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domingo, 4 de agosto de 2013

4 de Agosto - San Juan Vianey - El Santo Cura de Ars

San Juan Vianey

4 de AgostoEl Santo Cura de Ars
Párroco Año 1859

Santo Cura de Ars:
Pide a Dios que nos envíe siempre
buenos párrocos como tú.
Uno de los santos más populares en los últimos tiempos ha sido San Juan Vianey, llamado el santo Cura de Ars. En él se ha cumplido lo que dijo San Pablo: "Dios ha escogido lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir a los grandes".
John VianeyEra un campesino de mente rústica, nacido en Dardilly, Francia, el 8 de mayo de 1786. Durante su infancia estalló la Revolución Francesa que persiguió ferozmente a la religión católica. Así que él y su familia, para poder asistir a misa tenían que hacerlo en celebraciones hechas a escondidas, donde los agentes del gobierno no se dieran cuenta, porque había pena de muerte para los que se atrevieran a practicar en público sulreligión. La primera comunión la hizo Juan María a los 13 años, en una celebración nocturna, a escondidas, en un pajar, a donde los campesinos llegaban con bultos de pasto, simulando que iban a alimentar sus ganados, pero el objeto de su viaje era asistir a la Santa Misa que celebraba un sacerdote, con grave peligro de muerte, si los sorprendían las autoridades.
Juan María deseaba ser sacerdote, pero a su padre no le interesaba perder este buen obrero que le cuidaba sus ovejas y le trabajaba en el campo. Además no era fácil conseguir seminarios en esos tiempos tan difíciles. Y como estaban en guerra, Napoléon mandó reclutar todos los muchachos mayores de 17 años y llevarlos al ejército. Y uno de los reclutados fue nuestro biografiado. Se lo llevaron para el cuartel, pero por el camino, por entrar a una iglesia a rezar, se perdió del gurpo. Volvió a presentarse, pero en el viaje se enfermó y lo llevaron una noche al hospital y cuando al día siguiente se repuso ya los demás se habían ido. Las autoridades le ordenaron que se fuera por su cuenta a alcanzar a los otros, pero se encontró con un hombre que le dijo. "Sígame, que yo lo llevaré a donde debe ir". Lo siguió y después de mucho caminar se dio cuenta de que el otro era un desertor que huía del ejército, y que se encontraban totalmente lejos del batallón.
Y al llegar a un pueblo, Juan María se fue a donde el alcalde a contarle su caso. La ley ordenaba pena de muerte a quien desertara del ejército. Pero el alcalde que era muy bondadoso escondió al joven en su casa, y lo puso a dormir en un pajar, y así estuvo trabajando escondido por bastante tiempo, cambiándose de nombre, y escondiéndose muy hondo entre el pasto seco, cada vez que pasaban por allí grupos del ejército. Al fin en 1810, cuando Juan llevaba 14 meses de desertor el emperador Napoleón dio un decreto perdonando la culpa a todos los que se habían fugado del ejército, y Vianey pudo volver otra vez a su hogar.
Trató de ir a estudiar al seminario pero su intelecto era romo y duro, y no lograba aprender nada. Los profesores exclamaban: "Es muy buena persona, pero no sirve para estudiante No se le queda nada". Y lo echaron.
Se fue en peregrinación de muchos días hasta la tumba de San Francisco Regis, viajando de limosna, para pedirle a ese santo su ayuda para poder estudiar. Con la peregrinación no logró volverse más inteligente, pero adquirió valor para no dejarse desanimar por las dificultades.
El Padre Balley había fundado por su cuenta un pequeño seminario y allí recibió a Vianey. Al principio el sacerdote se desanimaba al ver que a este pobre muchacho no se le quedaba nada de lo que él le enseñaba Pero su conducta era tan excelente, y su criterio y su buena voluntad tan admirables que el buen Padre Balley dispuso hacer lo posible y lo imposible por hacerlo llegar al sacerdocio.
Después de prepararlo por tres años, dándole clases todos los días, el Padre Balley lo presentó a exámenes en el seminario. Fracaso total. No fue capaz de responder a las preguntas que esos profesores tan sabios le iban haciendo. Resultado: negativa total a que fuera ordenado de sacerdote.
Su gran benefactor, el Padre Balley, lo siguió instruyendo y lo llevó a donde sacerdotes santos y les pidió que examinaran si este joven estaba preparado para ser un buen sacerdote. Ellos se dieron cuenta de que tenía buen criterio, que sabía resolver problemas de conciencia, y que era seguro en sus apreciaciones en lo moral, y varios de ellos se fueron a recomendarlo al Sr. Obispo. El prelado al oír todas estas cosas les preguntó: ¿El joven Vianey es de buena conducta? - Ellos le repondieron: "Es excelente persona. Es un modelo de comportamiento. Es el seminarista menos sabio, pero el más santo" "Pues si así es - añadió el prelado - que sea ordenado de sacerdote, pues aunque le falte ciencia, con tal de que tenga santidad, Dios suplirá lo demás".
Y así el 12 de agosto de 1815, fue ordenado sacerdote, este joven que parecía tener menos inteligencia de la necesaria para este oficio, y que luego llegó a ser el más famoso párroco de su siglo (4 días después de su ordenación, nació San Juan Bosco). Los primeros tres años los pasó como vicepárroco del Padre Balley, su gran amigo y admirador.
Unos curitas muy sabios habían dicho por burla: "El Sr. Obispo lo ordenó de sacerdote, pero ahora se va a encartar con él, porque ¿a dónde lo va a enviar, que haga un buen papel?".
el 9 de febrero de 1818 fue envaido a la parroquia más pobre e infeliz. Se llamaba Ars. Tenía 370 habitantes. A misa los domingos no asistían sino un hombre y algunas mujeres. Su antecesor dejó escrito: "Las gentes de esta parroquia en lo único en que se diferecian de los ancianos, es en que ... están bautizadas". El pueblucho estaba lleno de cantinas y de bailaderos. Allí estará Juan Vianey de párroco durante 41 años, hasta su muerte, y lo transformará todo.
El nuevo Cura Párroco de Ars se propuso un método triple para cambiar a las gentes de su desarrapada parroquia. Rezar mucho. Sacrificarse lo más posible, y hablar fuerte y duro. ¿Qué en Ars casi nadie iba a la Misa? Pues él reemplazaba esa falta de asistencia, dedicando horas y más horas a la oración ante el Santísimo Sacramento en el altar. ¿Qué el pueblo estaba lleno de cantinas y bailaderos? Pues el párroco se dedicó a las más impresionantes penitencias para convertirlos. Durante años solamente se alimentará cada día con unas pocas papas cocinadas. Los lunes cocina una docena y media de papas, que le duran hasta el jueves. Y en ese día hará otro cocinado igual con lo cual se alimentará hasta el domingo. Es verdad que por las noches las cantinas y los bailaderos están repletos de gentes de su parroquia, pero también es verdad que él pasa muchas horas de cada noche rezando por ellos. ¿Y sus sermones? Ah, ahí si que enfoca toda la artillería de sus palabras contra los vicios de sus feligreses, y va demoliendo sin compasión todas las trampas con las que el diablo quiere perderlos.
Cuando el Padre Vianey empieza a volverse famoso muchas gentes se dedican a criticarlo. El Sr. Obispo envía un visitador a que oiga sus sermones, y le diga que cualidades y defectos tiene este predicador. El enviado vuelve trayendo noticias malas y buenas.
El prelado le pregunta: "¿Tienen algún defecto los sermones del Padre Vianey? - Sí, Monseñor: Tiene tres defectos. Primero, son muy largos. Segundo, son muy duros y fuertes. Tercero, siempre habla de los mismos temas: los pecados, los vicios, la muerte, el juicio, el infierno y el cielo". - ¿Y tienen también alguna cualidad estos sermones? - pregunta Monseñor-. "Si, tienen una cualidad, y es que los oyentes se conmueven, se convierten y empiezan una vida más santa de la que llevaban antes".
El Obispo satisfecho y sonriente exclamó: "Por esa última cualidad se le pueden perdonar al Párroco de Ars los otros tres defectos".
Los primeros años de su sacerdocio, duraba tres o más horas leyendo y estudiando, para preparar su sermón del domingo. Luego escribía. Durante otras tres o más horas paseaba por el campo recitándole su sermón a los árboles y al ganado, para tratar de aprenderlo. Después se arrodillaba por horas y horas ante el Santísimo Sacramento en el altar, encomendándo al Señor lo que iba decir al pueblo. Y sucedió muchas veces que al empezar a predicar se le olvidaba todo lo que había preparado, pero lo que le decía al pueblo causaba impresionantes conversiones. Es que se había preparado bien antes de predicar.
Pocos santos han tenido que entablar luchas tan tremendas contra el demonio como San Juan Vianey. El diablo no podía ocultar su canalla rabia al ver cuantas almas le quitaba este curita tan sencillo. Y lo atacaba sin compasión. Lo derribaba de la cama. Y hasta trató de prenderle fuego a su habitación . Lo despertaba con ruidos espantosos. Una vez le gritó: "Faldinegro odiado. Agradézcale a esa que llaman Virgen María, y si no ya me lo habría llevado al abismo".
Un día en una misión en un pueblo, varios sacerdotes jovenes dijeron que eso de las apariciones del demonio eran puros cuentos del Padre Vianey. El párroco los invitó a que fueran a dormir en el dormitorio donde iba a pasar la noche el famoso padrecito. Y cuando empezaron los tremendos ruidos y los espantos diabólicos, salieron todos huyendo en pijama hacia el patio y no se atrevieron a volver a entrar al dormitorio ni a volver a burlarse del santo cura. Pero él lo tomaba con toda calma y con humor y decía: "Con el patas hemos tenido ya tantos encuentros que ahora parecemos dos compinches". Pero no dejaba de quitarle almas y más almas al maldito Satanás.
Cuando concedieron el permiso para que lo ordenaran sacerdote, escribieron: "Que sea sacerdote, pero que no lo pongan a confesar, porque no tiene ciencia para ese oficio". Pues bien: ese fue su oficio durante toda la vida, y lo hizo mejor que los que sí tenían mucha ciencia e inteligencia. Porque en esto lo que vale son las iluminaciones del Espíritu Santo, y no nuestra vana ciencia que nos infla y nos llena de tonto orgullo.
Tenía que pasar 12 horas diarias en el confesionario durante el invierno y 16 durante el verano. Para confesarse con él había que apartar turno con tres días de anticipación. Y en el confesionario conseguía conversiones impresionantes.
Desde 1830 hasta 1845 llegaron 300 personas cada día a Ars, de distintas regiones de Francia a confesarse con el humilde sacerdote Vianey. El último año de su vida los peregrinos que llegaron a Ars fueron 100 mil. Junto a la casa cural había varios hoteles donde se hospedaban los que iban a confesarse.
A las 12 de la noche se levantaba el santo sacerdote. Luego hacía sonar la campana de la torre, abría la iglesia y empezaba a confesar. A esa hora ya la fila de penitentes era de más de una cuadra de larga. Confesaba hombres hasta las seis de la mañana. Poco después de las seis empezaba a rezar los salmos de su devocionario y a prepararse a la Santa Misa. A las siete celebraba el santo oficio. En los últimos años el Obispo logró que a las ocho de la mañana se tomara una taza de leche.
De ocho a once confesaba mujeres. A las 11 daba una clase de catecismo para todas las personas que estuvieran ahí en el templo. Eran palabras muy sencillas que le hacían inmenso bien a los oyentes.
A las doce iba a tomarse un ligerísimo almuerzo. Se bañaba, se afeitaba, y se iba a visitar un instituto para jóvenes pobres que él costeaba con las limosnas que la gente había traido. Por la calle la gente lo rodeaba con gran veneración y le hacían consultas.
De una y media hasta las seis seguía confesando. Sus consejos en la confesión eran muy breves. Pero a muchos les leía los pecados en su pensamiento y les decía los pecados que se les habían quedado sin decir. Era fuerte en combatir la borrachera y otros vicios.
En el confesionario sufría mareos y a ratos le parecía que se iba a congelar de frío en el invierno y en verano sudaba copiosamente. Pero seguía confesando como si nada estuviera sufriendo. Decía: "El confesionario es el ataúd donde me han sepultado estando todavía vivo". Pero ahí era donde conseguía sus grandes triunfos en favor de las almas.
Por la noche leía un rato, y a las ocho se acostaba, para de nuevo levantarse a las doce de la noche y seguir confesando.
Cuando llegó a Ars solamente iba un hombre a misa. Cuando murió solamente había un hombre en Ars que no iba a misa. Se cerraron muchas cantinas y bailaderos.
En Ars todos se sentían santamente orgullosos de tener un párroco tan santo. Cuando él llegó a esa parroquia la gente trabajaba en domingo y cosechaba poco. Logró poco a poco que nadie trabajara en los campos los domingos y las cosechas se volvieron mucho mejores.
Siempre se creía un miserable pecador. Jamás hablaba de sus obras o éxitos obtenidos. A un hombre que lo insultó en la calle le escribió una carta humildísima pidiendole perdón por todo, como si el hubiera sido quién hubiera ofendido al otro. El obispo le envió un distintivo elegante de canónigo y nunca se lo quiso poner. El gobierno nacional le concedió una condecoración y él no se la quiso colocar. Decía con humor: "Es el colmo: el gobierno condecorando a un cobarde que desertó del ejército". Y Dios premió su humildad con admirables milagros.
El 4 de agosto de 1859 pasó a recibir su premio en la eternidad

domingo, 7 de julio de 2013

Frases del Santo Cura de Ars

                                                       
* Su cariño a los pobres era muy sobrenatural. Jesús quiso ser pobre, y santificó la pobreza. Por eso le gustaba contar sucesos de la vida de Jesús en los que se presentaba pobre. Contaba con frecuencia aquella anécdota de San Juan de Dios, que al darse cuenta de que los pies del pobre a quien socorría estaban llagados, los besó mientras decía: iEres tú, Señor!; al contar esta anécdota, solía emocionarse.

miércoles, 3 de julio de 2013

Frases del Santo Cura de Ars

                                             
* ¿Por qué no somos capaces de beneficiarnos más del sacramento de la penitencia? Porque no buscamos todos los secretos de la misericordia del Buen Dios, que no tiene límites en este sacramento.
Cuando vamos a confesarnos, debemos entender lo que estamos haciendo. Se podría decirque desclavamos a Nuestro Señor de la cruz.
Algunos se suenan las narices mientras el sacerdote les da la absolución, otros repasan a ver si se han olvidado de decir algún pecado...
Cuando el sacerdote da la absolución, no hay que pensar más que en una cosa: que la sangre del Buen Dios corre por nuestra alma laván-
dola y volviéndola bella como era después del bautismo.

martes, 18 de junio de 2013

Meditaciones del Santo Cura de Ars

                                                     
* Por una blasfemia, por un mal pensamiento, por una botella de vino, por dos minutos de placer  ¡Por dos minutos de placer perder a Dios, tu alma, el cielo... para siempre! 
Hijos míos, si veis a un hombre levantar una gran hoguera, apilar la leña, y le preguntáis
qué es lo que hace, os responderá: Preparo el fuego que debe quemarme. ¿Qué pensaríais si vierais a este mismo hombre aproximarse a la llama de la hoguera y, cuando está encendida, echarse dentro? ¿qué diríais?............
Al pecar, eso es lo que nosotros hacemos. No es Dios quien nos echa al infierno, somos nosotros por nuestros pecados. El condenado dirá: He perdido a Dios, mi alma y el cielo: y es por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa! ¿Se levantará para volver a caer?.

martes, 28 de mayo de 2013

Meditaciones del Santo Cura de Ars




* Cuando nos abandonamos a nuestras pasiones, entrelazamos espinas alrededor de nuestro corazón.
El que vive en el pecado toma las costumbres y formas de las bestias. La bestia, que no tiene capacidad de razonar, sólo conoce sus apetitos; del mismo modo, el hombre que se vuelve semejante a las bestias pierde la razón y se deja conducir por los movimientos de su'cadáver' (su cuerpo).
Un cristiano, creado a la imagen de Dios, redimido por la sangre de un Dios. ¡Un cristiano... hijo de Dios, hermano de Dios, heredero de Dios! ¡Un cristiano, objeto de las complacencias de tres Personas divinas! Un cristiano cuyo cuerpo es el templo del Espíritu Santo: he aquí lo que el pecado deshonra! 
El pecado es el verdugo del Buen Dios, el asesino del alma...
Ofender al Buen Dios, que sólo nos ha hecho bien! Contentar al demonio que tan sólo nos hace mal ! ¡ Qué locura!!!

lunes, 13 de mayo de 2013

Meditaciones del Santo Cura de Ars

                                         
"Hay personas que no aman al Buen Dios, que no le rezan y que prosperan; es mal signo. ¡Han hecho un poco de bien a través de mucho mal! El Buen Dios les da su recompensa en esta vida".

sábado, 11 de mayo de 2013

Meditaciones del Santo Cura de Ars

                                           Santo Cura De Ars
Hay muchos cristianos que no saben por qué están en el mundo.
-¿Por qué Dios mío, me has puesto en el mundo?
-Para salvarte.
-y ¿por qué quieres salvarme?
-Porque te amo.
i Que bello y grande es conocer, amar y servir a Dios! 

Es lo único que tenemos que hacer en el mundo. 
Todo lo demás es tiempo perdido.

lunes, 29 de abril de 2013

Meditaciones del Santo Cura de Ars

                                                 Santo Cura De Ars
* Los buenos cristianos que trabajan en salvar su alma están siempre felices y contentos; gozan por adelantado de la felicidad del cielo; serán felices toda la eternidad. Mientras que los malos cristianos que se condenan, siempre se quejan, murmuran, están tristes... y lo estarán toda la eternidad.
Un buen cristiano, un avaro del cielo, hace poco caso de los bienes de la tierra; sólo piensa en embellecer su alma, en obtener lo que debe contentarle siempre, lo que debe durar siempre. 
Ved a los reyes, los emperadores, los grandes de la tierra: son muy ricos; ¿están contentos? Si aman al Buen Dios, sí; si no, no están contentos. Me parece que no hay nada que dé tanta pena como los ricos cuando no aman al Buen Dios. Puedes ir de mundo en mundo, de reino en reino, de riqueza en riqueza, de placer en placer; pero no encontrarás tu felicidad. La tierra entera no puede contentar a un alma inmortal, como una pizca de harina en la boca no puede saciar a un hambriento".

sábado, 27 de abril de 2013

Aplazar la conversión - Santo Cura de Ars



                                         

  "Yo me voy. Me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy no podéis ir vosotros".( Juan 8,21)

  Gran miseria es vivir en pecado pero peor es morir en él, por eso debemos recurrir a la gracia de Dios para evitarlo. Muchos confían que a último momento harán penitencia y se salvarán, esto es engaño del demonio. Cuando más dilatamos la conversión y rechazamos las gracias el Señor se va apartando de nosotros y nos ponemos en mayor peligro de no convertirnos nunca más. Esto porque perdemos de vista los bienes del cielo y pensamos hallar la felicidad en las cosas creadas. Si vivimos ciegos así moriremos. Un solo pecado mortal es suficiente para caer en el infierno si no es confesado adecuadamente, por eso el Señor nos alerta respecto al día de su llegada:
-"... si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa."( Mateo 24,43)
- "pues saben perfectamente que el día del Señor llega como un ladrón en plena noche."(1°Tesalonicenses 5,2)
-"Pero ustedes, hermanos, no andan en tinieblas, de modo que ese día no los sorprenderá como hace el ladrón."( 1° Tesalonicenses 5,4)
-"Recuerda lo que recibiste y oíste, ponlo en práctica y arrepiéntete. Porque si no te mantienes despierto vendré como un ladrón, sin que sepas a qué hora te sorprenderé."(Apocalipsis 3,3)
-"Miren que vengo como un ladrón. Feliz el que se mantiene despierto y no se quita la ropa, porque así no tendrá que andar desnudo y no se verán sus vergüenzas"( Apocalipsis 16,15)
  Leer los evangelios nos ayuda, tanto en las parábolas, oráculos y demás ejemplos en los que se nos advierte que o no podremos convertirnos o no querremos hacerlo si dejamos para hacerlo a último momento.
 Nuestro Señor Jesucristo nos llama a vigilar continuamente ya que el enemigo trabaja continuamente para nuestra perdición.
  Nuestro Señor Jesucristo con severidad advierte a los pecadores que tienen que aceptar las gracias en el tiempo en que se nos ofrecen, porque sino después nos rechazará aunque insistamos.
  Podemos ver a un pecador con mil proyectos y con mucha salud y sin embargo muere de repente sin haber hecho lo que Dios nos pidió y nos enseño, y cuál será su destino?
 Por ej. En la Parábola del rico tonto de Lucas 12, 16-21. También nos enseña que quien vive en pecado muy probablemente muera en pecado salvo milagro de la gracia. Así leemos en Mateo 7,21 “No son los que me dicen: "Señor, Señor", los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.22 Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?".23 Entonces yo les manifestaré: "Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal".
  Pobre alma del que vive tranquilo en el pecado. Porque vender el alma y a Dios solo por un placer instantáneo o por odiar o por un vicio o por acumular bienes que no podemos llevar con nosotros después de la muerte. Por eso muchos querrán reparar sus faltas pero no tendrán oportunidad, y así a cuantos pecadores la muerte los lleva tan rápidamente que no pueden ni siquiera llorar sus pecados.
  Cuantos imitan a Antíoco (2° Macabeos 9) y lloran e imploran misericordia pero no se atiende a las mismas. El problema es pensar que hay tiempo para convertirnos. 
  Un relato del Cura de Ars cuenta que una vez un extranjero llamado Lorrein quiso confesarse pero su confesor no pudo hacerlo en ese momento y fue al procurador del rey y pidió que lo encarcelen hasta que lo vea un sacerdote porque se había entregado al demonio. Este llamó a un sacerdote para que lo asista, y este después de hablar con él pensó que estaba loco y no lo confesó. Entonces fue a unas comunidades aledañas a buscar sacerdotes y dos de ellos estaban ocupados y no pudieron confesarlo y el último le dio un rosario y le dijo que se encomendase en la Virgen hasta el día siguiente en que él iba a poder confesarlo. Este hombre estaba desesperado y llorando en la calle lo encontró un carnicero que se conmovió y le ofreció ayuda y lo llevó a su casa, este hombre le comentó que había hecho un pacto con el diablo y esta noche terminaba el plazo. Esa noche al sentir horribles gritos el carnicero se acercó y observó como el demonio arrastraba al hombre y lo colgaba de un árbol. De ahí que no hay que esperar a quedar enfermo para confesarse, y hacer promesas de portarse bien recién cuando uno tiene miedo. ¿Si nuestro Señor nos devolviera la salud, nos portaríamos mejor? ¿Nos confesaríamos y comulgaríamos frecuentemente?. Usualmente esto no pasa, sino más bien cuando conseguimos lo que pedimos volvemos al a vida que teníamos antes. Esto es burlarse de Dios.
  También cuenta el Santo Cura de Ars que había un caballero muy bueno y su criado siempre lo injuriaba y le robaba y sedujo a una de sus hijas. Y al ser descubierto se escapó para no ser castigado. Un sacerdote muy piadoso le pidió al caballero que perdonase al criado y este aceptó bajo condición que este vaya a su casa a disculparse de rodillas con la cabeza descubierta, de lo contrario sería aceptar por buena la injusticia. Al ir el sacerdote al criado este dijo que le parecían muchos honores y que él iba a disculparse cuando él quiera y de la forma en que el piense. De esa manera nos portamos con Dios cuando pensamos que aun tenemos tiempo para convertirnos. Cuanto más diferimos la conversión más difícil es que esto pase. Cuanto más permanecemos en pecado mas se aleja Dios de nosotros. Si queremos retornar al Señor no sabemos si aún quedan gracias o ya despreciamos al límite las que se nos concedieron. Entonces ¿no tendremos más que entregarnos a la desesperación? Si bien muchos se convirtieron en la hora de su muerte como el buen ladrón hay que notar que este nunca había conocido a Dios y al hacerlo se entrego entera y confiadamente a Él, sin embargo es el único caso que nos presenta la escritura de esa situación y sirve para no desesperar llegada esa situación.
  Muchos se pueden haber arrepentido pero convertirse es otra cosa. Llamar a un sacerdote por temer el mal que viene no implica convertirse, JUDAS se arrepintió y devolvió el dinero y sin embargo se colgó y se considera tradicionalmente que está en el infierno.
  El perdón solo podemos lograrlo de Dios. Por eso no podemos pretender multiplicar estos pecados y tener esperanza de salvarnos o tener mayores fuerzas para terminar con el pecado. Hay que recurrir siempre a la CONFESIÓN.
  En el momento del final de nuestras vidas queremos bien morir pero aunque tengamos esperanzas de que podemos salvarnos, hay que tener en cuenta que se necesita reparar todos los pecados que cometimos en nuestras vidas y no sabemos si va a ser eso posible.
  Queremos dejar el pecado antes de morir pero convertirnos en esos momentos es bastante difícil ya que Dios no escuchara mentiras de quien muchísimas veces tuvo oportunidad de arrepentirse y reparar el daño causado y no lo hizo. Por eso no podemos vivir en pecado despreciando el tiempo si vivimos sirviendo a los demonios.
  Se le podría preguntar si el moribundo quiere confesarse y diría que sí, pero después de vivir en pecado al momento de la muerte tal vez no le alcanza el tiempo para reparar el daño causado. Padre Pio consultado por una persona sobre el destino del alma de su abuelo  dijo que si bien se confesó antes de morir, se condenó por haber dejado para último momento la confesión y había cosas de las que no se había arrepentido adecuadamente.  No podemos dilatar la confesión. No podemos pretender llevar toda nuestra maldad al cielo. Si aceptamos las propuestas del demonio en la hora de nuestra muerte vamos a preferir ir al infierno que ir al cielo con toda la suciedad de nuestra alma, como enseña Santa Catalina de Génova en su "Tratado sobre el Purgatorio"
  Dios nos va a mostrar en nuestro juicio particular todos los medios que Él nos ofreció para salvarnos y como los rechazamos.
  Un sacerdote puede ofrecernos confiar en Dios en el momento previo a nuestra muerte pero esto puede hacer  que aumente nuestra desesperación.     
  Un Dios que muere desnudo y lleno de llagas en medio de las más terribles penas y ultrajes no puede ofrecer tan grande sacrificio por un vengativo, lujurioso o avaro que no se arrepiente con todo dolor de sus miserias. 

  San Juan Crisóstomo, continuamente enseñaba que Nuestro Señor Jesucristo predicaba con más frecuencia sobre el Infierno que sobre el Cielo. Es una gran obra de misericordia llamarle la atención al pecador, como cuando uno le pega en la mano a su hijo pequeño para que no meta los dedos en el enchufe, se electrocute y muera. No hacerlo pensando en que pueden ofenderse o molestarse es no amarlos y contradecir a Nuestro Señor Jesucristo que dijo que no temamos a quién mata el cuerpo sino el alma. (Respetos humanos)

"La ciencia más acabada
es que el hombre en gracia acabe,
pues al fin de la jornada
aquél que se salva, sabe;
y el que no, no sabe nada"

  Dios nos colma de gracias para acercarnos a Él, y compartir su dicha eternamente. No despreciemos a quién dio la muestra más grande de amor que podamos alguna vez recibir.