martes, 19 de marzo de 2019

Como ganar indulgencias en Cuaresma


Imagen referencial. Foto: Pixabay / Dominio público

Estas son 4 maneras de ganar indulgencia plenaria cada día en Cuaresma


No muchos saben que cada día del tiempo de Cuaresma, en que los católicos nos preparamos para vivir la Semana Santa y celebrar la Pascua, es una oportunidad de ganar una indulgencia plenaria.
El Catecismo de la Iglesia Católica explica que la indulgencia “es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos”.
Las indulgencias, que pueden ser parciales o plenarias, pueden obtenerse para uno mismo o para el alma de un difunto. No se puede ganar una para otra persona viva.
En la Constitución Apostólica Indulgentiarum Doctrina, San Pablo VI aseguró que “cuando los fieles ganan las indulgencias en sufragio de los difuntos, realizan la caridad de la forma más eximia, y al pensar en las cosas sobrenaturales trabajan con más rectitud en las cosas de la tierra”.
Cabe recordar que solo se puede ganar una indulgencia plenaria por día.
La primera forma de ganar una indulgencia plenaria es seguir el camino del Vía Crucis. Aquí recordamos y meditamos la Pasión y la Muerte de nuestro Señor.
Participar del Vía Crucis junto con las tres condiciones para obtener la indulgencia,  puede llevarnos a ganarla todos los días.
En el caso de aquellos que no pudieran hacerlo físicamente, el Manual de Indulgencias de la Santa Sede indica que "los impedidos legítimamente pueden adquirir la misma indulgencia, si pasan algún tiempo, por ejemplo, al menos un cuarto de hora, leyendo y meditando sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo".
También dice que "de acuerdo con la costumbre común, el ejercicio piadoso consiste en 14 lecturas devocionales, a las que se agregan algunas oraciones vocales. Para hacer el Camino de la Cruz, sin embargo, es suficiente meditar con devoción la Pasión y Muerte del Señor, y por lo tanto, la reflexión sobre los misterios particulares de las estaciones individuales no es necesaria”.
La segunda forma de ganar una indulgencia plenaria es a través del rezo del Rosario. Para ganar la indulgencia debemos rezarlo con devoción en una iglesia, oratorio, en familia, en una comunidad religiosa o en una asociación de fieles, y en general, “cuando varios de los fieles se reúnen con algún propósito honesto”, menciona el manual. Recordemos que rezar el rosario en familia bendice en gran medida y es una práctica hermosa para este tiempo litúrgico.
La tercera forma es la Adoración Eucarística por al menos media hora. La adoración de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero es nuestra respuesta al amor que Dios tiene por cada uno de nosotros, así como el reconocimiento de nuestras debilidades frente a Él.
La cuarta forma es leer o escuchar las Sagradas Escrituras durante al menos media hora.
Para ganar la indulgencia plenaria hay que cumplir además tres condiciones: confesión de los pecados, recibir la Sagrada Comunión y orar por las intenciones del Papa. Esta oración, indica el Vaticano, “queda a elección de los fieles, pero se sugiere un ‘Padrenuestro’ y un ‘Avemaría’”.
El Vaticano precisa además que “es conveniente, pero no necesario, que la confesión sacramental, y especialmente la sagrada Comunión y la oración por las intenciones del Papa, se hagan el mismo día en que se realiza la obra indulgenciada; pero es suficiente que estos sagrados ritos y oraciones se realicen dentro de algunos días (unos veinte) antes o después del acto indulgenciado”.
“Para varias indulgencias plenarias basta una confesión sacramental, pero para cada indulgencia plenaria se requiere una distinta Sagrada Comunión y una distinta oración según la mente del Santo Padre”, añade.



jueves, 7 de marzo de 2019

12 DATOS QUE NO SABÍAS SOBRE LA CUARESMA | PADRE SAM

LA GRACIA del Miércoles 6 de Marzo de 2019

Via Crucis

Calvario

Vía Crucis

El Vía Crucis o Camino de la Cruz, es una de las formas más expresivas, más sólidas y extendidas de la devoción del pueblo cristiano a la Pasión de Cristo.
Desde los primeros siglos los peregrinos de Jerusalén veneraban los lugares santos, especialmente el Gólgota y el Sepulcro. Según las revelaciones de Dios a Santa Brígida, luego de la muerte de Cristo, el mayor consuelo de su Madre era recorrer los lugares de aquel sagrado camino regados con la sangre de su Hijo. La imposibilidad de ir a Jerusalén o el deseo de recordar con frecuencia en su propia tierra los momentos de la Pasión, hizo nacer en la cristiandad diversas formas de representar aquellos lugares para ser recorridos en una especie de peregrinación espiritual.
Su ejercicio tiene indulgencia plenaria cuando se hace ante estaciones legítimamente erigidas. Aunque es costumbre laudable leer un texto y rezar determinadas oraciones, puede hacerse meditando mentalmente lo que propone cada estación.
Dice San Bernardo: “No hay cosa tan eficaz para curar las llagas de nuestra conciencia y purgar y perfeccionar nuestra alma como la frecuente y continua meditación de las llagas de Cristo y de su Pasión y Muerte”.
Le dijo Jesús Misericordioso a Santa Faustina Kowalska: "Son pocas las almas que contemplan Mi Pasión con verdadero sentimiento; a las almas que meditan devotamente Mi Pasión, les concedo el mayor número de gracias".
Estaciones del Vía Crucis:
1ª: Jesús condenado a muerte.
2ª: Jesús con la cruz a cuestas.
3ª: Jesús cae por primera vez.
4ª: Jesús encuentra a su Madre.
5ª: El Cireneo ayuda a llevar la cruz.
6ª: La Verónica enjuga el rostro del Señor.
7ª: Jesús cae por segunda vez.
8ª: Jesús consuela a las santas mujeres.
9ª: Jesús cae por tercera vez.
10ª: Jesús es despojado de sus vestiduras.
11ª: Jesús es crucificado.
12ª: Jesús muere en la cruz.
13ª: Jesús en los brazos de su Madre.
14ª: Jesús es sepultado.
Modo de rezar el Vía Crucis:
Recorrer física o mentalmente las estaciones meditando un momento en cada una de ellas. Si queremos mientras meditamos en cada estación, podemos rezar alguna oración, por ejemplo un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
EL HERMANO ESTANISLAO (1903 - 1927)
A la edad de 18 años, un joven español ingresó al noviciado de los "HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS", en Bugedo. En la vida religiosa, este joven tomó los votos de religión que son: el cumplimiento de los reglamentos; avanzar en la perfección cristiana; y alcanzar el amor puro. El mes de octubre de 1926, este hermano se ofreció a Jesús por medio de María Santísima. Poco después de haber hecho esta donación heroica de sí mismo, el joven religioso se enfermó y fue obligado a descansar. Murió santamente el mes de marzo, 1927. Según el maestro de novicios, este religioso era un alma escogida de Dios; y que recibía mensajes del Cielo. Los confesores del joven, así como los teólogos, reconocieron estos hechos sobrenaturales como actos insignes. El joven se llamaba Hermano Estanislao. El director espiritual del Hermano Estanislao le había ordenado escribir todas las promesas transmitidas por NUESTRO SEÑOR. Esto sería para el bien espiritual de los que fueran devotos al VÍA CRUCIS. Las promesas son las siguientes:
PROMESAS para los devotos del Vía Crucis
1.Yo concederé todo cuanto se Me pidiere con fe, durante el Vía Crucis.
2.Yo prometo la vida eterna a los que, de vez en cuando, se aplican a rezar el Vía Crucis.
3.Durante la vida, Yo les acompañaré en todo lugar y tendrán Mi ayuda especial en la hora de la muerte.
4.Aunque tuvieran más pecados que las hojas de la hierba que crece en los campos, y más que los granos de arena en el mar, todos serán borrados por medio de esta devoción al Vía Crucis. (Nota: Esta devoción no elimina la obligación de confesar los pecados mortales. Se debe confesar antes de recibir la Santa Comunión.)
5.Los que acostumbran rezar el Vía Crucis frecuentemente, gozarán de una gloria extraordinaria en el Cielo.
6.Después de la muerte, si estos devotos llegasen al Purgatorio, Yo los libraré de ese lugar de expiación, el primer martes o viernes después de morir.
7.Yo bendeciré a estas almas cada vez que rezan el Vía Crucis; y mi bendición les acompañará en todas partes de la tierra. Después de la muerte, gozarán de esta bendición en el Cielo, por toda la eternidad.
8.A la hora de la muerte, no permitiré que sean sujetos a la tentación del demonio. Al espíritu maligno le despojaré de todo poder sobre estas almas. Así podrán reposar tranquilamente en Mis Brazos.
9.Si lo rezan con verdadero amor, serán altamente premiados. Es decir, convertiré a cada una de estas almas en Copón viviente, donde Me complaceré en derramar Mi Gracia.
10.Fijaré la mirada de Mis Ojos sobre aquellas almas que rezan el Vía Crucis con frecuencia y Mis Manos estarán siempre abiertas para protegerlas.
11.Así como Yo fui clavado en la Cruz, igualmente estaré siempre muy unido a los que Me honran, con el rezo frecuente del Vía Crucis.
12.Los devotos del Vía Crucis nunca se separarán de Mí porque Yo les daré la gracia de jamás cometer un pecado mortal.
13.En la hora de la muerte, Yo les consolaré con Mi presencia, e iremos juntos al Cielo. La muerte será dulce para todos los que Me han honrado durante la vida con el rezo del Vía Crucis.
14.Para estos devotos del Vía Crucis, Mi Alma será un escudo de protección que siempre les prestará el auxilio cuando recurran a Mí.





lunes, 4 de marzo de 2019

Conversión

Cuando la Virgen se la apareció y le dijo: «No tengas miedo», dejó el Islam y se bautizó

musulman en oración (ft img)

Son numerosas las conversiones de musulmanes al catolicismo que se producen a través de sueños y visiones. Este fenómeno llamativo y que se produce por todo el mundo está llevando a la Iglesia a numerosos seguidores del islam que reciben a Cristo, a los santos, y en muchas ocasiones a la Virgen María de esta manera. Este es el inicio de un complicado y peligroso camino que inician y que a algunos les puede costar la propia vida.
Un caso de estas curiosas conversiones es la de Charbel, su nombre ya como cristiano, un musulmán sunita del Líbano que fue bautizado en 2017, que llegó a la Iglesia de la mano de la Virgen María, y que ahora está en un monasterio entregado a Dios.

La voz del cielo durante el Ramadán

Este converso recuerda que este primer hecho extraordinario se produjo durante el mes del Ramadán. Mientras caminaba por Beirut después de las oraciones de la mañana en la mezquita escuchó una voz del cielo que pronunciaba unas palabras que nunca antes había oído: “Gloria a Jesús, el Hijo único de Dios, y gloria a la Virgen María, la Madre de Dios”.
“Esto fue impactante para mí”, afirma en una entrevista en el National Catholic Register. Charbel creció en un barrio sunita de Beirut y no conocía a ningún cristiano con quien compartir aquella experiencia tan impresionante.

“No tengas miedo”

Virgen de Fátima (ft img) 4
Entonces, en la Nochebuena de aquel año mientras estaba estudiando en su casa tuvo una visión. “Vi a la Virgen María por primera vez frente a mí, y Ella me dijo: ‘No tengas miedo, sigue buscando, estoy contigo”.
“Todo lo que sé decir es que fue la cosa más hermosa que he visto en mi vida. Desde el momento en que la vi, sentí paz en mi corazón. Me sentí como si estuviera en casa”, relata Charbel.
Durante un tiempo intentó conocer a cristianos a través de las redes sociales, pero entre el miedo y la desconfianza al final no tuvo éxito.
Pero esta no sería la última vez que vería a la Virgen María. Volvería a verla precisamente en la víspera de la Navidad durante los siguientes tres años. “Ella siempre me dijo las mismas palabras exactas”, recuerda.

Su conversión y bautismo

Fue entonces después de esta última visión cuando Charbel se lanzó a buscar a algún amigo cristiano. Y lo encontró en una fiesta. Le contó sus visiones de la Virgen, sus inquietudes y le dijo que quería aprender más sobre la fe cristiana. Este nuevo amigo se prestó a ayudarle y le presentó a un sacerdote, que le entregó una Biblia y le dio el contacto de Juan Pablo, un cristiano convertido del islam y que ha ido acompañando a numerosos musulmanes en su camino al catolicismo.
Tras reunirse con Juan Pablo empezó a formar parte de un grupo de catequesis y formación cristiana hasta que finalmente fue bautizado en 2017 en la fiesta de la Santa Cruz ocho meses después de empezar este catecumenado. Eligió el nombre de Charbel, en honor del conocido y amado santo libanés San Charbel.
“El día que me bauticé lloré como un bebé durante todo el día: eran lágrimas de alegría, de saberme amado”, cuenta este nuevo cristiano. Desde ese momento Charbel se ha convertido ya en el padrino de dos musulmanes que han seguido sus pasos y se han convertido al catolicismo.
Ha sido tal la fuerza que Charbel ha recibido al ingresar en la Iglesia y el amor tan grande recibido por Dios que seis meses después de su bautismo decidió ingresar en un monasterio. “Ahora mi razón para vivir es estar con la persona que amo”, afirma convencido.

Juan Pablo, otro converso, y padrino de Charbel

monasterioEl padrino de Charbel, Juan Pablo, tuvo una conversión completamente diferente. En este caso no fueron las visiones de la Virgen sino el contacto con otros cristianos lo que tocó su corazón. Originario de Irak fue educado en un islam suní radical, aunque a los 12 años se hizo amigo de un cristiano.
Desde ese momento su objetivo era intentar convencer de que la fe cristiana era falsa y que sólo el islam era la religión verdadera. Antes de forjar esta amistad consideraba que este chico era “una persona enferma que necesitaba ayuda”.
Así que leyó la Biblia para mostrarle los errores, pero cuanto más la leía más le atraían aquellos textos, así que al final acabó pidiendo a su amigo que le llevara un día a su iglesia. “Fui allí con él, y comencé a rezar para que Dios iluminara los corazones de aquellos infieles”, cuenta Juan Pablo. Pero nuevamente en el templo algo le atraía poderosamente. Y poco tiempo después volvió a aquella iglesia.

“Esta es la casa de Dios”

En aquella ocasión fue solo. Estaba dudando en si entrar o no pero entonces una monja salió a su encuentro. “¿Por qué estás esperando aquí? ¿Por qué no entras? Esta es la casa de Dios. Es para todos, no sólo para los cristianos. Puedes entrar”, le dijo a este entonces adolescente.
Desde entonces fue leyendo textos cristianos y profundizando su amistad con personas de esta religión. “El miedo me había impedido creer en Cristo”, asegura.
Con el estallido de la guerra de Irak, Juan Pablo tuvo la oportunidad de trasladarse al Líbano una vez que concluyó sus estudios de Secundaria. En este país sería más fácil seguir explorando la fe cristiana.
Sin pensárselo dos veces se presentó en una iglesia de Beirut y se encontró con un sacerdote, al que contó sus inquietudes. Empezó unas catequesis y un tiempo después acabaría convirtiéndose en católico. Eligió Juan Pablo como su nuevo nombre. Del santo polaco parece haber recibido el coraje porque ya ha sido padrino de 15 musulmanes convertidos al cristianismo, entre ellos Charbel, el protagonista de esta historia.
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Fuente ; Cari Filii

¿Cómo Comulgar? | Perseverancia - P. Gustavo Lombardo