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domingo, 20 de enero de 2019
martes, 9 de agosto de 2016
Sobre el Adulterio y el Divorcio - Mensaje de Jesús dado a María Valtorta.
Sobre el Matrimonio María Valtorta
Les quisimos compartir este pequeño audio de María Valtorta primero porque tiene aprobaciòn eclesiástica y dos, porque creemos que esta muy apropiado para la època que estamos viviendo hoy dìa respecto a la relajaciòn en cuanto al matrimonio y los divorciados vueltos a casar. Aquì queda mas que claro la visiòn de Dios respecto al matrimonio y la grandeza de este sacramento. No se contrapone de ninguna manera con la Sagrada Revelaciòn sino que por el contrario, la reafirma. Paz y Bien
Divorcio (Segun las Sagradas Escrituras y revelaciones a Maria Valtorta-El hombre Dios)
DIVORCIO
Las Sagradas Escrituras dicen: ”Se acercaron unos fariseos a Jesús y le preguntaron:
” ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?”.
Jesús respondió:
“¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, les hizo varón y mujer y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”? (Gen. 2,18). De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por consiguiente lo que Dios unió, no lo separe el hombre.”
Dijeronle:
“¿Por qué Moisés mandó dar documento de divorcio y repudiarla?” (Dt. 24,1). Él contestó: “Por vuestra dureza de corazón, os permitía repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así; y yo os digo: Quien repudia a su mujer, salvo en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio, y el que se casa con una repudiada, comete adulterio” (Mat. 5,27 y 19,3). “La mujer casada está ligada al marido mientras vive. Tenida por adúltera si se une o se casa con otro” (Rom. 7,12).
Jesús dice: “Mi mandato dice: Lo que Dios unió, no puede, por motivo alguno, separarlo el hombre” (Mat. 19,5). Porque separar equivale a incitar al adulterio.
El pecado del adulterio lo comete no sólo el que peca materialmente, sino también el que produce las causas del pecado, poniendo a una criatura en trance de pecar. Y vaya esto no sólo para los maridos que abandonan a sus mujeres y para las mujeres que abandonan a sus maridos, sino también para los padres de unos y de otros, que con perversa intención y egoísmo, meten cizaña entre los cónyuges. O para esos mendaces amigos de la casa, que con embustes o azuzando, forjan fantasmas entre los esposos hasta el punto de hacer insoportable la convivencia de ambos. En verdad os digo: si los esposos acertaran a vivir aislados, en su mútuo afecto y amor a sus hijos, el 90 % de las separaciones no se producirían” (Cuad. 44, pág. 468).
“Habéis oído: No cometerás adulterio”. Pues yo os digo: Quien mira a una mujer codiciándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón (Mat. 5,27). Pues ninguna razón justifica la fornicación; ninguna. Ni el abandono, ni el repudio del marido, ni la compasión hacia la repudiada. Tenéis un alma sólo. Cuando se une a otra por acto de fidelidad, que no diga mentira. De otra manera, el cuerpo bello con el que pecáis irá con vosotros, almas impuras, a las llamas” (Hombre Dios. Vol. 3, pág. 209).
“Sólo la muerte rompe el matrimonio. Acordáos de ello. Si hicisteis una elección infeliz, soportad las consecuencias como una cruz, siendo dos infelices; pero santos, sin hacer más infelices a los hijos, que son inocentes y sufren estas situaciones desventuradas. El amor a los hijos os debería hacer recapacitar” (Hombre Dios. Vol. 3, pág. 209).
“El marido que va a otros amores, es un asesino de su mujer, de sus hijos, y de sí mismo. El que entra en casa de otra(o) para cometer adulterio, es un ladrón. Se parece al cuco, que aprovecha el nido ajeno, sin gastos de su parte. Me provoca tanto asco la lujuria, que le vuelvo la cara; grito de asco a la lujuria” (Hombre Dios. Vol. 2, pág. 800).
“El que está lleno de castidad no tiene lugar para otros movimientos que no sean buenos; en él no penetra la corrupción. Yo vine para devolver a los hombres su realeza de hijos de Dios, enseÑándoles a vivir como dioses. Y Dios no es lujuria. Para mostrarlo tomé un cuerpo verdadero y sufrí las tentaciones humanas. Y decir al hombre después de haberle instruido: “Haced como yo”. Os parece imposible que fuese tentado sin haber caído. Os respondo: Sólo son pecadores los que quieren” (Hombre Dios. Vol. 10, pág. 2).
“El divorcio es una prostitución legalizada que pone al hombre y a la mujer en condiciones de cometer pecados de lujuria. La mujer divorciada difícilmente puede ser viuda de su varón, viuda fiel. El hombre divorciado jamás permanecerá fiel a su primer matrimonio. Tanto el uno, como el otro, al pasar a otras uniones, desciende del nivel de hombres al de animal, que puede cambiar de hembra según su apetito. La fornicación legal, peligrosa para la familia y la patria, es criminal para la prole. Los hijos de los divorciados juzgarán a sus padres. ¡Severo es el juicio de los hijos!. Por lo menos uno de sus padres recibe la condenación.
Y los hijos, por el egoísmo de sus padres, se ven condenados a una vida afectiva mutilada. Si a las consecuencias que acarrea el divorcio, por el que los inocentes se ven privados del padre o madre, se añade que uno de los cónyuges se vuelva a casar, quedan los hijos a la suerte desgraciada de una vida afectiva que mutiló un miembro que no está.
A esto se une otra mutilación: El afecto del otro miembro por el nuevo amor y por hijos que nacen de una nueva unión. Hablar de nuevas nupcias en los divorciados, es profanar el significado del matrimonio. Sólo la viudez puede justificar segundas nupcias. Yo sería de parecer, que es mejor bajar la cabeza ante la sentencia siempre justa de quien regula los destinos de los hombres, y encerrarse en una castidad, cuando la muerte ha puesto fin al matrimonio, dedicándose completamente a los hijos y amando al cónyuge que pasó a buena vida.
¡Pobres hijos!, saborear después de la muerte o destrucción del hogar, la dureza de un padrastro o madrastra, y la angustia de ver caricias que se condividen con otros hijos que no son hermanos. ¡No!. En mi religión no existirá el divorcio. Será adúltero el que se divorcie civilmente para contraernuevo matrimonio. La Ley humana no podrá cambiar mi decreto. El matrimonio en mi religión no será un contrato civil, le daré para que se convierta en Sacramento. Será un rito Sagrado. Este poder ayudará a cumplir santamente los deberes matrimoniales; pero también será la señal de la indisolubilidad del vínculo. Será un contrato espiritual que Dios sancionará por medio de sus ministros.
Nadie es superior a Dios; por eso lo que Dios hubiere unido, ninguna autoridad, ley o capricho humano podrá disolverlo. Por eso te digo: Si tu esposo te ha abandonado, yo no puedo sino ayudarte a que lleves la corona de espinas de las esposas abandonadas” (Hombre Dios. Vol. 9, pág. 657).
“Dios aprueba el matrimonio; tanto es así que yo lo hice Sacramento. Pues vi vuestra dureza de corazón cada vez mayor, cambié el precepto de Moisés, sustiyéndolo por Sacramento, con el fin de proporcionar ayuda a vuestras almas de cónyuges contra vuestra ilícita facilidad de repudiar lo primero que eligísteis para evitar nuevas uniones ilícitas que dañarían vuestras almas y las de vuestras criaturas.
Comete un error el que se escandaliza de una Ley puesta por Dios, y generalmente son éstos los más hipócritas. Adúltero y maldito es aquel que por capricho carnal o desenfreno moral, rompe una unión querida antes. Y si dice que el cónyuge le resulta pesado y repugnante, yo os digo: Que Dios dotó al hombre de discernimiento e inteligencia para que lo usaran; sobre todo, en caso de tan grande importancia como es la formación de una familia. Y aún digo más:
Si en principio se erró por ligereza o mal cálculo, es preciso soportar las consecuencias para no ocasionar mayores desgracias que recaen especialmente sobre el cónyuge más bueno y sobre inocentes forzados a sufrir más de lo que la vida trae consigo.
Si fuéseis cristianos verdaderos y no bastardos como sois, debería obrar en vosotros el hacer una sola alma que se ama en una sola carne, y no dos fieras que se odian atadas a una misma cadena.
Adúltero y maldito es aquel que tiene dos vidas conyugales, y con la fiebre del pecado en la sangre, y el olor del vicio en sus labios mentirosos, vuelve a su cónyuge y a sus inocentes con palabras mentirosas.
Nada hay que justifique vuestro adulterio. Nada. Ni el abandono, enfermedad del cónyuge, y, menos su carácter más o menos antipático. La mayoría de las veces es vuestra condición lujuriosa la que os hace ver antipático a vuestro compañero y compañera. Os empeñáis en verlo así para justificaros en vuestro comportamiento. El mundo se desquicia en ruinas, porque antes de desquebrajaron las familias” (Cuad. 43, pág. 366).
“Ninguna presión debe doblar vuestra autoridad (Sacerdotes) al proclamar: “No es lícito” a quien quiera contraer otra vez matrimonio, antes de que el cónyuge haya muerto. El matrimonio es un acto grave y santo. Y para demostrarlo asistí a las bodas y realicé mi primer milagro. ¡Ay si degeneran en capricho!” (Hombre Dios. Vol. 11, pág. 78).
“La separación legal no destruye el deber de que la mujer siga siendo fiel a su juramento de esposa. Ya dije que uno de los preceptos divinos es que la mujer es carne de la carne de su esposo, y nada, ni nadie, pude separar lo que Dios ha hecho una sola carne. ¿Puede, entonces, el cuerpo odiarse a sí mismo?. No. ¿Puede un miembro separarse del otro?. No. Tan solo la gangrena, la lepra o una desgracia pueden hacer que a un miembro se le corta del resto del cuerpo. Dios inspiró a Adán que los esposos deben ser una sola carne. La carne no se separa de la otra, sino por la muerte o enfermedad.
Ante la Justicia de Dios, la mujer abandonada o divorciada, es una infeliz. Pero si vuelve a casarse, es una pecadora y una adúltera. (Hombre Dios. Vol. 7, pág. 619 y vol. 9, pág. 656).Divorcio (Segun las Sagradas Escrituras y revelaciones a Maria Valtorta-El hombre Dios)
lunes, 23 de mayo de 2016
Formación católica
El matrimonio.
El matrimonio debe ser de uno con una y para toda la vida. No hay otra opción, puesto que Dios así lo dispuso y está en la misma naturaleza del hombre y del amor.
Hoy el demonio, autor de todo error y desviación, y lleno de odio contra Dios y la obra de Dios: el hombre, quiere hacernos creer que todo es igual, e incluso que las formas de uniones homosexuales son mejores que el matrimonio de un hombre con una mujer para toda la vida.
Estemos atentos porque detrás de todo esto está el demonio, que se burla de los hombres, considerándolos unos locos, que por un plato de lentejas cambian el Cielo por un placer rastrero.
Las uniones homosexuales atraen los castigos de Dios, como sucedió en Sodoma y Gomorra, y esto lo sabe muy bien Satanás, que hace de todo para promover esta desviación, porque él conoce a Dios y sabe que es Justo, además de Misericordioso, y que cuando se pasa la medida, Dios asesta el golpe. Así el diablo lleva a la humanidad entera por el camino del pecado, hasta que pase el límite, y entonces vendrá el castigo y serán muchos los arrojados al Infierno.
Debemos amar a todos los hombres, pero odiar con todas las fuerzas el pecado, causa de todo el mal que hay en el mundo.
domingo, 10 de marzo de 2013
Los diez mandamientos del matrimonio
Consejos para durar y ser felices
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Centrados en Dios y centrados el uno en el otro, eso está claro, pero ¿cómo conseguirlo? Algunos textos vienen en nuestro auxilio.
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Vivien Hoch, profesor y filósofo, redactor jefe de Itinerarium, ha recogido, a modo de Tablas de la Ley, diez mandamientos (algunos bíblicos, pero no todos) que sugiere tengan presentes los matrimonios cristianos para no perder nunca de vista los fines y los frutos del sacramento que recibieron. A cada uno de ellos añade un comentario, que sintetizamos aquí.
El principio básico es el siguiente: "Para mayor gloria de Dios, Cristo, Verbo del Padre, escogió desde siempre por el Espíritu Santo a los hombres para conducirlos por el mundo y, mediante su gracia, para que fundasen una familia unida por el Amor en la perfección sobrenatural, a imagen de la Santísima Trinidad, y en la perfección natural, a imagen de la Sagrada Familia".
El principio básico es el siguiente: "Para mayor gloria de Dios, Cristo, Verbo del Padre, escogió desde siempre por el Espíritu Santo a los hombres para conducirlos por el mundo y, mediante su gracia, para que fundasen una familia unida por el Amor en la perfección sobrenatural, a imagen de la Santísima Trinidad, y en la perfección natural, a imagen de la Sagrada Familia".
¿Cuál es el camino para alcanzar ese fin?
I. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente (Mt 22, 37).Ésta es la razón última por la que está el hombre sobre la faz de la tierra. Por tanto, Dios, su Amor y la Redención que nos concedió graciosamente mediante la muerte de su Hijo único debe ser el objeto, principio y fin de todas nuestras actividades, puesto que de ello dependen nuestra felicidad o nuestra desdicha, nuestra vida o nuestra muerte.
II. Por encima de todo está el amor (Col 3, 14-15).Poner el Amor por encima de todo consiste en adaptar el primer mandamiento a nuestra vida de pareja. La vida de pareja es una larga y difícil muerte de uno mismo, dándose todo al otro. Cuanto más se sacrifica uno por el otro, más muere a sí mismo y más vive Dios en él. En la vida de pareja hay que poner el Amor por encima de todas las cosas, y sobre todo por encima de uno mismo.
III.Ese Amor no puede desaparecer, porque viene de Dios (cfr. I Jn 4, 7).Mediante su Hijo Unigénito, Dios nos ha salvado de nosotros mismos para abrirnos al Amor, que es Él mismo. Justo porque ha elegido para nosotros el destino del Amor, este destino es eterno, y por tanto indestructible. Si el Amor parece faltar, o perderse, o cambiar, somos nosotros quienes lo percibimos así, pero no es Él en realidad. Él es incorruptible, mientras que nosotros somos corruptibles y cambiantes. Cualquier cosa que emprendamos, hay que hacerlo con la convicción inquebrantable de que el Amor existirá siempre en la pareja. Por tanto no se debe formular ni como hipótesis que todo pueda terminar algún día.Todo pensamiento de ese tipo viene del demonio, quien intenta siempre dividir y confundir los corazones.
IV. En y por ese Amor, formaremos una sola carne (Gn 2, 24).Como el Amor es el principio de la cohesión de la pareja, dos partes que fuera del Amor son distintas, en Él forman un único principio, un único ser, con todo lo que eso implica: esencialmente, una única voluntad, y por consiguiente la supresión de toda voluntad propia.Lo que uno quiere por su propia cuenta, sin el aval del otro o sin dárselo a conocer, no vale nada.
V. El principio de vid de nuestro matrimonio será el de la vida trinitaria de Dios.Hay que vivir uno del otro, y el otro del uno, siendo cada uno la imagen más brillante posible de lo que hay de más brillante en el otro: una procesión única, ininterrumpida y eterna de Amor. Uno solo ser en tres personas: el marido, la mujer y su vida divina.
VI. Seremos como dioses el uno para el otro (cfr. Jn 10, 34).No consiste en idolatrar al otro, sino en respetarlo en cuanto hemos elegido llegar a Cristo a través suyo. Considerar al otro como un dios es considerarse a sí mismo como inferior, más débil, esclavo. En cada incomprensión, considerarse causa de la incomprensión, considerar que los errores vienen de uno mismo y ver al otro como puro e inmaculado. En ese sentido, cada aparición del otro será un momento sagrado, y por eso e la familia la relación entre ambos seres será también sagrada.
VII. Ninguna palabra, pensamiento o acción quedará oculta (cfr. Mt 6, 6).Vivir en una única voluntad significa ya no vivir nunca solo. Es imposible ocultarse algo a sí mismo. Tampoco en la pareja. Desde el momento en el que pensamos no abrir nuestro corazón al otro sobre algo, viene el demonio y es un anuncio de grandes males. Los sentimientos y las pasiones sugieren constantemente miles de cosas que uno teme confiar a la otra parte. Pero no hay que confundir el Amor con la vida sentimental y pasional, y el mejor modo de no perderse en estas últimas es sacrificarlas por completo, con sufrimiento pero sin vergüenza, ofreciéndolas por Amor al otro. A Dios no se le puede ocultar nada, y si hacemos del otro nuestro camino para llegar a Dios, sería contradictorio ocultarle algo.
VIII. La desgracia de uno lo será de los dos, la alegría de uno lo será de los dos (Suma Teológica I-II, 28, 2).Dos seres, cada uno con su personalidad, pero viviendo en una sola carne y una sola voluntad, viven el doble de cosas y con intensidad doble. Vivir el doble de alegrías es vivir el doble de Dios, compartir un hecho o una pasión lo hace más intenso. Muertos a sí mismos, los dos seres de una pareja viven la misma viva divina bajo la misma modalidad, no pueden por tanto vivir una misma cosa de forma diferente.
IX. El alejamiento sólo puede ser temporal y material (cfr. Ps 138).Una misma carne, una misma vida divina y una misma voluntad en dos seres no puede separarse, aunque ambos seres puedan estar alejados temporal y materialmente. Viven una misma vida divina, pero esa vida divina es frágil y el demonio de este mundo es fuerte. No conviene alejarse demasiado tiempo ni demasiado a menudo, y es bueno que, estando separados, sólo piensen el uno en el otro.
X. Sólo Dios juzga nuestros esfuerzos comunes y unidos hacia Él (cfr. Ps 138).San Pablo nos dice que los sufrimientos del tiempo presente no son nada comparados con la gloria prometida. Pero a veces, durante ese largo y difícil camino, Dios, en su infinita bondad, se permite visitarnos, y una sola de esas visitas convierte toda desdicha en un capricho infantil. Así que en el camino que quienes se aman han escogido, tanto para su misión familiar como para su apostolado en el mundo, tendrán que ser santos, pero no a los ojos del mundo, sino a los ojos de Dios
I. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente (Mt 22, 37).Ésta es la razón última por la que está el hombre sobre la faz de la tierra. Por tanto, Dios, su Amor y la Redención que nos concedió graciosamente mediante la muerte de su Hijo único debe ser el objeto, principio y fin de todas nuestras actividades, puesto que de ello dependen nuestra felicidad o nuestra desdicha, nuestra vida o nuestra muerte.
II. Por encima de todo está el amor (Col 3, 14-15).Poner el Amor por encima de todo consiste en adaptar el primer mandamiento a nuestra vida de pareja. La vida de pareja es una larga y difícil muerte de uno mismo, dándose todo al otro. Cuanto más se sacrifica uno por el otro, más muere a sí mismo y más vive Dios en él. En la vida de pareja hay que poner el Amor por encima de todas las cosas, y sobre todo por encima de uno mismo.
III.Ese Amor no puede desaparecer, porque viene de Dios (cfr. I Jn 4, 7).Mediante su Hijo Unigénito, Dios nos ha salvado de nosotros mismos para abrirnos al Amor, que es Él mismo. Justo porque ha elegido para nosotros el destino del Amor, este destino es eterno, y por tanto indestructible. Si el Amor parece faltar, o perderse, o cambiar, somos nosotros quienes lo percibimos así, pero no es Él en realidad. Él es incorruptible, mientras que nosotros somos corruptibles y cambiantes. Cualquier cosa que emprendamos, hay que hacerlo con la convicción inquebrantable de que el Amor existirá siempre en la pareja. Por tanto no se debe formular ni como hipótesis que todo pueda terminar algún día.Todo pensamiento de ese tipo viene del demonio, quien intenta siempre dividir y confundir los corazones.
IV. En y por ese Amor, formaremos una sola carne (Gn 2, 24).Como el Amor es el principio de la cohesión de la pareja, dos partes que fuera del Amor son distintas, en Él forman un único principio, un único ser, con todo lo que eso implica: esencialmente, una única voluntad, y por consiguiente la supresión de toda voluntad propia.Lo que uno quiere por su propia cuenta, sin el aval del otro o sin dárselo a conocer, no vale nada.
V. El principio de vid de nuestro matrimonio será el de la vida trinitaria de Dios.Hay que vivir uno del otro, y el otro del uno, siendo cada uno la imagen más brillante posible de lo que hay de más brillante en el otro: una procesión única, ininterrumpida y eterna de Amor. Uno solo ser en tres personas: el marido, la mujer y su vida divina.
VI. Seremos como dioses el uno para el otro (cfr. Jn 10, 34).No consiste en idolatrar al otro, sino en respetarlo en cuanto hemos elegido llegar a Cristo a través suyo. Considerar al otro como un dios es considerarse a sí mismo como inferior, más débil, esclavo. En cada incomprensión, considerarse causa de la incomprensión, considerar que los errores vienen de uno mismo y ver al otro como puro e inmaculado. En ese sentido, cada aparición del otro será un momento sagrado, y por eso e la familia la relación entre ambos seres será también sagrada.
VII. Ninguna palabra, pensamiento o acción quedará oculta (cfr. Mt 6, 6).Vivir en una única voluntad significa ya no vivir nunca solo. Es imposible ocultarse algo a sí mismo. Tampoco en la pareja. Desde el momento en el que pensamos no abrir nuestro corazón al otro sobre algo, viene el demonio y es un anuncio de grandes males. Los sentimientos y las pasiones sugieren constantemente miles de cosas que uno teme confiar a la otra parte. Pero no hay que confundir el Amor con la vida sentimental y pasional, y el mejor modo de no perderse en estas últimas es sacrificarlas por completo, con sufrimiento pero sin vergüenza, ofreciéndolas por Amor al otro. A Dios no se le puede ocultar nada, y si hacemos del otro nuestro camino para llegar a Dios, sería contradictorio ocultarle algo.
VIII. La desgracia de uno lo será de los dos, la alegría de uno lo será de los dos (Suma Teológica I-II, 28, 2).Dos seres, cada uno con su personalidad, pero viviendo en una sola carne y una sola voluntad, viven el doble de cosas y con intensidad doble. Vivir el doble de alegrías es vivir el doble de Dios, compartir un hecho o una pasión lo hace más intenso. Muertos a sí mismos, los dos seres de una pareja viven la misma viva divina bajo la misma modalidad, no pueden por tanto vivir una misma cosa de forma diferente.
IX. El alejamiento sólo puede ser temporal y material (cfr. Ps 138).Una misma carne, una misma vida divina y una misma voluntad en dos seres no puede separarse, aunque ambos seres puedan estar alejados temporal y materialmente. Viven una misma vida divina, pero esa vida divina es frágil y el demonio de este mundo es fuerte. No conviene alejarse demasiado tiempo ni demasiado a menudo, y es bueno que, estando separados, sólo piensen el uno en el otro.
X. Sólo Dios juzga nuestros esfuerzos comunes y unidos hacia Él (cfr. Ps 138).San Pablo nos dice que los sufrimientos del tiempo presente no son nada comparados con la gloria prometida. Pero a veces, durante ese largo y difícil camino, Dios, en su infinita bondad, se permite visitarnos, y una sola de esas visitas convierte toda desdicha en un capricho infantil. Así que en el camino que quienes se aman han escogido, tanto para su misión familiar como para su apostolado en el mundo, tendrán que ser santos, pero no a los ojos del mundo, sino a los ojos de Dios
Un abrazo en Jesús Misericordioso y María Madre, en el amor del Espíritu Santo, bajo la protección paternal de San José y la mirada amorosa de Dios Padre.
Familia Mobilia
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