martes, 12 de julio de 2016

Ángel de la Guarda

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Diario vivir

Ángel de la Guarda
Desde pequeños nos han enseñado que a nuestro lado hay un ángel puesto por Dios para que nos cuide y proteja. Pero a medida que hemos crecido, ya nos hemos olvidado de que ese ángel sigue estando a nuestro lado.
Es tiempo de que renovemos nuestra fe en nuestro Ángel Custodio, que Dios nos ha dado para que nos ayude a superar la prueba de esta vida y llegar felizmente al Cielo y evitar el Infierno.
Debemos tener más devoción a nuestro Ángel de la Guarda e invocarlo todos los días, en cada momento, porque él puede intervenir más, cuanto más lo invocamos. En cambio, si no lo llamamos en nuestro auxilio, él no puede hacer mucho por nosotros.
Pero pensemos un poco. Si Dios ha colocado un Ángel suyo a nuestro lado, es porque tenemos necesidad de él, ya que Dios nunca hace algo inútil. Y la necesidad es porque el demonio nos quiere llevar a la perdición y, si no tuviéramos con nosotros a nuestro ángel, estaríamos perdidos, porque el demonio es más fuerte que nosotros ya que es un ángel caído. Entonces por eso Dios nos ha dado un ángel para que la lucha sea más pareja.
Ahora bien, ¿qué pasará si nosotros no invocamos a nuestro ángel para que nos auxilie en este combate? Sucederá que seremos vencidos.
Para que esto no se realice, invoquemos y recémosle al Ángel de la Guarda con la sencilla oración que nos enseñaron de pequeños: “Ángel de mi Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, hasta que descanse en los brazos de Jesús, José y María”. O también la otra oración que nos enseña la Iglesia: “Ángel de Dios que eres mi custodio, ya que la Soberana Piedad me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén.”
Y si no, simplemente, llamémoslo en nuestro auxilio como llamamos a un amigo. Hablemos con él como con un hermano, porque es una verdad de fe que nuestro ángel siempre está con nosotros.
Todos los hombres tienen a su ángel, pero muchísimos no lo invocan y así su acción queda muy reducida e incluso anulada.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 9 de julio de 2016

En la enfermedad...


enfermos

Mensaje de confianza

Confiar aún en la enfermedad.
“Confianza”, decía [Jesús] también a la enferma abandonada que sólo de Él esperaba la cura, “tu Fe te ha salvado”.
(De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent)
Comentario:
Es fácil confiar en Dios cuando estamos rebosantes de salud y la vida nos sonríe. Pero es más difícil confiar en Dios y en su bondad infinita cuando nos sobreviene alguna enfermedad. Nos sentimos “castigados” por Dios, y como le sucedió al mismo Job, hasta nuestros amigos piensan para sus adentros que si nos sucede eso, será porque algo malo debemos haber hecho.
¡Qué distintos son los caminos de Dios a los caminos de los hombres! ¡Cómo ve distinto Dios a como ve el hombre!
¡En el Cielo nos vamos a llevar tantas sorpresas!
Porque hay que saber que una enfermedad bien llevada, generalmente nos hace ganar el Paraíso a nosotros y a muchos otros; y que la buena salud, en cambio, ¡a cuántos ha perdido para siempre en el abismo del Infierno!
Muchos solo quieren la buena salud para gozar más y más contra la Ley de Dios. Y a veces lo obtienen, porque el demonio, que es causa de todo mal, los preserva de la enfermedad para tenerlos en el Infierno y torturarlos por los siglos de los siglos.
¡Cuántas veces una enfermedad o dolor es como un sacudón que nos hace despertar de la vida de pecado que llevábamos y nos hace volver al buen camino!
Confiemos en Dios. Pidámosle en la oración que nos cure si estamos enfermos, pero solo si es de su agrado y voluntad, y si es un bien para nosotros, es decir, para alcanzar el Cielo.
Confiemos en Dios a pesar de las apariencias, porque sabemos que Dios todo lo puede y es Bueno, y no quiere nuestra ruina, sino que con la cruz nos ganemos el Paraíso.

La última luz - Juan Manuel de Prada

martes, 5 de julio de 2016

La última luz.


Son muchos los lectores que me escriben inquietos, algunos muy lastimados en sus creencias, otros en un estado de angustia próximo a la pérdida de la fe, suplicándome que me pronuncie sobre tal o cual desvarío eclesiástico. Durante muchos años ofrecí mi jeta desnuda para que me la partieran los enemigos de la fe; hasta que, cierto día, empezaron a partírmela también (¡y con qué saña!) sus presuntos guardianes. Hoy atravieso una noche oscura del alma de incierta salida; por lo que, sintiéndolo mucho, no puedo atender las solicitudes de mis lectores angustiados, sino en todo caso sumarme a su tribulación; en cambio, les recordaré un pasaje de las Escrituras que, en momentos tenebrosos, conviene tener presente, para que no muera la esperanza. Y estas líneas serán las últimas que dedique a esta cuestión desgarradora.
En una de las visiones del Apocalipsis se nos habla de la Gran Ramera, que “fornica con los reyes de la tierra” y “embriaga a las gentes con el vino de su inmoralidad”. Esta Gran Ramera es la religión adulterada, falsificada, prostituida, entregada a los poderes de este mundo; y es la antítesis de la otra mujer que aparece en el Apocalipsis, la parturienta vestida de sol y coronada de estrellas que tiene que huir al desierto, perseguida por la Bestia. Si la Gran Ramera simboliza la religión genuflexa ante los “reyes de la tierra”, la Parturienta representa la religión fiel y mártir. Estas dos facetas de la religión, que para Dios son perfectamente distinguibles, no lo son siempre para los hombres, que con frecuencia confunden a la una con la otra (a veces por candor, a veces por perfidia); y sólo serán plenamente distinguibles en el día de la siega, cuando se separen el trigo y la cizaña. Entretanto, para tratar de distinguir esta religión prostituida hemos de guiarnos por los indicios que nos brindó Cristo: es la religión convertida en sal sosa, es la religión que calla para que griten las piedras, es la religión que permite la “abominación de la desolación”, adulterando, ocultando y hasta persiguiendo la verdad. “Os expulsaran de la sinagoga –profetizó Cristo, en un último aviso a navegantes--. Y, cuando os maten, pensarán que están haciendo un servicio a Dios”. Evidentemente, no se estaba refiriendo a la persecución decretada por los reyes de la tierra, sino a la persecución mucho más pavorosa –misterio de iniquidad sumo— impulsada por la Gran Ramera.
¿Cómo fornica la Gran Ramera con los reyes de la tierra? Allanándose ante sus leyes, transigiendo ante su dictadura ideológica, callando ante sus aberraciones, codiciando sus riquezas y honores, aferrándose a los privilegios y brillos con que la han sobornado, para tenerla a sus pies; en resumen, poniendo los poderes de este mundo en el lugar que le corresponde a Dios. ¿Y cómo embriaga a las gentes con el vino de su inmoralidad? Adulterando el Evangelio, reduciéndolo a una lastimosa papilla buenista, enturbiando la doctrina milenaria de la Iglesia, cortejando a los enemigos de la fe, disfrazando de misericordia la sumisión al error, sembrando la confusión entre los sencillos, condenando al desconcierto y a la angustia a los fieles, a los que incluso señalará como enemigos ante las masas cretinizadas, que así podrán lincharlos más fácilmente. Al final esos fieles serán muy pocos; pero, a cambio, serán terriblemente visibles, provocando el odio de la religión prostituida, que los perseguirá hasta el desierto: “Y seréis odiados por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo”.
Entretanto, Dios mantendrá sus promesas sobre la permanencia e infalibilidad de sus palabras: “Cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”. Y esa última luz será nuestro único consuelo, mientras nos invade la noche oscura del alma.

Juan Manuel de Prada, Publicado en originalmente ABC, 3-Jul-2016

jueves, 7 de julio de 2016

Prefecto de la Congregación para el Culto Divino

¿de espaldas al pueblo o de Cara a Dios?
LONDRES, 06 Jul. 16 / 01:38 pm (ACI).- El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano, Cardenal Robert Sarah, propuso un importante cambio para la celebración de las Misas a partir del primer Domingo de Adviento de este año 2016.
En la conferencia inaugural del evento Sacra Liturgia UK 2016 que se realiza en Londres del 5 al 8 de julio, el Cardenal Sarah afirmó que “es muy importante que volvamos tan pronto como sea posible a una orientación común, de los sacerdotes y los fieles todos en la misma dirección: hacia el oriente o al menos hacia el tabernáculo”.
Cuando un sacerdote celebra la Misa Ad Orientem, en ciertas partes de la Misa mira de frente hacia el “este litúrgico”, es decir hacia el altar y de espaldas a la congregación. Esta es una práctica común en la forma extraordinaria de la Misa. De cara al pueblo, o versus populum, es la práctica extendida en la forma ordinaria de la Eucaristía.
Lo que sugiere el Cardenal Sarah, aunque no de manera oficial, sería una importante modificación en relación a la celebración de la Misa, desde que el Papa Emérito Benedicto XVI decidió liberalizar la forma extraordinaria –en latín y Ad Orientem– con el motu proprio Summorum Pontificum en julio de 2007.
El Purpurado africano pidió a los sacerdotes que sean prudentes en la implementación de la modificación que sugirió ayer en Londres.
“Así, queridos sacerdotes, les pido que implementen esta práctica en donde sea posible, con prudencia y con la necesaria catequesis, ciertamente, pero también con la confianza de pastor de que esto es algo bueno para la Iglesia, algo bueno para las personas”, afirmó.
El Cardenal propuso que comiencen “el primer Domingo de Adviento (27 de noviembre) este año, cuando esperamos ‘al Señor que viene’ y que no tardará”.
En la conferencia, el Cardenal Sarah explicó que el Papa Francisco le ha pedido comenzar un estudio sobre “la reforma de la reforma” para adaptar los cambios litúrgicos del Concilio Vaticano II, y que este estudio busca “el enriquecimiento las dos formas del rito romano”: la ordinaria y la extraordinaria.
¿Por qué celebrar la Misa Ad Orientem?
El 23 de mayo de este año, el Cardenal Robert Sarah concedió una entrevista a la revista francesa Famille Chretienne, en la que afirmó que “el mejor medio” para que Dios sea el centro de la liturgia es “celebrar –sacerdotes y fieles– todos en la misma dirección: hacia el Señor que viene. No se trata, como se entiende a veces, de celebrar de espaldas al pueblo o mirándolo. El problema no es ese”.
“Se trata de mirar todos juntos hacia el ábside que simboliza el oriente donde está el trono de la cruz del Señor resucitado”, precisó.
“Con esta manera de celebrar experimentaremos, también con el cuerpo, la primacía de Dios y de la adoración. Comprenderemos que la liturgia se trata en principio de nuestra participación en el sacrificio perfecto de la cruz”.
Además, explicó el Cardenal, con el Concilio Vaticano II “celebrar mirando al pueblo se convirtió en una posibilidad pero no es una obligación. La liturgia de la palabra justifica que se vean cara a cara el lector y el pueblo, el diálogo y la pedagogía entre el sacerdote y su pueblo. Pero como llegamos pronto al momento en que uno se dirige a Dios –desde el Ofertorio en adelante– es esencial que el sacerdote y los fieles miren juntos hacia el Oriente. Esto corresponde exactamente a lo que querían los padres conciliares”.
“Como Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, deseo recordar que la celebración Ad Orientem está autorizada por las rúbricas, que especifican los tiempos en que el celebrante debe volverse hacia el pueblo. Por lo tanto no es necesario tener un permiso especial para celebrar mirando al Señor”.
Que la liturgia no sea un espectáculo
En la entrevista con Famille Chretienne, el Prefecto también dijo que desea “alentar una gran reflexión sobre este tema para devolver la Eucaristía al centro de nuestra vida. Constato que muchas de nuestras liturgias se convierten en un espectáculo”.
“Con frecuencia –continuó– el sacerdote ya no celebra  el amor de Cristo a través de su sacrificio sino un encuentro entre amigos, un compartir, un momento fraterno. Al buscar inventar liturgias creativas o festivas corremos el riesgo de un culto demasiado humano, a la altura de nuestros deseos y de las modas del momento”.
El Purpurado africano explicó que con esta forma con la que algunos sacerdotes encaran la Misa “poco a poco los fieles se alejan de quien nos da la vida. ¡Para los cristianos la Eucaristía es un asunto de vida o muerte!”
“La liturgia es la puerta de nuestra unión con Dios. Si las celebraciones eucarísticas se transforman en auto-celebraciones humanas el peligro es inmenso porque Dios desaparece. Se debe comenzar por volver a poner a Dios al centro de la liturgia”.
El Cardenal Sarah advirtió también que “si el hombre es el centro de la liturgia, la Iglesia se convierte en una sociedad puramente humana, una simple ong, como ha dicho el Papa Francisco”.
“Si, en cambio, Dios está en el corazón de la liturgia, ¡entonces la Iglesia reencontrará su vigor y su savia! ‘En nuestra relación con la liturgia se juega el destino de la fe y de la Iglesia’, escribía de manera profética el Cardenal Joseph Ratzinger”.


















Comentario: otro inconveniente de consagrar como se hace ahora en la Misa ordinaria es que no queda bien que tenga que haber un crucifijo para “el pueblo” y otro para el Sacerdote y es mucho mejor que se vea al Sacerdote tomando la Sangre de Cristo en el Cáliz al elevarlo cerca del crucifijo.
El Sacerdote no celebraba de espaldas al “pueblo” (el también forma parte del Pueblo de Dios) sino que todos lo hacían cara al Crucifijo y Tabernáculo. Ahora, muchos ni saben dónde fue a parar el tabernáculo (¡haga una encuesta!) y el “pueblo” quedó de espaldas al crucifijo… perdón,  si es que lo conservan, porque muchísimos Sacerdotes ni saben que deben colocar un crucifijo frente a sí en el altar.
Ahora, para ganar la indulgencia parcial por rezar, después de comulgar, mirando al crucifijo, “Miradme O mi amado y buen Jesús”, hay que traérselo, porque no encontrarán ni uno sólo en toda la iglesia!!! En fin, el Diablo logró hacer desaparecer el símbolo más claro de la Divina Misericordia, y si no lo logró, Cristo crucificado quedó sobre el altar, de espaldas al “pueblo” o acostado en el altar sin que lo vea el “pueblo”. Diablo 1, Parroquia 0.
Una solución: poner el crucifijo en el altar frente al Sacerdote y otro más grande de frente al “pueblo”. Y aquí surge un problema: ¿dónde ponerlo? Porque en muchos lugares, han quitado los retablos que unían el altar con el tabernáculo. Era muy pedagógico mirar elevarse la Eucaristía durante la consagración, justo debajo de un Crucifijo, para recordarnos que la Misa es la actualización en tiempo presente del Sacrificio de Cristo. Entonces vamos comprendiendo la sabiduría de la tradición.



De a poco se van ordenando las cosas, hacia el Señor.
Un abrazo Familia Mobilia


























viernes, 10 de junio de 2016

El buen ejemplo..medio de evangelización

Lectura espiritual

Ejemplo 5.
Un buen ejemplo que convierte
Oracion02
Una clínica, un quirófano, y, tendida sobre la mesa de operaciones, una niña de muy pocos años.
La operación a practicar es francamente delicada, difícil; tres doctores en cirugía están presentes y dos médicos anestesistas.
–A ver, nena –dice uno de éstos–; cierra los ojitos, que vas a dormir.
–¡Pero si es de día! –replica la niña–; yo nunca duermo de día.
–No importa. Ahora vas a dormir. Cierra los ojitos...
El médico no quería que la niña viera la aguja con que la tenían que pinchar para anestesiarla. Y ella repetía lo mismo:
–Yo no duermo de día...
–Sin embargo, hoy tienes que hacerlo así; has de dormir para curarte... Anda, sé buena y cierra los ojitos...
–Bueno –dijo la pequeñita conformándose, pues comprendió muy bien que, tarde o temprano aquellos señores se saldrían con la suya. Pero añadió:
–Yo, antes de dormir, rezo siempre las tres Avemarías. ¿Me dejan que las rece?...
–Sí, puedes rezar tus tres Avemarías...
Y con toda sencillez, la niña se incorporó, se arrodilló, juntó sus manecitas, y empezó su oración de todas las noches: “Dios te salve, María,... Ruega por nosotros, pecadores...”
Luego, acabadas las tres Avemarías, se tendió en la mesa y, sin esperar otra recomendación, cerró sus inocentes ojos...
Ante aquel cuadro encantador, uno de los cirujanos se sintió profundamente enternecido, aunque lo disimuló, y aparentó permanecer imperturbable. Pero en cuanto pudo abandonar el quirófano, lo hizo diciendo a sus compañeros que ellos podían terminar la operación, no haciendo falta él. Entonces se retiró a su despacho, se cerró por dentro, se puso de rodillas y empezó a llorar. Llevaba muchos años alejado de la Iglesia, sin recibir los Sacramentos y sin hacer oración... Y salió de allí decidido a realizar una buena confesión y vivir en adelante según la Ley de Dios, porque le había transformado totalmente, haciéndole recordar la inocencia y fervor religioso de su niñez, aquella niña que no se dormía sin antes haber rezado sus tres Avemarías.

jueves, 9 de junio de 2016

Para una buena confesión y Buena Dirección Espiritual

Cómo obtener una Buena Confesión y una Buena Dirección Espiritual

La confesión y la dirección espiritual son como círculos que se superponen parcialmente: comparten algunas características comunes, pero sus centros, sus esencias, son distintos.


                      
La confesión es un sacramento y debe ser realizada por un sacerdote, mientras que la dirección espiritual es un consejo espiritual sólido y puede ser realizada también por un laico.

LA CONFESIÓN

La Dirección Espiritual es menos conocida que la Confesión. A veces se le llama Acompañamiento Espiritual y es una práctica muy antigua en la tradición judeo- cristiana como un medio para encontrar a Dios.
La esencia de la confesión es la gracia sacramental que Cristo da a nuestra alma a través del ministerio de su sacerdote.

Cuando abrimos nuestros corazones a él a través de un sincero arrepentimiento y la confesión sincera de nuestros pecados en el sacramento de la reconciliación, recibimos una infusión de la gracia que perdona nuestros pecados, fortalece nuestra debilidad espiritual (especialmente en relación con las conductas que confesamos), y aumenta el lazo de nuestra amistad sobrenatural con Cristo. 




Aumenta además las virtudes sobrenaturales de la fe, la esperanza y la caridad.
En la confesión, Dios actúa en nuestra alma en la forma en que un cirujano actúa sobre un paciente: directamente, profundamente, de manera que nunca podríamos reproducirlo por los esfuerzos meramente naturales.
Es por eso que no hay que preocuparse, incluso si el sacerdote que escucha nuestra confesión es taciturno, sordo, gruñón, en pecado mortal.
El sacerdote es instrumento de gracia de Dios dentro de este sacramento, no la fuente de esa gracia.


LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL

La esencia de la dirección espiritual es un consejo sólido.

El director espiritual nos ayuda a ver más claramente lo que Dios nos pide y cómo actúa en nuestras vidas. 

El director también nos ayuda a ver de manera objetiva la calidad de nuestra respuesta a Dios: ¿Estamos siendo dóciles y humildes, o estamos simplemente engañándonos a nosotros mismos para hacer lo que nos da la gana?
El director espiritual es como el terapeuta físico que nos ayuda a identificar los ejercicios que debemos estar haciendo para crecer espiritualmente, y luego nos ayuda a ajustar nuestro programa espiritual de trabajo con el fin de mantenernos efectivo y en la pista.
Este es un consejo muy valioso, pero es notablemente diferente al cirujano que realmente reconstruye una rotura de ligamentos o reconstruye un pulmón roto.
Esta es una de las razones por las que nada inhibe a los laicos para se conviertan en excelentes directores espirituales.
La ordenación no es necesaria, sólo una sólida formación en teología espiritual, una amplia experiencia personal en la vida espiritual y los dones del Espíritu Santo de conocimiento, discernimiento y consejo.
Pero Dios ha reservado el sacramento de la confesión a sus sacerdotes ordenados, con el fin de garantizar que actúa directamente en el mismo.

TERRENO EN COMÚN DE AMBOS

Sin embargo, a pesar de las esencias diferentes, las características secundarias de la confesión y la dirección espiritual a menudo pueden solaparse.

Un buen confesor da más que la absolución; también utiliza el sagrado momento en que esta persona está abriendo su corazón a Dios para recordarles de la bondad, el amor y la sabiduría de Dios.

Si detecta alguna confusión o frustración, tambiénpuede dar buenos consejos, así como un director espiritual haría. 
Si el penitente tiene preguntas o dudas, las respuestas del confesor y las resuelven.
La atmósfera de fe en la que el sacramento tiene lugar es incomparablemente propicia para la acción del Espíritu Santo y la docilidad del penitente en esa acción.
En los siglos pasados, de hecho, los laicos recibían normalmente la dirección espiritual en el sacramento. Irían al mismo sacerdote para confesarse regularmente, y este “confesor” se convertía en su padre espiritual, su director espiritual.
En tiempos más recientes, sin embargo, la práctica de tener dirección espiritual separada, que solía ser reservada para los religiosos consagrados, se ha extendido a los laicos también.
Esto está relacionado con la creciente importancia en la Iglesia de la vocación laical como una vocación a la santidad, tanto como una vocación religiosa es una llamada a la santidad.

EL CONFESOR Y DIRECTOR ESPIRITUAL

Algunos sacerdotes que son excelentes confesores incluso prefieren dar dirección espiritual en el sacramento de la confesión. Combinando ambas se hace una estancia larga en confesionario pero puede fructificar.

Si estás teniendo problemas para encontrar un director espiritual, es posible que desees dar una vuelta para descubrir que sacerdotes en su área tienen una reputación de ser confesores prudentes.

A continuación, puede ir a confesarse con ellos, y además de la confesión de tus pecados, también puedes mencionar en el sacramento que estás tratando de seguir un programa de crecimiento espiritual.
Entonces incluir como parte de tu confesión las áreas de trabajo espiritual en el que ha tenido dificultades en las últimas semanas.
Estas dificultades pueden ser imperfecciones (fallos inconscientes) más que pecados, pero al confesarlos expresas la delicadeza de tu amor a Cristo, y le dará el confesor una mayor comprensión de la situación de tu alma.
Entonces el sacerdote tendrá la oportunidad de darte consejos y orientación sólida antes de darte la absolución.
Puedes utilizar ese asesoramiento para ajustar tu programa de trabajo espiritual para las próximas semanas.
De esta manera, tu confesor puede doblarse como su director espiritual. La desventaja de esta disposición, sin embargo, es la falta de tiempo para conversar.
A menudo, lo que es más útil en la dirección espiritual es que la conversación se centre en las cosas espirituales. Necesariamente, los parámetros del sacramento reducen este tipo de discusión.
Por supuesto, la situación contraria también surge. A menudo, si un padre espiritual es también un sacerdote, es muy natural terminar la dirección espiritual con el sacramento de la confesión.
En este caso, el sacerdote tomará menos tiempo para ofrecer consejos y ánimo, lo que ya se ha dado en la dirección espiritual.
La desventaja de esta disposición (que por cierto no es un requisito), es la tendencia a diluir la propia conciencia de la acción de Dios a través del sacramento, una predilección para considerar el sacramento sólo como la cereza en el pastel de la dirección espiritual, por lo menos en un nivel subconsciente.
Ten en cuenta la diferencia esencial entre la confesión y la dirección espiritual. Si lo haces, entonces la superposición de características secundarias, puede tomar muchas formas diferentes, siempre para mejorar y nunca confundir su experiencia de ambas.

                        

CUALIDADES QUE DEBE TENER EL DIRECTOR ESPIRITUAL

Ante todo, que él o ella sea un hombre o mujer de oración, que conozca personalmente a Dios en la fe, en la oración, en los sacramentos.
Que sea una persona que lucha por vivir coherentemente su fe, que está en continua búsqueda por la santidad, y que ama y es fiel a lo que enseña la Iglesia.
Si, por ejemplo, un supuesto director espiritual te dice que algo que la Iglesia enseña no es verdad, es señal de que quizás no te convenga tanto…
Tú sigues a Cristo y el director espiritual te ayuda a caminar por la senda que nos marca la Iglesia.
Ten en cuenta que la dirección espiritual:

No es buscar consejo puntual ni ir de sacerdote en sacerdote.

Ni te apoyen diciéndote que lo haces todo bien.

No consiste sólo en desahogarse psicológicamente, como se hace en el marco de la amistad.

No es tampoco una simple búsqueda de consejo, como la que realizan tantas personas que acuden a los consultorios sentimentales y buscan orientación.

Ni es como ir al psicólogo, aunque el director debe tener conocimientos básicos de psicología y derivar a profesionales de la salud mental si hace falta esa ayuda.

No es lo mismo que el sacramento de la reconciliación, aunque en el confesionario a veces se plantean cuestiones de dirección, y una reunión de dirección puede empezar o acabar con Confesión.