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viernes, 1 de marzo de 2013

Indulgencias

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Indulgencias: si no te importan, te importarán cuando hayas muerto 

Durante la Sede Apostólica Vacante pueden alcanzarse todas las Indulgencias Plenarias ya concedidas por los distintos Romanos Pontífices. Durante el actual período de vacancia también se pueden seguir ganando las Indulgencias del Año de la Fe. La condición de costumbre para alcanzar dichas Indulgencias de rezar por las intenciones del Romano Pontífice se sigue cumpliendo, ya que dichas intenciones no son personales del Papa sino intenciones generales por la Iglesia y por el mundo que se resumen con el nombre genérico de “intenciones del Sumo Pontífice”.

miércoles, 20 de febrero de 2013

El camino de María





 

"El Camino de María"

El Santo Padre Benedicto XVI en su meditación dominical antes del rezo del Ángelus  nos ha exhortado a "no tener miedo de afrontar el combate contra el espíritu del mal: lo importante es que lo hagamos con Él, con Cristo, el Vencedor."

“La Iglesia, que es madre y maestra -ha dicho- llama a todos sus miembros a renovarse en el espíritu, a reorientarse decididamente hacia Dios, renegando el orgullo y el egoísmo para vivir en el amor. En este Año de la Fe, la Cuaresma es un tiempo favorable para redescubrir la fe en Dios como criterio base de nuestra vida y de la vida de la Iglesia. Esto implica siempre una lucha, un combate espiritual, porque el espíritu del mal, naturalmente, se opone a nuestra santificación, y trata de desviarnos del Camino de Dios. Jesús, después de haber recibido la “investidura” como Mesías, ungido por el Espíritu Santo, en el Bautismo en el Jordán, fue conducido por el mismo Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Al comenzar su ministerio público, Jesús tuvo que desenmascarar y rechazar las falsas imágenes de Mesías que el tentador le proponía. Pero estas tentaciones son también falsas imágenes de hombre, que en todo tiempo acechan a la conciencia, disfrazándose de propuestas convincentes y eficaces, e incluso buenas”.

El núcleo central de estas tentaciones, ha explicado Benedicto XVI“consiste siempre en instrumentalizar a Dios para los propios fines, dando más importancia al éxito o a los bienes materiales. El tentador es astuto: no instiga directamente al mal, sino hacia un falso bien, haciendo creer que lo que cuenta es el poder y la satisfacción de las necesidades primarias. De este modo, Dios pasa a ser secundario y se reduce a un medio; en definitiva se hace irreal, no importa, se desvanece. En último análisis, en las tentaciones está en juego la fe, porque está en juego Dios. En los momentos decisivos de la vida y en todo momento, nos encontramos frente a una encrucijada: ¿Queremos seguir al yo o a Dios? ¿Al interés individual o al verdadero Bien, a aquello que es “realmente” bueno?.”

“Como nos enseñan los Padres de la Iglesia, las tentaciones forman parte del “descenso” de Jesús a nuestra condición humana, al abismo del pecado y de sus consecuencias. Un “descenso” que Jesús recorrió hasta el final, hasta la muerte de cruz y el infierno de la extrema lejanía de Dios”, pero como afirma San Agustín, “Jesús ha tomado nuestras tentaciones para darnos su victoria. ¡No tengamos miedo de afrontar, también nosotros, el combate contra el espíritu del mal!: lo importante es que lo hagamos con Él, con Cristo, el Vencedor”, concluyó el Papa.
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“Queridos hijos, el Amor me está trayendo a ustedes –el Amor que también deseo enseñarles– Amor verdadero; el Amor que mi Hijo les mostró cuando Él murió en la Cruz por amor a ustedes; el Amor que siempre está dispuesto a perdonar y a pedir que lo perdonen. ¿Qué tan grande es su amor? Mi corazón maternal está afligido al buscar amor en sus corazones. Ustedes no están preparados a doblegar su voluntad a la Voluntad de Dios con amor. Conságrenme sus corazones y los guiaré. Les enseñaré a perdonar, a amar a sus enemigos y a vivir de acuerdo a mi Hijo. No tengan miedo por ustedes mismos. En las aflicciones no olvida mi Hijo a aquellos quienes aman. Estaré junto a ustedes. Imploraré al Padre Celestial para que la luz del verdadero y eterno Amor los ilumine. Oren por sus pastores para que a través de su ayuno y oración los puedan guiar en amor. Gracias.”  Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 2/2/2013 
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sábado, 27 de octubre de 2012

Buena idea para contrarrestar......

Pensando en quienes se han ido...




Los cementerios no son lugares para la broma macabra, sino para rezar por los muertos y acortar su estancia en el purgatorio.


Hay formas y formas de celebrar el Día de Difuntos. La moda de Halloween se extiende imparable allí donde nunca existió, entre debates sobre si sus orígenes son cristianos o paganos, o sobre si se trata de una simple broma infantil o bien de una arriesgada familiaridad con el demonio.

Al mismo tiempo, pervive la costumbre de visitar a los familiares muertos en los cementerios, atender las tumbas tal vez por única vez en el año, y rezar por ellos para aliviar su tiempo de purgatorio.

En esta última opción se mueve la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe del barrio Asa Sul, en la archidiócesis brasileña de Brasilia, que ha comenzado una original campaña con vistas al 2 de noviembre. Algo tan sencillo como recoger rosarios no usados para regalarlos a quienes ese día visiten el cementerio del Campo de la Esperanza.

"Queremos conseguir el mayor número de rosarios posible. Todo el mundo tiene en casa algún rosario [terço, en portugués, esto es, tercio] que ya no utiliza, y podrían donarlo", explica a Gaudium Press el coordinador de la campaña, Vinícius Andrade.

Al rosario regalado se la añadirá una pequeña guía sobre su utilización. Y se ofrecerá, a quienes deseen aprender en compañía, el contacto con el grupo Juventud y Familia Misionera, que pasará el día entero en el cementerio para dar las explicaciones oportunas.

¿Evangelizar? No se trata de eso: "En este día, más que evangelizar, queremos rezar, y conversar y consolar a las familias y a quienes acudan al cementerio", dijo Andrade.

Una forma original de dar utilidad a terços que se recibieron en herencia y no se usan, o al exceso de los mismos que puede haber incluso en hogares católicos, y difundir la devoción al Rosario, que según indicó Benedicto XVI, ha de ser, junto al Credo, la oración "estrella" del Año de la Fe.

sábado, 20 de octubre de 2012

Propuesta para este año del Fe


Queridos hermanos en Cristo, queremos compartir con Uds., una iniciativa para este año de la Fe; y la misma consiste en hablar con nuestros Sacerdotes y pedirles que si fuera posible hacer una hora de Adoración Eucarística, con exposición del Santísimo, todos los días, después de la Santa Misa, (proponemos después de la Santa Misa porque es cuando hay más gente); creemos y tenemos la plena certeza que con este simple acto de amor y adoración  a nuestro Señor Sacramentado, estaremos ayudando a incrementar nuestra fe y la de nuestra comunidad.
                                                                                                                          

Tengamos presente que si nuestro Sacerdote nos dice que no, es porque nosotros no asumimos los compromisos y siempre terminan haciendo todo ellos, y la verdad que le sumamos una actividad más a su ya cargada agenda. 
Entonces hagamos el pedido acompañado de nuestro firme compromiso y el de otras personas a estar todos los días, hasta que se vaya consolidando la Adoración Eucarística.
Recuerden que todos somos responsables de la evangelización de nuestros hermanos y transmisores de la fe, a través de las obras.



Dijo el Santo Padre Benedicto XVI: “Sin adoración no habrá transformación del mundo…Adorar no es un lujo, es una prioridad”. Ten presente que si la capilla puede estar siempre abierta, día y noche, para quien quiera que sea a la hora que sea puede acercarse hasta el Señor y recibir quizás la misma salvación (abundan los testimonios de personas que se encontraron con Dios porque la iglesia estaba abierta), es porque tú constituyes ese eslabón de la cadena de amor y adoración que lo hace posible. Que esto sea siempre un motivo de alegría y un aliciente más para tu fidelidad en la adoración. 




San Pedro Julián Eymard y sus consejos espirituales sobre la adoración

“La Adoración Eucarística tiene como fin la persona divina de nuestro Señor Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento. Él está vivo, quiere que le hablemos, Él nos hablará. Y este coloquio que se establece entre el alma y el Señor es la verdadera meditación eucarística, es-precisamente- la adoración. Dichosa el alma que sabe encontrar a Jesús en la Eucaristía y en la Eucaristía todas las cosas...
“Que la confianza, la simplicidad y el amor os lleven a la adoración”.
“Comenzad vuestras adoraciones con un acto de amor y abriréis vuestras almas deliciosamente a su acción divina. Es por el hecho que comenzáis por vosotros mismos que os detenéis en el camino. Pero, si comenzáis por otra virtud y no por el amor vais por un falso camino…..El amor es la única puerta del corazón”. 
“Ved la hora de adoración que habéis escogido como una hora del paraíso: id como se fuerais al cielo, al banquete divino, y esta hora será deseada, saludada con felicidad. Retened dulcemente el deseo en vuestro corazón. Decid: “Dentro de cuatro horas, dentro de dos horas, dentro de una hora iré a la audiencia de gracia y de amor de Nuestro Señor. Él me ha invitado, me espera, me desea”
“Id a Nuestro Señor como sois, id a Él con una meditación natural. Usad vuestra propia piedad y vuestro amor antes de serviros de libros. Buscad la humildad del amor. Que un libro pío os acompañe para encauzaros en el buen camino cuando el espíritu se vuelve pesado o cuando vuestros sentidos se embotan, eso está bien; pero, recordaos, nuestro buen Maestro prefiere la pobreza de nuestros corazones a los más sublimes pensamientos y afecciones que pertenecen a otros”.
“El verdadero secreto del amor es olvidarse de sí mismo, como el Bautista, para exaltar y glorificar al Señor Jesús. El verdadero amor no mira lo que él da sino aquello que merece el Bienamado”.
“No querer llegarse a Nuestro Señor con la propia miseria o con la pobreza humillada es, muy a menudo, el fruto sutil del orgullo o de la impaciencia; y sin embargo, es esto que el Señor más prefiere, lo que Él ama, lo que Él bendice”.
“Como vuestras adoraciones son bastante imperfectas, unidlas a las adoraciones de la Santísima Virgen”.
“Se estáis con aridez, glorificad la gracia de Dios, sin la cual no podéis hacer nada; abrid vuestras almas hacia el cielo como la flor abre su cáliz cuando se alza el sol para recibir el rocío benefactor. Y si ocurre que estáis en estado de tentación y de tristeza y todo os lleva a dejar la adoración bajo el pretexto que ofendéis a Dios, que lo deshonráis más que lo servís, no escuchéis a esas tentaciones. En estos casos se trata de adorar con la adoración de combate, de fidelidad a Jesús contra vosotros mismos. No, de ninguna manera le disgustáis. Vosotros alegráis a Vuestro Maestro que os contempla. Él espera nuestro homenaje de la perseverancia hasta el último minuto del tiempo que debemos consagrarle”.
“Orad en cuatro tiempos: Adoración, acción de gracias, reparación, intercesión-súplicas”.
“El santo Sacrificio de la Misa es la más sublime de las oraciones. Jesucristo se ofrece a su Padre, lo adora, le da gracias, lo honra y le suplica a favor de su Iglesia, de los hombres, sus hermanos y de los pobres pecadores. Esta augusta oración Jesús la continúa por su estado de víctima en la Eucaristía. Unámonos entonces a la oración de Nuestro Señor; oremos como Él por los cuatro fines del sacrificio de la Misa: esta oración reasume toda la religión y encierra los actos de todas las virtudes...”
1. Adoración: Se comenzáis por el amor terminaréis por el amor. Ofreced vuestra persona a Cristo, vuestras acciones, vuestra vida. Adorad al Padre por medio del Corazón eucarístico de Jesús. Él es Dios y hombre, vuestro Salvador, vuestro hermano, todo junto. Adorad al Padre Celestial por su Hijo, objeto de todas sus complacencias, y vuestra adoración tendrá el valor de la de Jesús: será la suya.
2. Acción de gracias: Es el acto de amor más dulce del alma, el más agradable a Dios; y el perfecto homenaje a su bondad infinita. La Eucaristía es, ella misma, el perfecto reconocimiento. Eucaristía quiere decir acción de gracias: Jesús da gracias al Padre por nosotros. Él es nuestro propio agradecimiento. Dad gracias al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo...
3. Reparación: por todos los pecados cometidos contra su presencia eucarística. Cuánta tristeza es para Jesús la de permanecer ignorado, abandonado, menospreciado en los sagrarios. Son pocos los cristianos que creen en su presencia real, muchos son los que lo olvidan, y todo porque Él se hizo demasiado pequeño, demasiado humilde, para ofrecernos el testimonio de su amor. Pedid perdón, haced descender la misericordia de Dios sobre el mundo por todos los crímenes... 
4. Intercesión, súplicas: Orad para que venga su Reino, para que todos los hombres crean en su presencia eucarística. Orad por las intenciones del mundo, por vuestras propias intenciones. Y concluid vuestra adoración con actos de amor y de adoración. El Señor en su presencia eucarística oculta su gloria, divina y corporal, para no encandilarnos y enceguecernos. Él vela su majestad para que oséis ir a Él y hablarle como lo hace un amigo con su amigo; mitiga también el ardor de su Corazón y su amor por vosotros, porque sino no podríais soportar la fuerza y la ternura. No os deja ver más que su bondad, que filtra y sustrae por medio de las santas especies, como los rayos del sol a través de una ligera nube.  
El amor del Corazón se concentra; se lo encierra para hacerlo más fuerte, como el óptico que trabaja su cristal para reunir en un solo punto todo el calor y toda la luz de los rayos solare. Nuestro Señor, entonces, se comprime en el más pequeño espacio de la hostia, y como se enciende un gran incendio aplicando el fuego brillante de una lente sobre el material inflamable, así la Eucaristía hace brotar sus llamas sobre aquellos que participan en ella y los inflama de un fuego divino... Jesús dijo: « he venido a traer fuego sobre la tierra y cómo querría que este fuego inflamase el universo. » « Y bien, este fuego divino es la Eucaristía », dice San Juan Crisóstomo. Los incendiarios de este fuego eucarístico son todos aquellos que aman a Jesús, porque el amor verdadero quiere el reino y la gloria de su Bienamado”.
La hora que tú pasas con el Señor no se mide en minutos sino en gracias, bendiciones, protección, frutos, mayor intimidad y conocimiento de Dios. Esa hora el Señor la bendice y multiplica en beneficios incalculables, esa hora que tú le ofreces a Dios tiene valor de eternidad, es tu hora santa.  

Desde ya cuenten con lo que necesiten y si esta a nuestro alcance (somos de Mendoza) podemos acompañarlos en esta aventura de amor a nuestro Señor Jesucristo y a nuestros hermanos; también con material.
Un abrazo en Jesús Misericordioso y la Santísima Virgen María, en el amor del Espíritu Santo, bajo la protección de San José y la mirada amorosa de Dios Padre.
Familia Mobilia

Nota: esperamos sus comentarios y sugerencias.

viernes, 12 de octubre de 2012

El Santo Padre inaugura el Año de la Fe

El Papa inaugura el Año de la Fe: Peregrinar en desiertos del mundo para evangelizar



                                    El Papa inaugura el Año de la Fe: Peregrinar en desiertos del mundo para evangelizar
VATICANO, 11 Oct. 12 / 09:58 am (ACI).- "Hoy, con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, damos inicio al Año de la fe", con estas palabras el Papa inauguró esta mañana el Año de la Fe. En la homilía de la Misa que presidió en la Plaza de San Pedro señaló que este tiempo puede considerarse una peregrinación en los desiertos del mundo llevando sólo lo esencial: el Evangelio y la Fe de la Iglesia.
Ante miles de peregrinos presentes, entre los cuales se encontraban los Padres Conciliares que participaron en el Concilio Vaticano II hace 50 años, el Pontífice afirmó que son cada vez más las personas que participan en peregrinaciones como la del Camino de Santiago y cuestionó: "¿no es quizás porque en ellos encuentran, o al menos intuyen, el sentido de nuestro estar en el mundo?"
"Así podemos representar este Año de la fe: como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión, sino el Evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado hace 20 años".
El Papa explicó que "el Año de la fe que hoy inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un ‘Año de la fe’ en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beatoJuan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre".
"Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, ‘el que inició y completa nuestra fe’".
Benedicto XVI resaltó que Jesucristo es el verdadero protagonista de la evangelización, una misión que "continúa en el espacio y en el tiempo, atraviesa los siglos y los continentes. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres en sentido material y espiritual".
Tras resaltar que "la Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, porque está unida a Él como el cuerpo a la cabeza", el Papa subrayó que "Cristo mismo ha querido transmitir a la Iglesia su misión, y lo ha hecho y lo sigue haciendo hasta el final de los tiempos infundiendo el Espíritu Santo en los discípulos, aquel mismo Espíritu que se posó sobre él y permaneció en él durante toda su vida terrena, dándole la fuerza de ‘proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista’; de ‘poner en libertad a los oprimidos’ y de ‘proclamar el año de gracia del Señor’".
Luego de recordar que al inaugurar el Concilio en 1962, el Beato Papa Juan XXIII afirmaba que "el supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz", Benedicto XVI refirió que durante el evento conciliar, en el que él también participó como experto, "había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado".
"En la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible", precisó.
"Por esto mismo considero que lo más importante, especialmente en una efeméride tan significativa como la actual, es que se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo", agregó.
Pero, advirtió el Papa, "con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelización no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusión, es necesario que ella se apoye en una base concreta y precisa, que son los documentos del Concilio Vaticano II, en los cuales ha encontrado su expresión".
"Por esto, he insistido repetidamente en la necesidad de regresar, por así decirlo, a la ‘letra’ del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar en ellos su auténtico espíritu, y he repetido que la verdadera herencia del Vaticano II se encuentra en ellos. La referencia a los documentos evita caer en los extremos de nostalgias anacrónicas o de huidas hacia adelante, y permite acoger la novedad en la continuidad".
El Santo Padre remarcó además que "el Concilio no ha propuesto nada nuevo en materia de fe, ni ha querido sustituir lo que era antiguo. Más bien, se ha preocupado para que dicha fe siga viviéndose hoy, para que continúe siendo una fe viva en un mundo en transformación".
"Si sintonizamos con el planteamiento auténtico que el beato Juan XXIII quiso dar al Vaticano II, podremos actualizarlo durante este Año de la fe, dentro del único camino de la Iglesia que desea continuamente profundizar en el depósito de la fe que Cristo le ha confiado".
"Los Padres conciliares querían volver a presentar la fe de modo eficaz; y sí se abrieron con confianza al diálogo con el mundo moderno era porque estaban seguros de su fe, de la roca firme sobre la que se apoyaban".
En cambio, continuó, "en los años sucesivos, muchos aceptaron sin discernimiento la mentalidad dominante, poniendo en discusión las bases mismas del depositum fidei, que desgraciadamente ya no sentían como propias en su verdad".
"Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años. Y la respuesta que hay que dar a esta necesidad es la misma que quisieron dar los Papas y los Padres del Concilio, y que está contenida en sus documentos".
"También la iniciativa de crear un Consejo Pontificio destinado a la promoción de la nueva evangelización, al que agradezco su especial dedicación con vistas al Año de la fe, se inserta en esta perspectiva. En estos decenios ha aumentado la ‘desertificación’ espiritual. Si ya en tiempos del Concilio se podía saber, por algunas trágicas páginas de la historia, lo que podía significar una vida, un mundo sin Dios, ahora lamentablemente lo vemos cada día a nuestro alrededor".
El Papa constató que "se ha difundido el vacío. Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es cómo podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa".
"Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, trasformada por Dios, y así indicar el camino".
El Santo Padre concluyó encomendándole a la Virgen María el Año de la Fe: "que ella nos ayude a poner en práctica la exhortación del apóstol Pablo: ‘La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente… Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él’. Amén".

miércoles, 10 de octubre de 2012

Falta UN día y comienza: EL AÑO DE LA FE



¡El Año de la Fe!
Que la fe sea compañera de vida, compromiso a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo.

Descripción: ¡El Año de la Fe!
¡El Año de la Fe!
Quiero anunciar en esta Celebración Eucarística que he decidido convocar un «Año de la Fe» que ilustraré con una carta apostólica especial. Este Año de la Fe comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo (Homilía de Benedicto XVI en la santa Misa para la nueva evangelización, 16 octubre 2011).

Con estas palabras, el Santo Padre ha convocado a toda la Iglesia a movilizarse a favor de la gran empresa de la fe en nuestro tiempo. Estos últimos decenios nos han acostumbrado a celebrar "El Año Internacional de...", pongamos, por ejemplo, la cultura, la paz, la biodiversidad, el planeta tierra, la fe religiosa. ¿No es paradójico que algo tan perenne y universal como son los valores humanos, tenga que celebrarse con un Año Internacional a su favor? ¿Tantos enteros han bajado estos valores en nuestra sociedad que se necesita del fuerte empujón de un Año Internacional para elevarlos? ¿Qué sentido tiene y qué se pretende con la celebración de un Año Internacional, tan frecuente en nuestro tiempo? ¿Qué frutos se esperan de él?

Pueden ser varios los motivos para convocar un Año Internacional. Comencemos con una reflexión sencilla. Sea cual sea el motivo, tal hecho busca llamar la atención de la humanidad, "hacer ruido" sobre un valor, a veces también, por desgracia, sobre un contravalor.

La humanidad entera enfoca el lente zoom de su mirada sobre el objeto de la celebración, al menos durante ese año. Los medios, con su poder, se hacen eco, mayor o menor, de dicho evento. se siguen efectos, más o menos duraderos, de cara al futuro. 

¡Un año internacional vale la pena! La Iglesia se adapta a los tiempos y lugares. La fe no requiere de ruido, de propaganda. Pero el "ruido" y la propaganda de los medios puede ayudar a la fe y a su propagación.

Hagamos otra anotación. Los valores son perennes, pero la conciencia que los hombres tienen de ellos es muy tornadiza. Está sometida a flujos y reflujos. A veces incluso se oscurece, se debilita e incluso se pierde. La humanidad necesita, entonces, un revulsivo que despierte la conciencia para que vuelva a admirar la belleza y la actualidad de ese valor "olvidado". He aquí la razón por la que en estos casi cincuenta años después de la inauguración del Vaticano II se han celebrado en la Iglesia Católica dos años de la fe.


Objetivos del Año de la fe

¿Qué sentido da el Papa a este Año de la fe? ¿Qué objetivos pretende con él? Pienso que la respuesta la hallaremos en los dos documentos con los que fueron convocados los dos años de la fe después del Concilio Vaticano II: el de Pablo VI (1967) y ahora el de Benedicto XVI:

1) "Para confirmar nuestra fe rectamente expresada" (Pablo VI), "redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada" (Benedicto XVI).

2) "Para promover el estudio de las enseñanzas del Concilio Vaticano II" (Pablo VI), "con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza" (Benedicto XVI).

3) "Para sostener los esfuerzos de los católicos que buscan profundizar las verdades de la fe" (Pablo VI); "intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo" (Benedicto XVI).

A estos fines comunes a los dos Papas, Benedicto XVI añade, fijándose en las circunstancias actuales, algunos más:

1) "Invitar a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador
del mundo".

2) "Comprometerse a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe".

3) "Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza".

4) "Comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios".

Este último objetivo es el que más recalca el Papa Ratzinger. Le interesa subrayar la inseparabilidad del acto con el que se cree y de los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento:
·  El acto de fe sin contenidos nos conduce a la total subjetivación de la fe.
·  Los contenidos, sin el asentimiento de la fe, instruyen nuestra mente, pero no nos unen a Dios ni son capaces de transformar nuestra vida, de convertirla al Dios vivo. Sólo si la profesión de fe desemboca en confesión del corazón podemos hablar de una fe madura, bien formada, capaz de producir frutos en los demás.

Libro privilegiado del Año de la fe

El año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados en el Catecismo de la Iglesia Católica (Porta fidei, no. 11).

Si de lo que se trata es de reavivar e infundir una nueva linfa a la fe de los creyentes en Cristo, el Catecismo es el camino seguro para conseguirlo. En él se resume y expresa la fe de toda la Iglesia desde sus orígenes hasta nuestros días. En él hallamos:
·  la fe que profesamos (credo)
·  la fe que celebramos (liturgia)
·  la fe que vivimos (moral)
·  la fe que rezamos (oración)

En nuestro tiempo, en el que los contenidos objetivos de la fe cristiana son muchas veces devaluados, sometidos a crítica destructiva, preteridos, ha llegado el momento de apuntar el zoom sobre la fe en toda su riqueza de doctrina, fruto de veinte siglos de reflexión y de vida. 

¡Un año entero para ello hará mucho bien a toda la comunidad de la iglesia!

Benedicto XVI propone el Catecismo, en este Año de la Fe, "como un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural" (Porta fidei, no. 12). 

En las parroquias, en las escuelas privadas o públicas, el Catecismo brinda un apoyo insustituible para la enseñanza de la fe a los niños y jóvenes. Un cierto vaciamiento de la fe objetiva, que hoy se presiente en muchas iglesias particulares, tal vez sea debido a que se ha dejado de lado una referencia explícita al Catecismo de la Iglesia Católica. Quizás en estos últimos decenios se ha incubado y luego desarrollado el peligro de dar preferencia a los métodos, a la pedagogía, a los sentimientos, sobre los contenidos.

El Año de la Fe puede ayudar a la catequesis, también a la de adultos, a conseguir un equilibrio, una armonía entre pedagogía y teología, entre el contenido de la fe y las formas de comunicarlo a los demás. El papa Ratzinger ha invitado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a que, redacte una Nota con la que se ofrezca a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este año de la fe de la manera más eficaz y apropiada, ayudándoles a creer y evangelizar (Porta fidei, no. 12).

En la sociedad en que vivimos se entrecruzan los cristianos con hermanos en la fe, que ahora son indiferentes y viven al margen de ella; con hombres y mujeres de otras religiones, o que no son creyentes, aunque busquen sinceramente y de corazón la verdad. En este año de la fe, es importante para todos tomar en las manos el Catecismo de la Iglesia Católica, leerlo, reflexionarlo, dejar que la verdad y belleza de la fe que en él se expresa echen raíces en el corazón y florezcan en frutos de luz, de conversión y renovación, de gozo y de paz. A los no creyentes la lectura del Catecismo puede constituir una llamada amorosa de Dios.

El poder de la fe

El papa Benedicto XVI, hace el elogio de la fe en una hermosa y significativa página del Motu proprio Porta fidei, un elogio que pone de manifiesto el poder de la fe primero la Virgen María, los apóstoles, discípulos, mártires, hombres y mujeres a lo largo de la historia han dado su vida para acercar a todos a Cristo.

Los últimos somos los cristianos de hoy: "nosotros". las palabras del Papa son a la vez constatación, exhortación, estímulo, proyección del futuro; "también nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia", que la fe sea "compañera de vida", "compromiso a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo". 

Conclusión

Tenemos por delante unos diez meses para prepararnos a comenzar el año de la fe con corazón magnánimo. Leer, reflexionar, meditar y asimilar con la mente y con la vida, en estos meses, el Catecismo. Es una forma maravillosa, personal y comunitaria, de abrir el alma a la gracia del Año de la Fe.

Tengamos presente a lo largo de este tiempo: "que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada" 

Que este Año de la Fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, pues sólo en Él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero.