Teme al Señor que pasa y no vuelve.
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sábado, 13 de febrero de 2016
Para reflexionar....
viernes, 12 de febrero de 2016
Para reflexionar...

Propósito para esta Cuaresma.
Leamos todos los días al levantarnos, el siguiente pasaje del Evangelio de San Mateo, como lo aconseja la Reina de la Paz:
"Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer o qué van a beber, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción." (Mt 6, 24-34).
martes, 9 de febrero de 2016
Comunión espiritual...

La comunión espiritual
Concilio de Trento y ha sido practicada por todos los santos
La comunión espiritual
Con el nombre de Comunión Espiritual se entiende el piadoso deseo de recibir la Sagrada Eucaristía, cuando no se la puede recibir sacramentalmente.
"De dos maneras -advierte Santo Tomás- se puede recibir espiritualmente a Cristo. Una en su estado natural, y de esta manera la reciben espiritualmente los ángeles, en cuanto unidos a Él por la fruición de la caridad perfecta y de la clara visión, y no con la fe, como nosotros estamos unidos aquí (en la Tierra) a Él. Este pan lo esperamos recibir, también en la gloria. Otra manera de recibirlo espiritualmente es en cuanto contenido bajo las especies sacramentales, creyendo en Él y deseando recibirlo sacramentalmente. Y esto no solamente es comer espiritualmente a Cristo, sino también recibir espiritualmente el sacramento" (III, 80, 2).
De las palabras finales del Doctor Angélico, se deduce que la Comunión Espiritual nos trae, de cierto modo, el fruto espiritual de la propia Eucaristía recibida sacramentalmente, aunque no sea ex opere operato, sino únicamente ex opere operantis.
Excelencia
Por la noción que acabamos de dar, se puede vislumbrar la gran excelencia de la Comunión Espiritual. Fue recomendada vivamente por el Concilio de Trento (D 881), y ha sido practicada por todos los santos, con gran provecho espiritual.
Sin duda, constituye una fuente ubérrima de gracias para quien la practique fervorosa y frecuentemente. Más aún: puede ocurrir que con una Comunión Espiritual muy fervorosa se reciban mayor cantidad de gracias que con una Comunión Sacramental recibida con poca devoción. Con la ventaja de que la Comunión Sacramental no puede recibirse más que una sola vez por día, y la Espiritual puede repetirse muchas veces.
Modo de hacerla
No se prescribe ninguna fórmula determinada, ni es necesario recitar ninguna oración vocal. Basta un acto interior por el cual se desee recibir la Eucaristía. Es conveniente, sin embargo, que abarque tres actos distintos, aunque sea brevísimamente:
a) Un acto de Fe, por el cual renovamos nuestra firme convicción de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Es excelente preparación para comulgar espiritual o sacramentalmente;
b) Un acto de deseo de recibir sacramentalmente a Cristo y de unirse íntimamente con Él. En este deseo consiste formalmente la Comunión Espiritual;
c) Una petición fervorosa, pidiendo al Señor que nos conceda espiritualmente los mismos frutos y gracias que nos otorgaría e l a Eucaristía realmente recibida.
Advertencias
1) La Comunión Espiritual, como ya dijimos, puede repetirse muchas veces al día. Puede hacerse en la iglesia o fuera de ella, a cualquier hora del día o de la noche, antes o después de las comidas.
2) Todos los que no comulgan sacramentalmente deberían hacerlo al menos espiritualmente, al oír la Santa Misa. El momento más oportuno es, naturalmente, aquel en que comulga el sacerdote.
3) Los que están en pecado mortal deben hacer un acto previo de contrición, si quieren recibir el fruto de la Comunión Espiritual. De lo contrario, para nada les aprovecharía, y sería hasta una irreverencia, aunque no un sacrilegio.
Autor: Antonio Royo Marín | Fuente: Teología Moral para Seglares
Para recapacitar...
Tiempo de Misericordia.
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lunes, 8 de febrero de 2016
domingo, 7 de febrero de 2016
Camino de salvación

El Señor de los ejércitos.
A Dios, en la Biblia, se lo nombra como el Señor de los ejércitos. Y debemos saber que si Dios tiene ejércitos, es porque hay guerra.
Efectivamente, desde los albores de los tiempos, se combate una guerra entre los ángeles de la luz y los espíritus de las tinieblas, encabezados los primeros por San Miguel Arcángel, y los últimos por Satanás.
Nosotros, los hombres, estamos implicados también en esta guerra santa, la única guerra santa, que se combate sin tregua y sin pausa, y de la que depende nuestra salvación eterna y la salvación de innumerables almas.
Pocos son los cristianos que tienen clara la idea de que son soldados de Cristo y que combaten a su servicio, y que en contra tienen a un enemigo formidable que los odia a muerte y que usa toda su inteligencia y dones de ángel caído, para arrastrarlos al mal y al abismo infernal.
Pocos también son los sacerdotes y obispos que adiestran y ponen en guardia a los fieles católicos sobre esta tremenda realidad, esta batalla entre el Bien y el Mal, y así muchísimos hombres no saben que forman parte de una guerra tremenda.
La Palabra de Dios es santa, y si se llama a Dios: “Señor de los Ejércitos”, es porque Dios tiene ejércitos y hay guerra.
Pero el mundo moderno no quiere creer en esta realidad, y dentro de la misma Iglesia Católica son pocos los que se preocupan por llevar adelante esta batalla, empleando los medios adecuados para repeler y derrotar al enemigo. De modo que los demonios y todo el ejército del mal, tienen prácticamente el terreno libre para actuar, y así vemos cosas cada vez más terribles en el mundo.
Es tiempo de que los cristianos despertemos del sueño en que estamos, adormecidos por el materialismo, engendro de Satanás, y que empuñemos las armas espirituales de la oración y la penitencia, que echemos mano a los Sacramentos y a los sacramentales como medallas, escapularios, agua bendita, exorcismos, pues si estamos pasivos ante el mal, nos perderemos para siempre.
El Señor ha instituido el sacramento de la Confirmación justamente para hacer de los fieles comunes, soldados elegidos para que participen en lo más reñido de la batalla.
La Confirmación es un sacramento grande, poco y mal explicado por quienes lo administran, de modo que no se aprovechan los recursos y dones que el sacramento da al confirmado, porque se desconoce para qué se ha sido confirmado.
Estamos en guerra, y la guerra es una cadena de batallas. La batalla actual es la mayor, y se hará cada vez más dura. Por eso nos tenemos que preparar concienzudamente a este combate, porque no sólo se decidirá nuestra salvación eterna particular, sino también la salvación o condenación eterna de muchísimas almas.
Debemos tener una especialísima devoción a María Santísima, Enemiga personal de Satanás, ya que es María la que conduce a los ejércitos de Dios para obtener, al final, su mayor triunfo, pues el Inmaculado Corazón de María triunfará, como la Virgen lo ha prometido en Fátima.
Efectivamente, desde los albores de los tiempos, se combate una guerra entre los ángeles de la luz y los espíritus de las tinieblas, encabezados los primeros por San Miguel Arcángel, y los últimos por Satanás.
Nosotros, los hombres, estamos implicados también en esta guerra santa, la única guerra santa, que se combate sin tregua y sin pausa, y de la que depende nuestra salvación eterna y la salvación de innumerables almas.
Pocos son los cristianos que tienen clara la idea de que son soldados de Cristo y que combaten a su servicio, y que en contra tienen a un enemigo formidable que los odia a muerte y que usa toda su inteligencia y dones de ángel caído, para arrastrarlos al mal y al abismo infernal.
Pocos también son los sacerdotes y obispos que adiestran y ponen en guardia a los fieles católicos sobre esta tremenda realidad, esta batalla entre el Bien y el Mal, y así muchísimos hombres no saben que forman parte de una guerra tremenda.
La Palabra de Dios es santa, y si se llama a Dios: “Señor de los Ejércitos”, es porque Dios tiene ejércitos y hay guerra.
Pero el mundo moderno no quiere creer en esta realidad, y dentro de la misma Iglesia Católica son pocos los que se preocupan por llevar adelante esta batalla, empleando los medios adecuados para repeler y derrotar al enemigo. De modo que los demonios y todo el ejército del mal, tienen prácticamente el terreno libre para actuar, y así vemos cosas cada vez más terribles en el mundo.
Es tiempo de que los cristianos despertemos del sueño en que estamos, adormecidos por el materialismo, engendro de Satanás, y que empuñemos las armas espirituales de la oración y la penitencia, que echemos mano a los Sacramentos y a los sacramentales como medallas, escapularios, agua bendita, exorcismos, pues si estamos pasivos ante el mal, nos perderemos para siempre.
El Señor ha instituido el sacramento de la Confirmación justamente para hacer de los fieles comunes, soldados elegidos para que participen en lo más reñido de la batalla.
La Confirmación es un sacramento grande, poco y mal explicado por quienes lo administran, de modo que no se aprovechan los recursos y dones que el sacramento da al confirmado, porque se desconoce para qué se ha sido confirmado.
Estamos en guerra, y la guerra es una cadena de batallas. La batalla actual es la mayor, y se hará cada vez más dura. Por eso nos tenemos que preparar concienzudamente a este combate, porque no sólo se decidirá nuestra salvación eterna particular, sino también la salvación o condenación eterna de muchísimas almas.
Debemos tener una especialísima devoción a María Santísima, Enemiga personal de Satanás, ya que es María la que conduce a los ejércitos de Dios para obtener, al final, su mayor triunfo, pues el Inmaculado Corazón de María triunfará, como la Virgen lo ha prometido en Fátima.
jueves, 4 de febrero de 2016
Lo importante, SALVAR EL ALMA

REFLEXIÓN DEL DÍA
Lo importante es salvar el alma.
Pocos son los que saben que lo único realmente importante en esta vida es salvar la propia alma. Pues efectivamente si perdemos el alma, si nos perdemos para siempre en el abismo infernal, lo habremos perdido todo para siempre. En cambio, si nos salvamos, seremos felices para toda la eternidad.
Por eso tantos santos se retiraron del mundo a hacer penitencia, pues se pusieron a considerar la palabra “eternidad”, y lo que ella significa; y entendieron que según fuera su vida en este mundo, les esperaría una eternidad de dicha sin fin, o de horror sin límites.
Entonces es muy bueno que tengamos presente que lo que realmente importa en este mundo es salvar el alma. Todo lo demás es cosa secundaria, aunque parezcan problemas graves, pues todo quedará de este lado del sepulcro, en cambio nuestra alma es sempiterna y existirá ya para siempre, en uno u otro lugar: Cielo o Infierno.
Si miramos todas las cosas a la luz del más allá, sí que entenderemos mejor las cosas que pasan en este mundo, porque ¿de qué sirve una vida de placer aquí, si luego se pierde el cuerpo y el alma en el Infierno eterno? Y ¿qué terrible puede ser una vida de dolor y sufrimiento en este mundo, si pronto tendrá un final, y luego se volará al Cielo a gozar para siempre de una Felicidad inenarrable?
Las cosas del mundo y de la vida cotidiana, adquieren una nueva dimensión vistas a la luz del más allá, porque esta vida en la tierra es muy fugaz. ¡Qué locura perder la eternidad de dicha, por gozar de un miserable y carnal placer en este mundo!
Estamos a tiempo todavía de dar el valor justo a cada cosa: a nuestra alma, la mayor atención, evitando el pecado y esforzándonos para adelantar en la virtud, lo cual será una buena inversión para el futuro, para cuando nos llegue la muerte y nos presentemos ante Jesucristo Juez en el juicio particular, donde recibiremos nuestra retribución eterna.
¿Qué importa si en este mundo somos unos fracasados, o sufrimos mucho, o vivimos en las desgracias, si después de esta corta vida nos espera la alegría del Cielo?
¿Y de qué sirve que lo pasemos bien en este mundo si luego nos tragará el abismo infernal?
Por ello tenemos que mirar todas las cosas a la luz del más allá, a la luz de la fe, con los ojos de Dios, y entonces tendremos la sabiduría de los santos.
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