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sábado, 21 de marzo de 2020
sábado, 29 de febrero de 2020
Mensaje Eucarístico - Desde el Sagrario
Mensaje eucarístico
Desde el sagrario.
El Señor nos llama desde el Sagrario y nos quiere decir palabras de consuelo y de esperanza, pero nosotros muchas veces estamos ensordecidos por los ruidos materiales y espirituales, y no oímos la voz de Jesús que quiere nuestro bien y desea que nos salvemos y vayamos a gozar para siempre con Él en el Paraíso. Tratemos de hacer un poco de silencio en nuestro interior y también en el exterior y dediquemos esos quince minutos diarios a Jesús Eucaristía. Seguramente habrá días en que nos costará terriblemente estar con Jesús, porque estaremos distraídos, ocupados en mil pensamientos y secos como un corcho, sin ningún sentimiento. Entonces hagamos como ese soldado que estaba de pie al lado del Sagrario y, cuando le preguntaron qué estaba haciendo, les respondió: “Estoy haciendo guardia al Rey”. Nosotros también, cuando estemos desabridos en las visitas, hagamos como este soldado que simplemente “estaba ahí”, haciendo guardia.
¡Viva Jesús Sacramentado!
¡Viva María, su Madre Inmaculada! |
Santísima Virgen.
¡Gracias por difundir este mensaje! |
viernes, 6 de septiembre de 2019
jueves, 1 de agosto de 2019
Importancia de la Adoración Eucarística

Un sacerdote exorcista de Canadá en una charla explicaba *la importancia de hacer adoración al Santísimo* por lo menos una hora por semana.
Y para las personas que tienen enfermedades fuertes o cosas fuertes en sus familias , el dijo que irse a hacer adoración media hora por día o una hora , no sólo cura , transforma todo. Es lo máximo. El también dijo cual es la mejor forma de hacer adoración...
*Ejemplo:*
*Los primeros 15 minutos* ir frente a Jesús Eucaristía y mostrarnos frente Éll y decirle que venís para amarlo y que quieres dejarte Amar por Él
*Ejemplo:*
*Los primeros 15 minutos* ir frente a Jesús Eucaristía y mostrarnos frente Éll y decirle que venís para amarlo y que quieres dejarte Amar por Él
*Los siguientes 15 minutos*. Darle gracias por todo.
Por la vida
Por el hogar
Por lo que tenemos de comer
Por el trabajo
Por el agua que tenemos para bañarnos. Etc...
Muchos dijo ya no damos gracias porque ya no valoramos lo que tenemos, siempre miramos lo que no tenemos
Por la vida
Por el hogar
Por lo que tenemos de comer
Por el trabajo
Por el agua que tenemos para bañarnos. Etc...
Muchos dijo ya no damos gracias porque ya no valoramos lo que tenemos, siempre miramos lo que no tenemos
*Después 15 min de reparación*
Reparando y entregando por nuestros familiares que no lo conocen, no le aman
Reparación por las cosas que están pasando en el mundo
Los abortos, las idolatrías , las matanzas, los adulterios etc...
Reparando y entregando por nuestros familiares que no lo conocen, no le aman
Reparación por las cosas que están pasando en el mundo
Los abortos, las idolatrías , las matanzas, los adulterios etc...
*Y último las peticiones los último 15 min*
El dio una guía con el tiempo pero no necesariamente tiene que ser esos minutos.
También dijo el que tiene una enfermedad como el cáncer , si va al Santísimo a hacer adoración , no baja de peso, no se le cae el pelo, no tiene dolor fuerte . El dijo en un Santísimo expuesto salen rayos de Jesú
El dio una guía con el tiempo pero no necesariamente tiene que ser esos minutos.
También dijo el que tiene una enfermedad como el cáncer , si va al Santísimo a hacer adoración , no baja de peso, no se le cae el pelo, no tiene dolor fuerte . El dijo en un Santísimo expuesto salen rayos de Jesú
*Si tu quieres, lo puedes Compartir* ... Para que todos sepan la importancia de la Adoración al Santísimo...
*GLORIA A TI SEÑOR* !!
*GLORIA A TI SEÑOR* !!
sábado, 27 de julio de 2019
jueves, 21 de marzo de 2019
domingo, 10 de marzo de 2019
viernes, 8 de febrero de 2019
lunes, 28 de enero de 2019
martes, 22 de enero de 2019
Adoración Eucarística Juan Pablo II
Adoración Eucarística de Juan Pablo II
Señor Jesús:
Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.
"Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios" (Jn. 6,69).
Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra FE.
Aumenta nuestra FE.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.
Siguiéndote a ti, "camino, verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo" (Mt. 17,5).
Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.
Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros" (Heb. 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.
Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.
Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo" (Flp. 1,21).
Nuestra vida no tiene sentido sin ti.
Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente todo se puede sufrir". En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración "el amor es el que habla" (Sta. Teresa).
Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.
CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt. 26,38).
Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.
El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables" (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.
En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.
Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o "misterio".
Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el "misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.
Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.
Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.
Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.
Amén.
Amén.
Juan Pablo II
domingo, 20 de enero de 2019
lunes, 10 de octubre de 2016
Adoración Eucarística
| Lamentablemente, percibe, «tenemos muy poca conciencia del valor infinito de la Eucaristía» |
Monseñor Bacarreza: «Donde se promueve la adoración eucarística surgen más vocaciones al sacerdocio»
La Santa Sede acaba de anunciar que en octubre de 2018 se celebrará un sínodo de obispos centrará su trabajo en “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Sin duda una voz experta a la hora de hablar de la vocación es monseñor Felipe Bacarreza, Obispo de la diócesis Santa María de los Ángeles, en Chile, quien ha promovido la búsqueda de vocaciones en su diócesis haciendo tomar conciencia a todos sus feligreses de algo que es básico: “Oren al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9,38). Dicho y hecho, el obispo ha creado varias capillas dedicadas expresamente a la adoración eucarística y a pedir por las vocaciones. Y el aumento de vocaciones en su diócesis ya ha comenzado.
En la siguiente entrevista que reproduce Portaluz el obispo chileno explica que “hay una relación esencial entre la Eucaristía y el sacerdocio, porque sin el sacerdocio no existe la Eucaristía. Pero también es verdad que sin la Eucaristía no existiría el sacerdocio”.
- Monseñor, su Diócesis es la que ha tenido en Chile en los últimos cinco años, el más alto número de candidatos al sacerdocio diocesano, en relación al número de católicos. ¿Cómo explica este hecho?
- La Diócesis de Santa María de Los Ángeles ha mantenido en los últimos cinco años entre 12 y 15 seminaristas mayores en el Seminario de Concepción. En 2015 tuvimos 15. Si se considera que el número de católicos bordea los 220.000, tenemos un índice de seminaristas mayores por millón de católicos de 68,2, que es el más alto de Chile. Pero estamos todavía muy lejos de tener el número suficiente de seminaristas que permita en el futuro satisfacer las necesidades pastorales. Desde mi llegada a la Diócesis he tenido la promoción vocacional como una de las cinco prioridades pastorales. Es prioritario, porque, aunque tenemos todas las Parroquias provistas, todavía hay muchos lugares donde el pastor no llega más que una vez al mes y los fieles todavía están “como ovejas sin pastor”. Hay una relación esencial entre la Eucaristía y el sacerdocio, porque sin el sacerdocio no existe la Eucaristía. Pero también es verdad que sin la Eucaristía no existiría el sacerdocio. El sacerdote existe en primer lugar en orden a la Eucaristía. Por eso, es claro que donde se promueve la adoración eucarística surgen más vocaciones al sacerdocio. Por otro lado, la única recomendación vocacional que Jesús nos dio es la oración: “Oren al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9,38), y en estas capillas una de las intenciones permanentes es el aumento de las vocaciones al sacerdocio. Yo atribuyo el número de seminaristas a las Capillas de adoración al Santísimo Sacramento. - ¿Qué es la Adoración Eucarística? - La adoración es la actitud de amor, admiración, veneración, gozo, alabanza y profunda humildad que surge en la criatura racional cuando reconoce su total dependencia respecto de su Creador. Por eso la adoración se debe sólo a Dios. El Catecismo nos dice cuál es el resultado de la adoración: “Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza” (N. 301). En la Hostia santa está realmente presente Jesucristo, significado por la apariencia del pan. La sustancia, es decir, la realidad, es Jesucristo vivo y glorioso, tal como está ahora en el cielo, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Del pan permanece sólo la apariencia (los accidentes). Adoramos la Eucaristía, porque creemos que es Jesucristo, real y sustancialmente presente, a quien confesamos como verdadero Dios y verdadero hombre. La adoración eucarística es una actitud de fe. Es necesario creer en la palabra de Cristo: “Esto es mi cuerpo” (Mt 26,26). Cuatro de los cinco sentidos, que son los medios que tiene el ser humano para conocer la realidad, aquí nos engañan. En efecto, la vista, el tacto, el gusto y el olfato nos informan que la realidad es pan. Pero no es pan. Por el sentido del oído hemos escuchado la palabra de Cristo: “Esto es mi cuerpo”. Creemos que esta es la verdad y por eso ante la Eucaristía adoramos a Cristo mismo, nuestro Dios y Señor.
- ¿Cuál es la importancia y por qué los fieles, sacerdotes y obispos deberían realizar regularmente Adoración Eucarística?
- La importancia de la adoración eucarística se obtiene de la lectura del Evangelio donde contemplamos a Jesucristo. Él es nuestro Salvador, él está en el mundo para darnos la felicidad verdadera. A quienes venían a él decía: “Dichosos los ojos de ustedes porque ven y los oídos de ustedes porque oyen” (Mt 13,16). En otra ocasión: “Vengan a mí todos los que están abatidos y agobiados y yo les daré descanso” (Mt 11,28). Cuando se transfiguró antes sus apóstoles ellos exclamaron: “Señor, bueno es para nosotros estar aquí contigo” (Mt 17,4). Todas estas afirmaciones de Jesús se realizan en la adoración eucarística. La adoración eucarística –lo dice el Catecismo– es “fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza”. Toda la vida cristiana consiste en imitar a Jesucristo. San Pablo lo dice: “Dios nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29). En la presencia de Jesucristo, durante la adoración eucarística, se nos transmite esa imagen. Salimos de la presencia de Cristo con el propósito de ser más conformes a él y a su enseñanza. Es importante, entonces, para todo fiel: pero, sobre todo, para los sacerdotes y Obispos. - ¿Los católicos adoran la sagrada forma porque Jesús dijo que debía hacerse Adoración Eucarística? - La expresión “sagrada forma” es un modo de referirse a la Hostia santa. Los católicos no adoramos una forma; adoramos a Cristo, porque él es nuestro Dios y nosotros creemos que está presente en la sagrada Hostia, como se ha dicho más arriba. Jesucristo no dijo que debía hacerse adoración eucarística, con esas palabras. Pero lo que Jesucristo dijo ha conducido a la Iglesia, siempre bajo la guía del Espíritu Santo, a descubrir el valor de la adoración eucarística y a recomendarla incesantemente. Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno… El que me ha visto a mí ha visto al Padre… Yo soy la luz del mundo…” (Jn 10,30) y otras afirmaciones con las cuales nos reveló su divinidad. Él es Dios y digno de adoración. Por otro lado, nos dijo: “Yo soy al pan vivo bajado del cielo… el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo… el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él…” (Jn 6,51.56).Todas estas expresiones alcanzaron su realización cuando, en la última cena, Jesús tomó un pan y dijo: “Esto es mi cuerpo… hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19). La Iglesia obedeció este mandato y al hacerlo comprendió –estamos hablando de una experiencia viva– que en ese pan convertido en el cuerpo de Cristo se realizaba la promesa de Jesús: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Pronto fue necesario conservar parte de ese cuerpo de Cristo eucarístico para llevarlo a los enfermos y alejados. Allí perduraba la presencia de Cristo que consecuentemente comenzó a ser objeto de adoración.
- ¿Cuándo nació su inquietud por la Adoración Eucarística y su deseo de construir Capillas de Adoración?
- No puedo indicar una fecha. Pero recuerdo que desde muy pequeño nos enseñaban la importancia de la visita al Santísimo en la Iglesia; y lo hacíamos en el Colegio durante los recreos. Después, cuando fui más grande, tenía ubicadas dos Iglesias que tenían en Santísimo expuesto todo el día: la Iglesia de las Sacramentinas en la calle Santo Domingo y la Iglesia del Colegio Universitario Inglés en la calle Costanera; yo solía ir a una de ellas los sábados en la tarde a hacer largos ratos de adoración. Sentía mucha alegría cuando lo hacía. Cuando ya fui Obispo Auxiliar de Concepción presidía todos los jueves una Hora Santa en la Catedral y formé un grupo de jóvenes para reunirnos los domingos en la tarde a hacer adoración al Santísimo. Se hablaba del “grupo de la Hora Santa” porque participaban también en la Hora Santa de la Catedral. Cuando fui nombrado Obispo de Santa María de Los Ángeles y tomé posesión de la Diócesis, en marzo de 2006, comencé a hacer la misma Hora Santa de los jueves en la Catedral de esta Diócesis. E inmediatamente, comencé a promover la idea de construir una Capilla para dedicarla exclusivamente a la adoración al Santísimo Sacramento expuesto en la custodia. Yo pienso que aquí se realiza esa palabra de Jesús: “Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). - ¿Existe alguna situación particular en su Diócesis que lo ha llevado a promover la apertura de capillas para la Adoración Eucarística de los fieles? - Desde que llegué a la Diócesis pedí a los párrocos que mantuvieran abiertos los templos todo el día para que los fieles pudieran acceder a Jesucristo presente en el sagrario. Pero, mientras los supermercados y los restaurantes, los bancos y otros lugares públicos estaban llenos de gente, los templos, aunque estaban abiertos, seguían vacíos. Para promover la fe en la Eucaristía y poner un signo importante en la Diócesis de la necesidad que tenemos de Cristo, empecé a promover la edificación de Capillas destinadas a la adoración eucarística. Estas capillas son un lugar donde se adora al Señor y se ora por las necesidades de la Diócesis, de la Iglesia y del mundo. Pero son también una catequesis sobre la Eucaristía, que es el misterio central en la Iglesia. Todo en la Iglesia debe partir de la Eucaristía como de su fuente y todo debe conducir a ella como a su meta. Hasta ahora hemos construido cuatro capillas para la adoración al Santísimo Sacramento en la Diócesis. - ¿Podría compartirnos alguna anécdota o experiencia que los adoradores de su Diócesis le hayan referido o usted haya vivido, como fruto evidente de la Adoración Eucarística? - Me ha tocado ver varios casos de personas que visitaron la Capilla por primera vez movidos por la curiosidad y allí verificaron la verdad de la promesa de Jesús: “Vengan a mí... Yo les daré descanso” (Mt 11,28); luego se han transformado en asiduos adoradores. Yo percibo que, gracias a estas capillas y al esfuerzo por mantener en ellas viva la adoración al Santísimo, va creciendo en la Diócesis la vida espiritual de los fieles y se va recuperando el sentido de Dios, que como todos sabemos, está muy perdido en nuestra sociedad a causa del secularismo imperante. - ¿Existe conciencia en Chile de los frutos que resultan de la Adoración Eucarística, para el país y para el adorador? - En realidad, existe muy poca conciencia del don inmenso que tenemos en la Eucaristía. La Eucaristía es el don más grande que tenemos del Corazón de Jesús. Lo entregó a la Iglesia cuando, en la última cena, después de convertir el pan en su cuerpo y el vino en su sangre y darlos a comer y beber a sus discípulos, les mandó: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19). Los apóstoles, instruidos por el Espíritu Santo, repitieron los gestos y palabras de Jesús y gozaron de la presencia real, sustancial, de Jesús entre ellos, percibida sólo por la fe. Santo Tomás de Aquino lo expresa con su habitual claridad: “En la cruz se ocultaba solamente su divinidad; aquí se oculta también su humanidad. Ambas creyendo y confesando, pido lo que pedía el ladrón arrepentido”. El buen ladrón vio a Jesús crucificado y lo confesó como Dios orando: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino” (Lc 23,42). Nosotros vemos la Hostia santa y creemos y confesamos: “Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre”. Si el buen ladrón escuchó esta promesa: “En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43), también nosotros podemos esperar recibir todos los bienes que pidamos a Jesús, cuando lo hacemos en su presencia durante la adoración eucarística. Nosotros –estoy hablando de los mismos católicos– tenemos muy poca conciencia del valor infinito de la Eucaristía. Esto se percibe en el bajo porcentaje de católicos que participan en la Eucaristía dominical. Se percibe también por el escaso número de jóvenes que responden al llamado de Dios al sacerdocio. Se percibe también en el bajísimo número de fieles que visitan a Jesús presente en los sagrarios, tanto que muchos de nuestros templos permanecen cerrados durante el día, como si no conservaran algo de interés. Tenía razón un teólogo luterano que decía: “Yo entiendo lo que los católicos creen respecto de la Eucaristía; pero lo que no entiendo es que creyendo eso –a saber, que está Jesús físicamente presente– le den tan poca importancia”. La adoración eucarística es una profesión de fe viva; es también la catequesis más eficaz sobre la Eucaristía. Los frutos para el país y para el mismo adorador se deducen de esta promesa de Jesús: “Todo lo que pidan con fe en la oración lo recibirán” (Mt 21,22). |
domingo, 4 de septiembre de 2016
lunes, 29 de agosto de 2016
domingo, 28 de agosto de 2016
martes, 9 de agosto de 2016
¡EUCARISTÍA....
Eucaristía ¡Misterio de luz, Misterio de vida!
Eucaristía ¡Misterio de luz, Misterio de vida!
Autor: SS Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net
Como los dos discípulos del Evangelio, te imploramos, Señor Jesús: quédate con nosotros!
Eucaristía ¡Misterio de luz, Misterio de vida!
"Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).
Reunidos ante la Eucaristía, experimentamos con particular intensidad en este momento la verdad de la promesa de Cristo: ¡Él está con nosotros!
(...)
¡Misterio de luz!
De luz tiene necesidad el corazón del hombre, oprimido por el pecado, a veces desorientado y cansado, probado por sufrimientos de todo tipo. El mundo tiene necesidad de luz, en la búsqueda difícil de una paz que parece lejana al comienzo de un milenio perturbado y humillado por la violencia, el terrorismo y la guerra.
¡La Eucaristía es luz! En la Palabra de Dios constantemente proclamada, en el pan y en el vino convertidos en Cuerpo y Sangre de Cristo, es precisamente Él, el Señor Resucitado, quien abre la mente y el corazón y se deja reconocer, como sucedió a los dos discípulos de Emaús "al partir el pan" (cf Lc 24,25). En este gesto convivial revivimos el sacrificio de la Cruz, experimentamos el amor infinito de Dios y sentimos la llamada a difundir la luz de Cristo entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
¡Misterio de vida!
¿Qué aspiración puede ser más grande que la vida? Y sin embargo sobre este anhelo humano universal se ciernen sombras amenazadoras: la sombra de una cultura que niega el respeto de la vida en cada una de sus fases; la sombra de una indiferencia que condena a tantas personas a un destino de hambre y subdesarrollo; la sombra de una búsqueda científica que a veces está al servicio del egoísmo del más fuerte.
Queridos hermanos y hermanas: debemos sentirnos interpelados por las necesidades de tantos hermanos. No podemos cerrar el corazón a sus peticiones de ayuda. Y tampoco podemos olvidar que "no sólo de pan vive el hombre" (cf Mt 4,4). Necesitamos el "pan vivo bajado del cielo" ( Jn 6,51). Este pan es Jesús. Alimentarnos de él significa recibir la vida misma de Dios (cf. Jn 10,10), abriéndonos a la lógica del amor y del compartir.
(...)
Como los dos discípulos del Evangelio, te imploramos, Señor Jesús: quédate con nosotros!
Tú, divino Caminante, experto de nuestras calzadas y conocedor de nuestro corazón, no nos dejes prisioneros de las sombras de la noche.
Ampáranos en el cansancio, perdona nuestros pecados, orienta nuestros pasos por la vía del bien.
Bendice a los niños, a los jóvenes, a los ancianos, a las familias y particularmente a los enfermos. Bendice a los sacerdotes y a las personas consagradas. Bendice a toda la humanidad.
En la Eucaristía te has hecho "remedio de inmortalidad": danos el gusto de una vida plena, que nos ayude a caminar sobre esta tierra como peregrinos seguros y alegres, mirando siempre hacia la meta de la vida sin fin.
Quédate con nosotros, Señor! Quédate con nosotros! Amén.
Fragmentos de la homilía con ocasión del comienzo del Año de la Eucaristía el 17 de octubre de 2004.
lunes, 8 de agosto de 2016
martes, 23 de febrero de 2016
Nadie te ama como yo
El Santísimo Sacramento, la Luz del mundo
El Santísimo Sacramento, la Luz del mundo
Autor: Rev. Martín Lucía | Fuente: Catholic.net
Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.
Unos meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional: "Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?".
El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña china de once años de edad.
Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los guardias penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al suelo, esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas Hostias contenía el copón: Treinta y dos.
Cuando los guardias se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención a una niñita que rezaba en la parte de atrás de la iglesia, la cual vió todo lo sucedido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría, entró en la iglesia. Allí hizo una Hora Santa de oración, un acto de amor para reparar el acto de odio.
Después de su hora santa, se adentró al santuario, se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión. (en aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos).
La pequeña continuó regresando cada noche, haciendo su Hora Santa y recibiendo a Jesús Eucarístico en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle.
Este acto de martirio heróico fue presenciado por el sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda.
Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró en tal grado que prometió a Dios que haría una Hora Santa de oración frente a Jesús
Sacramentado todos los días, por el resto de su vida. Si aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la Real y hermosa Presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a lo mismo. Su único deseo desde entonces sería, atraer el mundo al Corazón Ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.
La pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor y celo que se debe tener por la Eucaristía; como la fe puede sobreponerse a todo miedo y como el verdadero amor a Jesús en la Eucaristía debe trascender a la vida misma.
Lo que se esconde en la Hostia Sagrada es la gloria de Su Amor. Todo lo creado es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un símbolo del hijo de Dios en el Santísimo Sacramento.
Por eso es que muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.
JESÚS es el Santísimo Sacramento, la Luz del mundo.
sábado, 31 de octubre de 2015
La Virgen Adorando la Eucaristía
La Virgen María adorando la Eucaristía en la Encarnación es el modelo
para todo adorador
Existen en la Iglesia multitud de santos que se han destacado por su amor a la
Eucaristía. Sólo por nombrar algunos, se encuentran, entre muchos otros, el
obispo González, el adorador de los sagrarios abandonados, fundador de la Unión
Eucarística Reparadora; San Pascual Baylón, Santo Tomás de Aquino, … etc. Los
santos que se han destacado por su devoción a la Eucaristía son innumerables, y
mucho más, desde el momento en que no existe santo de la Iglesia Católica que
no haya sido devoto de la Eucaristía. De todos estos santos, puede el adorador
tomar ejemplo.
Sin
embargo, existe un modelo insuperable, ante el cual el amor eucarístico de los
santos más piadosos y fervorosos es casi como una pequeñísima chispa comparada
con una inmensa hoguera, y este modelo de adoración eucarística insuperable, es
la Virgen María. Todo en la Virgen se origina en la Eucaristía y se orienta hacia
la Eucaristía. Fue creada para la Eucaristía, porque solo Ella, Inmaculada y
Llena de gracia, Toda Pureza y Hermosura, podía ser el receptáculo digno, de
dignidad acorde a la majestad del Verbo de Dios que por amor a los hombres se
habría de encarnar. La Virgen fue pensada y creada por la Trinidad, no solo sin
mancha de pecado original, es decir, sin la más pequeñísima mancha no de
malicia, sino siquiera de imperfección, para alojar en su seno virginal al Dios
Perfecto, la Perfección Increada fuente de toda perfección creada; la Virgen
fue pensada y creada por la Trinidad, además de sin mancha de pecado original,
Toda Llena de gracia, Inhabitada por el Espíritu Santo, lo cual quiere decir
que fue creada enamorada de Dios y para enamorar al mismísimo Dios Uno y Trino;
fue creada Llena del Amor hermoso, con su cuerpo y su alma, su mente y su
corazón, ardientes en el Amor divino, desde el instante mismo de la Concepción
Inmaculada, lo cual quiere decir que la Virgen no podía amar otra cosa que no
sea Dios, ni amar nada que no sea en Dios, ni amar nada que no sea para Dios.
Sólo su mente perfectísima, llena de la Sabiduría divina, podía recibir y
aceptar sin dudar ni un instante, a la Sabiduría encarnada, Jesucristo; solo su
Corazón Inmaculado, Purísimo y exultante con el más puro Amor, podía recibir y
amar a la Bondad infinita de Dios que por Amor se encarnaba; sólo su seno
virginal, sólo su útero humano, jardín del Paraíso en la tierra, podía alojar
al diminuto Cuerpo creado del Redentor, que en el momento de la Encarnación
tenía, como todo hombre, un cuerpo del tamaño de una célula, pues era un
cigoto, pero a diferencia de todo hombre, cuyo cigoto está animado por su alma
humana, unida indisolublemente al cuerpo, que tiene el tamaño de un cigoto, el
Hombre-Dios tenía, además de su alma humana, su Divinidad, porque era Dios Hijo
en Persona.
La Virgen adoró, desde el primer
instante de su Concepción, a Dios Trino, y adoró, desde el primer instante de
la Encarnación, a Dios Hijo humanado en su seno. La Virgen fue creada para ser
sagrario viviente, custodia viva y ardiente de amor, para alojar al Hijo de
Dios encarnado, que se alojaría en su seno virginal durante nueve meses, y en
esos nueve meses, el Hijo de Dios fue adorado por la Virgen en su Cuerpo, su
Sangre, su Alma y su Divinidad.
La Virgen adoró al Hijo de Dios
desde el primer instante de la Encarnación, y lo adoró en su seno virginal,
convertido en sagrario viviente más precioso que el oro; cuando el Hijo de Dios
se encarnó, la Virgen lo adoró en la Encarnación a Aquel que era en sí mismo la
Eucaristía. La Virgen no solo cuidó con amor maternal a su Hijo Jesús, desde
que se encarnó, sino que lo adoró durante todo el período de gestación, a
Jesús, cuyo Cuerpo fue primero un cigoto, luego un embrión, luego un bebé;
Cuerpo en el que luego comenzó a circular su Sangre Preciocísima, a medida que
se formaban las células de la sangre, las venas, y el corazón comenzaba a
latir; la Virgen adoró a Jesús, cuyo cuerpo que estaba animado por su Alma
santísima, Alma unida a la Divinidad, Divinidad que el Hijo de Dios poseía
desde la eternidad, dada por el Padre desde siempre. La Virgen adoró la
Eucaristía, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de su Hijo Jesús, con
su mente, colmada con la Sabiduría divina, anonada en la Inteligencia infinita
de Dios, sumisa en el Amor al Pensamiento divino que pensaba de esta manera el
mejor camino para salvar a los hombres, y la adoración se tradujo en la más
absoluta sumisión a la Verdad divina; la Virgen adoró la Eucaristía, el Cuerpo,
la Sangre, el Alma y la Divinidad de su Hijo Jesús, con su Corazón Inmaculado,
Corazón sin mancha, brillantísimo, limpidísimo, purísimo, Lleno del Amor
divino, que no podía ni sabía ni quería amar otra cosa que no sea a su Hijo
Jesús en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; la Virgen no podía ni quería amar
otra cosa que no sea la Eucaristía, su Hijo Jesús, y la adoración se tradujo en
amor puro y exclusivo a la Eucaristía; la Virgen adoró la Eucaristía, el
Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad, con su cuerpo, porque la Eucaristía,
su Hijo Jesús, se alojó en su cuerpo, en su seno virginal, convertido en
sagrario viviente y en custodia viva, ardiente en Amor divino, y la adoración
la llevó a consagrar su cuerpo inmaculado, para dar de su cuerpo y de su
sangre, de su vida y de su amor, a su Hijo Jesús, que era ya Eucaristía en su
seno virginal.
La Virgen en la Encarnación adoró a
su Hijo Jesús en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, con su mente, su corazón
y su cuerpo, y por eso es modelo de adoración para todo adorador de la
Eucaristía.

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