viernes, 5 de agosto de 2016

Frente a la malicia, milicia....espiritual





La multitud de los bienaventurados del Cielo, constituyen la llamada Iglesia Triunfante, así como los que sufren las penas purificativas del Purgatorio forman la Iglesia Purgante. Queda para los que peregrinamos sobre la tierra camino de la Patria Celestial, y constituimos por el Bautismo la IGLESIA MILITANTE. La vida del hombre sobre la tierra, nos dice el libro de Job, es milicia, es lucha y es combate. La vida del cristiano en medio del mundo, rodeado de los peligros que pueden perder su alma, es una milicia y una lucha sin tregua. Por eso la única actitud del cristiano, es una actitud militante. Como el soldado con el arma al brazo está alerta custodiando su puesto, para prevenir toda acometida del enemigo, así el cristiano, con las armas espirituales, ha de estar siempre en actitud militante, sin abandonarse al reposo suicida de creer que la paz se gana por sí misma y no es fruto de una conquista diaria, de un esfuerzo de milicia.

Hay un falso pacifismo que llama a la inoperancia y a la laxitud. Ese falso pacifismo es el preludio de una gran derrota. Mientras Baltasar celebraba con banquetes y delicias la grandeza de Babilonia, los persas dirigidos por Ciro asaltaban sus murallas y arrasaban la gran ciudad. Mientras el ejército filisteo dormía, los aguerridos soldados de Gedeón se abalanzaron sobre ellos y alcanzaron, desde a su exiguo número, una resonante victoria.
No hay paz posible con el enemigo perpetuo, el que ha empeñado toda su ciencia y su poder en destruirnos hasta el final de nuestra vida. Por eso S. Pedro nos recomienda que velemos siempre en la oración, porque el demonio, como un león rugiente, anda dando vueltas a nuestro alrededor, espiando a ver a quien puede devorar. No hay más paz que la que nos viene de Dios. La paz que se consigue con el vencimiento de nuestros enemigos, el mundo, el demonio y la carne, por el único camino de la oración, los sacramentos y la mortificación.
La vida cristiana no es para cobardes, para los que quieren pactar con sus enemigos, y ganar una paz falsa, la paz del derrotado y del esclavo. Con las armas de la fe, con las armas de la oración, con las armas de la huida de las ocasiones, en permanente estado de milicia, venceremos bajo la bandera de nuestro sumo Rey y Capitán Jesucristo. Él nos dijo: "No temáis, Yo he vencido al mundo". Todos a luchar detrás de Jesucristo en estos tiempos turbulentos y librar el gran combate de nuestra fidelidad a Él hasta el fin.

sábado, 30 de julio de 2016

Comunión reparadora....

En mayo de 2017 se cumplen 100 años de las apariciones  de Fátima a tres pastorcitos en Cova de Iría, Portugal, y la Iglesia y el mundo está expectante.

banner comunion reparadora

Por eso Foros de la Virgen María propone que nos preparemos comunitariamente para empezar el 2017 con la Comunión Reparadora de los 5 Primeros Sábados de mes hecha durante los 5 meses que restan hasta el 2017.

                             Comenzamos en agosto, el 6 de agosto.

Durante la semana del 1 al 6 de agosto les indicaremos materiales para leer antes de la comunión que deben tomar el sábado 6 de agosto en su parroquia o en la que elijan.

Las 4 condiciones para hacer la Comunión Reparadora son durante 5 Primeros Sábados de mes seguidos:
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1- Confesarse
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2- Recibir la Santa Comunión en Gracia de Dios.3- Rezo del Santo Rosario
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4- Meditación durante 15 minutos de los misterios del Rosario (uno o más)

PROFECÍA QUE NOS DA ESPERANZA

La hermosa profecía que nos llena de esperanza en medio de tantas malas noticias con las que convivimos es del 13 de Julio 1917:
“Por fin mi Corazón Inmaculado triunfará”                    
Pero… ¿Cómo es que podemos trabajar por el triunfo del Corazón Inmaculado de María?
En la voluntad manifiesta de Dios está la respuesta:
“Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón” (13 de Junio de 1917)
¿En qué consiste la Devoción al Inmaculado Corazón de María?

La Consagración personal al Inmaculado Corazón de María
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El rezo diario del Santo Rosario
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La Conversión
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El sacrificio por los pecadores
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El ejercicio de los primeros Sábados en Reparación a su Corazón Inmaculado

En ésta ocasión nos centraremos en laComunión Reparadora de los 5 Primeros Sábados de mes.
El mismo 13 de Julio Nuestra Madre dijo a los pastores de Fátima:
Si la humanidad no se enmienda, entonces Dios va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre”
“Vendré a pedir la Consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados”
Su promesa se cumplió más tarde, el 10 de Diciembre de 1925 en Pontevedra. Estaba Lucía en su celda cuando se le aparece el Niño Jesús de unos 12 años, al lado de Él, Nuestra Madre con el Corazón en la mano rodeado de espinas. Jesús le habla y le dice:
Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas”
imagen de virgen de fátima en el vaticano
Luego Nuestra Madre le dice:
Mira, hija mía, mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes”.

“Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquéllos que durante 5 meses, en el primer Sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan 15 min de compañía, meditando en los 15 misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación

Es por ello que nos unimos ofreciendo la Comunión Reparadora de los 5 Primeros Sábados de Mes. Comenzamos el 6 de Agosto.
Les indicaremos lecturas para prepararse para las Comunión Reparadora de los 5 Primeros Sábados.































Devoción de las Tres Avemarías

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Un “extraviado” que volvió a Dios

Un misionero, Párroco de Cuzco (Perú), escribe:
En mi extensa Parroquia, y con la colaboración de un grupo de Catequistas, estoy haciendo campaña de difusión del rezo de las tres Avemarías. Y el éxito es grande porque Dios hace derroche de sus gracias mediante su Madre Santísima...
“En junio de 1969 pasé por una ‘hacienda’ muy alejada de los caseríos y aldeas. El dueño de la finca ya era de edad avanzada; había sido seminarista, y luego, sin contraer matrimonio canónico, se unió a una mujer con la que tuvo varios hijos. Aproveché mi visita para dejarle una estampa sobre la devoción de las tres Avemarías, recomendándole que no dejara de rezarlas todos los días, y siempre que sintiese preocupación por cualquier problema.
A fines del mes de octubre vinieron a buscarme de parte del dueño de aquella ‘hacienda’ para pedirme con insistencia que, no obstante la distancia, fuera a aquella casa, porque dicho señor estaba muy grave y deseaba recibir los últimos Sacramentos.
Allí fui acompañado de dos Catequistas, y al vernos el enfermo, llorando amargamente y con voces entrecortadas, pidió confesar.
A continuación declaró que había rezado las tres Avemarías desde que se las había aconsejado y que a poco de rezarlas se sintió movido a ‘regularizar su vida’ y volver a la gracia de Dios.
Tanto le ayudaba la Santísima Virgen a su cambio espiritual, que hasta empezó a rezar el Santo Rosario durante su enfermedad.
Como apremiaba su gravísimo estado, sin pérdida de tiempo contrajo matrimonio, recibió la comunión juntamente con su esposa y los hijos legitimados, y le administré la Extremaunción.
Media hora, exactamente, después de esto, descansó en la paz del Señor.”
La Madre de Dios había acreditado una vez más su especial patrocinio respecto de quienes la invocan con las tres Avemarías. (P. Braulio Ascarza Sotelo. –7 de noviembre de 1969.– Perú).

viernes, 29 de julio de 2016

El Hijo Pródigo

De las parábolas pronunciadas por Jesús, la del “Hijo pródigo” es de las más conocidas. También llamada “Padre providente”, esta parábola es la sencilla manera con la que el Señor explica el dulce misterio de la Misericordia en significativas palabras: “Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.’ Y él les repartió la hacienda. Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino”.

Este hijo no pide, exige lo que por herencia le corresponde e infiere que en la crianza que recibió, su padre no hizo más que darle cumplimiento a una obligación. Este razonamiento lo despoja de toda gratitud, le hace ignorar desvelos, angustias, empeños y esfuerzos con los que fue criado, educado, formado, y le arroja a despreciar cuanto recibió.

El hijo de esta parábola ha renegado de los valores con que se le cultivó, y ahora ciego del amor paterno, no expresa gratitud y se descasta exiliándose en una suficiencia de la que rechaza la facultad paterna. Con su corazón endurecido, la desgracia lo cubre con su sombra y, víctima de la fatalidad, busca un alivio para su miseria: “Cuando se lo había gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y comenzó a pasar necesidad. Entonces fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie le daba nada. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.’ Y, levantándose, partió hacia su padre”.
Este hijo no reparó en que el corazón de su padre pudiese estar herido, no pensó en sus noches sin sueño, en sus días sin calma, no se percató del abandono con el que traicionó al padre que le vio crecer, y que al cabo de su infancia pronto vio venir la ofensa. No sabe que el corazón herido de un padre ofendido sufre más por el corazón del hijo que le ofendió que por la ofensa recibida.
En este hijo no existe el deseo de desagravio, ni vergüenza ni tristeza por la deshonra que lanzó contra su padre a través de su desdén, no hay arrepentimiento por sus desobediencias previas ni por las insidias que en varias ocasiones profirió contra él, antes de abandonarlo y también después.
Ahora, este hijo sueña con recuperar algo de lo mucho que dejó tras de sí, de lo perdido, de lo que fue su seguridad y equilibrio, un techo, un plato, un vaso; pero su sueño no es el de ungir el corazón que él mismo dejó llagado…
Este padre es diferente, sigue incólume donde siempre, su trabajo ahora con mayor esfuerzo, su cabeza adornada de canas, y aunque herido del amor filial, fortalecido en el espíritu no conoce rencor. Sonríe recordando a su hijo, con el corazón abierto es señor de la misericordia, ama con un amor que no conoce final, ama al hijo en quien no se complace, al que intentó humillarlo, al que arañó sus esperanzas: “Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.’ Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Dense prisa, traigan el mejor vestido y vístanle, pónganle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traigan el novillo cebado, mátenlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se le había perdido y ha sido hallado.’ Y comenzaron la fiesta”.
En la parábola, este Padre herido es Dios, este hijo verdugo somos todos. Nos levantamos, a veces, y caminamos al confesionario para reconciliarnos con Él. ¿Allí pensamos, acaso, en su tristeza, causa de nuestra ofensa? ¿Allí reconocemos haber olvidado el primer mandamiento “Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con toda tu alma, con todo tu corazón”?
Acudir al confesionario para aliviar las culpas, sin atender a los abandonos que de nuestro Padre Dios somos culpables, no nos hace diferentes al hijo de esta parábola de triste inicio, de feliz final.