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lunes, 14 de abril de 2014
Las adoratrices rescatan mujeres de la prostitución...
jueves, 16 de enero de 2014
Como sucede la excomunión por aborto?
| ¿Cómo sucede la excomunión por aborto? Todos aquellos que colaboran en llevar a cabo el aborto, son considerados conspiradores y sujetos a ser excomulgados Autor: Colin B. Donovan, STL | Fuente: www.ewtn.com | |
| La manera en que sucede la excomunión por aborto es la siguiente: El Canon 1398 menciona que "una persona que realiza un aborto exitoso, incurre en la excomunión automática" (latae sententiae). Esto significa que en el mismo momento en que el aborto es consumado exitosamente, la mujer y todos los participantes son excomulgados. El aborto se define como "el asesinato del feto, de cualquier manera o en cualquier momento, desde el momento de la concepción" (Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, publicado en las "Actas de la Sede Apostólica" vol. 80(1988),(1818)). Esta definición aplica a cualquier significado, incluyendo drogas, por medio de la cual un ser humano en el vientre de la madre es sacrificado. Cuando una mujer está consciente de estar en estado, la muerte intencional de la nueva vida en ella, no es solamente asesinato sino una ofensa sujeta a excomunión. Una mujer que sospecha que está esperando, tiene una grave responsabilidad y debe averiguar y proteger la posible vida en ella. Cualquier acción para terminar una "posible" vida, aunque probablemente no sea materia de excomunión, si refleja una gran indiferencia por la vida y es materia de pecado grave. Todos aquellos que colaboran en llevar a cabo el aborto, son considerados conspiradores y sujetos a ser excomulgados. Esto incluye sin duda a los médicos y las enfermeras que participaron directamente, a los esposos, familiares y otros que con cuyo consejo colaboraron en hacerlo moralmente posible para la mujer afectada, y también todos los que la apoyaron en llevarlo a cabo.(Llevando a la clínica, financiando el aborto etc.) Claramente hablando, aquellos que piensan que la posibilidad de tener abortos químicos solucionaría el problema, se engañan a si mismos. Solamente ampliaría el grupo sujeto a la excomunión y culpables de falta grave, incluyendo entonces a los fabricantes de las medicinas, farmaceuticos y médicos familiares. También debe de tomarse en consideración que actualmente muchas píldoras anticonceptivas son abortivas. Teóricamente el uso y conocimiento de las características abortivas de estas pastillas podría causar la excomunión. Los fabricantes de estas pastillas han estado considerando últimamente la peligrosa responsabilidad que comparten. Tome nota: Para incurrir en la excomunión, uno debe de estar en conocimiento de que el aborto conlleva esa consecuencia. El Canon 1323 prevee excluir de la sanción a aquellos que no han cumplido los 16 años, los que no conocen esta Ley o están en error sobre su alcance, los que fueron forzados a esta decisión, los que tuvieron un accidente imprevisto, los que actuaron por miedo o no estaban en su santo juicio. (excepto culpabilidad causada por el alcoholismo). Por lo tanto una mujer forzada por un hombre abusivo, para hacerse un aborto, no estaría sujeta a la excomunión, pero si alguien es culpable bajo la influencia del alcoholismo o de drogas, si lo estaría (Canon 1325). En cualquier caso, haya uno estado sujeto a excomunión o no, el pecado del aborto tiene que ser confesado, como si se le hubiera quitado la vida a un ser humano inocente (5to mandamiento). Si el penitente no conocía esta Ley en el momento de cometer el aborto, entonces él o ella no fueron excomulgados. Si la persona conocía esta Ley, pero existieron circunstancias atenuantes (como las arriba mencionadas referente al Canon 1323), estos factores deben ser explicados al confesor. El confesor mencionará, si tiene la facultad del obispo para absolverlo de esta excomunión o si necesita de ella. Si no tiene la facultad de absolver en este caso, puede privadamente y en secreto obtener la absolución del obispo o enviar al confesor a una persona que si tenga la facultad para hacerlo. Una persona que piensa pueda estar sujeta a la excomunión, debe abstenerse de recibir la Sagrada Eucaristía hasta tanto la absolución de los pecados y de la excomunión haya sido otorgada. Un factor que complica esta situación, es cuando intencionalmente se oculta el pecado mortal (aborto) o el conocimiento de la excomunión, esto invalida todas las otras absoluciones recibidas por los otros pecados cometidos, desde el momento en que se comenzó a ocultar este pecado. Ocultar conscientemente un pecado mortal o una excomunión, significa que aún después de haber sido dada la absolución por el sacerdote, debido a la falta de honestidad de parte del penitente, el pecado no queda perdonado. La absolución no es mágica, depende del sincero arrepentimiento de todos los pecados mortales conocidos y un firme propósito de enmienda. Estos pecados deben ser nuevamente confesados, como parte integral de una buena confesión. Este no es el caso de la persona que desconocía que lo que estaba haciendo era pecar ante los ojos de Dios y de la Iglesia, de lo cual se enteró más tarde. Como no ocultó de la confesión lo que sabía que era pecado, sus previas confesiones son válidas. La Iglesia hace todo el esfuerzo posible para facilitar El Sacramento de la Penitencia y obliga a los sacerdotes a mantener también la anonimidad (Canon 964). Realmente no hay excusa válida para demorar el pleno regreso a los Sacramentos. Todos los que han cometido un aborto deben regresar a casa, a Cristo y a la Iglesia. |
domingo, 28 de abril de 2013
Y Tú ¿a quién te quieres parecer?
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sábado, 13 de abril de 2013
La Fornicación, madre de desgracias
| Buenas tardes queridos hermanos en Cristo, queremos compartir con Uds., este interesante e ilustrador artículo, ya que deja ver a las claras, cual es el motivo por el cual se están viviendo estos tiempos de desorden en todo sentido. |
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Educar para la pureza
Al paso del tiempo, la prédica incorrecta y cómplice, el abandono de los Sacramentos y el furor de los medios masivos de comunicación, han contribuido a extender el aforismo al sexo femenino.
Hoy vivimos en un verdadero aquelarre moral, aún entre los que nos decimos católicos, cuyo exponente más claro es la destrucción de la familia.
En la base de esta pirámide infernal, está la Fornicación madre de innúmeros vicios y, claramene, de la inmadurez del caracter.
El artículo que presentamos abajo, contribuirá a aclarar el panorama desde una visión psicológica y teológica. Sobre todo en una época en que son pocos los padres y formadores que dan el verdadero lugar que le corresponde al educar para la pureza.
Consecuencias de la Fornicación
en la realización vocacional
Dra. Zelmira Seligmann
Son cada vez más numerosos los pacientes que debemos atender con esta extraña “patología” como es la incapacidad para la vida matrimonial, si es que ya están casados, o para la realización de un proyecto matrimonial, si es que aún buscan casarse y realizarse en una vida familiar. A la vez encontramos también muchos fracasos, incluso después de largos años de convivencia, de matrimonios que habían logrado tener una familia con hijos y una cierta estabilidad, y donde nada parecía predecir el triste desenlace de la disolución y disgregación de la familia.
En todos estos casos ─ la imposibilidad de concretar la propia vocación matrimonial, la incapacidad para llevarla adelante tanto sea al comienzo del matrimonio como luego de varios años de convivencia ─ puede haber diferentes causas, pero analizaremos la más común, pues se refiere a una cierta mentalidad que aparece “como normal” en nuestra cultura, cada vez más alejada de la ley natural, donde la “libertad” y el capricho subjetivo, parecería ser el único valor por el cual se mueven las personas.
Por eso quiero analizar el problema de la fornicación ─ o sea, el mantener relaciones sexuales prematrimoniales, entre varón y mujer, pero sin estar casados ─ y sus consecuencias psicológicas, sobre todo en cuanto a la realización o frustración de la propia vocación.
Habría que hacer primeramente una distinción ─ por otro lado, estudiada por Santo Tomás siguiendo a Aristóteles ─ entre el incontinente y el intemperante.
En el incontinente la voluntad es arrastrada por la pasión y se arrepiente en cuanto la pasión va desapareciendo. Esto quiere decir que hay gente que fornica dejándose llevar por los impulsos, sin resistirlos debidamente, apartándose así del orden de la razón, pero sabe que está mal y se arrepiente de lo hecho por debilidad. Sin duda, como observa Santo Tomás, la causa está principalmente en el alma (el cuerpo es sólo ocasión del pecado), pues no se propone resistir con firmeza a la tentación, mediante el juicio de la mente[1].
Diferente es la situación del intemperado, que es aquel que no se arrepiente, porque ya tiene el vicio contrario a la templanza. La templanza es una virtud que modera los placeres sensibles sometiéndolos al juicio de la razón. Por eso la intemperancia es un vicio (hoy en día llamado “adicción al sexo”) verdaderamente corruptor de la vida humana, y sobre todo de su vida psíquica. ¿Porqué? Porque la bondad de la virtud moral está en seguir el orden de la razón, ya que “no existe más bien para el hombre que el racional”[2]. En la intemperancia la voluntad se decide a pecar por propia elección porque ya tiene el hábito adquirido por el ejercicio. La persona ya juzga bueno seguir sus pasiones y no le importa refrenarlas. Es más, las justifica.
Ya Santo Tomás cuando estudia la intemperancia dice que es un pecado “pueril”, o sea que es un vicio propio del infantilismo; como los caprichos de los niños[3]. Por eso no cabe duda de que sumerge a la persona en una tremenda inmadurez, con todas las consecuencias que esto supone en las responsabilidades de una persona adulta, principalmente porque ─ como afirma Santo Tomás ─ es un vicio que al hundir en los placeres animales, obnubila la luz de la razón.
Estudiaremos principalmente los efectos nocivos de la intemperancia porque cuando ya está instalado el vicio, las consecuencias son más graves, sobre todo teniendo en cuenta que el vicio es causa de la enfermedad mental y de todos los desordenes patológicos del carácter. También debemos considerar que el problema de la cultura actual es principalmente que se pervierte el orden de la razón ya desde la misma niñez y juventud, pues se ve como negativo el subordinar los impulsos a la razón. Sin lugar a dudas ha sido determinante la influencia del modernismo, y especialmente del psicoanálisis y otras teorías psicológicas, aun aceptadas por los católicos que educan, y donde se pone de relieve el tema de “no reprimir”, el dejar que sean auténticos y espontáneos, el dejar en libertad para manifestar el “amor”, el hecho de que hay que dejar que hagan su propia vida, etc. En la cultura moderna ya no se educa para la virtud y mucho menos para la virtud de la templanza. Y esto trae gravísimas consecuencias a nivel psíquico y social.
Podría decirse aún más, y es que en la cultura actual hay una “disposición” para el desenfreno y la fornicación. No sólo por las costumbres corruptas de nuestra sociedad (incentivadas por los poderosos medios de comunicación), que incluso las confirma con leyes humanas positivas, sino también y principalmente por la educación deficiente que reciben nuestros jóvenes. Aún la educación en ámbitos católicos.
Las nuevas generaciones ya no ven como malo no sólo el tener relaciones sexuales ocasionales con el “novio” y a veces hasta en la primera salida, sino que ya por principio no conciben una vida de castidad, y les parece muy normal irse a convivir con su “pareja”. A veces hay planes matrimoniales a largo plazo pero, en la mayoría de los casos, no existe ningún proyecto y se cambia de pareja con mucha frecuencia. Por eso podemos afirmar que hoy en día la fornicación no se da por el sólo hecho de un desborde pasional ─ el “incontinente” para Aristóteles ─ sino que ya existe la convicción de que hay derecho a vivir con esa libertad. Y en la mayoría de las familias se acepta este desorden, generalmente porque justifica problemas de los padres mismos.
Pero me parece interesante al análisis que hace Santo Tomás de este vicio, porque lo primero que observa es que es un pecado que sumerge a la persona en una gran inmadurez, porque son actos semejantes a los de los niños, y esto por tres razones:
La fornicación trae también sus consecuencias[4] en la inteligencia y en la voluntad: por ejemplo la “ceguera de la mente”, o sea que la persona no percibe la bondad del fin y por lo tanto no puede deliberar y poner los medios adecuados a ese fin (es corruptora de la prudencia, según Aristóteles). Y así cae fácilmente en la precipitación, en los juicios errados, en la inconstancia, por lo cual también se equivoca mucho respecto de las situaciones y las personas que involucra en su vida. Esto lo lleva a vivir continuas frustraciones afectivas y ─ a medida que pasan los años ─ se va truncando también la vocación matrimonial a la que pueden estar llamados. A cierta edad, cuando la juventud se va yendo y también las posibilidades concretas de la maternidad y paternidad, esto trae grandes depresiones pues se enfrentan al dolor de la no-deseada y tan temida vida en soledad.
No son menos los estragos que hace la fornicación en la voluntad, pues la persona se hace cada vez más egoísta, crece su amor propio, en esa búsqueda del placer desordenado que, no sólo lo aleja de los demás, sino que también lo separa de Dios. Como muy bien observa Santo Tomás, el amor a las cosas de la vida presente donde se encuentra el placer, lo hacen desesperar de la vida futura, porque quien no reprime los placeres carnales no sólo no se puede ocupar de los espirituales, sino que hasta siente fastidio por ellos.
Cuando viven con este pecado se alejan de Dios y de los sacramentos, y aquí nos referimos a los que son católicos. Cuando conviven porque saben que están en falta y, en el fondo, sólo les importa vivir esos momentos de placer, de “estar bien” con su pareja. Pero también cuando están solos, si bien quisieran volver a los sacramentos, muchas veces no lo hacen porque saben que no pueden confesarse porque no se arrepienten de lo que han hecho ni tienen propósito de enmienda, pues si volvieran a encontrar otra persona, volverían a fornicar. Por eso dice muy bien Santo Tomás que es un problema del alma y no del cuerpo. Es que mentalmente ya están dispuestos a la fornicación como si fuera algo normal, si bien ven claramente que choca con su conciencia por lo cual no pueden fácilmente volverse a Dios y a la vida sacramental. Se sumergen en un ateísmo práctico.
La ceguera de la mente, el desorden respecto de la razón, y la voluntad herida por el vicio, con toda la carga de egoísmo que supone, comprometen seriamente su vida futura y su proyecto vocacional. Porque no sólo eligen mal sus amistades y sus parejas (que muchas veces los “usan” o se “usan” mutuamente) sino que también eligen mal la persona con quien luego se casan, y el riesgo de fracaso matrimonial es muy alto. Se les hace muy difícil el discernimiento, porque su apego a lo sensible obnubila la razón. Y el problema no se plantea sólo por la mala elección, sino también por las patologías del carácter que llevarán luego a la vida comunitaria y que pueden hacerla insoportable, involucrando luego a los hijos, si es que los hay. Por supuesto estas situaciones traen consecuencias muy negativas para la sociedad en general.
La fornicación al hacerse vicio (“adicción al sexo”), estructura la personalidad de manera que pone en peligro el matrimonio, sus fines y la realización vocacional en este estado de vida. Por eso requiere de una rectificación y purificación de la vida, para la realización de una buena familia.
Ciertamente muchas veces es necesario hacer una “reeducación” del carácter y una adaptación al matrimonio y sus fines, debido a los malos hábitos que ya han conformado la personalidad. En estas personas, es necesario reducir la impulsividad sin límites, desarraigar los caprichos y deseos egoístas que entorpecen la vida en común, desarrollar la capacidad de razonar, de enfrentarse a la realidad, de asumir responsabilidades adultas; es necesario también llevar a la persona a vencer el miedo a las relaciones estables y duraderas, el miedo a los abandonos, y a veces, hasta es necesario desarrollar la sensibilidad y el afecto, que se han endurecido y enfriado por el vicio. La mayoría de las veces hay que hacer una adaptación a los fines del matrimonio: corregir la inmadurez para la vida en común, despertar el deseo de los hijos y, lo que es más difícil, que tomen conciencia de la responsabilidad en su cuidado y educación.
Y en esto no podemos dejar de considerar las gravísimas consecuencias de la anticoncepción en sí misma (como principio que rige estos actos desordenados) y de los métodos contraceptivos usados en las relaciones sexuales prematrimoniales. Es más, en muchos casos se recurre directamente al aborto provocado, que es un crimen aborrecible. Es en estas circunstancias en que realmente se juega la vida y la muerte. El tema del aborto y sus consecuencias psíquicas para toda la vida, están hoy en día muy bien estudiados y hay mucha bibliografía al respecto (Cf. por ejemplo “Miriam ¿porqué lloras?” Pius Stössel, Combel, 2004). Y no sólo en la mujer sino también en el varón, que no solamente frustra su paternidad, sino que además se convierte en el homicida de su propio hijo. Ya sabemos cuán graves son los efectos del aborto y de la anticoncepción, que además de provocar problemas orgánicos (hormonales, de esterilidad, etc) se le suman los trastornos psíquicos, como depresiones, angustia, intentos de suicidio, sentimiento de culpa, fobias, incomprensión de la pareja, soledad, tristeza, problemas de comunicación, etc.
Ya Santo Tomás advertía sobre la gravedad de la fornicación en este sentido, porque es un pecado cometido directamente contra la vida humana, “infiere un daño evidente a la vida de quien ha de nacer, por el acto cometido”[5]. Por esto va contra el derecho natural, que exige la estabilidad del matrimonio para la procreación y educación de la prole. Otro aspecto que me parece importante resaltar es que, cuando a llegan a situaciones de crisis, no pueden superarlas, porque buscan siempre soluciones en el aspecto sensible y ─ frente a nuevas frustraciones ─ las crisis se profundizan. Obviamente, en esto influye el hecho de que no saben usar la razón.
También sabemos por experiencia que suelen tener graves problemas de comunicación, porque el desorden interior se lleva a los actos exteriores, principalmente la palabra. Y en esto coincide Santo Tomás, cuando siguiendo a San Isidoro, dice que es por cuatro causas: en cuanto a la materia del discurso, sólo saca las “torpezas” de su interior; en cuanto a la precipitación e inconsideración, se precipita en palabras sin pensar y habla de cosas “tontas”; en cuanto al fin, porque busca el placer y el quedar bien delante de los demás, con expresiones muchas veces desubicadas; y en cuanto a la ceguera de la mente propia del que fornica, prorrumpe en necedades y estupideces, cambiando el sentido de las palabras para expresar sus concupiscencias[6].
La templanza es una virtud que se requiere para vivir bien la vida presente y ordenar y moderar las necesidades vitales, pero el fin propio de la templanza es la felicidad, a la que subordina estas necesidades. Por eso los que fornican y no refrenan los impulsos de sus concupiscencias, no sólo se sumergen en una profunda tristeza sino que además viven perturbados e intranquilos. La inseguridad los tortura, pues al no ser capaces de someter sus pasiones a la razón y hacer su vida “razonable”, las cosas presentes se les escapan de las manos. Tienen consciencia de que muchas situaciones los desbordan y que no pueden manejarlas. Sin duda alguna, porque si no pueden controlar sus propios impulsos, tampoco pueden resolver debidamente los problemas que se les presentan cotidianamente.
Otro aspecto que no podemos dejar de lado, también por las consecuencias negativas en la vida en común, es la ira. El inmaduro caprichoso responde con enojo a aquellas cosas que no le gustan como son. El que fornica, al tener una gran debilidad en el control de sus emociones y el egoísmo siempre creciente, se irrita con frecuencia cuando algo lo disgusta, y por eso hace la convivencia insoportable. Esto es también otro aspecto de la inestabilidad de los concubinatos. Hay estudios estadísticos recientes que demuestran que el matrimonio estable reduce notablemente el stress en las personas.
Por último quiero reflexionar sobre las posibles causas de este fenómeno moderno que es la fornicación como un vicio “aceptable” socialmente, como si fuera algo normal.
Una primera causa ─ y muy importante por cierto ─ considero que es el grave problema educativo que vivimos en la actualidad. Principalmente la falta de buena doctrina y la enseñanza de las verdades más fundamentales, ya que ni siquiera se enseñan los Mandamientos de la Ley de Dios y la gravedad de su transgresión, no sólo ante Dios, sino también como causa de enfermedades mentales. Por supuesto esta crítica involucra a la educación católica que, en muchos lugares, es deficiente.
Otra posible causa son los grupos de pares, los “amigos”, los ámbitos sociales, los medios de comunicación, la cultura en general, el miedo a ser distinto de los demás que tienen los adolescentes (y muchos adultos también) y por lo cual S. S. Benedicto XVI les ha pedido que sean capaces de ir “contracorriente”.
Fundamentándome en mi experiencia como psicoterapeuta, he podido comprobar que hay jóvenes y adultos que ─ habiendo tenido una formación adecuada ─ consideran que han “claudicado” a sus principios, que han traicionado su consciencia por no quedar mal delante de los demás, por no pasar por “tontos” y reprimidos, por miedo a ser excluidos de los grupos en los que se mueven. Muchas veces este vicio comienza por las exigencias de la pareja y el miedo a perder el afecto. Desgraciadamente también podemos decir que los padres y a veces hasta los abuelos apoyan la iniciativa de sus hijos de irse a vivir con su pareja. Muchos padres justifican sus propias situaciones irregulares o la vida que llevaron antes del matrimonio, y hasta aprovechan para desligarse de la educación de sus hijos, que siempre es ardua. Recordemos que las consecuencias negativas de la fornicación están principalmente en el cumplimiento de los fines del matrimonio: la ayuda mutua, la procreación y la educación de la prole. Esta última herida se lleva por largo tiempo. En este papel central de la educación, es muy importante el testimonio de la familia y sobre todo el ejemplo de los padres. Muchos jóvenes de hoy en día no encuentran directivas claras de los padres con respecto al comportamiento sexual. Esta es una negligencia y un abandono gravísimo de su misión. Y aquí tendríamos que involucrar a todos los que educan: docentes, sacerdotes, etc.
Y para terminar quisiera presentar la causa principal de este problema y es la ausencia de la vida sacramental. Ya un gran educador de la juventud como fue Don Bosco, fundamentaba su sistema preventivo (para prevenir del pecado) en tres pilares: el amor, la razón y la religión. El más importante es la vida religiosa (porque incluye a los otros dos), la oración y la frecuencia de los sacramentos: la confesión y la Eucaristía. Se puede educar en la castidad pero si no se recurre a la oración y la gracia de los sacramentos, no se tiene fuerza para vencer las tentaciones que son cada vez más fuertes en la sociedad en que vivimos.
Pero por el contrario – y esto es una gran esperanza – muchos jóvenes hoy en día no sólo consagran su vida a Dios con voto de castidad, sino que también hay muchos que prometen vivir su virginidad hasta el matrimonio, y hasta hay movimientos de jóvenes que se comprometen a empezar nuevamente, una vida más plena y feliz con una renovada castidad. Pero todos ellos saben que necesitan una fuerza especial, que no viene de la propia naturaleza herida y asediada por tantas tentaciones del medio ambiente, viene sólo de Dios.
Hoy, en el día de la fiesta de Santa Teresita, debemos recordar también a sus padres, los beatos Louis y Zélie, quienes supieron formar un matrimonio santo y dar frutos de santidad. Una familia digna de ser imitada.
[1] Cf. Santo Tomás de Aquino, Suma de Teología, II-II q. 156.
[2] Pseudo-Dionisio Areopagita, De div. Nom, cap 4. Citado en S. Th II-II q. 141 a. 6 corpus.
[3] Cf. S. Th. II-II q. 142 a. 2
[4] Cf. S. Th. II-II q. 153 a. 5: Si están bien clasificadas las hijas de la lujuria.
[5] S. Th. II-II q. 154 a. 2 corpus.
[6] S. Th. II-II q. 153 a. 5 ad 4.
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jueves, 4 de abril de 2013
No debemos permanecer mudos ante la ignorancia religiosa.
Existe una sordera del alma peor que la del
cuerpo, pues no hay peor sordo que el que no quiere oír. Son muchos los que
tienen los oídos cerrados a la Palabra de Dios, y muchos también quienes se van
endureciendo más y más ante las innumerables llamadas de la gracia. El
apostolado paciente, tenaz, lleno de comprensión, acompañado de la oración,
hará que muchos amigos nuestros oigan la voz de Dios y se conviertan en nuevos
apóstoles que la pregonen por todas partes. Esta es una de las misiones que
recibimos en el Bautismo.
No debemos los cristianos permanecer mudos cuando debemos
hablar de Dios y de su mensaje sin trabas de ninguna clase: los padres a sus
hijos, enseñándoles desde pequeños las oraciones y los primeros fundamentos de
la fe; el amigo al amigo, cuando se presenta la ocasión oportuna, y
provocándola cuando es necesario; el compañero de oficina a quienes le rodean
en medio de su trabajo, con la palabra y con su comportamiento ejemplar y
alegre; el estudiante en la Universidad, con quienes tantas horas ha pasado
juntos... No podemos permanecer callados ante las muchas oportunidades que el
Señor nos pone delante para que mostremos a todos el camino de la santidad en
medio del mundo. Hay momentos en los que incluso resultaría poco natural para
un buen cristiano el no hacer una referencia sobrenatural: en la muerte de un
ser querido, en la visita a un enfermo (¡qué horizontes podemos abrir a quien
sufre al pedirle, como un tesoro, que ofrezca su dolor por una intención, por
la Iglesia, por el Papa!) cuando se comenta una noticia calumniosa... ¡Qué
ocasiones para dar buena doctrina! Los demás la esperan, y les defraudamos si
permanecemos callados.
Muchos son los motivos para hablar de la belleza de la fe,
de la alegría incomparable de tener a Cristo. Y, entre otros, la
responsabilidad recibida en el Bautismo de no dejar que nadie pierda la fe ante
la avalancha de ideas y de errores doctrinales y morales ante los cuales muchos
se sienten como indefensos. «Los enemigos de Dios y de su Iglesia, manejados
por el odio imperecedero de satanás, se mueven y se organizan sin tregua.
»Con una constancia “ejemplar”, preparan sus jefes,
mantienen escuelas, directivos y agitadores y, con una acción disimulada –pero
eficaz–, propagan sus ideas, y llevan –a los hogares y a los lugares de
trabajo– su semilla destructora de toda ideología religiosa.
»—¿Qué no habremos de hacer los cristianos por servir al
Dios nuestro, siempre con la verdad?». ¿Acaso vamos a permanecer impasibles? La misión que
recibimos un día en el Bautismo hemos de ponerla en práctica durante toda la
vida, en toda circunstancia.
En
la Santísima Virgen tenemos el modelo acabado de ese escuchar con oído atento
lo que Dios nos pide, para ponerlo por obra con una disponibilidad total. «En
efecto, en la Anunciación María se ha abandonado en Dios completamente,
manifestando “la obediencia de la fe” a aquel que le hablaba a través de su
mensajero y prestando “el homenaje del entendimiento y de la voluntad” (Const. Dei Verbum, 5)». A Ella acudimos, al terminar nuestra oración, pidiéndole que nos
enseñe a oír atentamente todo lo que se nos dice de parte de Dios, y a ponerlo
en práctica.
sábado, 30 de marzo de 2013
No abortes.....Dile sí al plan de Dios en tu vida...
No abortes
No matar.
Dios ha dado un mandamiento: No matar. Y quien provoca un aborto está matando a un ser humano, se pone en lugar de Dios que puede decidir sobre la vida y la muerte de un hombre.
Detrás de todo asesinato está Satanás, que es homicida desde el principio y que induce a los hombres al homicidio.
Si estás pensando en abortar es porque el demonio te lo ha sugerido, ya sea a través de alguna “amiga”, que hace las veces de demonio e instrumento del mal. o por alguna otra idea venida de las Tinieblas.
Nada justifica el asesinato, y mucho menos el asesinato de un ser inocente e indefenso, como es el niño por nacer.
Aquí coloco una oración que debes hacer en caso de que sientas la tentación de realizar un aborto:
Plegaria de liberación
OH, Señor, tú eres grande, tú eres Dios, tú eres Padre, nosotros te rogamos, por la intercesión y con la ayuda de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, que nuestros hermanos y hermanas sean liberados del maligno que los ha esclavizado.
Oh, santos todos, venid en nuestra ayuda.
De la angustia, la tristeza y las obsesiones, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
Del odio, la fornicación y la envidia, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
De los pensamientos de celos, de rabia y de muerte, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
De todo pensamiento de suicidio y de aborto, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
De toda forma de sexualidad mala, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
De la división de la familia, de toda amistad mala, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
De toda forma de maleficio, de hechizo, de brujería y de cualquier mal oculto, nosotros te rogamos: Líbranos, oh Señor.
Oh, Señor, que dijiste “la paz os dejo, mi paz os doy”, por la intercesión de la Virgen María concédenos ser librados de toda maldición y gozar siempre de tu paz.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
viernes, 29 de marzo de 2013
Rolando Rivi, seminarista de 14 años......
| Francisco firma su martirio y será beato | ||||||||
| Rolando Rivi, seminarista de 14 años, el niño «mártir de la sotana» en la Italia de 1945 | ||||||||
| Durante los últimos meses de guerra y primeros de postguerra las partidas comunistas demostraron su odio al clero. Con este niño se cebaron. Una de los más relevantes entre los primeros decretos martiriales del Papa Francisco es el de un niño de 14 años, Rolando Rivi, por las peculiares circunstancias históricas de su muerte: en la Italia de 1945 y por partisanos comunistas, aclamados por la propaganda de postguerra como luchadores por la libertad. Dos años de felicidad Rolando nació en 1931 en San Valentino, cerca de Castellarano (Reggio Emilia), como el segundo de los tres hijos de Roberto y Albertina, granjeros de profunda fe y religiosidad. Muy pronto sitió la vocación sacerdotal, e ingresó en 1942, con sólo once años, en el seminario de Marola. El 1 de octubre lo apuntó como el día más feliz: fue cuando tomó la sotana. Solía animar a sus compañeros con estas palabras: "Un día, con la ayuda de Dios, seremos sacerdotes. Yo seré misionero. Quiero llevar a Jesús a quienes no Le conocen. Nuestro deber como sacerdotes es rezar mucho y salvar almas para llevarlas al paraíso". Los meses más duros En 1944, cuando Italia cambió de bando en la Segunda Guerra Mundial y fue invadida por los alemanes, el adolescente Rivi tuvo que abandonar los estudios, porque los nazis cerraron el centro y dispersaron a los seminaristas enviándolos a sus casas. Fuera del seminario y sin haber recibido ni las órdenes menores, Rolando no tenía obligación de llevar la sotana, pero siguió haciéndolo mientras mantenía su colaboración con la Acción Católica y daba catequesis en la iglesia. Y eso que los tiempos eran peligrosos. En su región había numerosas partidas comunistas que realizaban acciones de sabotaje contra los alemanes, pero que preparaban también el futuro del país mostrando su odio a la Iglesia, con el asesinato de varios sacerdotes. La sotana, señal de pertenencia a Jesús "¡Quítate la sotana! Es mejor que no la utilices", le rogaban sus padres. Pero el niño daba muestras de determinación: "Pero ¿por qué? ¿Qué mal hago llevándolo? No tengo ninguna razón para dejar de usarlo. Estudio para ser sacerdote y debo vestir en señal de que pertenezco a Jesús". En alguna ocasión, los partisanos de la zona le habían insultado con obscenidades al encontrarse con él en algún camino. En el pueblo le conocían como "el curita". "No tengo miedo ni estoy asustado. No puedo esconderme. Pertenezco a Dios", respondía a quien le aconsejaba que vistiese de seglar. Rolando continuó sus prácticas de piedad en la parroquia de su pueblo, donde el párroco,Olinto Marzocchini, fue atacado en una ocasión por los comunistas, así como el joven sacerdote Alberto Camellini, recién llegado a San Valentino. El chico tenía gran admiración por su párroco: "¡Qué hermoso ser como él! ¡Celebrar misa con Jesús en mis manos, llevar el alma de Jesús...!". Con esa devoción, el 10 de abril de 1945 tocó el organo y acompañó al coro en la misa solemne, y al terminar recogió sus cosas y, ataviado con su inseparable sotana, atravesó el bosque camino a su hogar, adonde nunca llegó. El crimen, la gloria Sus padres y vecinos temieron lo peor. Se le buscó durante tres días, hasta que su padre y Don Alberto encontraron el cadáver, plagado de señales de tortura y martirio. Como se supo después, el joven seminarista padeció tres días continuados de tormentos y humillaciones, con insultos a Dios, Cristo y la Iglesia. Lo primero que le hicieron fuequitarle la sotana y pegarle a conciencia con un cinturón. Al final le llevaron entre los árboles de Piane di Monchio, dejando un reguero de sangre por las heridas causadas. El niño lloró pidiendo que le perdonasen la vida, pero cuando recibió una patada como respuesta, comprendió que todo era inútil. Sólo rogó que le dejasen rezar antes de morir. Lo hizo por sus padres y por sus asesinos. Luego recibió dos tiros, uno en la cabeza y otro cerca del corazón, y le semienterraron. La sotana se la quedaron los asesinos como trofeo y la anudaron para convertirla en pelota de fútbol. Tras un entierro sumario, después de la liberación, el 29 de mayo, recibió el homenaje de todos los parroquianos, y su tumba comenzó a ser lugar de peregrinación, con diversas curaciones atribuidas a su intercesión. En 2006 se abrió en la diócesis de Modena su causa de beatificación, y tras certificar en mayo de 2012 la correspondiente comisión de la Congregación que su muerte fue un martirio in odium fidei, este Jueves Santo el Papa Francisco lo proclamó para todo el mundo, preludio de su beatificación. Un sueño hecho realidad de otra forma Pocos días antes de morir, justo el Jueves Santo de 1945, Rolando había escrito este pensamiento: "Jesús, te doy gracias porque te nos has dado en la Santa Hostia y estás siempre con nosotros. Ayúdame a volver pronto al seminario para convertirme en sacerdote". Jesús hizo algo mejor: asimilarle a su Calvario para llevarle más deprisa a la gloria. |
domingo, 24 de marzo de 2013
Un abrazo histórico: el nuevo Papa y el Papa emérito.....
| Francisco visita a benedicto XVI en Castelgandolfo | |||||||
| Un abrazo histórico: el nuevo Papa, y el Papa emérito, en unión fraterna por la Iglesia | |||||||
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