mi familia. Recibí aquello que pensaba haber perdido”, cuenta ahora.

Dios aún no había acabado su trabajo y en la ordenación el padre fue consciente de la realidad: “he sido derrotado por Dios; no le puedo arrebatar a mi hijo. Mi hijo es sacerdote. Está decidido; es un hecho”.

“Bauticé a mi padre”
Como el Señor es el que maneja los tiempos cuatro años después de hacerse sacerdote ocurrió el hecho más maravilloso. “Mi padre expresó el deseo de ser cristiano”. Fue el hijo el que bautizó a su padre en 2006. El que le dio la vida material era ahora el hijo espiritual. “Bauticé a mucha gente, pero jamás olvidaré el momento en que bauticé a mi padre”.

Afirma este fraile dominico que “Dios derrotó a mi padre y el Señor hizo cosas grandes por mi familia”. Tiene clarísimo que “esto fue obra de Dios y que todo es para su gloria. Me dio mucho más de lo que yo le pedí en 20 años de oración silenciosa y perseverante. Él, con su poder, hace milagros en cosas normales”.

La intercesión de la sangre de los mártires
Su vocación dominica, la conversión de su padre es como dice él mismo una obra de Dios y también por la intercesión de los mártires. Vietnam es una tierra regada por la sangre de los mártires y especialmente por numerosos domínicos que dieron su vida por el anuncio del Evangelio en esta tierra.

Obispos, frailes y laicos derramaron su sangre en Vietnam por amor a Dios y a las almas. Sangre que nunca será balde y que bendice la tierra en la que se esparce. En 1988 Juan Pablo II proclamó santos en la Plaza de San Pedro a un total de 117 mártires vietnamitas de los siglos XVIII y XIX, y cuya memoria se celebra el 24 de noviembre.

Muchos de ellos eran dominicos. Seis obispos de la Orden, entre ellos San Valentín de Berriochoa y San José María Díaz Sanjurjo, 15 frailes dominicos, 2 sacerdotes terciarios dominicos así como decenas de laicos y catequistas de la Orden de Predicadores, fueron asesinados por su fe.

Del total, setenta y cinco fueron decapitados. El resto fueron estrangulados, quemados vivos, descuartizados o torturados en prisión. Todos ellos se negaron a abjurar de su fe y pisotear la Cruz de Cristo. Ahora su sangre sigue dando frutos en el país por el que entregaron su vida.

domingo, 28 de octubre de 2012

El Papa anuncia las tres claves del Sínodo.....


Occidente ha «caído en la miseria» de la ceguera
El Papa anuncia las tres claves del Sínodo: sacramentos, primer anuncio y creatividad pastoral
La curación de Bartimeo se convierte en fundamento de la esperanza cristiana en la Nueva Evangelización.
Actualizado 28 octubre 2012




Una misa solemne en la Basílica de San Pedro uso colofón a la asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos, que durante las tres últimas semanas ha examinado el desafío de la Nueva Evangelización.

En su homilía, el Papa glosó el Evangelio del día, el pasaje de San Marcos en el que se produce la curación del ciego Bartimeo. Un personaje utilizado por Benedicto XVI como análogo de la ceguera de muchas zonas de antigua evangelización que hoy han perdido el norte de la fe.


Texto íntegro de la homilía del Papa en la clausura del Sínodo de la Nueva Evangelización (28 de octubre de 2012)

Venerables hermanos,
ilustres señores y señoras,
queridos hermanos y hermanas

El milagro de la curación del ciego Bartimeo ocupa un lugar relevante en la estructura del Evangelio de Marcos. En efecto, está colocado al final de la sección llamada «viaje a Jerusalén», es decir, la última peregrinación de Jesús a la Ciudad Santa para la Pascua, en donde él sabe que lo espera la pasión, la muerte y la resurrección. Para subir a Jerusalén, desde el valle del Jordán, Jesús pasó por Jericó, y el encuentro con Bartimeo tuvo lugar a las afueras de la ciudad, mientras Jesús, como anota el evangelista, salía «de Jericó con sus discípulos y bastante gente» (10, 46); gente que, poco después, aclamará a Jesús como Mesías en su entrada a Jerusalén. 

Bartimeo, cuyo nombre, como dice el mismo evangelista, significa «hijo de Timeo», estaba precisamente sentado al borde del camino pidiendo limosna. Todo el Evangelio de Marcos es un itinerario de fe, que se desarrolla gradualmente en el seguimiento de Jesús. Los discípulos son los primeros protagonistas de este paulatino descubrimiento, pero hay también otros personajes que desempeñan un papel importante, y Bartimeo es uno de éstos. La suya es la última curación prodigiosa que Jesús realiza antes de su pasión, y no es casual que sea la de un ciego, es decir una persona que ha perdido la luz de sus ojos. Sabemos también por otros textos que en los evangelios la ceguera tiene un importante significado. Representa al hombre que tiene necesidad de la luz de Dios, la luz de la fe, para conocer verdaderamente la realidad y recorrer el camino de la vida. Es esencial reconocerse ciegos, necesitados de esta luz, de lo contrario se es ciego para siempre (cf. Jn 9,39-41).

Bartimeo, pues, en este punto estratégico del relato de Marcos, está puesto como modelo. Él no es ciego de nacimiento, sino que ha perdido la vista: es el hombre que ha perdido la luz y es consciente de ello, pero no ha perdido la esperanza, sabe percibir la posibilidad de un encuentro con Jesús y confía en él para ser curado. En efecto, cuando siente que el Maestro pasa por el camino, grita: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí» (Mc 10,47), y lo repite con fuerza (v. 48). Y cuando Jesús lo llama y le pregunta qué quiere de él, responde: «Maestro, que pueda ver» (v. 51). Bartimeo representa al hombre que reconoce el propio mal y grita al Señor, con la confianza de ser curado. Su invocación, simple y sincera, es ejemplar, y de hecho – al igual que la del publicano en el templo: «Oh Dios, ten compasión de este pecador» (Lc 18,13) – ha entrado en la tradición de la oración cristiana. En el encuentro con Cristo, realizado con fe, Bartimeo recupera la luz que había perdido, y con ella la plenitud de la propia dignidad: se pone de pie y retoma el camino, que desde aquel momento tiene un guía, Jesús, y una ruta, la misma que Jesús recorre. El evangelista no nos dice nada más de Bartimeo, pero en él nos muestra quién es el discípulo: aquel que, con la luz de la fe, sigue a Jesús «por el camino» (v. 52). San Agustín, en uno de sus escritos, hace una observación muy particular sobre la figura de Bartimeo, que puede resultar también interesante y significativa para nosotros. 
El Santo Obispo de Hipona reflexiona sobre el hecho de que Marcos, en este caso, indica el nombre no sólo de la persona que ha sido curada, sino también del padre, y concluye que «Bartimeo, hijo de Timeo, era un personaje que de una gran prosperidad cayó en la miseria, y que ésta condición suya de miseria debía ser conocida por todos y de dominio público, puesto que no era solamente un ciego, sino un mendigo sentado al borde del camino. Por esta razón Marcos lo recuerda solamente a él, porque la recuperación de su vista hizo que ese milagro tuviera una resonancia tan grande como la fama de la desventura que le sucedió» (Concordancia de los evangelios, 2, 65, 125: PL 34, 1138). Hasta aquí san Agustín.

Esta interpretación, que ve a Bartimeo como una persona caída en la miseria desde una condición de «gran prosperidad», nos hace pensar; nos invita a reflexionar sobre el hecho de que hay riquezas preciosas para nuestra vida, y que no son materiales, que podemos perder. En esta perspectiva, Bartimeo podría ser la representación de cuantos viven en regiones de antigua evangelización, donde la luz de la fe se ha debilitado, y se han alejado de Dios, ya no lo consideran importante para la vida: personas que por eso han perdido una gran riqueza, han «caído en la miseria» desde una alta dignidad –no económica o de poder terreno, sino cristiana –, han perdido la orientación segura y sólida de la vida y se han convertido, con frecuencia inconscientemente, en mendigos del sentido de la existencia. Son las numerosas personas que tienen necesidad de una nueva evangelización, es decir de un nuevo encuentro con Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios (cf. Mc 1,1), que puede abrir nuevamente sus ojos y mostrarles el camino. 

Es significativo que, mientras concluimos la Asamblea sinodal sobre la nueva evangelización, la liturgia nos proponga el Evangelio de Bartimeo. Esta Palabra de Dios tiene algo que decirnos de modo particular a nosotros, que en estos días hemos reflexionado sobre la urgencia de anunciar nuevamente a Cristo allá donde la luz de la fe se ha debilitado, allá donde el fuego de Dios es como un rescoldo, que pide ser reavivado, para que sea llama viva que da luz y calor a toda la casa.

La nueva evangelización concierne toda la vida de la Iglesia. Ella se refiere, en primer lugar, a la pastoral ordinaria que debe estar más animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fieles que regularmente frecuentan la comunidad y que se reúnen en el día del Señor para nutrirse de su Palabra y del Pan de vida eterna. 

Deseo subrayar tres líneas pastorales que han surgido del Sínodo. La primera corresponde a los sacramentos de la iniciación cristiana. Se ha reafirmado la necesidad de acompañar con una catequesis adecuada la preparación al bautismo, a la confirmación y a la Eucaristía. También se ha reiterado la importancia de la penitencia, sacramento de la misericordia de Dios. La llamada del Señor a la santidad, dirigida a todos los cristianos, pasa a través de este itinerario sacramental. En efecto, se ha repetido muchas veces que los verdaderos protagonistas de la nueva evangelización son los santos: ellos hablan un lenguaje comprensible para todos, con el ejemplo de la vida y con las obras de caridad.

En segundo lugar, la nueva evangelización está esencialmente conectada con la misión ad gentes. La Iglesia tiene la tarea de evangelizar, de anunciar el Mensaje de salvación a los hombres que aún no conocen a Jesucristo. En el transcurso de las reflexiones sinodales, se ha subrayado también que existen muchos lugares en África, Asía y Oceanía en donde los habitantes, muchas veces sin ser plenamente conscientes, esperan con gran expectativa el primer anuncio del Evangelio. Por tanto es necesario rezar al Espíritu Santo para que suscite en la Iglesia un renovado dinamismo misionero, cuyos protagonistas sean de modo especial los agentes pastorales y los fieles laicos. La globalización ha causado un notable desplazamiento de poblaciones; por tanto el primer anuncio se impone también en los países de antigua evangelización. Todos los hombres tienen el derecho de conocer a Jesucristo y su Evangelio; y a esto corresponde el deber de los cristianos, de todos los cristianos –sacerdotes, religiosos y laicos-, de anunciar la Buena Noticia.

Un tercer aspecto tiene que ver con las personas bautizadas pero que no viven las exigencias del bautismo. Durante los trabajos sinodales se ha puesto de manifiesto que estas personas se encuentran en todos los continentes, especialmente en los países más secularizados. La Iglesia les dedica una atención particular, para que encuentren nuevamente a Jesucristo, vuelvan a descubrir el gozo de la fe y regresen a las prácticas religiosas en la comunidad de los fieles. Además de los métodos pastorales tradicionales, siempre válidos, la Iglesia intenta utilizar también métodos nuevos, usando asimismo nuevos lenguajes, apropiados a las diferentes culturas del mundo, proponiendo la verdad de Cristo con una actitud de diálogo y de amistad que tiene como fundamento a Dios que es Amor. En varias partes del mundo, la Iglesia ya ha emprendido dicho camino de creatividad pastoral, para acercarse a las personas alejadas y en busca del sentido de la vida, de la felicidad y, en definitiva, de Dios. Recordamos algunas importantes misiones ciudadanas, el «Atrio de los gentiles», la Misión Continental, etcétera. Sin duda el Señor, Buen Pastor, bendecirá abundantemente dichos esfuerzos que provienen del celo por su Persona y su Evangelio.

Queridos hermanos y hermanas, Bartimeo, una vez recuperada la vista gracias a Jesús, se unió al grupo de los discípulos, entre los cuales seguramente había otros que, como él, habían sido curados por el Maestro. Así son los nuevos evangelizadores: personas que han tenido la experiencia de ser curados por Dios, mediante Jesucristo. Y su característica es una alegría de corazón, que dice con el salmista: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres» (Sal 125,3). También nosotros hoy, nos dirigimos al Señor, Redemptor hominis y Lumen gentium, con gozoso agradecimiento, haciendo nuestra una oración de san Clemente de Alejandría: «Hasta ahora me he equivocado en la esperanza de encontrar a Dios, pero puesto que tú me iluminas, oh Señor, encuentro a Dios por medio de ti, y recibo al Padre de ti, me hago tu coheredero, porque no te has avergonzado de tenerme por hermano. Cancelemos, pues, cancelemos el olvido de la verdad, la ignorancia; y removiendo las tinieblas que nos impiden la vista como niebla en los ojos, contemplemos al verdadero Dios…; ya que una luz del cielo brilló sobre nosotros sepultados en las tinieblas y prisioneros de la sombra de muerte, [una luz] más pura que el sol, más dulce que la vida de aquí abajo» (Protrettico, 113, 2- 114,1). Amén



Consejos para un ateo


CONSEJOS PARA UN ATEO
 Casi siempre estereotipamos al ateo como la persona que con una actitud orgullosa y arrogante niega sistemáticamente la existencia de Dios, apoyándose en endebles fundamentos y cayendo por lo mismo en posturas fanáticas. Es aquel que no puede soportar- ni ocultar el peso de las dudas y que sintiéndose perseguido por los numerosos cuestionamientos que le plantea la religión, rechaza tajantemente la idea de Dios.
 Sin embargo, hay muchos otros tipos de ateos.  Están aquellos que se sienten incapaces de decir algo sobre Dios.  Son ese tipo de personas que rechazan al "Dios caricatura", que presentan las definiciones etéreas y las imágenes acartonadas.  La palabra de "Dios" es para ellos un símbolo estorboso que impide que el hombre se conozca a sí mismo.  Se presentan como "humanistas" porque afirman creer sólo en el hombre y en sus valores infusos.
 "Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, ni sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religioso" (GS 19).  Simplemente orientan su vida a la consecución de bienes materiales e inmersos en el mundo del trabajo, no se cuestionan ni se preocupan por el fin último del hombre, cayendo en un desenfreno absoluto que lo expone a un vacío existencial.
 No faltan también los "ateos" de buena voluntad.  Ellos forman un género de personas muy distinto a los anteriores, porque estos se afanan en la búsqueda de valores como la bondad, la paz, la justicia.  Son llamados "filántropos" porque fundan su búsqueda en un amor por lo meramente humano.  Albert Camús los llamó -santos sin Dios", porque con sus obras dan un gran testimonio y servicio profético a la humanidad, provocando interrogantes en la cristiandad y poniendo en tela de juicio la necesidad de Dios para poder construir un mundo mejor.
 De este modo, el ateismo en sus innumerables facetas, de las cuales he presentado sólo algunas, representa el más grande desafío de la cristiandad.  "La Iglesia es categórica en reprobar con dolor y al mismo tiempo con firmeza el ateismo" (cf.  GS 21).  No obstante descubrimos un tono muy pastoral y respetuoso, sobre todo para con aquellos que declarándose tales, buscan la verdad con conciencia sincera y comprometida.  El ateo arrogante, en cambio, satisfecho de sus negaciones, contento con formas aprendidas. de memoria, no puede ser ayudado.
 Propongo ahora una serie de consejos prácticos para todos aquellos "ateos" de buena voluntad para que se abran con toda su inteligencia a la fuerza de la verdad:
 1. Nunca tendrá razones lógicas para negar la existencia de Dios.  Debe sorprenderte el hecho de que algunos hombres ilógicamente nieguen la existencia de Dios por razones lógicas, al tiempo que renuncian a pruebas lógicas de la existencia de Dios.  El ateo lógico intentará rebatir uno a uno los argumentos inteligentes que prueban la existencia de Dios.  Las vías de Santo Tomás, San Buenaventura, San Anselmo, argumentos tradicionales para ayudarnos a demostrar la existencia de Dios, deben ser consideradas como apoyos de razón.
 Es cierto que ha habido hombres que dejándose llevar por algún criterio niegan la existencia de Dios, pero es todavía más cierto, que muchos hombres de ciencia, sin ningún interés por demostrar la existencia de Dios, lleguen a esta conclusión: ¡Dios existe!  Einstein, el físico más importante del siglo XX al referirse a las vías tomistas afirmó: "Quien está convencido de que los acontecimientos del mundo se rigen por la ley de la causalidad, no pueden aceptar en modo alguno la idea de que no exista un ser que interviene en la marcha del mundo, a no ser que no tomen realmente en serio la hipótesis de la causalidad".  Para él, Dios es el más fuerte y noble motor de la investigación científica.
 2. Mira a tu alrededor y observa el ambiente social que provoca una doctrina atea.  La ausencia de Dios motiva y desarrolla brutalmente un egoísmo que arrastra a los pueblos a luchas despiadadas.  Del egoísmo brotan las ambiciones, la soberbia y el orgullo, que llevan a los hombres a la explotación fría sistemática de los más débiles.  Muchos y jóvenes reaccionan buscando este  "algo absoluto" en el alcohol, las drogas o en los placeres.  Unos naufragan insatisfechos de un lado a otro; y otros hastiados o desesperados caen en el suicidio.
 3. Si es verdad que hay un solo Dios, y nada más que un solo Dios, vivo y verdadero como afirman los cristianos, es necesario que pruebes para que puedas creerlo.  Por ello debes probar que ese Dios se ha encarnado en el mundo, y si es verdad que se ha hecho hombre, ese hombre, es el único que le podrá llevar a Dios de verdad.  Esto te llevará a revisar críticamente la Sagrada Escritura y demás fuentes de Revelación, y si no fuera verdad, tendrías que seguir buscando.  Y si aún no quedas convencido ¿cómo entonces se puede conocer a Dios'?
 Blas Pascal, otro gran sabio y científico, nos dejó este consejo: "... no tiene sentido acumular pruebas a favor de la existencia de Dios, ¡tienes que vencer antes tus pasiones! ... ¿Quieres creer pero no conoces el camino? ¿quieres salir de tu incredulidad y no conoces el camino? ... Aprende de los que estuvieron atormentados por las dudas antes que tú.  Imita lo que ellos hicieron, haz. lo que pide la fe como si de verdad creyeras, ve a misa, torna agua bendita; porque eso te hará sencillo y te llevará a la fe..."
Juan Pablo II, nuestro Papa anterior, exhortaba a los jóvenes que dudan de la fe: "Si quieres reconocer al Señor, debes estar dispuesto a cumplir los mandamientos. Si alguna vez el rostro de Jesús se difumina en tu vida-, si te asalta incluso la idea de que Dios no existe, pregúntate seriamente si estás cumpliendo los mandamientos.  No olvides que, con frecuencia, la pérdida de la fe no es un problema intelectual, sino mas bien una cuestión de comportamiento.  Y recuerda que el Primer paso para recuperar una fe aparentemente perdida (y empezar, por tanto, a conocer a Dios), puede ser acudir al sacramento de la Penitencia".
 PADRE DANIEL BARRERA HERNÁNDEZ, MSP
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 HIMNO
Pues busco, debo encontrar;
pues llamo, débenme abrir;
pues pido, me deben dar;
pues amo, débeme amar
aquel que me hizo vivir.

¿Calla? Un día me hablará.
¿Pasa? No lejos irá.
¿Me pone a prueba? Soy fiel.
¿Pasa? No lejos irá:
pues tiene alas mi alma y va
volando detrás de él.

Es poderoso, mas no
podrá mi amor esquivar;
invisible se volvió
mas ojos de lince yo
tengo  y le habré de mirar.

Alma, sigue hasta el final
en pos de del Bien de los bienes,
y consuélate en tu mal
pensando con fe total:
¿Le buscas? ¡Es que lo tienes!
                                   Amén