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miércoles, 9 de abril de 2014

La Fidelidad a Dios - Reflexiones

                                    

La fidelidad a Dios

4. abril 2014 | Por  | Categoria: Reflexiones
En un mundo como el nuestro, que en grandes sectores está abandonando a Dios ―y hasta renegando de Él descaradamente―, va bien recordar el ejemplo de quienes nos han precedido en la fidelidad a Dios.  
Y hoy traigo un ejemplo luminoso, precisamente de un negro en los Estados Unidos, aunque no habremos de juzgar lo del día de hoy por lo que ocurría en el día de ayer… Pasó en una hacienda de Kentucky, en los tiempos de la esclavitud. El dueño, llamado Massa, tenía un criado de nombre Bob. Massa estaba orgulloso de Bob por la fidelidad que mostraba a su dueño y la piedad para con Dios. Un día llegan invitados a la hacienda, y en mala hora alabó Massa las grandes cualidades de Bob, el esclavo negro.
Uno de los invitados, furibundo esclavista, lanza el guante al dueño:
- Massa, te echo una apuesta: ¿a que yo hago renegar de Cristo a ese tu esclavo? ¿Cuánto te juegas? Me basta media hora para conseguirlo.
Massa cede cobarde y no quiere ni desairar al huésped ni perder la apuesta. Llaman al esclavo negro, y le ordenan sin más:
- Negro, o reniegas de Cristo, o te matamos a palos.
El pobre criado tiembla, y pide suplicante a su amo: -Massa, no; Massa no obrar bien. Cristo muerto por Bob. Te suplico, Massa.
Primera lluvia de azotes sobre las espaldas del negro, que suplica con lágrimas: -No, Massa. No, basta.
Nueva invitación: -Negro, ¿cedes o no?…
Otra negativa, y una segunda descarga de azotes despiadados. Sale la sangre a borbotones. La víctima no respira casi. Apenas se le oye decir, ya en agonía: -Massa, Bob no poder; Jesucristo morir por mí, yo morir por él.
El huésped, furioso, pierde la apuesta, y el dueño se muere de vergüenza. Al morir por su fe, Bob, el negro esclavo de alma muy blanca, había dado una lección soberana a aquellos blancos, libres pero de alma muy negra… (Docete 554,8,1)
Un caso como éste nos dice lo que es la fidelidad a Dios, llevada hasta el fin. Esa fidelidad, de la que hacemos gala todos, y que a veces puede exigir sacrificios muy grandes.
La fidelidad del hombre a Dios comienza por la fidelidad de Dios al hombre. Dios que nos conoce, se ha fiado de nosotros, nos ha confiado sus bienes, su gracia, sus promesas. Porque nos conoce, nos señala  el puesto en que cada uno va a desarrollar mejor sus cualidades, en el que mejor se va a realizar dentro de la vida. Porque nos conoce, Dios nos da y espera.
Hay en el Evangelio una parábola que podríamos llamar la estampa de la fidelidad. El dueño de la casa se marcha de viaje, y, en vez de meter el dinero en el banco, prefiere tenerlo en activo y confía su capital a los criados, a cada uno según sus cualidades.:
- Toma; tú, un millón… Tú, quinientos mil… Tú, cien mil… Negocien los tres.
Al regreso, el dueño cuenta con éxitos y fracasos. -Señor, toma dos millones… Señor, aquí tienes un millón. He duplicado tu capital… Señor, toma tus cien mil. Me dio miedo y los escondí…
Y vino la respuesta justa: -¡Magnífico tú!… ¡Muy bien por ti!… Entrad en el banquete de fiesta que os tengo preparado… Y tú, siervo inútil, ¡a la cárcel! No mereces otro sitio (Mateo 25,13; Lucas 19, 12)

Esto es lo que ha hecho Dios en la distribución de sus bienes dentro de la sociedad y de la Iglesia. . A cada uno le ha señalado el puesto, le ha dado el capital. Y le ha dicho:
- Tú, cásate. ¡Qué buen esposo y padre…, qué buena esposa y madre que vas a ser!…
- Tú, al revés, resérvate de una manera entera para mí Reino…
- Tú, serás un magistrado de primera, un político que va a hacer una gran bien a la patria…
- Tú, cultivarás la tierra de tal modo que tus campos recordarán a todos el paraíso…
- Tú, ingeniero, industrial, obrero capacitado, me vas a ayudar a mejorar notablemente la creación…
- Tú, maestra, secretaria, enfermera, serás un regalo para todos…
- Tú, enfermo, enferma, desde la cruz, acompañando al del Calvario, vas a hacer por el mundo lo que nadie se puede imaginar…
No fantaseamos cuando hablamos así. Porque así ha pensado y ha actuado Dios al confiarnos sus dones. Y Dios se queda esperando la respuesta, indicada por Jesucristo de una manera magistral en esa parábola del capital entregado a los criados.
¿Volvemos al magnífico negro de los azotes? ¿Por qué el querido esclavo de la finca fue capaz de soportar semejante atrocidad, hasta llegar a la donación suprema? Pues, muy sencillo. Porque cada día era fiel a su dueño, y  más que a su dueño de la finca, que se portó al final tan estúpidamente, a su Señor Jesucristo, el cual le daría —lo suponemos y lo sabemos— una recompensa inimaginablemente grande…
La fidelidad a Dios se manifiesta en la explotación intensa de lo que ha depositado en nuestras manos.
Para Dios, la simple pereza, el miedo tonto, el no hacer nada, ya son un crimen, porque indican un desprecio a aquel Dios y a aquel Jesucristo que se desbordan en generosidad con nosotros.
Y al revés, el trabajo esforzado nuestro en el cumplimiento del deber, le llena de satisfacción a Dios, pues —hablando a nuestra manera— le hacemos decir con orgullo divino: -¡No me equivoqué con éste!… Y ésta, ¡qué bien que me ha respondido!… Fieles ellos, ahora me toca mí llevar mi fidelidad hasta el fin, haciéndoles ver que soy fiel a mi promesa: ¡Aquí, conmigo! ¡Qué bien que la van a pasar los que se han ganado el premio prometido!…

domingo, 26 de enero de 2014

Fidelidad en la fe - Juan del Carmelo


Actualizado 25 enero 2014
Fidelidad en la fe

      Es esta la glosa número…, 28 que escribo sobre el tema de la fe ¿Y qué quiere decir esto? Pues que dada la importancia del tema de la fe, aún me parecen pocas, porque aquí en esta vida, aunque reconozcamos que de las tres virtudes teologales el amor es la primera, la fe es el cimiento del amor al Señor, si se carece de fe, la virtud del amor al Señor se nos derrumba como un azucarillo en un torrente de agua. Nadie puede amar a nadie, que no cree que exista y es por ello que teniendo la fe menos importancia en su esencia, que la virtud del amor, y sin embargo cuando enunciamos las tres virtudes teologales ponemos por delate en primer lugar la fe. Porque si no hay fe, ni forma de sembrarla en un corazón; apaga y vámonos.
            Cierto es que además de estas 28 glosas que llevo escritas y publicadas sobre la fe, en más de una y en libros y otros escritos míos, he sido reiterativo, en citas, aseveraciones y pensamientos sobre la fe, de lo cual no me arrepiento, porque nuestras mentes son muy ligeras y necesitan que se les repita todo, para ir asimilando, lo que lee. Esto nos pasa a todos y a mí me justifica, para ser reiterativo y tratar de lograr que el día de mañana todos nos encontremos en el cielo.
          La fuerza de la reiteración es tal, que frecuentemente en política se oye decir, que:Una mentira dicha cien veces se termina convirtiendo en una verdad. Esto desde luego es un gran sofisma, que los políticos de cada bando le atribuyen la autoría de este sofismo a un destacado miembro del bando contrario. Unos se la atribuyen a Stalin, y otros a Goebbels, según uno sea comunista o no. Desde luego la reiteración en la vida espiritual es buena y querida por Dios, a Dios le gusta que le reiteremos en la oración, hay tenemos por ejemplo el que nos puso el Señor en la parábola del juez inicuo. Pero como esto no es el tema de esta glosa, vallamos a lo nuestro.
            Fiel y fidelidad son dos términos que nos aluden a una virtud, plenamente relacionada con el tiempo. Tanto la perseverancia como la fidelidad son dos términos complementarios, vinculados al factor tiempo. Fidelidad expresa la condición de ser fiel, y ser fiel equivale, cuando se trata de personas, a ser exacto o igual a alguien. Ser fiel a Ti Señor, es tratar de asemejarse a Ti, y para semejarse a Ti, hay que amarte, pues como dice San Juan de la Cruz, el amor asemeja, y Tú eres amor y nada más que amor (1Jn 4,16).. Pero la fidelidad necesita una proyección en el tiempo, y es entonces cuando surge el término perseverancia.
            El hombre de todas las épocas ha estimado mucho la fidelidad, sobre todo como esencia de sus ejércitos. Un soldado que no es fiel a su juramento y no le da su debida fidelidad a su patria, es reo de crimen, mucho más en épocas de guerras. Una persona consagrada que no es fiel a sus votos es también reo del quebrantamiento de sus votos. El tiempo de la fidelidad puede ser parcial pero generalmente comprende todo el periodo de una vida. En materia espiritual, resultaría absurdo decirle al Señor: Soy fiel cumplidor de tus mandamientos, pero solo por un periodo de cinco años. En materia de nuestra vida espiritual y relaciones con el Señor, Él lo pide todo y es todo el tiempo de nuestra vida en este mundo el periodo de tiempo en que tenemos que ser fieles a su amor. Si de verdad deseamos ser fieles al Señor, tomemos ejemplo de nuestros perros.
            Pero si carecemos de fe, ya lo hemos escrito más arriba: Apaga y vámonos. Por ello la fidelidad en la fe es esencial. Es por ello que el Señor nos dejó dicho: “Quien es fiel en lo pequeño, también lo es en lo grande”. (Lc 16,10). Nuestra fe puede ser grande o pequeña, pero aunque sea pequeña, si somos fieles a ella y perseveramos, terminará por hacerse grande. Siempre he pensado y comprobado en mis propias carnes, que la fe no es una categoría absoluta y nadie puede decir honradamente tengo o no tengo fe, porque las categorías del tamaño de la fe que una persona pueda tener varia extraordinariamente. Nadie puede decir, he alcanzado un buen grado de fe y desde ahora yo ya no tengo porque preocuparme de este tema. ¡Insensato! no sabes que satanás, tal como nos dice San Pedro, es un león rugiente que continuamente está dando vueltas buscando a quien devorar. Nadie escapa a las dudas de fe, hoy mismo en una comparecencia del papa Francisco, suprimiré lo de primero tal como a él le gusta, manifestaba en un video que hasta el mismo había tenido dudas de fe.
            Las dudas de fe en contra de lo que se pueda suponer son una buena cosa, porque estos ataques demoniacos a nuestra fe, nos hacen pensar dos cosas importantes: si el demonio se está ocupando de mí es que mi vida espiritual le molesta. El demonio nunca pierde tiempo ni la ocasión, por lo que nunca se le ocurre trabajar en balde creándole dudas de fe a un no creyente. Y la segunda es que si vencemos las dudas, hemos aumentado nuestra gloria, costa del demonio, pero no por ello pensemos que él se da por vencido y tira la toalla, volverá siempre a la carga aunque de distinta forma por distintos caminos. Nuestra gran aliada es la divina gracia que si la pedimos, nunca nos faltará.
            “El fraile dominico Bonaventure, Perquin, escribe diciéndonos: “Todas las pruebas que componen la gran prueba en que consiste la vida misma, nos ponen de manifiesto que la única seguridad es nuestra fe  en el poder del Padre y en su amor misericordioso, en su sabiduría y en su providencia, Dios es siempre fiel, incluso hasta cuando parece que nos desposee de toda nuestra seguridad natural”. Desde luego que es en la fidelidad de Dios donde hemos de apoyar nuestra fidelidad a Dios. San Pablo en su segunda epístola a Timoteo, escribe: “Verdadera es la palabra: Que si padecemos con Él, también con Él viviremos. 12 Si sufrimos con Él, con Él reinaremos. Si le negamos, también Él nos negará. 13 Si le fuéramos infieles, Él permanecerá fiel, que no puede negarse a sí mismo”.(2Tm 2,11-13).
            El papa Juan Pablo II, en una de sus múltiples viajes, concretamente en uno a México, dijo: “Toda fidelidad debe de pasar por la prueba más exigente: la duración... Es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación. Y solo puede llamarse fidelidad a una coherencia que dura toda una vida”.
            Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.