viernes, 18 de enero de 2019

El Rosario

                                       

         Lectura espiritual

Elena, convertida por el rosario.
Refiere el P. Bovio que había una prostituta llamada Elena; habiendo entrado en la Iglesia, oyó casualmente una predicación sobre el rosario; al salir se compró uno, pero lo llevaba escondido para que no se lo viesen. Comenzó a rezarlo y, aunque lo rezaba sin devoción, la santísima Virgen le otorgó tales consolaciones y dulzuras al recitarlo, que ya no podía dejar de rezarlo. Con esto concibió tal horror a su mala vida, que no podía encontrar reposo, por lo cual se sintió impelida a buscar un confesor; y se confesó con tanta contrición, que éste quedó asombrado.
Hecha la confesión, fue inmediatamente al altar de la santísima Virgen para dar gracias a su abogada. Allí rezó el rosario; y la Madre de Dios le habló así: “Elena, basta de ofender a Dios y a mí; de hoy en adelante cambia de vida, que yo te prometo colmarte de gracias”. La pobre pecadora, toda confusa, le respondió: “Virgen santísima, es cierto que hasta ahora he sido una malvada, pero tú, que todo lo puedes, ayúdame, a la vez que yo me consagro a ti; y quiero emplear la vida que me queda en hacer penitencia de mis pecados”.
Con la ayuda de María, Elena distribuyó sus riquezas entre los pobres y se entregó a rigurosas penitencias. Se veía combatida de terribles tentaciones, pero ella no hacía otra cosa que encomendarse a la Madre de Dios, y así siempre quedaba victoriosa. Llegó a obtener gracias extraordinarias, revelaciones y profecías. Por fin, antes de su muerte, de cuya proximidad le avisó María santísima, vino la misma Virgen con su Hijo a visitarla. Y al morir fue vista el alma de esta convertida volar al cielo en forma de bellísima paloma.
("Las Glorias de María" - San Alfonso María de Ligorio)
bendecir a Dios

Bendigamos a Dios.

Digámosle muchas veces a Dios: “Bendito seas Señor”, “Santo, Santo, Santo seas Señor”, “Alabado y ensalzado para siempre sea Dios”, y todas las alabanzas que nos vengan a la boca, junto con acciones de gracias, porque Dios es bueno infinitamente y quiere solo nuestro bien y el bien de todas sus criaturas.
Cuando sufrimos algo, eso no viene de Dios. Lo vemos claramente en el libro de Job en la Biblia, que es el demonio quien pone a prueba a las personas causándoles toda clase de males y adversidades, para obligarles a maldecir a Dios, para que quien sufre, acuse al Señor de todos los males que padece.
Pero el mal es una imperfección, y Dios es perfecto, y todo lo que hace Dios es perfecto. Si hay algún mal, no puede venir de Dios, porque Dios todo lo hace bien. Es Satanás, son los demonios y los hombres malvados los que hacen sufrir, y Dios lo permite para sacar bienes de los mismos males.
Cuando veamos a alguien sufrir, pensemos que no es Dios quien lo está haciendo sufrir, sino que sufre por el pecado, por obra del demonio, o de la crueldad de los hombres, pero no de parte de Dios.
Ojalá podamos decir siempre: “¡Bendito sea Dios!”. Aún en medio de los dolores y las pruebas más tremendas, decir “¡Bendito seas Señor!”, “¡Alabado seas y eternamente ensalzado!”. Entonces Satanás se verá obligado a reconocer que no ha podido con nosotros, que no ha conseguido el hacernos enemigos de Dios, no ha logrado que maldijéramos al Señor, sino todo lo contrario, que Le alabemos y Le demos gracias siempre, porque de Dios no nos vienen ningún mal, jamás.
Grabemos esta verdad a fuego en nuestro corazón, para llevarla a la práctica toda nuestra vida, y seguir creyendo en que Dios es bueno, a pesar de todas las apariencias en contra. Como lo hizo la Santísima Virgen, que a pesar de ver la tremenda injusticia de ver morir a su Hijo Jesús, no recriminó a Dios ni lo hizo culpable, sino que siguió creyendo y esperando en la bondad del Padre eterno, hasta que sonó la hora del triunfo y, pasada la prueba, consiguió el puesto más alto en el Cielo, inmediatamente después de Dios.


El milagro de Garabandal lo verá poca gente

lunes, 14 de enero de 2019

Eternidad - Adonde la queremos pasar?

eternidad

                      Vivir católico

Eternidad.
Si cada día dedicáramos cinco minutos a meditar esta palabra: “eternidad”, ¡cuántas cosas cambiarían en nuestra vida!, ¡qué diferente actuaríamos con los demás!, ¡cómo aprovecharíamos mejor el tiempo!
La meditación de esta palabra hizo que muchas personas se retiraran a los desiertos a hacer vida de oración y penitencia. ¡Cuántos santos han llegado a serlo por el solo hecho de meditar esta palabra!
Es que nosotros somos eternos. No eternos como Dios es eterno, sino que somos sempiternos, es decir, que Dios, desde el momento en que nos creó, ya no dejaremos de existir por los siglos de los siglos, por toda la eternidad.
El tema es dónde queremos pasar esa eternidad, porque hay solo dos lugares o estados en que pasaremos la eternidad, en que estaremos para siempre: en el Cielo, o en el Infierno. Y el destino depende de cómo vivamos en este mundo y, sobre todo, de cómo muramos: si en gracia de Dios o en pecado mortal.
Somos nosotros en carne y hueso y con nuestra propia alma que estaremos en uno o en otro lugar. Por eso es tiempo de reflexionar seriamente qué es lo que estamos haciendo de nuestra vida, qué hacemos con el tiempo de vida que Dios nos ha concedido.
Abramos los ojos porque Dios nos ha creado sin nosotros, pero no nos salvará sin nosotros. Él, en un acto de amor infinito, ha querido que existamos, y ya no dejaremos de existir jamás. Pensemos esto porque es una cosa muy seria. Estamos embarcados en una aventura que puede terminar en felicidad inimaginable y eterna, o en horror indescriptible y también eterno.





martes, 8 de enero de 2019

CONSEJOS para PAREJAS en este MUNDO tan CONFUNDIDO – P. Ángel Espinosa

"Por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará"


Por qué tanta desconfianza.

¿Por qué tenemos tanta desconfianza con las cosas que pasan en nuestras vidas, en las vidas de quienes amamos y en el mundo entero? ¿Acaso no creemos en un Dios que todo lo ve, que a todo provee, y que cuida hasta del pajarito que vuela y cae a tierra?
Lo que nos sucede es que tenemos poca o ninguna confianza en Dios, pues si creemos -como lo afirmamos muchas veces- que Dios es Todopoderoso y que a Él nada escapa de cuanto es, fue y será, y que todo lo que sucede es querido o, al menos, permitido por Dios, porque de ello sabe sacar bienes, entonces ¿por qué desconfiamos de Dios? ¿Por qué nos angustiamos tanto con las cosas que nos suceden y perdemos la paz tan fácilmente?
Tenemos poca o ninguna fe y confianza en Dios, y creemos que Él está lejos de nosotros y de las situaciones que nos tocan vivir. Pero tengamos presente que si Dios ha querido o permitido alguna “desgracia”, será para bien. Aunque ahora no lo entendamos, aturdidos por el dolor y el sufrimiento, esperemos un tiempo y comprobaremos que lo sucedido era lo mejor. Y si no lo reconocemos en este mundo, lo entenderemos en el más allá, que Dios todo lo gobernó para bien de los que lo aman.
En cuanto a nosotros no dejemos la oración, porque la oración nos ayuda a aceptar las cosas que pasan sin perder la confianza en Dios y en su Providencia amorosísima. Si rezamos poco, entonces confiaremos poco; y si rezamos mucho, entonces confiaremos mucho en Dios, y la confianza en Dios lo es todo, porque para Él no hay NADA imposible, y puede arreglar las situaciones más complicadas con sólo quererlo, y en un abrir y cerrar de ojos. Bendito sea Dios si arregla las cosas. Y bendito sea también Dios si no las arregla, porque todo será para bien.
Confiemos en Dios y, pase lo que pasare, no perdamos la confianza en Dios y, sobre todo, no perdamos la paz, porque el demonio, con las desgracias que causa en la tierra, quiere hacer perder la paz a los corazones, primer paso para llevarlos luego a la desesperación y al pecado. No le demos el gusto, y conservemos la paz en medio de las tempestades de la vida. Dios tiene todo bajo control y ABSOLUTAMENTE NADA ocurre sin que Él lo quiera o permita. Si lo ha querido o permitido, siempre es para bien. Y con este pensamiento vivamos en paz, sabiendo que Dios es bueno y nos ama infinitamente y cuida de nosotros, y hace fructificar nuestro dolor, como hizo rendir frutos eternos e infinitos a la pasión de su Hijo Jesús. También nosotros colaboramos a la redención de la humanidad, y que esto nos llene de una gran paz y alegría, sabiendo que no sufrimos en vano, sino para salvarnos nosotros y salvar a un número grande de almas.

sábado, 25 de agosto de 2018

Cuando sufro, pienso en Jesús, solo, en aquél sagrario de la Iglesia (Un Testimonio maravilloso)




Sabes que me encantan los testimonios. Son vivencias que nos muestran el gran amor que Dios nos tiene. Y las gracias que Jesús le brinda a los que lo visitan en los sagrarios del mundo.  Suelo compartirles algunos de las muchas que recibo, porque son edificantes y nos enseñan que no estamos solos en nuestra búsqueda.
Alrededor de este maravilloso mundo hay millones de personas que a diario entran a un oratorio para estar con Jesús frente al sagrario.
He descubierto en esos pequeños oratorios las respuestas a muchas de mis inquietudes. Es un ambiente de paz que invita a la oración y a permanecer en la presencia del amado Jesús.
Él siempre te acoge con ilusión. Pienso que le da tanta alegría verte cruzar la puerta de esa capillita, que te llena de regalos espirituales para que te animes a regresar.
Esta mañana mientras te escribía recibí una llamada telefónica que me sorprendió. Era una dulce abuelita que leyó mi libro EL SAGRARIO  y quería compartirme su experiencia con Jesús.
Le encanta ir al sagrario al terminar la misa de la mañana y allí se queda un buen rato para que nuestro Señor no se sienta solo. Tiene largas conversaciones con Él. Me dijo:
“A veces no sentimos que no está con nosotros, pero si está con nosotros. Llega un momento que siento su presencia y sé que está conmigo.
Cuando me están humillando o me ofenden o sufro por mi enfermedad pienso en Jesús, en ese sagrario, solitario, esperando, amando, y le ofrezco todo. Yo también quiero conocer a Dios porque Él es puro amor. Y yo necesito de ese amor, más que nunca.
Cuando voy al sagrario siempre le mando saludos suyos.
Cada sufrimiento, humillación y dolor lo ofrezco a Dios. Hay tanta necesidad de oración en el mundo. El que nos conoce a Dios jamás podría entender que un sufrimiento sirva para algo espiritual. Y yo, ya ve, estoy aprendiendo en el camino y ahora lo ofrezco todo. Le pido que cada dolor, tristeza, angustia que sufra, sirva para ayudar un alma en riesgo de perder su eternidad en el Paraíso”.
Cuánto amor por Jesús y por los demás. Lo ofrece todo, por personas que ni siquiera conoce. Y tiene toda la razón al hacerlo, no sabe cuánta.
La Virgen en 1917 les dijo a los pastorcillos en Fátima estas palabras sobrecogedoras e impactantes:
“Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores. Van muchas almas al infierno por no haber quien se sacrifique y rece por ellas”.
Tus oraciones y sacrificios y ofrecimientos tienen un valor que no imaginas. Reza, ofrece y persevera. El mundo tiene gran necesidad de oración.
¿Puedo pedirte un favor? Cuando vayas al sagrario a ver a Jesús, dile:“Claudio te manda saludos”. Ya sabes que me encanta sorprenderlo.
¡Ánimo! ¡La vida es maravillosa!
¡Dios te bendiga!