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jueves, 1 de mayo de 2014

Ancora de Salvación: Sermón - San Alfonso María de Ligorio

SERMÓN PARA LA DOMÍNICA PRIMERA DESPUÉS DE PASCUA, POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

27 DE ABRIL DE 2014

DEBEMOS EVITAR LAS OCASIONES DE PECAR

Cum fores essent clausæ, ubi erant discipuli congregati, venit Jesu, et stetet in medio eorum.

Estando cerradas las puertas de la casa, donde se hallaban reunidos los discípulos, vino Jesús, apareciéndose en medio de ellos.

[Joann. XX, 19]
Leemos en el Evangelio de hoy, que hallándose los apóstoles reunidos en una casa, entró Jesús en ella después de su resurrección, sin embargo de que estaban cerradas las puertas por miedo a los judíos; y aparecióse en medio de ellos: Cum fores essent clausae venit Jessus et steti in medio eorum. Dice el angélico santo Tomás acerca de este hecho, que el Señor, místicamente hablando, quiso darnos a entender, que Él no entra en nuestras almas, sino cuando ellas tienen cerradas las puertas de los sentidos: Misthice per hoc datur intelligi, quod Christus nobis apparet, quando fores, idest sensus sunt clausi. Luego, si queremos que Jesucristo habite en nosotros, es necesario que tengamos cerradas las puertas de nuestros sentidos a las ocasiones de pecar; porque, de otro modo, nos hará el demonio sus esclavos. Lo que yo quiero demostraros hoy, amados oyentes míos, es: el gran peligro en que se pone a perder a Dios el que no evita las ocasiones de pecar.

1. Leemos en las Santas Escrituras, que resucitó Jesucristo y resucitó Lázaro; pero Jesucristo resucitado no muere otra vez, como dijo el apóstol: Christus resurgens ex mortuis jam non moritur. (Rom. Vi, 9); Lázaro, al contrario, resucitó y volvió a morir. Acerca de esto observa un escritor, que Jesucristo resucitó libre de todas las ligaduras, y Lázaro atado de pies y manos:Ligatis manibus et pedibus. (Matth. XXII, 13), como dice el Evangelio. ¡Pobre Lázaro, añade este autor, que resucita del pecado, pero sujeto a las ocasiones de pecar! Los que así resucitan mueren otra vez, perdiendo la divina gracia. Los que quieran salvarse, no sólo deben dejar el pecado, sino también las ocasiones de pecar; por ejemplo, aquel trato, aquella casa, aquellas malas compañías, y otros peligros de esta especie que nos incitan al pecado.
2. Por el pecado original contrajimos todos los hombres la inclinación de pecar, esto es, de hacer aquello que nos esta prohibido. Por esto se lamentaba san Pablo, de que sentía en sí una ley contraria a la razón: Video autem allia,m legem in membris meis, repugnantem legi mentis meæ. et captivantem me in lege pecatti: «Echo de ver otra ley en mis miembros, -dice-, la cual resiste a la ley de mi espíritu, y me sojuzga  a la ley del pecado» (Rom. VII, 23). Así, cuando la ocasión se presenta, se ve la violencia de esta mala inclinación, a la cual nos cuesta trabajo resistir; porque Dios niega los auxilios eficaces al que se expone voluntariamente a la ocasión. Por esto dice la Escritura: Quid amat periculum, in illo peribit: «Quien ama el peligro, perecerá en él». (Eccl. III, 27). Explicando este texto el angélico doctor santo Tomás, dice: Cum exponimus nos periculo, Deus nos delinquit in illo. Cuando nos exponemos al peligro nosotros mismos, Dios nos abandona en medio de él. Por esta causa, dice san Bernardino de Sena, que el mejor consejo de todos, y el fundamento de la religión, por decirlo así, es el de evitar las ocasiones: Inter consilia Christi, unum celeberrimum, et quasi religionis fundamentum est, fugure peccatorum occasiones.
3. San Pedro escribe: que el demonio anda girando alrededor de nosotros, en busca de presa que devorar. Circuit, quœrens, quem devoret. (I. Petr. V, 8) Es decir, acechando al alma para tomar posesión de ella; y para conseguirlo, presenta, primero, la ocasión del pecado, por medio de la cual entra el demonio en el alma: Explorat, dice san Cipriano, an sitpars, cujus adiut penetret; explora si hay en ella alguna parte flaca por donde pueda penetrar. Cuando el ama se deja tentar, y se expone a las ocasiones, el demonio entra fácilmente en ella y la devora. Esta fue la causa de la ruina de nuestros primeros padres, a saber: no haber evitado la ocasión. Dios les había prohibido, no solamente comer, sino hasta tocar el fruto vedado: por eso respondió la misma Eva a la serpiente cuando esta la tentaba para que comiese: Prœcipit nobis Deus, ne comederemus et ne tangeremus illud: Dios nos mandó que no le comiésemos ni le tocáramos. (Gen. III, 3) Empero, la infeliz Eva lo vio, lo tomó y lo comió. Primeramente, comenzó a mirar aquel fruto, después lo tomó en la mano, y enseguida lo comió. He ahí lo que ordinariamente acontece a todos aquellos que voluntariamente, se ponen en la ocasión. Por esta razón el demonio, obligado cierto día por los exorcismos a decir cual era la exhortación cristiana que más aborrecía entre todas, confesó que aquella que exhorta a los cristianos a evitar las ocasiones. Y con mucha razón a la verdad; porque nuestro enemigo se burla de todos nuestros propósitos y promesas hechas a Dios. Todo su afán es insinuarnos que no evitemos la ocasión; porque ella es como una venda que se nos pone ante los ojos, y no nos deja ya ver, ni las luces divinas, ni las verdades eternas, ni los propósitos que hicimos anteriormente: en fin, nos hace olvidarlo todo, y casi nos fuerza a pecar.
4. Por eso dice la Escritura, que en naciendo el hombre, camina en medio de lazos y entre redes:Scito quoniam in medio lanqueorum ingredieris. (Eccl. IX, 20). Y el Sabio advierte, que quien quiera librarse de estos lazos, debe guardarse y alejarse de ellos: Qui cavet laqueos, securus erit(Prov. XI, 15). Pero, si en vez de alejarse uno de estos lazos, se acerca a ellos ¿cómo podrá evitarlos? David, que había experimentado en sí mismo el peligro que hay en exponerse a las ocasiones de pecar, decía: que para conservarse fiel a Dios se había propuesto desviar sus pasos de todo mal camino que pudiese inducirle a pecar. Y no solamente dice que había que evitar el pecado, sino también el camino que conduce a el. El demonio no deja de buscar pretextos de hacernos creer, que aquella ocasión a la que nos exponemos, no es voluntaria, sino necesaria. Cuando es necesaria, en efecto, no dejará el Señor darnos su ayuda para que no caigamos en el pecado, aunque no la evitemos; pero a las veces nos fingimos nosotros mismos ciertas necesidades que sean suficientes a excusarnos. Oíd pues lo que dice san Cipriano: Nunquam securus cum thesauro latro tenetur inclusus, nec inter unam caveam habitans cum lupo tutus est agnus. (Lib. de Sing. Cler.) Jamás está seguro el tesoro en compañía del ladrón, aunque esté encerrado, así como no está seguro el cordero que habita en el mismo cercado que el lobo. El Santo habla allí de aquellos se desentienden de evitar las ocasiones, diciendo: Que no tienen miedo de caer. El apóstol Santiago dice, que todo hombre tiene dentro de sí mismo un gran enemigo, esto es, la inclinación a pecar, o la concupiscencia que nos incita a todos al pecado. Si además de esto, pues, no evita el hombre aquellas ocasiones que otros le presentan, ¿cómo podrá resistir y no caer en el pecado? Reflexionemos sobre aquella advertencia general que nos hizo Jesucristo, para vencer todas las tentaciones y salvarnos. Si oculus tuus dexter scandalizat te erue eum, et projice abs te: «Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecar, dice, sácale, y arrojale fuera de tí». (Matth. V, 29). Con estas palabras quiso decirnos, que cuando se trata de perder el alma, es necesario huir todas las ocasiones, aunque nos cueste mucho trabajo practicarlo. Decía San Francisco de Asís, como dije ya en otra plática, que el demonio no quiere atar, desde un principio, con la cuerda de un pecado mortal a las almas que conservan todavía cierto temor de Dios; porque, espantadas a la vista de un pecado mortal, huirían y no se dejarán prender; por lo tanto, procura el astuto enemigo atarlas con un cabello, o pecado venial, que no les inspira tanto miedo, porque de este modo le será  fácil ir apretando las ataduras hasta que las haga esclavas suyas. Así, pues, el que quiera verse libre de este peligro debe hacer pedazos, desde un principio, las pequeñas ataduras, es decir, las ocasiones peligrosas, las salutaciones, los billetes amorosos, los regalillos y las palabras afectuosas. Y hablando especialmente de aquellos que han vivido entregados a la vida licenciosa, no les basta el huir de las ocasiones próximas, porque si no huyen también las remotas, fácilmente volverán a caer de nuevo en el pecado.
5. La impudicia, como dice san Agustín, es un vicio que hace la guerra a todos los mortales, y son raros los que de ella salen vencedores: Communis pugna, et rara victoria. ¡Cuántos desventurados, que han querido medir las fuerzas con este vicio, han quedado vencidos por él! Pero, no dudes, dice el demonio a las veces al pecador para inducirle a que se exponga a la tentación, no dudes que haré que la venzas: a lo cual responde san Jerónimo, no quiero pelear confiando en la esperanza de la victoria, por no exponerme alguna vez a perderla. En esta especie de batallas necesitamos de un eficaz auxilio de Dios; y por este motivo es preciso, que evitemos las ocasiones cuanto podamos para hacernos dignos de este auxilio; y debemos encomendarnos a Dios continuamente, con el fin que nos de fuerzas para observar la continencias, puesto que nosotros no tenemos las suficientes. Dios sólo es quien nos puede conceder esta virtud; por eso decía el Sabio: Et ut scivi quoniam aliter non possem esse continens, nisi Deus det… adii Dominum, et deprecatus sum illim: Y luego que llegué a entender, que no podía ser continente, si Dios no me lo otorgaba, acudí al Señor, y se lo pedí con fervor. (Sap. VIII, 21). Pero si nos exponemos a las ocasiones nosotros mismos, como dice el apóstol, suministrarnos armas a nuestra carne rebelde, para que haga la guerra con ellas a nuestra alma: Sed neque exibeatis membra vestra arma iniquitatis peccato. (Rom. VI, 13) Explicando este texto san Cirilo de Alejandría, dice: Tu das stimulum carni tuæ, tu illam adversus spiritum armas et potentem facis. Tu mismo incitas a la carne, tu le prestas armas contra el espíritu y la haces poderosa. San Felipe Neri decía, que en la guerra contra el vicio deshonesto, son los cobardes los que alcanzan la victoria; esto es, los que evitan las ocasiones: al contrario; quien las busca, arma su carne, y la hace tan poderosa, que le será mortalmente imposible resistir.
6. Dice Dios a Isaías: Clama, diciendo: que toda carne es heno; Clama: Omnis caro fænum. (Isa. VI. 6) Pues si toda carne es heno, dice san Juan Crisóstomo, querer mantenerse puro el hombre cuando se expone voluntariamente a la ocasión de pecar, es lo mismo  que pretender aplicar una antorcha al heno sin que se encienda. No, no es posible estar en medio de las llamas y no quemarse, dice san Cipriano. «¿Por ventura puede un hombre andar sobre ascuas, sin quemarse las plantas de los pies?» (Prov. VI, 27, 28) San Bernardo escribe que conservarse casto uno que se expone a la ocasión próxima de pecar, sería mayor milagro que resucitar un muerto.
7. Dice san Agustín: «El que no quiere huir, quiere perecer en el peligro». Y después escribe en otro lugar, que aquel que quiera vencer y no perecer, debe evitar la ocasión. Algunos confían neciamente en sus fuerzas y no ven que estas son semejantes a la estopa, que arden al instante que se arrima a la lumbre. (Isa. I, 31). Otros se lisonjean con la idea de que mudarán de vida, se confesarán, o con las promesas  que hacen a Dios, diciendo: por la gracia del Señor ya no tengo peligro ninguno en ver a tal persona, puesto que en su presencia no experimento ya tentaciones. Escuchad los que habláis de este modo. Refiérese que hay en en Mauritania unos osos que van a caza de monas: cuando estas los ven, se suben a los árboles, y de esta suerte se libran de ellos. Pero ¿que hace entonces el oso? Se tiende sobre la tierra, fingiéndose muerto, y espera que las monas bajen de los árboles; y luego se levanta, las coge y las devora. Pues lo mismo practica el demonio: hace creer que la tentación pasó ya, y está muerta; pero luego que el hombre, que antes estaba sobre sí, se acerca por descuido a la ocasión, hace que se levante la tentación repentinamente y le devora. ¡Cuántas almas infelices, aunque se aplicaban a la vida espiritual, hacían oración mental, comulgaban a menudo y llevaban una vida ejemplar, han quedado esclavas del demonio, por sólo haberse expuesto a la tentación! En la Historia Eclesiástica se refiere, que una santa mujer, que practicaba el piadoso oficio de sepultar los mártires, encontró uno de estos que no había muerto todavía. La mujer le condujo a su casa, y le curó, buscando médicos y remedios. Pero ¿que sucedió? Estas dos personas santas; primeramente cayeron en el pecado y perdieron la gracia de Dios; y después, debilitada su fe, poco a poco, renegaron de Jesucristo. Un caso semejante cita san Macario, de un anciano, que había sido medio abrasado por el tirano porque no quería renegar de la fe; pues bien, habiendo vuelto sido vuelto a la cárcel hizo amistad, por desgracia suya, con una mujer devota que servia a los mártires y pecó.
8. El Espíritu Santo advierte, que como de la vista de una serpiente así debe huirse del pecado. Y así como se evita, no sólo la mordedura de la serpiente, sino también el tocarla, y aún acercarse a ella; así conviene evitar no sólo el pecado, sino hasta la ocasión; es decir, la casa, la conversación, la persona que puede inducirnos a pecar. San Isidoro dice, que el que está cerca de la serpiente, no pasará mucho tiempo sin ser herido de ella. Y por eso dice el Sabio, que se huya lejos de ella, no acercándose jamás a las puertas de su casa. (Prov. V, 8). No solamente dice, que nos abstengamos de acercarnos a su casa, la cual es camino del Infierno para nosotros, sino que, añade, que huyamos lejos de ella. Pero dirá alguno: Yo me perjudicaré en mis intereses, si dejo de frecuentar tal casa. ¿Y no es mejor que pierdas tus intereses que no tu alma y tu Dios? Es preciso persuadirnos, que toda cautela es poca cuando se trata de guardar la honestidad. Si queremos librarnos del pecado y del Infierno, debemos temer y temblar, como dice san Pablo (Phil. II 12):Cum metu et tremore vestram salutem operamini. «El que no tiembla y se expone a la tentación, difícilmente se salvará». Por eso, una de las oraciones que debemos repetir cada día muchas veces, es la oración dominical, por la que pedimos a Dios: que no nos deje caer en tentación. Señor, debemos decirle, no permitáis que yo caiga en las tentaciones que me hagan perder vuestra gracia. Nosotros no podemos merecer la perseverancia en ella; pero Dios la concede ciertamente al que se la pide, según san Agustín, puesto que prometió oír al que le ruega.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Vida infeliz del pecador y vida felíz del justo - San Alfonso M. de Ligorio

miércoles, 12 de marzo de 2014

VIDA INFELIZ DEL PECADOR Y VIDA FELIZ DEL JUSTO por san Alfonso María de Ligorio


La semilla caída entre espinas son los que escucharon la palabra de Dios; pero con los cuidados y las riquezas y delicias de la vida, al cabo la sofocan, y nunca llega a dar fruto. (Luc. VIII, 14).



En la parábola del Evangelio se dice, que habiendo salido el labrador a sembrar en el campo, parte de las semillas cayeron entre las espinas. Luego declaró el Salvador que la semilla significa la divina palabra, y las espinas el apego que tienen los hombres a las riquezas y a los placeres terrenos, que son las espinas que hacen se pierda el fruto de la palabra de Dios, no solamente en la vida futura, sino también en la presente. ¡Oh desgracia de los desventurados pecadores! En virtud de sus culpas, no solamente se condenan a penar eternamente en la otra vida, sino que también en este mundo arrastran una vida infeliz. Esto quiero demostrar en el presente discurso:

Punto 1º Vida infeliz que llevan los pecadores.
Punto 2º Vida feliz de los que aman a Dios.

PUNTO 1
VIDA INFELIZ QUE LLEVAN LOS PECADORES

1. Engaña el demonio a los hombres haciéndoles creer, que pasarán una vida deliciosa y tendrán paz, satisfaciendo sus apetitos sensuales: pero no hay, ni puede haber paz a los que ofenden a Dios: Non est pax impiis, dicit Dominus (Ps. XLVIII, 22). Dios dice que sus enemigos nunca conocieron el sendero de la paz llevando una vida infeliz: Contrito et infelicitas in viis eorum, et viam pacis non cognoverenunt. (Ps. XIII, 3).

2. Las bestias que fueron creadas para este mundo, hallan paz en los gustos sensuales. En efecto, dad un hueso a un perro, y le veréis alegre. Dad un haz de hierba a un jumento, y veréis que está satisfecho y nada más desea. Más el hombre, creado por Dios para amarle y estar unido a Él, sólo puede ser satisfecho por Dios, no por el mundo, aun cuando éste enriquezca con toda especie de bienes. ¿Y a que se reducen todos los bienes mundanos? A deleites de los sentidos, riquezas y honores, como dice San Juan: Omnes quod est in mundo concupiscentia oculorum, et superbia vitæ. (I. II, 16). San Bernardo afirma, que el hombre puede ser rico en todos los bienes mundanos, pero jamás quedará contento y saciado con ellos. Podrán deslumbrarle, pero nunca saciarle: Inflari potest, satiari non potest. Y ¿cómo han de saciar al hombre jamás la terra, el viento y el estiércol? Pues tierra, viento y estiércol son todos los bienes de este mundo. Escribiendo después el mismo Santo sobre aquellas palabras de San Pedro: Ecce nos reliquimus omnia, y dice: que vió en el mundo diferentes clases de necios, y que todos ellos padecían hambre muy grande, por lo que unos se llenaban el vientre de tierra, como los avaros; otros de viento, como los ambiciosos de honores y alabanzas; otros que se veían alrededor de un horno, tragaban por la boca las pavesas que salían de él, como los iracundos y vengativos; otros finalmente, bebían el agua turbia de un lago pestilente, y éstos eran los deshonestos. Luego el Santo les dirige la palabra, y les dice: ¿No veis insensatos, que todas esas cosas que tragáis no hacen más que irritar la hambre en lugar de calmarla? Alejandro Magno nos presenta un buen ejemplo de esta verdad; después de haber conquistado la mitad del mundo con sus victorias, gemía porque no era dueño de todo el universo.

Alejandro Magno
3. Muchos esperan hallar paz en la acumulación de las riquezas; pero ¿cómo han de poder saciarlos la tierra? La abundancia de dinero, dice San Agustín, no sacia la avaricia, sino que la acrecienta; o en otras palabras: la avaricia no disminuye el hambre, sino que la excita: Humiliata es usque ad inferos; in multitudine vitæ tuæ laborasti, nec dixisti, quiescam. (Is. LVII, 9 et 10). ¡Pobres amadores del mundo, que se fatigan y sufren por amontonar la mayor cantidad de dinero y de bienes que pueden! Pero el reposo huye de ellos; y cuanto más amontonan, más crecen sus ansiedades y sus tormentos: Divites equerunt, et esturierunt; inquirentes autem Dominum non minuentur omni bono (Ps. XXXIII, 11). Los ricos de este mundo son los más desgraciados de todos los hombres; porque cuanto más poseen, más quieren poseer; y como no pueden adquirir todo lo que desean, son siempre más pobres que los hombres virtuosos, que no buscan sino a Dios. Estos sí que son verdaderamente ricos, puesto que viven contentos con sus suerte, y encuentran en Dios todos sus bienes: Iuquirentes Dominum non minuentur omnio bono. Nada les falta a éstos porque tienen a Dios; pero a los ricos del mundo, como que están privados de Dios, les falta todo, porque les falta la paz del alma. Con razón, pues, fue llamado insensato aquel rico del Evangelio de San Lucas (XII, 19), que teniendo una buena cosecha recogida en sus campos, decía: “Oh alma mía! Ya tienes muchos bienes de repuesto para muchísimos años; descansa, come, bebe, goza. Y ¿Porqué fue llamado insensato? Porque creía hallar contento y paz comiendo, bebiendo y vistiendo con magnificencia. Por eso le reprende San Basilio de Seleucia, diciéndole: “¿Tienes acaso alma de puerco?”. Numquid animam porcinam habes? ¿Pretendes, acaso, contentarla, comiendo y bebiendo, como las bestias?

4. Y yo pregunto: ¿quedan por ventura contentos los que ambicionan honores terrenos, cuando los consiguen? Si todos los honores del mundo no son otra cosa que humo y viento, como dice Oseas (XII, 2), ¿cómo han de poder contentarles el viento y el humo? Dice David: Superbia eorum ascendit semper. (Psalm. LXXXV, 23). Los ambiciosos no quedan saciados cuando obtienen estos honores, sino que antes crece en ellos la ambición y la soberbia, y con ellas crecen también las ansiedades, la envidia y los temores.

5. Pues los que viven enfangados en el vicio deshonesto, ¿de que otra cosa se alimentan sino del estiércol, Qui vescebantur voluptuose amplexati stercora, dice Jeremías (Thren VI, 3). Y ¿cómo puede saciar y dar paz al alma el estiércol? ¿Que paz pueden disfrutar los pecadores estando reñidos con Dios? Los infelices tendrán aquellos bienes, aquellos honores, aquellos deleites, pero no tendrán jamás paz. Porque no puede faltar la palabra de Dios, que dice “No hay paz para sus enemigos: Non est pax impiis (Isa. XLVIII, 22). ¡Pobres pecadores! dice el Crisóstomo: ellos llevan encima el verdugo, esto es, su mala conciencia, que los atormenta: Pecattor conscientiam quasi carnificem circumgestat (Serm. 10, de Laz.). San Isidro dice, que no hay pena más cruel que la mala conciencia; y luego añade, que ninguno que viven bien, está triste jamás: Nulla pœna gravior pœna consientœ: vis nunquam esse tristiis: bene vive. (Lib. 2, Silt.).

6. El Espíritu Santo describe el estado deplorable de esos infelices, diciendo: que los impíos son son como un mar alborotado, que no puede estar en calma. Impii quasi mare fervens, quod quiescere non potest. (Isa. LVII, 20). Una ola llega, otra viene, pero todas son olas de amarguras y de rencores, puesto que cuanto se opone a su voluntad los turba y los irrita, como turban al mar los vientos encontrados. Si uno se encontrase en medio de un festín, entre bailes y músicas, pero atado de los pies con la cabeza hacia abajo, ¿podría éste tal estar contento en aquel festín? Tal es el estado del pecador. El está con el alma vuelta hacia abajo: en vez de estar unido a Dios y separado de las criaturas, está unido a las criaturas y separado de Dios. Pero las criaturas, como dice San Vicente Ferrer, están fuera del corazón y no pueden contentarle: Non intrant illuc, ubi est sitis. Sucede al pecador lo que acontecería a uno que, hallándose en medio de un estanque, se sintiera abrasado de sed: las aguas bañarían su cuerpo; pero sin beber de ellas, no le saciarían la sed.

7. Explicando el rey David la vida infeliz mientras vivía en pecado dijo, “Mis lágrimas me han servido de alimento día y noche, desde que me están diciendo continuamente: y tu Dios, ¿dónde está? Ubi est Deus tuus? (Psal. XLI, 4). Iba él para aliviar su pena al campo, a los jardines, a las músicas; pero todas las criaturas le decían: David ¿quieres acaso que nosotras te aliviemos? Te engañas: Ubi est Deus tuus? Marcha, busca a tu Dios, a quien has perdido, porque sólo Él puede restituirte la paz. Y por eso confiesa el mismo David, que enmedio de las riquezas y de los placeres no hallaba reposo, y lloraba de día y de noche: Oigamos ahora a su hijo Salomón, quien confiesa, que nunca negó a sus sentidos nada de lo que desearon: Et omnia quœ desideravenrtun oculi mei, non negavi eis (Eccles. II, 10). Sin embargo con todo eso exclama: Todo aquello era venidad de vanidades y aflicción de espíritu. Vanitas vanitatum… et ecce universa vanitas et aflictio spiritus (Eccles. I, 2, 14). Advertid, que no solamente dice, que todas las cosas de este mundo son pura vanidad, sino que son además aflicción de espíritu. Y esto lo acredita cada día la experiencia, puesto que el pecado lleva consigo el temor de la divina venganza. Cuando tenemos un enemigo poderoso, no podemos estar tranquilos un instante. ¿Cómo pues, podrá estarlo quien tiene por enemigo a Dios? El que comete un pecado mortal, se siente asaltado repentinamente de un gran pavor: cada cada árbol que se mueve, le aterra: siempre está pensando en la fuga, sin que nadie le persiga. No le perseguirán los hombres, pero le persigue su mismo pecado, como sucedió a Caín, el cual, después de haber muerto a su hermano Abel, decía lleno de temor: Cualquiera que me hallare me matará (Gen. IV, 14). Y aunque el Señor le aseguró que ninguno le ofendería, Caín, sin embargo, perseguido de su pecado, como dice la Escritura, anduvo siempre errante y fugitivo sobre la tierra. Habitavit profugus in terra (v. 16).

8. Además del pecado lleva consigo el pecador el remordimiento de la conciencia, esto es, aquel gusano roedor que nunca muere. Va el pecador al festín, a la comedia, al banquete; pero en medio de esas diversiones, la conciencia le acusa y le dice: ¡Ay de ti, que has perdido a Dios! si ahora murieses, ¿a dónde irías? El remordimiento de la conciencia es, aun en esta vida, un tormento tan acerbo, que algunos se han dado muerte por librarse de él, como lo hizo Judas, que se ahorcó de un árbol lleno de desesperación.

9. De la injusticia que hacen los pecadores a Dios, abandonando a Él, que es la fuente de todo consuelo, por acogerse a las criaturas, que no pueden suministrarles ninguna paz, se lamenta el mismo Dios diciendo: “Dos maldades ha cometido mi pueblo: me han abandonado a mí, que soy fuente de agua viva, y han ido a fabricarse aljibes rotos, que no pueden retener las aguas. (Jer. II, 13). Dios dice: ¿No has querido servirme en paz a mí, que soy tu Dios? ¡Desventurado! servirás a tu enemigo, padeciendo el hambre, la sed, la desnudez y la falta de todas las cosas. (Deuter. XXVIII, 48). Y esto lo experimentan ya los pecadores. ¿Cuánto no sufre el hombre vengativo después que se vengó, matando a su enemigo? Va huyendo de los deudos del muerto y de los ministros de la justicia, pobre, afligido y abandonado de todo el mundo, ¿Cuánto padece el hombre deshonesto para conseguir sus malos deseos? ¿Cuánto padece el avaro para adquirir lo que posee? Si padecieran por Dios lo que padecen para satisfacer sus pasiones, amontonarían grandes méritos para la otra vida, y vivirían contentos en ésta. Más estando en pecado, llevan una vida infeliz en este mundo, para pasar a otra más infeliz en el otro. Y de esto se quejan los condenados en el Infierno, repitiendo sin cesar en aquella cárcel obscura de tormentos. ¡Ay de nosotros! hemos corrido sobre la tierra por caminos difíciles y sembrados de espinas: nos hemos fatigado andando de iniquidad en iniquidad: hemos sudado sangre y agua: nuestra existencia inquieta se sació de hiel y de veneno: pero ¿con que objeto? Para venir a este abismo de fuego, donde sufriremos horribles tormentos por toda la eternidad.

PUNTO 2
VIDA FELIZ DE LOS QUE AMAN A DIOS

10. En toda alma en la cual reside la justicia, reside también la paz, como dice David: Justita et pax osculatoe sunt (Psal. LXXXIV, 27). Y en efecto, dimanando la paz del alma de la tranquilidad de la conciencia, y estando tan tranquila la del justo por obrar siempre conforme a la voluntad de su Dios, es consiguiente que la paz y la justicia reinen en su corazón. El mismo David dice: Recréate en el Señor, y Él saciará tu corazón: Delectare in Domino, et dabit tibi petitiones cordis tui (Ps. XXXVI, 4). Para entender bien este texto conviene reflexionar, que el hombre mundano pretende satisfacer los apetitos de su corazón con los bienes del mundo; más, como estos bienes no pueden saciarle, por eso el corazón cada día pretende acrecentarlos: con todo, por muchos bienes mundanos que consiga, nunca quedará contento. Por eso el real Profeta le exhorta a que coloque todo su deleite en el Señor, como si le dijera; deja las criaturas de este mundo, deja tus deleites de apetitos sensuales, que no te pueden contentar, y busca en el Señor la verdadera alegría del alma, porque Él sólo puede dártela.

Agustín de Hipona
11. Esto cabalmente sucedió a San Agustín, quien no halló paz mientras se deleitaba con las criaturas; luego el Señor, exclamó: Dura sunt omnia, et tu solus requies; como si dijera: ahora conozco, Señor, mi necedad: yo quería hallar mi felicidad en los placeres terrenos, pero ya conozco que ellos no son sino vanidad y aflicción, y que Vos solo sois la paz y la alegría de nuestros corazones.

12. El Apóstol dice que: la paz que hace disfrutar el Señor a los que le aman, excede en suavidad a todos los deleites sensuales que pueden gozarse en la tierra. (Philip. IV, 7). Y si no preguntádselo a San Francisco de Asís, que con solo decir “Tú eres mi Dios, mi todo” gozaba acá en la tierra un Paraíso anticipado. Preguntádselo a San Francisco Javier, que estando predicando en la India la fe de Jesucristo, le llenaba el Señor tanto de las dulzuras divinas, que se veía precisado a decirle: Basta Señor, basta. Pregunto yo ahora: ¿cuándo se ha hallado jamás ninguno entre los mundanos, tan rico de bienes del mundo, que se haya precisado a decir Basta mundo, basta, que no quiero más riquezas, ni honores, ni aplausos, ni placeres? No, no se ha hallado todavía ni uno sólo, porque los mundanos están siempre anhelando más honores, más riquezas, y más deleites; porque, cuanto más tienen, más desean tener, más ansiosos y famélicos se hallan.

13. En fin, es necesario que nos convenzamos de esta verdad: que sólo Dios puede contentarnos. Los mundanos no quieren determinarse a servir a Dios por el temor de llevar una vida dura y amarga; más yo les digo con el real Profeta: “Gustad y veréis cuan suave es el Señor” Gustate et videte,quoniam suavis est Dominus (Psal. XXXIII, 9) ¡Desventurados! ¿Porqué despreciáis y llamáis infeliz a una vida que no habéis probado todavía? Gustate et videte, probadla, oid Misa todos los días, visitad al Santísimo Sacramento, orad, comulgad una vez al menos cada mes, evitad las malas conversaciones, hablad siempre con Dios, y veréis como el Señor os hace gozar tales dulzuras y tal paz, que el mundo no ha podido daros hasta ahora, con todos los deleites que os ha proporcionado.

Fuente: SERMÓN PARA LA DOMINICA DE SEXAGÉSIMA








sábado, 27 de abril de 2013

Aplazar la conversión - Santo Cura de Ars



                                         

  "Yo me voy. Me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy no podéis ir vosotros".( Juan 8,21)

  Gran miseria es vivir en pecado pero peor es morir en él, por eso debemos recurrir a la gracia de Dios para evitarlo. Muchos confían que a último momento harán penitencia y se salvarán, esto es engaño del demonio. Cuando más dilatamos la conversión y rechazamos las gracias el Señor se va apartando de nosotros y nos ponemos en mayor peligro de no convertirnos nunca más. Esto porque perdemos de vista los bienes del cielo y pensamos hallar la felicidad en las cosas creadas. Si vivimos ciegos así moriremos. Un solo pecado mortal es suficiente para caer en el infierno si no es confesado adecuadamente, por eso el Señor nos alerta respecto al día de su llegada:
-"... si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa."( Mateo 24,43)
- "pues saben perfectamente que el día del Señor llega como un ladrón en plena noche."(1°Tesalonicenses 5,2)
-"Pero ustedes, hermanos, no andan en tinieblas, de modo que ese día no los sorprenderá como hace el ladrón."( 1° Tesalonicenses 5,4)
-"Recuerda lo que recibiste y oíste, ponlo en práctica y arrepiéntete. Porque si no te mantienes despierto vendré como un ladrón, sin que sepas a qué hora te sorprenderé."(Apocalipsis 3,3)
-"Miren que vengo como un ladrón. Feliz el que se mantiene despierto y no se quita la ropa, porque así no tendrá que andar desnudo y no se verán sus vergüenzas"( Apocalipsis 16,15)
  Leer los evangelios nos ayuda, tanto en las parábolas, oráculos y demás ejemplos en los que se nos advierte que o no podremos convertirnos o no querremos hacerlo si dejamos para hacerlo a último momento.
 Nuestro Señor Jesucristo nos llama a vigilar continuamente ya que el enemigo trabaja continuamente para nuestra perdición.
  Nuestro Señor Jesucristo con severidad advierte a los pecadores que tienen que aceptar las gracias en el tiempo en que se nos ofrecen, porque sino después nos rechazará aunque insistamos.
  Podemos ver a un pecador con mil proyectos y con mucha salud y sin embargo muere de repente sin haber hecho lo que Dios nos pidió y nos enseño, y cuál será su destino?
 Por ej. En la Parábola del rico tonto de Lucas 12, 16-21. También nos enseña que quien vive en pecado muy probablemente muera en pecado salvo milagro de la gracia. Así leemos en Mateo 7,21 “No son los que me dicen: "Señor, Señor", los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.22 Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?".23 Entonces yo les manifestaré: "Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal".
  Pobre alma del que vive tranquilo en el pecado. Porque vender el alma y a Dios solo por un placer instantáneo o por odiar o por un vicio o por acumular bienes que no podemos llevar con nosotros después de la muerte. Por eso muchos querrán reparar sus faltas pero no tendrán oportunidad, y así a cuantos pecadores la muerte los lleva tan rápidamente que no pueden ni siquiera llorar sus pecados.
  Cuantos imitan a Antíoco (2° Macabeos 9) y lloran e imploran misericordia pero no se atiende a las mismas. El problema es pensar que hay tiempo para convertirnos. 
  Un relato del Cura de Ars cuenta que una vez un extranjero llamado Lorrein quiso confesarse pero su confesor no pudo hacerlo en ese momento y fue al procurador del rey y pidió que lo encarcelen hasta que lo vea un sacerdote porque se había entregado al demonio. Este llamó a un sacerdote para que lo asista, y este después de hablar con él pensó que estaba loco y no lo confesó. Entonces fue a unas comunidades aledañas a buscar sacerdotes y dos de ellos estaban ocupados y no pudieron confesarlo y el último le dio un rosario y le dijo que se encomendase en la Virgen hasta el día siguiente en que él iba a poder confesarlo. Este hombre estaba desesperado y llorando en la calle lo encontró un carnicero que se conmovió y le ofreció ayuda y lo llevó a su casa, este hombre le comentó que había hecho un pacto con el diablo y esta noche terminaba el plazo. Esa noche al sentir horribles gritos el carnicero se acercó y observó como el demonio arrastraba al hombre y lo colgaba de un árbol. De ahí que no hay que esperar a quedar enfermo para confesarse, y hacer promesas de portarse bien recién cuando uno tiene miedo. ¿Si nuestro Señor nos devolviera la salud, nos portaríamos mejor? ¿Nos confesaríamos y comulgaríamos frecuentemente?. Usualmente esto no pasa, sino más bien cuando conseguimos lo que pedimos volvemos al a vida que teníamos antes. Esto es burlarse de Dios.
  También cuenta el Santo Cura de Ars que había un caballero muy bueno y su criado siempre lo injuriaba y le robaba y sedujo a una de sus hijas. Y al ser descubierto se escapó para no ser castigado. Un sacerdote muy piadoso le pidió al caballero que perdonase al criado y este aceptó bajo condición que este vaya a su casa a disculparse de rodillas con la cabeza descubierta, de lo contrario sería aceptar por buena la injusticia. Al ir el sacerdote al criado este dijo que le parecían muchos honores y que él iba a disculparse cuando él quiera y de la forma en que el piense. De esa manera nos portamos con Dios cuando pensamos que aun tenemos tiempo para convertirnos. Cuanto más diferimos la conversión más difícil es que esto pase. Cuanto más permanecemos en pecado mas se aleja Dios de nosotros. Si queremos retornar al Señor no sabemos si aún quedan gracias o ya despreciamos al límite las que se nos concedieron. Entonces ¿no tendremos más que entregarnos a la desesperación? Si bien muchos se convirtieron en la hora de su muerte como el buen ladrón hay que notar que este nunca había conocido a Dios y al hacerlo se entrego entera y confiadamente a Él, sin embargo es el único caso que nos presenta la escritura de esa situación y sirve para no desesperar llegada esa situación.
  Muchos se pueden haber arrepentido pero convertirse es otra cosa. Llamar a un sacerdote por temer el mal que viene no implica convertirse, JUDAS se arrepintió y devolvió el dinero y sin embargo se colgó y se considera tradicionalmente que está en el infierno.
  El perdón solo podemos lograrlo de Dios. Por eso no podemos pretender multiplicar estos pecados y tener esperanza de salvarnos o tener mayores fuerzas para terminar con el pecado. Hay que recurrir siempre a la CONFESIÓN.
  En el momento del final de nuestras vidas queremos bien morir pero aunque tengamos esperanzas de que podemos salvarnos, hay que tener en cuenta que se necesita reparar todos los pecados que cometimos en nuestras vidas y no sabemos si va a ser eso posible.
  Queremos dejar el pecado antes de morir pero convertirnos en esos momentos es bastante difícil ya que Dios no escuchara mentiras de quien muchísimas veces tuvo oportunidad de arrepentirse y reparar el daño causado y no lo hizo. Por eso no podemos vivir en pecado despreciando el tiempo si vivimos sirviendo a los demonios.
  Se le podría preguntar si el moribundo quiere confesarse y diría que sí, pero después de vivir en pecado al momento de la muerte tal vez no le alcanza el tiempo para reparar el daño causado. Padre Pio consultado por una persona sobre el destino del alma de su abuelo  dijo que si bien se confesó antes de morir, se condenó por haber dejado para último momento la confesión y había cosas de las que no se había arrepentido adecuadamente.  No podemos dilatar la confesión. No podemos pretender llevar toda nuestra maldad al cielo. Si aceptamos las propuestas del demonio en la hora de nuestra muerte vamos a preferir ir al infierno que ir al cielo con toda la suciedad de nuestra alma, como enseña Santa Catalina de Génova en su "Tratado sobre el Purgatorio"
  Dios nos va a mostrar en nuestro juicio particular todos los medios que Él nos ofreció para salvarnos y como los rechazamos.
  Un sacerdote puede ofrecernos confiar en Dios en el momento previo a nuestra muerte pero esto puede hacer  que aumente nuestra desesperación.     
  Un Dios que muere desnudo y lleno de llagas en medio de las más terribles penas y ultrajes no puede ofrecer tan grande sacrificio por un vengativo, lujurioso o avaro que no se arrepiente con todo dolor de sus miserias. 

  San Juan Crisóstomo, continuamente enseñaba que Nuestro Señor Jesucristo predicaba con más frecuencia sobre el Infierno que sobre el Cielo. Es una gran obra de misericordia llamarle la atención al pecador, como cuando uno le pega en la mano a su hijo pequeño para que no meta los dedos en el enchufe, se electrocute y muera. No hacerlo pensando en que pueden ofenderse o molestarse es no amarlos y contradecir a Nuestro Señor Jesucristo que dijo que no temamos a quién mata el cuerpo sino el alma. (Respetos humanos)

"La ciencia más acabada
es que el hombre en gracia acabe,
pues al fin de la jornada
aquél que se salva, sabe;
y el que no, no sabe nada"

  Dios nos colma de gracias para acercarnos a Él, y compartir su dicha eternamente. No despreciemos a quién dio la muestra más grande de amor que podamos alguna vez recibir.

  

lunes, 18 de marzo de 2013

19 DÍA DE SAN JOSÉ - 19º día del mes


 MES EN HONOR DE SAN JOSÉ

                                                             
                                       Pensamientos e invocaciones


Día 19º- Ejemplo de prudencia. Tu prudencia, querido santo, se manifestó en la correcta valoración de las circunstancias para tomar en tu vida aquellas decisiones que mejor favorecían a tu propia familia.

Haz, oh San José, que yo no tome decisiones importantes sin antes valorar bien a quienes realmente puedan afectar y sin antes haberlas rezado con Jesús, presente en el Sagrario.  

                                         “Rosario en Honor  a San José”

                                                                
Tercer Misterio

                                            “EL EMIGRANTE LLENO DE CONFIANZA”
en “La Huída a Egipto”.  (Mt. 2, 13-15)
 
Después de la partida de los Magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.   José se levantó de noche, tomó al niño y a su madre y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: “Desde Egipto, llamé a mi Hijo”.

Reflexión: Los padres cristianos tienen que poner su mayor cuidado para defender a sus propios hijos en la vida física, moral y espiritual.   Hay muchos Herodes en el mundo de hoy  que causan un inmenso peligro especialmente paras los pequeños.

Rezar un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.          

         Al rezar éste Rosario, nos sumergimos en las cosas de Dios, muy especialmente              en la vida de “La Sagrada Familia de Nazaret”
 
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, en vos descanse en paz el alma mía.
 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina

                                          

El tiempo transcurrido en glorificar a Dios y en cuidar la salud del alma, no será nunca tiempo perdido. (Santo Padre Pío de Pietrelcina)

domingo, 27 de enero de 2013

Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina


                                                         
                               "Debemos odiar el pecado." (Santo Padre Pio de Pietrelcina)

sábado, 26 de enero de 2013

Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina


                                                         
             "Alaba sólo a Dios y no a los hombres, honra al Creador y no a la criatura." 
                                                                                  (Santo Padre Pio de Pietrelcina)

martes, 22 de enero de 2013

Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina

                                                       
"Formad una familia cristiana, si queréis un poco de tranquilidad en esta vida."
   (Santo Padre Pio de Pietrelcina)

miércoles, 16 de enero de 2013

Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina


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"Entregaos totalmente en las manos de nuestro Señor, ofreciéndole los años que os restan de vida y rogadle siempre que los emplee y se sirva de ellos en aquella forma de vida que más le agrade." (Santo Padre Pio de Pietrelcina)

martes, 4 de diciembre de 2012

Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina



                                             

"Cada santa misa escuchada con atención y devoción produce en nuestra alma efectos maravillosos, abundantes gracias espirituales y materiales, que ni nosotros mismos conocemos." (Santo Padre Pio de Pietrelcina)


En esta dirección podrán disfrutar de la última Misa, del Santo Padre Pío de Pietrelcina: http://www.youtube.com/watch?v=6bYJb056jtk

(cópienla y pegenla en la barra superior, para buscar la dirección)