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sábado, 22 de marzo de 2014

Consagración a la Santísima Virgen María

CONSAGRACIÓN A MARÍA

7 de junio de 1986
Fiesta del Inmaculado Corazón de María
Áncora de Salvación.
"Hoy quiero expresaros mi gratitud maternal por haber acogido la invitación a consagraros a mi Corazón Inmaculado.
En gran número habéis respondido de todas las partes del mundo. Seguid respondiéndome con generosidad y dejaos conducir por Mí al seguro refugio, que mi amor maternal ha preparado para vosotros.
En estos tiempos, todos necesitáis correr al refugio seguro de mi Corazón Inmaculado, porque graves peligros de males os amenazan.
Son ante todo males de orden espiritual, que pueden dañar la vida sobrenatural de vuestras almas.
El pecado se extiende como la peor y más perniciosa de las epidemias, y lleva a todas partes la enfermedad y la muerte a muchísimas almas. Si vivís habitualmente en pecado mortal, estáis espiritualmente muertos; y si llegáis al término de vuestra existencia en ese estado, os aguarda la muerte eterna en el infierno.
El infierno existe, es eterno, y hoy muchos corren el peligro de caer en él, por estar contagiados por esa enfermedad mortal.
Hay males de orden físico, como enfermedades, desgracias, accidentes, sequías, terremotos, males incurables que se propagan. También en esto que sucede en el orden natural, ved una señal de aviso para vosotros.
Debéis ver en todo una señal de la Justicia Divina, que no puede dejar impunes los innumerables delitos que se cometen cada día.
Hay males de orden social, como la división y el odio, el hambre y la pobreza, la explotación y la esclavitud, la violencia, el terrorismo y la guerra.
Para protegeros de todos estos males, os invito a guareceros en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.
Pero en estos tiempos, tenéis necesidad, sobre todo de ser defendidos de las terribles asechanzas de mi Adversario, que ha logrado instaurar su reino en el mundo.
Es el reino que se opone a Cristo, el reino del Anticristo. En el último período de vuestro siglo su reino llegará a la cumbre de su fuerza, de su poder, de su gran seducción.
Se acerca la hora en la que el hombre inicuo, que se quiere poner en el puesto de Dios, para hacerse adorar él mismo como Dios, se manifestará con todo su poder.
Bajo el flagelo sangriento de esta terrible prueba, ¿cómo podréis evitar la dispersión y el abatimiento y permanecer fuertes en la fe y fieles sólo a Jesús y al Evangelio?
Mi Corazón Inmaculado será vuestra defensa fortísima, el escudo de protección, que os salvará a todos de los ataques de mi Adversario.
Pero hoy tenéis especial necesidad de ser consolados.
¿A quién podréis recurrir, en los dolorosos momentos que os aguardan, cuando llegue al culmen la gran apostasía y la humanidad llegue al vértice máximo de la negación de Dios y de la rebelión, de la iniquidad y de la discordia, del odio y de la destrucción, de la maldad y de la impiedad?
¡En mi Corazón Inmaculado seréis consolados!
Por esto os repito hoy a cada uno de vosotros lo que dije en Fátima a mi hija Sor Lucía: -Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino seguro que te conducirá a Dios.
En este día, en que la Iglesia me venera de modo particular, deseo que mi Corazón Inmaculado se muestre como el áncora de salvación para todos".

(Mensaje de la Virgen al Padre Gobbi)

Este Mensaje enuncia lo que podríamos llamar la gran promesa de María:
- Esto digo a mis hijos de todo el universo: Volcaos a Mi Corazón y desde allí viviréis con toda docilidad al Señor.
Desde Mi Corazón lo amaréis; desde Mi Corazón, lograréis fidelidad hacia Él; desde Mi Corazón llegaréis a su Sagrado Corazón.
Gloria al Todopoderoso. (M. 1369)
- María promete liberar al Consagrado del demonio y le garantiza la vida eterna:
(M, 275): A todos mis hijos que se Consagren a vuestra Madre, os digo: Mi Corazón recibe gozoso esa entrega, ese amor que ofrecéis porque son almas que se salvan de las garras del mal mereciendo la Gloria Eterna, la Gloria del Señor.
- María promete la libertad interior, el crecimiento y la renovación espiritual, su Corazón de Madre y el amor total a Jesús:
(M. 939): La Consagración no quita la libertad del cristiano, no lo anula, sino que lo hace crecer interiormente, hace que el espíritu se renueve día a día, se introduzca en Mi Corazón y se alimente completamente de Él. De esta manera se llega a amar a Jesús en forma total, sólo por medio de Mi Corazón.
Mi Corazón da y exige, más no exige lo imposible.
- María ofrece al Consagrado el vínculo que lo une a Su Corazón y una particular atención:
(M, 973): Que la Consagración, sea el vínculo que una vuestro corazón con el Mío.
Cada hijo necesita una particular atención de la Madre.
- María asegura que el Consagrado fiel jamás será abandonado por Dios:
(M.1042): Deben obrar de manera que Dios, siempre habite en ellos y no se verán por Él, jamás abandonados.
- María se compromete a conducir al Consagrado por el camino de la fidelidad al Señor.
(M. 1 223): Quieran mis hijos, ser totalmente Míos; eso hará que sean fieles al Señor, porque Yo, los conduciré a Él.
-María se ofrece a sus hijos como auxilio y protección y ofreciendo al humilde introducirlo en Su Corazón.
(M. 1242): Como Auxilio de los Cristianos, quiero rescatar a mis hijos, pidiéndoles la conversión y luego la Consagración a Mi Corazón de Madre.
Yo les digo: Responderé a vuestra Consagración con Mi Protección, es decir, os defenderé de toda adversión.
Haceos pequeños e interiormente humildes y entraréis en Mi Corazón.
-María promete ser para sus hijos refugio y consuelo y los conducirá con especial ternura:
(M.1305): En la Consagración, el hijo se entrega a la Madre y
Ella a su vez, será su Refugio y su Consuelo, porque es el Arca, donde los hijos depositan el corazón.
Responded a Mi llamado, responded a Mi pedido, veréis que tiernamente seréis conducidos por Mí.
El texto de Jeremías 24,7 señala: “Les daré un corazón para que me conozcan a Mí, que soy el Señor. Ellos serán mi pueblo y Yo seré su Dios, porque volverán a Mí de todo corazón”.
Y agrega el mensaje en su parte final:
(M. 1337): “Benditos sean mis hijos por Consagrar su corazón a María”.
“La Consagración irá directamente al corazón de María y Ella hace promesas concretas de unión con su Hijo a quien se dirige con amor y con la oración constante del Rosario”.
(M. 1426): Esa Consagración, que no requiere papeles ni fórmulas, porque esa Consagración irá directamente a Mi Corazón: será única y exclusivamente para Mi Corazón y será recibida por Mi Corazón.
Debéis tener amor y devoción a María; oración constante del Santo Rosario y participación diaria en la Santa Eucaristía.
En el amor a la Madre, hallaréis al Amor del Hijo; en la oración a la Madre, estaréis en unión con el Hijo y en la Santa Eucaristía, os encontraréis con el Hijo.
El mensaje nos invita a pertenecer a la Madre Y al Hijo, y la luz de María quitará toda oscuridad en el camino:
(M. 1534): Deben saber mis hijos, que los llamo a la Consagración, porque siendo Consagrados a Mi Corazón, pertenecen a la Madre y al Hijo.
Mi Luz quitará toda oscuridad y ayudará a mis hijos, a caminar el Camino que el Señor, ha establecido.

Para consagrarnos al Inmaculado Corazón de María, recitemos la oración de abajo el día de nuestra consagración a María, que conviene que sea un día de fiesta mariana, por ejemplo, Inmaculada Concepción, Virgen Niña, Anunciación, Asunción, primer sábado de mes y muchas otras que hay en el calendario. Y luego es conveniente que la recemos todos los días para renovar nuestra consagración:

                                           PROMESAS DE MARIA AL CONSAGRADO
(María del Rosario de San Nicolás – Argentina)


“¡Oh Madre! Quiero Consagrarme a Ti.
Virgen María hoy Consagro mi vida a Ti.
Siento necesidad constante de tu presencia en mi vida,
para que me protejas, me guíes y me consueles.
Sé que en Ti mi alma encontrará reposo
y la angustia en mí no entrará,
mi derrota se convertirá en victoria,
mi fatiga en Ti fortaleza es. Amén”.

lunes, 14 de octubre de 2013

Fragmento sobre la Consagración a María

Fragmento sobre la Consagración a María

Darse por entero           

            Nuestra perfecta Consagración a la Santísima Virgen es una verdadera donación: significa entregarse como propiedad a Nuestra Señora, reconocerle un verdadero derecho de propiedad sobre todo cuanto somos y todo cuanto tenemos.
            Además de lo que se requiere para todo acto verdaderamente humano, a saber, conocimiento y voluntad libre, esta donación, para realizar la esencia de la santa esclavitud, ha de estar revestido de tres cualidades indispensables: debe ser total universal, definitiva eterna, desinteresada o hecha por amor. Nuestro Padre lo enseña formalmente.
            En un capítulo anterior hemos resaltado el aspecto de donación en nuestra perfecta Consagración. Ahora querríamos llamar la atención sobre la totalidad y la universalidad del ofrecimiento que hacemos de nosotros mismos a Jesús por María.
            La enseñanza de Montfort no puede ser más clara al respecto. «Esta devoción consiste en darsepor entero a la Santísima Virgen, para ser enteramente de Jesucristo por Ella…». Lo damos todo,«y esto sin reserva alguna, ni aun de un céntimo, de un cabello ni de la más mínima buena acción…».
«
            Madre, con alegría te lo repito: te he dado mi cuerpo con todos sus sentidos y sus miembros: ojos, orejas, boca y todo lo que es de este cuerpo, la vista, el oído, el gusto, el olfato, el tacto y todas las potencias que de algún modo dependen de la materia: imaginación, memoria, pasiones, todas las facultades de conocimiento y de apetito sensibles.
            Madre, te he dado mi alma, esta alma tan bella, tan grande, espiritual, inmortal, según la cual he sido creado a imagen y semejanza de Dios; mi alma con sus magníficas potencias de inteligencia y de libre voluntad, con todas las riquezas de saber y de virtud que en ella se encierran.
            Madre, te he dado mi corazón, mi corazón con sus abismos insondables de amor, con sus angustias y sus alegrías, con sus tempestades y sus arrebatos.
            Madre, yo mismo me he dado a Ti: no sólo mi cuerpo, mi corazón y mi alma, sino también mi ser, mi existencia, mi subsistencia propia, mi personalidad, que es el último toque dado a un ser intelectual. La verdad pura es que toda mi persona, yo mismo, soy tu cosa y tu propiedad.
«
            Con lo que soy y lo que seré, te he dado también lo que poseo o lo que podré alguna vez poseer.
            Madre, te he dado y te doy de nuevo todos mis bienes materiales y temporales. Otros hermanos y hermanas mías en la santa esclavitud te han dado muchísimo en este campo: casas y propiedades, dinero y títulos, ricas joyas y muebles preciosos. Afortunadamente yo soy pobre; pero lo que poseo o lo que está solamente a mi uso, lo considero como tuyo: los vestidos que llevo, el alimento que tomo, los muebles y los libros de que me sirvo, el dinero que me es confiado. Madre, todo esto es tuyo. Como propietaria incontestada, puedes disponer de todo ello para dar o quitar. Todo eso lo recibiré de tus manos, y no lo usaré sino según tus designios.
            Madre, te abandonamos otros bienes preciosos, nuestra reputación, la estima que se nos tiene, el afecto que se nos muestra, el respeto de que se nos rodea… Madre, todos los lazos de la sangre y de la amistad, los lazos que nos unen a nuestros compañeros de religión, a nuestros hermanos y hermanas en la santa esclavitud, a quienes quieren vivir, trabajar, sufrir, luchar y morir con nosotros por el mismo ideal, el reino de Cristo por María: estos lazos y todos los demás están en tus manos con un derecho pleno y entero para atarlos y desatarlos. Te damos todas las almas que de algún modo son nuestras: tuyas son desde ahora en la misma medida en que son nuestras. Sabemos que así quedan aseguradas bajo tu manto real, dulcemente colocadas en tu Corazón materno.
«
            Cuanto más pobres somos en bienes temporales, y sobre todo cuanto más desprendidos estamos de ellos, tanto más ricos podemos ser, Madre, en bienes interiores, sobrenaturales, que por consiguiente también tenemos la dicha de ofrecerte.
            Madre, tu esclavo de amor se da a Ti con todas las maravillosas riquezas sobrenaturales de que lo ha gratificado la munificencia de Jesús y la vuestra.
            Tuya es, Madre de los vivos, la vida divina que llevamos en nosotros, la gracia santificante,esta participación maravillosa de la vida misma de Dios, por la cual la Santísima Trinidad viene a morar en nosotros de manera nueva y misteriosa. ¡Qué tesoro, Madre, podemos ofrecerte de este modo: Dios mismo en nosotros!
            Tuyas son, Amadísima, las potencias de acción del hombre nuevo en nosotros: las virtudes infusas, teologales y morales, por las cuales estamos capacitados a realizar actos divinos, que merecen en estricta justicia la eterna visión del rostro de Dios. Tuyas son nuestras virtudes adquiridas, que son una facilidad y un hábito de vivir según las miras de Dios y las tuyas.
            Tuyos son los dones del Espíritu Santo, tu Esposo divino, esos dones que nos hacen dóciles y maleables a la acción adorable que, por Ti y contigo, ejerce en nuestras almas.
            Tuyas son, Soberana amadísima, todas las gracias actuales, todas las influencias divinas que nos llegan por Jesús y por Ti.
            Tuyos son los valores múltiples y preciosos de todas nuestras buenas obras: el valor meritorio,por el que nos aseguramos el crecimiento de vida divina en la tierra, y el aumento de gloria divina en la eternidad; el valor satisfactorio, que nos hace expiar los castigos merecidos por nuestras faltas y saldar las deudas de alma que hemos contraído; el valor impetratorio, por el cual nos aseguramos de nuevo la acción iluminadora, consoladora y fortificadora del Espíritu de Dios. Y esto te lo ofrecemos respecto a todas nuestras buenas obras, tanto las que ya hemos realizado hasta ahora, como las que realizaremos en el futuro.
            Tuya es, Tesorera del Señor, la virtud especial de todas nuestras oraciones, este poder formidable que el Señor nos ha conferido para obtenerlo y realizarlo todo.
            Tuyas son, Madre querida, las indulgencias que ganamos, estas letras de cambio preciosas, emitidas por la Iglesia, en el banco del Padre, contando con el inmenso depósito de las satisfacciones infinitas de Jesús, de las tuyas, oh María, y de todos los bienaventurados del Paraíso.
            Tuyo es, Madre, lo que otras almas, por agradecimiento o por caridad, por deber o por piedad, nos comunican de la virtud satisfactoria o impetratoria de sus oraciones y de sus buenas obras; tuya es, María, toda oración hecha por nosotros, todo sufrimiento soportado por nosotros, toda indulgencia ganada por nosotros, todas las Misas ofrecidas por nuestras intenciones, ahora y más tarde, incluso cuando nuestros ojos se hayan cerrado a la luz de esta tierra…
            Esta enumeración ya es larga, oh María: pero no es suficientemente larga para tu amor… ni para el nuestro. Tú deseas que aún alarguemos esta lista con algunos «dones»…
«
            ¿Dones? ¿Son realmente dones, lo que podemos añadir aquí?
            Tú quieres, oh María, que nos demos a Ti tal como somos. Nos entregamos, pues, a Ti, no sólo con nuestro activo, sino también con nuestro pasivo, con nuestros pecados y nuestras faltas, nuestros defectos y nuestras debilidades, nuestras deudas y nuestras obligaciones. Querríamos no imponerte esta miserable carga, pero, juntamente con Jesús, Tú nos lo reclamas.
            Como tu Jesús a San Jerónimo en una memorable noche de Navidad en Belén, Tú nos dices también: «Hijo mío, dame tus pecados».
            Madre querida, no podemos negarnos a ello. Sabemos, puesto que eres Corredentora, que has cargado sobre Ti, juntamente con Jesús, los castigos de nuestras faltas: de mil maneras te las ingenias para que estas penas nos sean perdonadas; juntamente con Jesús has satisfecho por nosotros, miserables.
            Y si la mancha misma del pecado que llamamos venial se pega a nuestra alma, Tú velarás por que estas manchas sean lavadas y limpiadas por los sacramentos, por la contrición, por la penitencia, por la oración, por una vida santa, o por mil otros medios.
            Madre, casi no nos atrevemos a pensarlo: si uno de tus hijos y esclavos de amor cayese por desgracia en el pecado grave, Tú no le dejarás ni un minuto de respiro: con tu amor poderoso y con tus gracias irresistibles lo perseguirás y lo empujarás hacia el buen Pastor, que acoge con un gozo infinito a la oveja particularmente amada…
            Madre, nos damos a Ti con nuestras inclinaciones malas, con nuestra naturaleza corrompida,con nuestros miserables defectos, con nuestros vicios inveterados: somos impotentes para corregir, domar y refrenar todo esto. Tu fortaleza nos ayudará a realizar este milagro.
            Madre, Tú quieres aceptar también, lo sabemos, nuestras deudas obligaciones con nuestros padres y amigos, nuestros benefactores y subordinados, con las almas que nos son confiadas, con las grandes intenciones de la Iglesia y las necesidades inmensas del mundo entero. Madre, confiadamente te abandonamos todo esto. Sabemos que Tú sabrás saldar estas hipotecas que recaen sobre nuestras almas, pagar ricamente todas estas deudas que pesan sobre nosotros, satisfacer regiamente a todas nuestras obligaciones…
            Madre, ahora comprendemos mejor la consoladora palabra de tu gran apóstol: que Tú eres elsuplemento de todas nuestras deficiencias. Queremos rivalizar contigo en generosidad de amor, estando seguros de antemano, sin embargo, de que seremos vencidos… Si de buena gana abandonamos nuestra pequeña fortuna espiritual, algunos cientos de pesos apenas, para que Tú dispongas de ellos a tu gusto, Tú, para colmar nuestros déficits y cubrir nuestras deudas, pones a nuestra disposición tus millones espirituales, el incomparable tesoro de méritos y de gracias que el Señor te ha concedido.
            Cuando, de algún modo, hayamos cometido una falta por nuestra culpa o por inadvertencia, o dicho una palabra desafortunada, o realizado un acto fuera de lugar, iremos a Ti con la sencillez y la confianza del niño que lleva a su madre una pequeña obra que acaba de estropear: «Madre, de nuevo salió mal… He vuelto ha hacer una tontería. No debes extrañarte, ni yo tampoco. ¿No quieres reparar mi falta, hacer que esta palabra o este acto no tengan consecuencias funestas para mi alma o para otras almas, y menos aún para la gloria santa de Dios y tu reino bendito, oh María?».
            ¡Madre, qué contentos estamos de ser tuyos! ¡Qué felices somos de que te dignes aceptar nuestro pobre ofrecimiento y hacer tuyo el inmenso peso de nuestras deudas y debilidades!
            ¡Madre, qué bueno es ser tu esclavo de amor!

lunes, 8 de julio de 2013

Consagración al Inmaculado Corazón de María

Consagración al corazón de María 33 días
Apostolado mariano
Invitar a la consagración. 
El mejor apostolado mariano que podemos hacer es el de invitar a todos los hombres a que se consagren a María, pues Ella hace grandes promesas a quienes se consagren a su Corazón Inmaculado.
Una oración muy sencilla para consagrarnos a la Virgen es la enseñada por Ella misma en San Nicolás, Argentina, y que es la siguiente:
¡Oh Madre quiero consagrarme a ti!
Virgen María, hoy consagro mi vida a ti;
siento necesidad constante de tu presencia en mi vida.
para que me protejas, me guíes y me consueles.
Sé que en ti mi alma encontrará reposo
y la angustia en mí no entrará,
mi derrota se convertirá en victoria,
mi fatiga en ti fortaleza es. Amén.
Digamos a los hombres que elijan un día de fiesta mariana, y reciten este acto de consagración ante una Imagen de Nuestra Señora, para comenzar a pertenecer completamente a Ella, y ser salvados así de las fauces del Maligno, pues quien se consagra a María no puede ser dañado en lo más mínimo por el Mal. Veamos lo que al respecto dice la misma Virgen:
7-9-84           275  
A todos mis hijos que se Consagren a vuestra Madre, os digo: Mi corazón recibe gozoso esa entrega, ese amor que ofrecéis porque son almas que se salvan de las garras del mal mereciendo la Gloria Eterna, la Gloria del Señor. Amén. Amén.
Dadlo a conocer.
Que esto sea meditado, quiera Dios iluminar vuestros espíritus para que lleguen a comprender el valor de la Consagración.