miércoles, 27 de febrero de 2019

El Santo Rosario

                        Mensaje sobre el Santo Rosario

Predicar el Rosario.
El establecimiento del santo rosario en forma tan milagrosa guarda cierta semejanza con la manera de que se sirvió Dios para promulgar su ley en el monte Sinaí y manifiesta claramente la excelencia de esta maravillosa práctica. Santo Domingo, iluminado por el Espíritu Santo e instruido por la Santísima Virgen y por su propia experiencia, dedicó el resto de su vida a predicar el santo rosario, con su ejemplo y su palabra, en las ciudades y los campos, ante grandes y pequeños, sabios e ignorantes, católicos y herejes. El santo rosario –que rezaba todos los días– constituía su preparación antes de predicar y su acción de gracias después de la predicación.
Comentario:
Como Apóstoles del Rosario tenemos la bendita misión de predicar el Rosario a los cuatro vientos y, como Santo Domingo, hacer de esto el fin de nuestra vida.
¡Qué felices seremos ya desde esta tierra si dedicamos nuestra vida a difundir el Rosario! Porque la Virgen no se dejará ganar en generosidad, y si somos tan generosos de propagar su Rosario entre los hombres, Ella hablará en nuestro favor ante su divino Hijo, y estaremos salvados para siempre.
El Beato Bartolo Longo escuchó una voz interior que le decía que “el que propaga el Rosario se salva”, y así hizo la promesa de propagar el Rosario en Pompeya, hasta construir un santuario y así ahora está dichoso en el Cielo, a pesar de haber tenido una vida muy mundana, e incluso de haber incursionado en el espiritismo y casi consagrado su alma al diablo. Pero con este apostolado de difundir el Rosario, todo quedó saldado y la Virgen le obtuvo la Felicidad eterna.
Nosotros también debemos hacer lo mismo, porque nuestros pecados son muchos y muy graves, por lo cual predicando el Rosario nos salvaremos y haremos un inmenso bien a las almas, a la patria y a la humanidad toda, porque quien reza el Rosario se salva, y quien lo predica, también se salva.

martes, 19 de febrero de 2019

La Oración.....

Perdonar



Vivir católico


Perdonar.
Una de las cosas en que más ha insistido el Señor en el Evangelio es en el perdón. Porque Él bien sabe que perdonar es señal de que se va por el buen camino, se conoce y, sobre todo, se practica el Evangelio.
Perdonando al hermano que nos ha ofendido, o que creemos que nos ha ofendido, es como nos ganamos el perdón de Dios para nosotros. Si queremos que Dios nos perdone nuestros pecados, tenemos que aprender a perdonar todo y a todos.
Pero es que, además, nos conviene perdonar porque quien guarda rencor y odio, se hace mal a sí mismo, se cierra al perdón de Dios y no tiene paz en su alma, dando lugar a los deseos de venganza, y por ende a que el demonio influya en su vida.
Cuando más perdonamos, tanto más nos parecemos a Dios y somos así dignos hijos suyos, porque Dios perdona todo y a todos sin límites.
A veces necesitamos la ayuda divina para perdonar, porque tenemos mucha amargura por la ofensa recibida y nos cuesta hacer borrón y cuenta nueva. Por eso tenemos que rezar pidiendo ayuda para perdonar. Como los discípulos que le pidieron al Señor que les aumentara la fe para poder perdonar setenta veces siete, es decir, siempre. Y nosotros tenemos que hacer lo mismo: pedirle al Señor que nos aumente la fe, la caridad, para perdonar de corazón a quien nos ha ofendido.
Éste es uno de los secretos que Jesús nos ha dado. Así como nos ha dicho que quien sea misericordioso con los hermanos, obtendrá misericordia de Dios; así también nos da el secreto de que quien perdone mucho, recibirá el perdón completo de Dios. ¡Y cuánto necesitamos del perdón divino!
Jesús nos ha dicho que a quien se le perdona poco, poco ama. Por eso tal vez nosotros no perdonemos ni amemos mucho al prójimo, porque tal vez nos parece que Dios nos ha perdonado poco. Pero Dios nos ha perdonado mucho. Ya solamente con el bautismo que hemos recibido, Dios nos ha sacado del dominio de Satanás para hacernos hijos suyos por la gracia.
También por eso es que muchas veces vemos a los más grandes perdonadores entre los mayores pecadores, porque éstos saben cuánto necesitan del perdón de Dios, y perdonan mucho a sus hermanos para obtener el perdón divino en abundancia, completamente.

viernes, 8 de febrero de 2019

Donde esta tu corazón?


Mensaje espiritual

¿Dónde está nuestro corazón?
Nuestro corazón está allí donde está nuestro tesoro. ¿Y dónde está nuestro tesoro? ¿En un banco, en una caja fuerte, en un garage, en una mansión?
Pongamos nuestro corazón en el verdadero Tesoro que es Dios, en las buenas obras, porque lo material tarde o temprano lo perderemos.
¿Por qué no nos llevamos las cosas materiales, lo que amamos en este mundo, al Cielo? Si queremos llevarlos, démosle un uso cristiano. Sirvamos a nuestros hermanos con los bienes que Dios nos ha confiado, y entonces así los llevaremos al Cielo.
Ya nos dice el Señor en el Evangelio que allí donde esté nuestro tesoro, estará también nuestro corazón. Y por lo tanto se puede decir también que el corazón se encuentra donde está nuestro tesoro. Entonces no pongamos el corazón en las cosas transitorias, sino en las eternas, para no correr el riesgo de perder nuestro corazón cuando desaparezcan aquéllas.
¡Cuántas veces hemos visto que parientes o amigos cercanos se preocupaban tanto por sus bienes materiales y estaban muy atados a ellos! Luego murieron y los que los heredaron o se apoderaron de ellos, le dieron un fin desastroso. ¿Para qué entonces desvivirse por lo que es perecedero? Hay que darle a cada cosa su lugar. Y cada cosa nos debe ayudar a alcanzar el Cielo, nos deben llevar todas a Dios. Lo que nos aparta de Dios hay que rechazarlo, dejarlo, porque no es bueno.
Lamentablemente cuando vamos de viaje, o por la calle, y en todas partes, la gente no habla más que de dinero y de tener, o de adelgazar, o de noviazgos y rupturas.
Tengamos una mirada más sobrenatural, al menos nosotros que somos cristianos, que sabemos que este mundo pasa y solo queda el Cielo. No vayamos con la opinión de la gente, que corre y no sabe adónde va ni de dónde viene. Nosotros sabemos que venimos de Dios y vamos hacia Dios, y todo lo demás nos debe servir para alcanzar la meta que es el Cielo.
Por supuesto que hay que comer y hay que vestirse, etc., pero sepamos que Dios proveerá con lo necesario a quien tiene fe en Él y en su Providencia. Basta que nosotros nos ocupemos en primer lugar por el Reino de Dios en las almas, en nosotros y en el mundo entero, que todo lo demás que necesitamos se nos dará por añadidura.

Dr. Ricardo Castañón - Razón humana y fe en la Eucaristía