| "No puedo admitir y, como consecuencia, dispensarte de la meditación sólo porque te parezca que no sacas ningún provecho." (Santo Padre Pio de Pietrelcina) |
domingo, 30 de marzo de 2014
Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina
Lectio Divina - Domingo 30 de Marzo 2014 - Cuaresma
Lectio:
Domingo, 30 Marzo, 2014
Un ciego encuentra la luz
Los ojos se abren conviviendo con Jesús
Juan 9,1-41
1. ORACIÓN INICIAL
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
2. LECTURA
a) Clave de lectura:
El texto del evangelio de este cuarto domingo de cuaresma nos invita a meditar la historia de la curación de un ciego de nacimiento. Es un texto reducido, pero muy vivo. Tenemos aquí un ejemplo concreto de cómo el Cuarto Evangelio revela el sentido profundo escondido en los hechos de la vida de Jesús. La historia de la curación del ciego nos ayuda a abrir los ojos sobre la imagen de Jesús que cada uno lleva consigo. Muchas veces, en nuestra cabeza, hay un Jesús que parece un rey glorioso, ¡distante de la vida del pueblo! En los Evangelios, Jesús aparece como un Siervo de los pobres, amigo de pecadores. La imagen del Mesías-Rey, que tenían en la mente los fariseos les impedía reconocer en Jesús el Mesías-Siervo. Durante la lectura, tratemos de prestar atención a dos cosas: (i) el modo expedito y libre con el que el ciego reacciona ante las provocaciones de las autoridades, y (ii) el modo en el que el mismo, el ciego, abre los ojos con respecto a Jesús.
b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:
Juan 9,1-5: La ceguera ante el mal que existe en el mundo
Juan 9,6-7: El signo del “Enviado de Dios” que provocará diversas reacciones
Juan 9,8-13: La reacción de los vecinos
Juan 9,14-17: La reacción de los fariseos
Juan 9,18-23: La reacción de los padres
Juan 9,24-34: La sentencia final de los fariseos
Juan 9,35-38: La conducta final del ciego de nacimiento
Juan 9,39-41: Una reflexión conclusiva
Juan 9,6-7: El signo del “Enviado de Dios” que provocará diversas reacciones
Juan 9,8-13: La reacción de los vecinos
Juan 9,14-17: La reacción de los fariseos
Juan 9,18-23: La reacción de los padres
Juan 9,24-34: La sentencia final de los fariseos
Juan 9,35-38: La conducta final del ciego de nacimiento
Juan 9,39-41: Una reflexión conclusiva
c) Texto:
6 Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego 7 y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya viendo.
8 Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?» 9 Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.» 10 Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?» 11 Él respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: `Vete a Siloé y lávate.' Yo fui, me lavé y vi.» 12 Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?» Él respondió: «No lo sé.» 13 Lo llevan a los fariseos al que antes era ciego.
14 Era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15 Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.» 16 Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes signos?» Y había disensión entre ellos. 17Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» Él respondió: «Que es un profeta.»
18 No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista 19 y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?»20 Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. 21 Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.» 22 Sus padres decían esto por miedo a los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.»
24 Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» 25 Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.» 26 Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» 27Él replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?» 28Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.» 30 El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. 31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha.32 Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.» 34 Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?» Y le echaron fuera.
35 Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» 36 Él respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» 37 Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es». 38 Él entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
39 Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.» 40 Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Es que también nosotros somos ciegos?» 41Jesús les respondió: «Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: `Vemos', vuestro pecado permanece.»
3. UN MOMENTO DE SILENCIO ORANTE
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.
4. ALGUNAS PREGUNTAS
para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Qué parte del texto me ha llamado más la atención? ¿Por qué?
b) Dice el refrán popular: ¡No hay peor ciego que el que no quiere ver!¿Cómo aparece esto en la conversación entre el ciego y los fariseos?
c) ¿Cuáles son los títulos que Jesús recibe en el texto?¿De quién los recibe? ¿Qué significan?
d) ¿Cuál es el título que más me atrae? ¿Por qué? O sea, ¿cuál es la imagen de Jesús que yo tengo en la cabeza y que llevo en el corazón? ¿De dónde me viene esta imagen?
5. PARA AQUÉLLOS QUE DESEAN PROFUNDIZAR MÁS AUN EN EL TEXTO
a) Contexto en el que fue escrito el Evangelio de Juan:
Meditando la historia de la curación del ciego, es bueno recordar el contexto de las comunidades cristianas en Asia Menor hacia finales del siglo primero, para las cuáles fue escrito el Evangelio de Juan y que se identificaban con el ciego y con su curación. Ellas mismas, a causa de una visión legalista de la ley de Dios, eran ciegas de nacimiento. Pero, como sucedió para el ciego, también ellas consiguieron ver la presencia de Dios en la persona de Jesús de Nazaret y se convirtieron. ¡Fue un proceso doloroso! En la descripción de las etapas y de los conflictos de la curación del ciego, el autor del Cuarto Evangelio evoca el recorrido espiritual de la comunidades, desde la obscuridad hasta la plena luz de la fe iluminada por Cristo
b) Comentario del texto:
Juan 9, 1-5: La ceguera ante el mal que exite en el mundo
Viendo al ciego los discípulos preguntan: “Rabbí ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?” En aquella época, un defecto físico o una enfermedad era considerada un castigo de Dios. Asociar los defectos físicos al pecado era un modo con el cual los sacerdotes de la Antigua Alianza mantenían su poder sobre la conciencia del pueblo. Jesús ayuda a corregir sus ideas: “Ni él pecó ni sus padres, es para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Obras de Dios o lo que es lo mismo Signos de Dios. Por tanto, lo que era en aquella época signo de ausencia de Dios, será signo de su presencia luminosa en medio de nosotros. Jesús dice: “Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo”. El Día de los signos comienza a manifestarse cuando Jesús, “el tercer día” (Jn 2,1), realiza “el primer signo” en Caná (Jn 2,11). Pero el Día está por terminar. La noche está por llegar, porque estamos ya en el “séptimo día”, el sábado, y la curación del ciego es el sexto signo (Jn 9,14). La Noche es la muerte de Jesús. El séptimo signo será la victoria sobre la muerte en la resurrección de Lázaro (Jn 11). En el evangelio de Juan hay sólo siete signos, milagros, que anuncian el gran signo que es la Muerte y la Resurrección de Jesús.
Juan 9,6-7. El signo de “Enviado de Jesús” que produce diversas reacciones
Jesús escupe en la tierra, hace fango con la saliva, unta el fango sobre los ojos del ciego y le pide que se lave en la piscina de Siloé. El hombre va y vuelve curado. ¡Este es el signo! Juan comenta diciendo que Siloé significa enviado. Jesús es el Enviado del Padre que realiza las obras de Dios, los signos del Padre. El signo de este “envío” es que el ciego comienza a ver.
Juan 9,8-13: La primera reacción: la de los vecinos
El ciego es muy conocido. Los vecinos quedan dudosos: “¿Será ciertamente él? Y se preguntan: ¿Cómo, pues, se le han abierto los ojos? Aquel, que primero era ciego, atestigua: “Ese Hombre que se llama Jesús me ha abierto los ojos”. El fundamento de la fe en Jesús es aceptar que Él es un ser humano como nosotros. Los vecinos se preguntan: “¿Dónde está?” – “No lo sé”. Ellos no quedan satisfechos con la respuesta del ciego, y para aclarar el asunto, llevan al hombre ante los fariseos, las autoridades religiosas.
Juan 9, 14-17: La segunda reacción: la de los fariseos
Aquel día era un sábado y el día de sábado estaba prohibido curar. Interrogado por los fariseos, el hombre vuelve de nuevo a contarlo todo. Algunos fariseos, ciegos en su observancia por la ley, comentan: “¡Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado!”. Y no estaban dispuestos a admitir que Jesús pudiese ser un signo de Dios, porque curaba al ciego en sábado. Pero otros fariseos, interpelados por el signo, responden: “¿Cómo puede un pecador realizar semejantes signos?” ¡Y había disensión entre ellos! Y preguntaron al ciego: “¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?” Y él ofrece su testimonio: “¡Es un Profeta!”
Juan 9, 18-23: La tercera reacción: la de los padres
Los fariseos, llamados ahora judíos, no creían que hubiese sido ciego. Pensaban que se tratase de un engaño. Por esto mandaron llamar a los padres y le preguntaron: “¿Es éste vuestro hijo de quien vosotros decís que nació ciego?¿Cómo, pues, ve ahora?” Con mucha cautela los padres respondieron: “Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero, cómo ve ahora, no lo sabemos, ni quien le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. ¡Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo!”. La ceguera de los fariseos ante la evidencia de la curación produce temor en la gente. Y aquél que confesaba tener fe en Cristo Mesías era expulsado de la sinagoga. La conversación con los padres del ciego revela la verdad, pero las autoridades religiosas se niegan a aceptarla. Su ceguera es mayor que la evidencia de los hechos. Ellos, que tanto insistían en la observancia de la ley, ahora no quieren aceptar la ley que declara válido el testimonio de dos personas (Jn 8,17).
Juan 9, 24-34: La sentencia final de los fariseos con respecto a Jesús
Llaman de nuevo al ciego y le dicen: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. En este caso: “dar gloria a Dios” significaba: “¡Pide perdón por la mentira que hace poco has dicho!”. El ciego había dicho: “¡Es un Profeta!” Según los fariseos debiera haber dicho: “¡Es un pecador!” Pero el ciego es inteligente. Y responde: "Si es un pecador no lo sé. Sólo sé una cosa; que yo antes era ciego y ahora veo!" ¡Contra este hecho no hay argumentos! De nuevo los fariseos preguntan: “¿Qué hizo contigo?¿Cómo te abrió los ojos?” El ciego responde con ironía: “Os lo he dicho ya. ¿Es que queréis también vosotros haceros discípulos suyos?” Entonces le insultaron y le dijeron: “Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es”. Con fina ironía, de nuevo el ciego responde: “Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos”. “Si ése no fuese de Dios, no podría hacer nada”. Ante la ceguera de los fariseos, crece en el ciego la luz de la fe. Él no acepta el razonamiento de los fariseos y confiesa que Jesús viene del Padre. Esta profesión de fe le causa la expulsión de la sinagoga. Lo mismo sucedía en las comunidades cristianas de finales del primer siglo. Aquél que profesaba la fe en Jesús debía romper cualquier lazo de unión familiar y comunitario. Así sucede hoy también: aquél o aquélla que decide ser fiel a Cristo corre el peligro de ser excluido.
Juan 9,35-38: La conducta de fe del ciego delante de Jesús
Jesús no abandona a áquel que es perseguido por su causa. Cuando se entera de que lo han expulsado, se encuentra con el hombre, lo ayuda a dar otro paso, invitándolo a asumir su fe y le pregunta: “¿Tú crees en el Hijo del Hombre?” Y él le responde: ¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él? Jesús le dice: “Tú lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. El ciego exclama: “¡Creo,Señor!” Y se postró ante él. La conducta de fe del ciego delante de Jesús es de absoluta confianza y total aceptación. Acepta todo de parte de Jesús. Y es ésta la fe que sustentaba a las comunidades cristianas del Asia Menor hacia finales del siglo primero, y que nos sostiene hasta hoy.
Juan 9,39-41: Una reflexión final
El ciego que no veía, acaba viendo mejor que los fariseos. Las comunidades del Asia Menor que antes eran ciegas, descubren la luz. Los fariseos que pensaban ver correctamente, son más ciegos que el ciego de nacimiento. Encerrados en la vieja observancia, mienten cuando dicen que ven. ¡No hay peor ciego que el que no quiere ver!
c) Prolongando la visión:
- Los Nombres y Títulos que Jesús recibe
A lo largo de la narración de la curación del ciego, el evangelista registra varios títulos, adjetivos y nombres, que Jesús recibe de las más variadas personas: de los discípulos, del mismo evangelista, del ciego, de los fariseos, de Él mismo. Este modo de describir los hechos de la vida de Jesús formaba parte de la catequesis de la época. Era una forma de ayudar a las personas a aclarar las propias ideas respecto a Jesús y a definirse ante Él. Veamos algunos de estos nombres, adjetivos y títulos. La lista indica el crecimiento del ciego en la fe y cómo se aclara su visión.
* Rabbí (maestro) (Jn 9,1): los discípulos
* Luz del mundo (Jn 9,5): Jesús
* Enviado (Jn 9,7): el Evangelista
* Hombre (Jn 9,11): el ciego curado
* Jesús (Jn 9,11): el ciego curado
* No viene de Dios (Jn 9,16): algunos fariseos
* Profeta (Jn 9,17): el ciego curado
* Cristo (Jn 9, 24): el pueblo
* Pecador (Jn 9,24): algunos fariseos
* No sabemos de dónde es (Jn 9,31): el ciego curado
* Religioso (Jn 9,31): el ciego curado
* Hace la voluntad de Dios (Jn 9,31): el ciego curado
* Hijo del Hombre (Jn 9,35): Jesús
* Señor (Jn 9,36): el ciego curado
* ¡Creo, Señor! (Jn 9,38): el ciego curado
* Luz del mundo (Jn 9,5): Jesús
* Enviado (Jn 9,7): el Evangelista
* Hombre (Jn 9,11): el ciego curado
* Jesús (Jn 9,11): el ciego curado
* No viene de Dios (Jn 9,16): algunos fariseos
* Profeta (Jn 9,17): el ciego curado
* Cristo (Jn 9, 24): el pueblo
* Pecador (Jn 9,24): algunos fariseos
* No sabemos de dónde es (Jn 9,31): el ciego curado
* Religioso (Jn 9,31): el ciego curado
* Hace la voluntad de Dios (Jn 9,31): el ciego curado
* Hijo del Hombre (Jn 9,35): Jesús
* Señor (Jn 9,36): el ciego curado
* ¡Creo, Señor! (Jn 9,38): el ciego curado
- El Nombre: “YO SOY”
Para revelar el significado profundo de la curación del ciego, el Cuarto Evangelio recuerda la frase de Jesús: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 9,5). En otros diversos lugares, en respuesta a las preguntas que las personas hacen, incluso hoy, con respecto a Jesús: “¿Quién eres tú?” (Jn 8,25) o “¿Quién crees que eres?” (Jn 8,53), el evangelio de Juan repite esta misma afirmación: “YO SOY”:
*Yo soy el pan de vida (Jn 6,34-48)
* Yo soy el pan bajado del cielo (Jn 6,51)
* Yo soy la luz del mundo (Jn 8,12; 9,5)
* Yo soy la puerta (Jn 10, 7.9)
* Yo soy el buen Pastor (Jn 10,11,25)
* Yo soy la resurrección y la vida (Jn 11,25)
* Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6)
* Yo soy la vid (Jn 15,1)
* Yo soy rey (Jn (18,37)
* Yo soy (Jn 8,24.27.58)
* Yo soy el pan bajado del cielo (Jn 6,51)
* Yo soy la luz del mundo (Jn 8,12; 9,5)
* Yo soy la puerta (Jn 10, 7.9)
* Yo soy el buen Pastor (Jn 10,11,25)
* Yo soy la resurrección y la vida (Jn 11,25)
* Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6)
* Yo soy la vid (Jn 15,1)
* Yo soy rey (Jn (18,37)
* Yo soy (Jn 8,24.27.58)
Esta auto-revelación de Jesús llega a su culmen en la conversación con los judíos, en la que Jesús afirma: “Cuando levantéis en alto al Hijo del Hombre entonces conoceréis que YO SOY” (Jn 8,27). El nombre Yo soy es lo mismo que Yahvé, nombre que Dios se da en el Éxodo, expresión de su presencia liberadora entre Jesús y el Padre (Ex 3,15). La repetida afirmación YO SOY revela la profunda identidad entre Jesús y el Padre. El rostro de Dios resplandece en Jesús de Nazaret: “¡Quien me ve, ve al Padre!” (Jn 14,9)
6. ORACIÓN: SALMO 117 (116)
Un resumen de la Biblia en una oración
¡Aleluya!
¡Alabad a Yahvé, todas las naciones,
ensalzadlo, pueblos todos!
Pues sólido es su amor hacia nosotros,
la lealtad de Yahvé dura para siempre.
¡Aleluya!
¡Alabad a Yahvé, todas las naciones,
ensalzadlo, pueblos todos!
Pues sólido es su amor hacia nosotros,
la lealtad de Yahvé dura para siempre.
7. ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
Evangelio - IV Domingo de Cuaresma
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 9, 1.6-9.13-17.34-38
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego, y le dijo:
"Ve a lavarte a la piscina de Siloé" (que significa "Enviado").
El fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, comentaban:
"¿No es ése el que se sentaba a pedir limosna?"
Unos decían:
"Sí, es el mismo".
Otros, en cambio, negaban que se trataba del mismo y decían:
"No es él, sino uno que se le parece".
Pero el ciego decía:
"Soy yo".
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, pues en un sábado Jesús hizo lodo con su saliva y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
El les contestó:
"Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo".
Algunos de los fariseos comentaban:
"Este hombre no puede venir de Dios, porque no respeta el sábado".
Otros replicaban:
"¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?"
Y estaban divididos, y volvieron a preguntarle al ciego:
"Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?"
El contestó:
"Que es un profeta".
Le replicaron:
"¿ Es que pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás lleno de pecado desde que naciste?"
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
"¿Crees en el hijo del hombre?"
El ciego preguntó:
"Y quién es, Señor, para que crea en El?"
Jesús le dijo:
"Lo estás viendo: es el que está hablando contigo".
Entonces el hombre dijo:
"Creo, Señor".
Y se postró ante Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús
"Ve a lavarte a la piscina de Siloé" (que significa "Enviado").
El fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, comentaban:
"¿No es ése el que se sentaba a pedir limosna?"
Unos decían:
"Sí, es el mismo".
Otros, en cambio, negaban que se trataba del mismo y decían:
"No es él, sino uno que se le parece".
Pero el ciego decía:
"Soy yo".
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, pues en un sábado Jesús hizo lodo con su saliva y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
El les contestó:
"Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo".
Algunos de los fariseos comentaban:
"Este hombre no puede venir de Dios, porque no respeta el sábado".
Otros replicaban:
"¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?"
Y estaban divididos, y volvieron a preguntarle al ciego:
"Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?"
El contestó:
"Que es un profeta".
Le replicaron:
"¿ Es que pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás lleno de pecado desde que naciste?"
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
"¿Crees en el hijo del hombre?"
El ciego preguntó:
"Y quién es, Señor, para que crea en El?"
Jesús le dijo:
"Lo estás viendo: es el que está hablando contigo".
Entonces el hombre dijo:
"Creo, Señor".
Y se postró ante Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús
† Meditación diaria
Cuaresma. Cuarto domingo
LA ALEGRÍA EN LA CRUZ
— La alegría es compatible con la mortificación y el dolor. Se le opone la tristeza, no la penitencia.
Alégrate, Jerusalén; alegraos con ella todos los que la amáis, gozaos de su alegría..., rezamos en la Antífona de entrada de la Misa: Laetare, Ierusalem...1.
La alegría es una característica esencial del cristiano, y la Iglesia no deja de recordárnoslo en este tiempo litúrgico para que no olvidemos que debe estar presente en todos los momentos de nuestra vida. Existe una alegría que se pone de relieve en la esperanza del Adviento, otra viva y radiante en el tiempo de Navidad; más tarde, la alegría de estar junto a Cristo resucitado; hoy, ya avanzada la Cuaresma, meditamos la alegría de la Cruz. Es siempre el mismo gozo de estar junto a Cristo: “solo de Él, cada uno de nosotros puede decir con plena verdad, junto con San Pablo: Me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20). De ahí debe partir vuestra alegría más profunda, de ahí ha de venir también vuestra fuerza y vuestro sostén. Si vosotros, por desgracia, debéis encontrar amarguras, padecer sufrimientos, experimentar incomprensiones y hasta caer en pecado, que rápidamente vuestro pensamiento se dirija hacia Aquel que os ama siempre y que con su amor ilimitado, como de Dios, hace superar toda prueba, llena todos nuestros vacíos, perdona todos nuestros pecados y empuja con entusiasmo hacia un camino nuevamente seguro y alegre”2.
Este domingo es tradicionalmente conocido con el nombre de Domingo “Laetare”, por la primera palabra de la Antífona de entrada. La severidad de la liturgia cuaresmal se ve interrumpida en este domingo que nos habla de alegría. Hoy está permitido que –si se dispone de ellos– los ornamentos del sacerdote sean color rosa en vez de morados3, y que pueda adornarse el altar con flores, cosa que no se hace los demás días de Cuaresma4.
La Iglesia quiere recordarnos así que la alegría es perfectamente compatible con la mortificación y el dolor. Lo que se opone a la alegría es la tristeza, no la penitencia. Viviendo con hondura este tiempo litúrgico que lleva hacia la Pasión –y por tanto hacia el dolor–, comprendemos que acercarnos a la Cruz significa también que el momento de nuestra Redención se acerca, está cada vez más próximo, y por eso la Iglesia y cada uno de sus hijos se llenan de alegría: Laetare, alégrate, Jerusalén, y alegraos con ella todos los que la amáis.
La mortificación que estaremos viviendo estos días no debe ensombrecer nuestra alegría interior, sino todo lo contrario: debe hacerla crecer, porque nuestra Redención se acerca, el derroche de amor por los hombres que es la Pasión se aproxima, el gozo de la Pascua es inminente. Por eso queremos estar muy unidos al Señor, para que también en nuestra vida se repita, una vez más, el mismo proceso: llegar, por su Pasión y su Cruz, a la gloria y a la alegría de su Resurrección.
— La alegría tiene un origen espiritual, surge de un corazón que ama y se siente amado por Dios.
Alegraos siempre en el Señor, otra vez os digo: alegraos5. Con una alegría que es equivalente a felicidad, a gozo interior, y que lógicamente también se manifiesta en el exterior de la persona.
“Como es sabido, existen diversos grados de esta “felicidad”. Su expresión más noble es la alegría o “felicidad” en sentido estricto, cuando el hombre, a nivel de sus facultades superiores, encuentra la satisfacción en la posesión de un bien conocido y amado (...). Con mayor razón conoce la alegría y felicidad espiritual cuando su espíritu entra en posesión de Dios, conocido y amado como bien supremo e inmutable”6. Y continúa diciendo Pablo VI: “La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tiene otro origen: es espiritual. El dinero, el “confort”, la higiene, la seguridad material, no faltan con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza, forman parte, por desgracia, de la vida de muchos”7.
El cristiano entiende perfectamente estas ideas expresadas por el Romano Pontífice. Y sabe que la alegría surge de un corazón que se siente amado por Dios y que a su vez ama con locura al Señor. Un corazón que se esfuerza además para que ese amor a Dios se traduzca en obras, porque sabe –con el refrán castellano– que “obras son amores y no buenas razones”. Un corazón que está en unión y en paz con Dios, pues, aunque se sabe pecador, acude a la fuente del perdón: Cristo en el sacramento de la Penitencia.
Al ofrecerte, Señor, en la celebración gozosa del domingo, los dones que nos traen la salvación, te rogamos nos ayudes...8. Los sufrimientos y las tribulaciones acompañan a todo hombre en la tierra, pero el sufrimiento, por sí solo, no transforma ni purifica; incluso puede ser causa de rebeldía y de desamor. Algunos cristianos se separan del Maestro cuando llegan hasta la Cruz, porque ellos esperan la felicidad puramente humana, libre de dolor y acompañada de bienes naturales.
El Señor nos pide que perdamos el miedo al dolor, a las tribulaciones, y nos unamos a Él, que nos espera en la Cruz. Nuestra alma quedará más purificada, nuestro amor más firme. Entonces comprenderemos que la alegría está muy cerca de la Cruz. Es más, que nunca seremos felices si no nos unimos a Cristo en la Cruz, y que nunca sabremos amar si a la vez no amamos el sacrificio. Esas tribulaciones, que con la sola razón parecen injustas y sin sentido, son necesarias para nuestra santidad personal y para la salvación de muchas almas. En el misterio de la corredención, nuestro dolor, unido a los sufrimientos de Cristo, adquiere un valor incomparable para toda la Iglesia y para la humanidad entera. El Señor nos hace ver, si acudimos a Él con humildad, que todo –incluso aquello que tiene menos explicación humana– concurre para el bien de los que aman a Dios9. El dolor, cuando se le da su sentido, cuando sirve para amar más, produce una íntima paz y una profunda alegría. Por eso, el Señor en muchas ocasiones bendice con la Cruz.
Así hemos de recorrer “el camino de la entrega: la Cruz a cuestas, con una sonrisa en tus labios, con una luz en tu alma”10.
— Dios ama al que da con alegría.
El cristiano se da a Dios y a los demás, se mortifica y se exige, soporta las contrariedades... y todo eso lo hace con alegría, porque entiende que esas cosas pierden mucho de su valor si las hace a regañadientes: Dios ama al que da con alegría11. No nos tiene que sorprender que la mortificación y la Penitencia nos cuesten; lo importante es que sepamos encaminarnos hacia ellas con decisión, con la alegría de agradar a Dios, que nos ve.
““¿Contento?” —Me dejó pensativo la pregunta.
“—No se han inventado todavía las palabras, para expresar todo lo que se siente –en el corazón y en la voluntad– al saberse hijo de Dios”12. Quien se siente hijo de Dios, es lógico que experimente ese gozo interior.
La experiencia que nos transmiten los santos es unánime en este sentido. Bastaría recordar la confidencia que hace el apóstol San Pablo a los de Corinto: ... estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones13. Y conviene recordar que la vida de San Pablo no fue fácil ni cómoda: Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas; una vez fui lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé náufrago en alta mar; en mis frecuentes viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, en frecuentes ayunos, con frío y desnudez14. Pues bien, con todo lo que acaba de enumerar, San Pablo es veraz cuando nos dice:estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones.
Tenemos cerca la Semana Santa y la Pascua, y por tanto el perdón, la misericordia, la compasión divina, la sobreabundancia de la gracia. Unas jornadas más, y el misterio de nuestra salud quedará consumado. Si alguna vez hemos tenido miedo a la penitencia, a la expiación, llenémonos de valor, pensando en que el tiempo es breve y el premio grande, sin proporción con la pequeñez de nuestro esfuerzo. Sigamos con alegría a Jesús, hasta Jerusalén, hasta el Calvario, hasta la Cruz. Además, “¿no es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales?”15.
1 Is 66, 10-11. — 2 Juan Pablo II, Alocución, 1-III-1980. — 3 Misal Romano, Ordenación General, n. 308. — 4 Caeremoniale Episcoporum, 1984, n. 48. — 5 Flp 4, 4. — 6 Pablo VI, Exhor. Apos. Guadete in Domino, 9-V-1975, I. — 7 Ibídem. — 8 Oración sobre las ofrendas, Dom. IV de Cuaresma. — 9Cfr. Rom 8, 28. — l0 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, II, 3. — 11 2 Cor 9, 7. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 61. — 13 2 Cor 7, 4. — 14 2 Cor 11, 24-27. — 15 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, II.
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Otro comentario: REDACCIÓN evangeli.net
(elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)
La
luz de la fe: “Creo, Señor”
Hoy, Jesús cura a
un hombre ciego de nacimiento. La pregunta que el Señor Jesús dirige al que
había sido ciego constituye el culmen de la narración: “¿Crees tú en el Hijo
del hombre?”. Aquel hombre reconoce el signo realizado por Jesús y pasa de la
luz de los ojos a la luz de la fe: “Creo, Señor”.
Conviene destacar cómo una persona sencilla y sincera, de modo gradual, recorre un camino de fe: en un primer momento encuentra a Jesús como un “hombre” entre los demás; luego lo considera un “profeta”; y, al final, sus ojos se abren y lo proclama “Señor”. En contraposición a la fe del ciego curado se encuentra el endurecimiento del corazón de los fariseos que no quieren aceptar el milagro, porque se niegan a aceptar a Jesús como el Mesías.
—También nosotros a causa del pecado de Adán nacimos “ciegos”, pero en la fuente bautismal fuimos iluminados por la gracia de Cristo. El pecado había herido a la humanidad, pero en Cristo resplandece la novedad de la vida y la meta a la que estamos llamados.
Conviene destacar cómo una persona sencilla y sincera, de modo gradual, recorre un camino de fe: en un primer momento encuentra a Jesús como un “hombre” entre los demás; luego lo considera un “profeta”; y, al final, sus ojos se abren y lo proclama “Señor”. En contraposición a la fe del ciego curado se encuentra el endurecimiento del corazón de los fariseos que no quieren aceptar el milagro, porque se niegan a aceptar a Jesús como el Mesías.
—También nosotros a causa del pecado de Adán nacimos “ciegos”, pero en la fuente bautismal fuimos iluminados por la gracia de Cristo. El pecado había herido a la humanidad, pero en Cristo resplandece la novedad de la vida y la meta a la que estamos llamados.
Otro comentario: Rev. D. Joan Ant. MATEO
i García (La Fuliola, Lleida, España)
Vete,
lávate
Hoy, cuarto
domingo de Cuaresma —llamado domingo “alegraos”— toda la liturgia nos invita a
experimentar una alegría profunda, un gran gozo por la proximidad de la Pascua.
Jesús fue causa de una gran alegría para aquel ciego de nacimiento a quien otorgó la vista corporal y la luz espiritual. El ciego creyó y recibió la luz de Cristo. En cambio, aquellos fariseos, que se creían en la sabiduría y en la luz, permanecieron ciegos por su dureza de corazón y por su pecado. De hecho, «No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista» (Jn 9,18).
¡Cuán necesaria nos es la luz de Cristo para ver la realidad en su verdadera dimensión! Sin la luz de la fe seríamos prácticamente ciegos. Nosotros hemos recibido la luz de Jesucristo y hace falta que toda nuestra vida sea iluminada por esta luz. Más aun, esta luz ha de resplandecer en la santidad de la vida para que atraiga a muchos que todavía la desconocen. Todo eso supone conversión y crecimiento en la caridad. Especialmente en este tiempo de Cuaresma y en esta última etapa. San León Magno nos exhorta: «Si bien todo tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de la caridad, estos días de Cuaresma nos invitan a hacerlo de manera más urgente».
Sólo una cosa nos puede apartar de la luz y de la alegría que nos da Jesucristo, y esta cosa es el pecado, el querer vivir lejos de la luz del Señor. Desgraciadamente, muchos —a veces nosotros mismos— nos adentramos en este camino tenebroso y perdemos la luz y la paz. San Agustín, partiendo de su propia experiencia, afirmaba que no hay nada más infeliz que la felicidad de aquellos que pecan.
La Pascua está cerca y el Señor quiere comunicarnos toda la alegría de la Resurrección. Dispongámonos para acogerla y celebrarla. «Vete, lávate» (Jn 9,7), nos dice Jesús… ¡A lavarnos en las aguas purificadoras del sacramento de la Penitencia! Ahí encontraremos la luz y la alegría, y realizaremos la mejor preparación para la Pascua.
Jesús fue causa de una gran alegría para aquel ciego de nacimiento a quien otorgó la vista corporal y la luz espiritual. El ciego creyó y recibió la luz de Cristo. En cambio, aquellos fariseos, que se creían en la sabiduría y en la luz, permanecieron ciegos por su dureza de corazón y por su pecado. De hecho, «No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista» (Jn 9,18).
¡Cuán necesaria nos es la luz de Cristo para ver la realidad en su verdadera dimensión! Sin la luz de la fe seríamos prácticamente ciegos. Nosotros hemos recibido la luz de Jesucristo y hace falta que toda nuestra vida sea iluminada por esta luz. Más aun, esta luz ha de resplandecer en la santidad de la vida para que atraiga a muchos que todavía la desconocen. Todo eso supone conversión y crecimiento en la caridad. Especialmente en este tiempo de Cuaresma y en esta última etapa. San León Magno nos exhorta: «Si bien todo tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de la caridad, estos días de Cuaresma nos invitan a hacerlo de manera más urgente».
Sólo una cosa nos puede apartar de la luz y de la alegría que nos da Jesucristo, y esta cosa es el pecado, el querer vivir lejos de la luz del Señor. Desgraciadamente, muchos —a veces nosotros mismos— nos adentramos en este camino tenebroso y perdemos la luz y la paz. San Agustín, partiendo de su propia experiencia, afirmaba que no hay nada más infeliz que la felicidad de aquellos que pecan.
La Pascua está cerca y el Señor quiere comunicarnos toda la alegría de la Resurrección. Dispongámonos para acogerla y celebrarla. «Vete, lávate» (Jn 9,7), nos dice Jesús… ¡A lavarnos en las aguas purificadoras del sacramento de la Penitencia! Ahí encontraremos la luz y la alegría, y realizaremos la mejor preparación para la Pascua.
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Otro comentario: Una homilía escrita en África del Norte siglo
V-VI atribuida a San Fulgencio (467-532) PL 65, 880
"Nosotros somos la arcilla, tu
eres nuestro alfarero; nosotros todos somos obra de tus manos" (Is 64,7)
El que “ilumina a todo hombre viniendo al mundo”
(Jn 1,9) es el verdadero espejo del Padre. Cristo pasa en cuanto es espejo del
Padre (Hb 1,3) y deja lejos la ceguera de los ojos de los que no ven. Cristo,
que viene del cielo, pasa, a fin de que toda carne le vea…; El ciego, por sí
solo, no podía ver a Cristo, espejo del Padre… Cristo abrió los ojos del ciego
y en Cristo vio el espejo del Padre... El primer hombre fue creado luminoso, y
se encontró ciego cuando hizo caso a la serpiente: este ciego se puso en
condiciones de renacer cuando creyó… El ciego de nacimiento se quedó sentado…
sin reclamarle a ningún médico una pomada para curar sus ojos… El artesano del
universo viene y refleja en el espejo la imagen. Ve la miseria del ciego
sentado allí y pidiendo limosna. ¡Qué milagro de la fuerza de Dios! Cura lo que
ve, ilumina lo que visita…
El que creó el globo terrestre, ahora abrió los globos de los ojos del ciego… El alfarero que nos hizo (Gn 2,6; Is 64,7) vio estos ojos vacíos; los tocó mezclando su saliva con tierra y aplicando este lodo, formó los ojos del ciego… El hombre está formado por arcilla, la pomada de lodo…; La materia que primero había servido para formar los ojos luego los curó. Cuál es el prodigio más grande: ¿crear el globo del sol o recrear los ojos del ciego de nacimiento? El Señor, sobre su trono, hizo brillar el sol; recorriendo las plazas públicas de la tierra, permitió al ciego ver. La luz vino sin haber sido pedida, y sin súplica el ciego fue liberado de su imperfección de nacimiento.
_______________________________________________________________________________El que creó el globo terrestre, ahora abrió los globos de los ojos del ciego… El alfarero que nos hizo (Gn 2,6; Is 64,7) vio estos ojos vacíos; los tocó mezclando su saliva con tierra y aplicando este lodo, formó los ojos del ciego… El hombre está formado por arcilla, la pomada de lodo…; La materia que primero había servido para formar los ojos luego los curó. Cuál es el prodigio más grande: ¿crear el globo del sol o recrear los ojos del ciego de nacimiento? El Señor, sobre su trono, hizo brillar el sol; recorriendo las plazas públicas de la tierra, permitió al ciego ver. La luz vino sin haber sido pedida, y sin súplica el ciego fue liberado de su imperfección de nacimiento.
Otro comentario: Jesús cura
A todos los enfermos
curó Jesús, a todos los que querían ser curados, curó Dios, Jesús. Los
evangelios están llenos de las curaciones que Jesús, Dios, realizó. Incluso
devolvió la vida a varios que habían muerto.
Dios Ama a todos y
se compadece de los que sufren. Dios quiere una vida digna para todos.
Curó, repartió
comida, y salvó a todos. Tú estás salvado porque Dios murió por ti. Murió y
resucitó.
Todos mueren y
resucitan, unos a la vida eterna en el Cielo, otros a la vida eterna en el infierno.
Nadie se queda eternamente en la tierra, pero todos viven eternamente.
P. Jesús
sábado, 29 de marzo de 2014
Ancora de Salvación: Unción de los Enfermos
En muchas diócesis es "misión imposible" conseguir Sacerdote, no digamos de noche, sino siquiera fuera de horario "de oficina".
¿Qué se está enseñando en los seminarios?
En alguna diócesis incluso se ha cancelado el Servicios Sacerdotal de Urgencia (SSU)
El valor de un alma es infinito porque cada alma vale toda la Sangre de Cristo crucificado. Aunque hubiere pocos llamados, ¿no vale la pena?
Jesús no mide por el éxito estadístico sino el amor y el esfuerzo que se pone en salvar cada alma. ¿Acaso el buen pastor no atiende la urgencia de sus ovejas en peligro de muerte, dejando las 99 por una sola? ¿espera a que salga el sol para comprobar si ya fueron devoradas por el lobo?
¿Qué padre bueno no lo dejaría todo con tal de acompañar a su hijito en una enfermedad mortal?
El Beato Cura Brochero, no dudó en arriesgar la vida, al vendar los ojos de su mula para cruzar un río crecido, para darle la unción a un enfermo grave: "Cualquier día voy a permitir que el diablo me lleve un alma".
¿Quién es mi prójimo? Ojalá el día del Juicio, Jesús no tenga que decir: estuve enfermo y no me visitasteis, ni sanasteis con la confesión y unción, tuve hambre y no me disteis el "pan vivo".
La unción está vinculada a la salud física pero sobre todo a la espiritual que a) es más abarcativa que la pastoral de la salud física y b) requiere otras acciones, por ejemplo, formación.
Lamentablemente se ha extendido la falsa creencia de que la Divina Misericordia suple todo, aún sacramentos establecidos por el mismísimo Jesús, y por lo tanto no serían “tan” urgentes. Sin embargo, esto contradice lo recomendado por el Magisterio, Papas y santos: en la economía de la salvación, hay que poner los medios ordinarios como si no existieran los extra-ordinarios.
La pastoral de la salud no parece focalizarse en corregir falsas nociones que atentan contra el pedido de la unción, en especial "a la hora de la muerte":
1- La inexistencia de pecado mortal.
2- La inexistencia del infierno y purgatorio.
3- La incomprensión de que Dios exige perfección porque es perfectamente Justo.
4- La inexistencia de Juicio personal y final.
5- La despoblación total del infierno por un falso concepto de Misericordia Divina que subsana incluso el libertinaje de rechazar el perdón de Dios (“Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”)
6- El descreimiento en la realidad sobrenatural y eficacia del sacramento de la confesión, unción y comunión para la sanación y fortalecimiento físico y espiritual (incluyendo la conversión)
7- La no actuación o inexistencia de Satanás y sus demonios.
8- La inexistencia de una batalla final a la hora de la muerte donde seremos atacados por todo el poder de Satanás.
9- El descreimiento en la eficacia y valor de los sacramentales y la oración.
10- El sentido propiciatorio del dolor
También se podría aprovechar la unción como una “vacunación preventiva” grupal a los 70 años, tal como permitiría el Código de Derecho Canónico, y de paso, recordar la posibilidad del sacramento de la confirmación de adultos.
Si se “vacunara a toda la población”, sería mucho más difícil para Satanás llevarse almas al infierno. Es más, si a la hora de la muerte todos recibieran bien los sacramentos y/o se rezara la coronilla de la Divina Misericordia frente a los moribundos, tal como promete Jesús en esa devoción promovida por Juan Pablo II, se salvarían todas las almas de la diócesis: ¿acaso no es esa la prioridad de la Iglesia?
Por todo esto, parece que el SSU tendría que ser más abarcativo que la pastoral de la salud física y por lo tanto debiera ser un grupo independiente o que abarque también dicha pastoral.
Frases del Santo Padre Pío de Pietrelcina
"Muchas veces ignoramos que para crecer tenemos necesidad de pan duro; es decir, necesitamos cruces, pruebas, contradicciones."
(Santo Padre Pio de Pietrelcina)
¿Que enseñan San Agustin y San Gregorio sobre la Santa Misa?
San Agustín de Hipona San Gregorio Magno
-A la hora de tu muerte, tu mayor consuelo serán
las Misas que durante tu vida oíste.
-Cada Misa que oíste te acompañará en el tribunal divino
y abogará para que alcances perdón.
-Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal
que debes por tus pecados, en proporción con el fervor con
que la oigas.
-Con la asistencia devota a la Santa Misa, rindes el mayor
homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor.
-La Santa Misa bien oída suple tus muchas negligencias y
omisiones.
-Por la Santa Misa bien oída se te perdonan todos los pecados
veniales que estás resuelto a evitar, y muchos otros de que ni
siquiera te acuerdas.
-Por ella pierde también el demonio dominio sobre ti.
-Ofreces el mayor consuelo a las benditas ánimas del Purgatorio
-Consigues bendiciones en tus negocios y asuntos temporales.
-Una Misa oída mientras vivas te aprovechará mucho más que
muchas que ofrezcan por ti después de la muerte.
-Te libras de muchos peligros y desgracias en los cuales quizás
caerías sino fuera por la Santa Misa.
-Acuérdate también de que con ella acortas tu Purgatorio.
-Con cada Misa aumentarás tus grados de gloria en el Cielo.
-En ella recibes la bendición del Sacerdote, que Dios ratifica
en el cielo.
-Durante la Misa te arrodillas en medio de una multitud de
ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con
suma reverencia.
-Cuando oímos Misa en honor de algún Santo en particular,
dando a Dios gracias por los favores concedidos a ese Santo,
no podemos menos de granjearnos su protección y especial
amor, por el honor, gozo y felicidad que de nuestra buena obra
se le sigue.
-Todos los días que oigamos Misa, estaría bien que además de
las otras intenciones, tuviéramos la de honrar al Santo del día.
-La Misa es el don más grande que se puede ofrecer al Señor
por las almas, para sacarlas del purgatorio, librarlas de sus
penas y llevarlas a gozar de la gloria. – San Bernardo de Sena.
-El que oye Misa, hace oración, da limosna o reza por las almas
del Purgatorio, trabaja en su propio provecho. – San Agustín.
-Por cada Misa celebrada u oídas con devoción, muchas almas
salen del Purgatorio, y a las que allí quedan se les acortan
las penas que padecen. – San Gregorio el Grande, Papa.
-Durante la celebración de la Misa, se suspenden las penas de
las almas por quienes ruega y obra el Sacerdote, y especialmente
de aquellas por las que ofrece la Misa. –San Gregorio el Grande
-Se suplica que apliquen todas las indulgencias en sufragio de
las Almas del Purgatorio, pues Dios nuestro Señor, y ellas
recompensarán esta caridad.
-La Santa Misa es la renovación del Sacrificio del Calvario, el
mayor acto de adoración a la Santísima Trinidad. Por eso es
obligación oírla todos los domingos y fiestas de guardar.
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