martes, 28 de febrero de 2012

Carta a un hermando Sacerdote - (5°)



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Mendigando amor

Memoria de Sta.  Clara 11 de agosto de 1993

Querido padre Tomás:

          Adjunto a esta carta te envío una estampa de Santa Clara cuya memoria celebramos hoy.  Fíjate que está sosteniendo una custodia con el Santísimo Sacramento.  Así es como se la representa siempre en estampas, estatuas y vitrales de las iglesias.
          Que se muestre a Santa Clara siempre con el Santísimo Sacramento, tiene dos significados.  El primero es para expresar su gran amor a la Eucaristía; y el segundo, para demostrar su gran fe en el poder del Santísimo Sacramento.
          Cuando su convento fue atacado por los vándalos, ella levantó a plena vista de ellos la custodia con el Santísimo Sacramento y se alejaron espantados.  El Santísimo Sacramento salvó a su comunidad de la destrucci6n.
          Cuando Santa Clara se encontró por primera vez con San Francisco, é1 le dijo que no creía que ella fuera sincera.  Para probar su amor a Dios ella tenía que salir a la calle a mendigar pan.  Como Santa Clara provenía de una familia muy adinerada, este acto requería tanta humildad en ese entonces en el siglo XIII, como se necesitaría hoy en el siglo XX..
          Piensa en los pobres mendigos que esperan en los semáforos y golpean la ventana de cada auto que pasa. Imagínate pedir a una joven rica que haga esto hoy por amor a Dios.
          ¿Tenemos en la actualidad a alguna Santa Clara?  Estoy seguro que si, en la persona de la hermana Briege McKenna.
          En 1970, Jesús le habló a ella desde el Santísimo Sacramento.  No fue una voz interior sino una voz que se oyó claramente.  El Señor quería que ella ayudara a Sus sacerdotes.
          Desde entonces la hermana Briege ha dado cientos y cientos de retiros a sacerdotes.  A lo mejor querrás leer su libro "Miracles Do Happen" (Los milagros si ocurren).  La hermana Briege ha conmovido el corazón de miles de sacerdotes, afirmándolos en su sacerdocio.  No hay un solo obispo en el mundo que no sepa de la gran labor que ella ha hecho por la iglesia.
          Cuando la hermana Briege llegó a Manila, comentó que las dos cosas que el diablo odiaba más eran el sacerdocio y la Sagrada Eucaristía.  Todos los días, así como Santa Clara, la hermana Briege pasa muchas horas rezando frente al Santísimo Sacramento.
          De todos los retiros que la hermana Briege ha dirigido por distintos lugares del mundo, hay uno que ella nunca lo llegó a dar y que es mi cuento favorito.  Se había programado un retiro para los obispos de Nigeria, pero estalló una revuelta civil y la hermana Briege no pudo volar a Jos, donde estaban reunidos los obispos.
          Como el padre Martín estaba en la diócesis predicando sobre la adoración perpetua. El obispo Ganaka le pidió que reemplazara a la hermana Briege y dirigiera el retiro.  Entre los obispos asistentes estaba el obispo Albert Obinafuna de Awka, quien invitó al padre Martín a su diócesis.  Allí el padre Martïn conoció a un joven camarero llamado Fabián Eke.
          Fabián representa la primera vocación de África para los misioneros del Santísimo Sacramento.  Acaba de terminar sus estudios de teología y deberá ordenarse el próximo año..  Después de su ordenación, Fabián hará lo que Santa Clara y los compañeros de San Francisco hicieron.  Él mendigará por amor a Dios.  Pero é1 no pedirá pan para comer, sino que mendigará el amor de las personas por "el Pan Vivo que bajó del cielo". El volverá y difundirá la adoración perpetua por toda África.
  
          Esto es lo que tú deberías hacer, querido Tomás.  Rogarle a la gente que ame a Jesús en el Santísimo Sacramento.  Debes tener adoración perpetua en tu parroquia.  El amor se humilla.  Y cuanto uno más ama, más dispuesto está a humillarse y a mendigar el amor por otro.
          Si Santa Clara se hubiera avergonzado de mendigar, nunca habría existido la Comunidad de las Hermanas Clarisas.  No hubiera habido una hermana Briege, que al ir por el mundo entero mendigando amor, conmueve los corazones de los sacerdotes y los acerca al Santísimo Sacramento.
          Como verás, querido Tomás, la hermana Briege es una monja clarisa que vive en la Florida, en el convento de Santa Clara.

Fraternalmente tuyo en
Su Amor Eucarístico,



Mons.  Pepe

lunes, 27 de febrero de 2012

Hagamos penitencia y padezcamos con Cristo - San Buenaventura




HAGAMOS PENITENCIA Y PADEZCAMOS CON CRISTO

De un sermón de san Buenaventura
La cruz, horrible en sí misma, especialmente antes de morir Cristo en ella, debemos, con todo, desearla, porque vivifica nuestra existencia. Todos anhelan y quieren la vida perenne; no hay persona tan descastada que no la desee y la busque. Los pecadores también la quieren, pero indebidamente, porque desean disfrutar de ella sin desprenderse de sus malos hábitos y placeres.
La senda que conduce a la vida perenne, carísimos, no es ésa, sino la que atraviesa el puente levantado por Cristo, que es la cruz, y que consiste en la lucha y en la victoria contra las inclinaciones perversas.
La cruz, desde fuera, espanta; mas, considerada y vista desde dentro, es apetecible: exteriormente, es leño de muerte; profundizando en su misterio íntimo, es el árbol de la vida, porque en él estuvo clavado Cristo. Desde entonces es fuente de vida, que produce gracia, como afirma Pablo a los Romanos: El salario del pecado es la muerte; pero es don gratuito de Dios la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. La cruz es el árbol de la gracia vivificante que viene de Cristo por el riego de la penitencia.
¿Qué árbol es éste que puede conducir al hombre desde la aridez a la fronda, de la muerte a la vida? Esta cruz es la de Cristo. ¿Por qué padeció el Hijo de Dios por los hombres y no lo hizo por los ángeles? Porque el hombre es capaz de hacer penitencia; el ángel no. El hombre es aquel árbol que da fruto cuando recibe el riego del agua, es decir, de la gracia penitencial.
Y si la cruz es portadora de gracia vivificante, nosotros, muertos tantas veces por el pecado, abracemos esa cruz, hagamos penitencia y suframos con Cristo. Pedro dice: Ya que Cristo padeció en la carne, armaos también vosotros de este mismo pensamiento. Si no hacemos penitencia, no veo cómo podremos responder en el juicio.
Si quieres dar fruto espiritual, debes morir a la carne. En el evangelio de Juan dice Cristo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere da mucho fruto. Si deseamos alcanzar los frutos del árbol de la vida juntamente con Cristo que murió crucificado en la cruz, también nosotros debemos ser crucificados con él.
Carísimos, para encontrar al Señor, debemos antes aproximarnos a la cruz; quien abandona la cruz abandonó primero a Cristo. El que desea ardientemente la cruz y al Señor lo encuentra sobre ella, y no retornará jamás con las manos vacías, porque de ella mana la fuente de la gracia.
* * *

Carta a un hermano Sacerdote - (4°)




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Poder verdadero

Fiesta de la Transfiguraci6n
6 de agosto de 1993

Querido Tomás:

´        Pareciera que la segunda guerra mundial ocurrió hace mucho tiempo y que está ya muy lejos.  En 1945 en un día como hoy fueron lanzadas dos bombas sobre Japón.  La guerra terminó.  En ese entonces un joven de nombre Douglas Valentine se encontraba en un campo de concentración japonés.  Muchos años después Él escribió un libro titulado Hotel Tacloban, el sobrenombre del campo de concentración.
          Debido a las criticas al gobierno americano, el libro no se vendió muy bien, excepto en lugares como Nigeria.  En este país, en la catedral de Awka, alguien dejó olvidada una copia del libro en una de las bancas.  Cuando el padre Martín entró para hacer su hora santa encontró el libro.  Como el titulo llevaba el nombre de una ciudad en las Filipinas, lo abrió y leyó una página.
          Hablaba de un diácono filipino que había visitado a Douglas Valentine después de la liberación, mientras estaba convaleciente en un barco.  El diácono querría que Valentine tuviera un recuerdo feliz y perdurable de las Filipinas para borrar los malos recuerdos del campo de concentraci6n.
          Con esto dicho, tomó la guitarra y entonó la canción en español "Solamente una vez".  El titulo de la canción en inglés es "You Belong to my Heart" que traducida literalmente al Castellano es "Tu perteneces a mi corazón".  La traducción de la magnifica letra de la canción se encontraba en la siguiente página.
       ¿Cuál fue la inspiración que el padre Martín obtuvo de ese momento?  Que cada uno de nosotros pertenecemos al Corazón de Jesús. Por el poder de la adoración perpetua cada uno volverá a Su Corazón.  Se necesita una comunidad de sacerdotes a difundir la adoraci6n perpetua por todo el mundo.
       El padre Martín contaba esta historia a dos de los primeros misioneros del Santísimo Sacramento que se estaban por ordenar y que estaban en el aeropuerto de Cebú esperando su vuelo a Tagbilaran.  En ese preciso momento un joven se acercó con una guitarra y preguntó si podía cantarles una canción.  La canción que entonó fue "Solamente una vez".
       En este aniversario del lanzamiento de la bomba ¿No deberíamos reflexionar en esto?  Si algo hecho por el hombre puede ser utilizado con semejante fuerza destructiva, aún no hemos empezado a comprender el poder constructiva del Amor increado de Dios en el Santísimo Sacramento.
       Pedro, Santiago y Juan presenciaron la Transfiguración de Cristo en el Monte Tabor.  El mundo entero presenciará la gloriosa transfiguración de Cristo en el Santísimo Sacramento y tendrá el efecto exactamente opuesto al de la bomba lanzada en Nagasaki.  En la transfiguración de Cristo en el Santísimo Sacramento, habrá una explosión de energía divina que liberará el poder de Su amor y renovará la faz de la tierra. ! Entonces el mundo verá el Poder Verdadero !  Todo se renovará.  Todo pertenecerá a Su Corazón.  Todo se hará uno.
       Mientras tanto, hay cinco gracias que recibimos cada vez que visitamos a Jesús en el Santísimo Sacramento.  Por sus llagas gloriosas nosotros somos transfigurados y cambiados por medio de Su amor sanador.  Las gracias que Él derrama generosamente sobre nosotros por cada hora santa que hacemos son: restauración, santidad, conversión, reparación y salvación.

            Esta es la razón, querido Tomás, por la que como Pedro debemos exclamar ante Su Divina Presencia: "Señor, que bien que estemos aquí'.

Fraternalmente tuyo en,
Su Amor Eucarístico

 Mons.  Pepe

domingo, 26 de febrero de 2012

Carta a un hermano Sacerdote - (3°)



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La mejor de todas las homilías

Memoria de San Juan María Vianney
4 de agosto de 1993

Querido padre Tomás:

       ¿Te acuerdas de Jorge, ese joven amigo mío con el que nos encontramos en la Iglesia de Binondo? El me comentó que le gustaría ingresar al seminario y ordenarse Sacerdote.  Pero que el único problema que tenía era que no se creía capaz de memorizar una homilía, ni poder predicar muchas de ellas.  Después de pensarlo, le contesté que no consideraba que eso representara problema alguno.

       El Sacerdote más grande que jamás haya vivido decía la misma homilía todos los días, una y otra vez, y eran sólo dos líneas.  San Juan María Vianney predicaba lo mismo cada domingo: "Si sólo supieras cuanto Jesús te ama en el Santísimo Sacramento, te morirías de felicidad".  Después señalando hacia el Sagrario, agregaba "JESUS ESTA REALMENTE AHI".

       La gente venía de todas partes de Francia para oírlo hablar, y cada domingo repetía lo mismo.  Al tomar conciencia del amor y la presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento, se conmovía tan intensamente, hasta lo más profundo de su alma, que al apuntar al Sagrario para mostrarle a la gente que Jesús estaba realmente ahí, lloraba de alegría. Él pasaba largas horas cada día y cada noche, orando ante el Santísimo Sacramento como también muchas horas en el confesionario.  San Juan Mariah Vianney, el cura de Ars, fue proclamado por la Iglesia Modelo y Patrono de todos los sacerdotes.

       Otro Sacerdote famoso que vivió en la misma época de San Juan Vianney, fue el padre Lacordiere.  Este Sacerdote fue el predicador más elocuente de su tiempo.  Cuando É1 iba a predicar a la Iglesia de Notre Dame de Paris, el Rey y la Reina iban a oírlo y la Catedral se llenaba.

            Cierto día, alguien le preguntó si sentía gran satisfacción por ser un predicador tan popular.  Él contestó que no, porque cuando Él hablaba la gente decía cuan hábil e inteligente era.  Pero, cuando Juan Vianney hablaba todos decían qué bueno es Jesús ! Qué complicada es la naturaleza humana, querido Tomás!  Tratamos de impresionar a todos con nuestra inteligencia, teologizando todo, tanto que a la gente le resulta difícil entender lo que estamos tratando de decir!  !Lo que realmente debemos hacer es justamente decirle a la gente cuán bondadoso es Jesús en el Santísimo Sacramento!  Le aconsejo a Jorge que todo lo que Él tiene que hacer como Sacerdote es repetir las dos líneas de San Juan Vianney, y Él también será canonizado.

Fraternalmente tuyo en
Su Amor Eucarístico,

 Mons.  Pepe

sábado, 25 de febrero de 2012

Los Cristianos debemos ser luz en el mundo.


Luces en la oscuridad

24. febrero 2012 | Por  | Categoria: Reflexiones
Pocas expresiones del Evangelio llevaremos tan metidas en nuestro pensamiento como esta de Jesús, dicha en el sermón de la montaña: Vosotros sois la luz del mundo. San Pablo las traducirá después en una gloriosa afirmación: Vosotros brilláis como antorchas en el mundo, como quiera que, según el mismo Apóstol, aquellos cristianos primeros eran hijos de la luz; porque, como asegurará también Juan, nosotros caminamos en la luz (Mt. 5,14. Filp. 2,15. Ef. 5,8. 1J 1,7)
Es una comparación del Señor y de los Apóstoles que no necesita explicaciones. Todos entendemos sin más lo que significa: ser luz no es otra cosa sino proceder tan limpiamente en nuestra vida cristiana, que,  cuando nos contemple el mundo, quede lleno del esplendor del Evangelio.
Es ésta una iluminación como la del sol. El sol llena con su luz la tierra sin pronunciar una sola palabra. Le basta salir por el horizonte para que todo quede inundado de resplandor.
Como es natural, nosotros predicamos el Evangelio con nuestra palabra, porque así nos lo encargó Jesucristo. Pero la palabra sola instruye, hace pensar, mueve…; para convencer y arrastrar ha de ir acompañada del testimonio. El que oye tiene también que ver, y ver más que oír. Porque al ver cómo el que habla vive también lo que dice, entonces, y sólo entonces, se convence de la verdad del Evangelio.
El Doctor de la Iglesia San Juan Crisóstomo lo decía así: No tendríamos necesidad de palabras si nuestra vida resplandeciera como debe; ni habría ya paganos, si nosotros quisiéramos ser cristianos verdaderos.
San Francisco de Borja, Duque de Gandía y Virrey de España, muerta la esposa y arreglado lo de los hijos, abandona todo —fama, dinero, amores— y se hace humilde religioso en la naciente Compañía de Jesús. Predica en castellano en el país vasco, no le entiende nadie, pero todos lloran, mientras dicen:
 - ¡Este, éste sí que es un santo de verdad!…
Va a Portugal, le invitan también a predicar, y el Padre se excusa:
- Nadie me entenderá, y además estoy muy cansado del camino. No puedo, no puedo…
- No, si no le digo que predique. Yo sólo le mando que usted suba al púlpito aunque no diga nada. Quiero que todos vean al que dejó todas las cosas del mundo por amor de Dios. Es el sermón mejor y que todos van a entender.
Esta es la filosofía cristiana más profunda y la que el mundo necesita hoy. Cuando nosotros somos luz  dejamos sin respuesta a todos los que se oponen a Jesucristo.
Dios nos ha llamado a ser igual que las estrellas, como nos dice la Biblia por el Profeta Baruc: Las estrellas brillan desde sus atalayas y están llenas de gozo. Dios las llama, y responden: ¡Aquí estamos! (Baruch 3,35)
Nuestra vida cristiana, cuando la llevamos con la integridad que nos pide Jesucristo, es para los demás una estrella que los ilumina y les invita a subir a aquellas alturas donde los espera Dios también a ellos, llamados a la misma vida eterna por la que suspiramos nosotros. Nuestra vocación es ser una estrella…
Todos estamos interesados en hacer algo por el mundo, al que tenemos que llevar la salvación de Jesucristo, y cada uno aporta lo que puede, aunque todos sabemos cuál es la primera aportación que se espera de nosotros. El mundo se salvará de sus males sólo por Jesucristo, y creerá en Jesucristo sólo por el testimonio de nuestra fe.
Si nuestra vida cristiana es cristiana sólo a medias, proyecta una luz muy tenue, una luz que casi ni se ve en la noche de la incredulidad moderna.
Nos podría ocurrir como a una población del siglo quinto. Cesadas las persecuciones del Imperio Romano, todos los habitantes habían abrazado el cristianismo, pero lo amalgamaban con muchas prácticas paganas y una conducta inaceptable según las normas del Evangelio. Severino, el santo apóstol de aquella región tan vasta, llega a la población, reúne a todos en la iglesia, les pide que ayunen durante tres días y, al tercero, que vengan de nuevo al templo por la noche trayendo todos una vela. Apagadas todas las luces, y, en medio de la oscuridad, Severino invoca a Dios:
- Señor, ¡envía tu luz! ¡envía tu luz!…
El Señor le escucha, y se encienden de repente las candelas de unos mientras que las de los otros permanecían apagadas. Todos temen algo, pero Severino los tranquiliza, les hace ver la verdad y les anima:
- ¿Ven? Los que siguen creyendo en los ídolos y los que se rinden a costumbres paganas permanecen en la oscuridad. Sólo son luz en el Señor los que tienen una fe viva y dan testimonio de ella con una conducta digna del cristiano. ¿Por qué no tienen todos la lámpara prendida, preparados para cuando el Señor se presente?…
Ante un caso tan curioso como éste, casi nos vienen ganas de preguntarnos con un poco de buen humor: Si hoy apareciéramos todos nosotros en medio de la noche con la vela del Bautismo en nuestras manos, ¿cuántas estarían prendidas, cuántas apagadas?…
Podemos dejar de lado las preguntas humorísticas y volver a la seriedad y el optimismo de Jesús y de los Apóstoles cuando nos dicen que somos luz, luz esplendorosa en un mundo que la necesita de verdad.
Al ver el mundo nuestra fe, al comprobar la autenticidad de nuestro amor, al contemplar cómo rezamos, al ver cómo no nos dicen nada las prácticas que paganizan nuestra sociedad, al vernos alegres en la seriedad con que tomamos el Evangelio…, no dejará ciertamente de preguntarse: ¿quién está equivocado y quién acierta?… Acusarnos a nosotros sería acusar a Jesucristo, y esto no harán. Acabarán, no lo dudemos, dándole la razón a Jesucristo y nos la darán también a nosotros.

Carta a un hermano Sacerdote - (2°)





      SANTÍSIMO SACRAMENTO TE ADORAMOS, TE BENDECIMOS Y TE GLORIFICAMOS.

La parte buena

Memoria de Sta.  María Magdalena
22 de julio de 1993


Querido padre Tomás:

     Ayer ofrecí la Santa Misa por las Misioneras de la Caridad. Me hizo recordar de la primera vez que me encontré con la Madre Teresa de Calcuta.  Cuando ella vino a Manila a establecer su comunidad, me pidieron que celebrara misa para ella y sus hermanas..
     Después de la misa tuve el privilegio de hablar en privado con la Madre Teresa.  Ahí fue cuando me contó la historia de su comunidad.  La hermana Agnus, una monja pequeña y morena de la India, fue su primera discípula.  Al principio hubo pocas hermanas junto a la Madre Teresa, mientras que eran muchas las personas necesitadas.  Desde los ancianos y enfermos que morían en la calle, hasta los bebés y niños abandonados que no tenian a nadie que se ocupara de ellos, la Madre Teresa quería llegar a todos.
     La pregunta era: ¿Cómo hacerlo con tan pocas seguidoras?  No había suficiente tiempo durante el día para atender a todos aquellos necesitados.  La Madre y las hermanas oraron a fin de saber que hacer.  La respuesta fue sorprendente.  Dios quería algo muy especial aparte de sus oraciones regulares.  Aún cuando parecía que no alcanzaban las horas del día, Dios quería algo más.  Él quería que la comunidad reservara una hora extra cada día para que todas juntas rezaran esa hora santa en la presencia de Su Hijo expuesto en el Santísimo Sacramento.
            La Madre Teresa declara que esta hora santa diaria es la causa y la razón por la que su comunidad ha florecido.  La comunidad ha crecido a más de tres mil mediante el poder y la gracia recibidos en la hora santa diaria.  La Madre Teresa se ha multiplicado y ahora está presente en cada parte del mundo por medio de sus hermanas.  Debido a que estuvo dispuesta a dedicar un tiempo para unirse a la "vid".
          En el sermón de la Última Cena, Jesús dijo que el que permaneciera unido a Él en el Santísimo Sacramento, ése daría mucho fruto (Jn 15,5).  El fruto apostólico de la Madre Teresa y sus hermanas continúa asombrando al mundo.
          Su historia me inspiró a hacer lo mismo que ella hizo.  Había estado leyendo sobre el apostolado de la adoración perpetua y cómo el padre Martín Lucia lo estaba promoviendo con éxito en los Estados Unidos y otros países.  Yo también quería que se difundiera por todas las Filipinas.  Por eso fundé la comunidad llamada Los Discípulos Eucarísticos de San Pío X. Día y noche, sin descanso, ellos se acercan al Santísimo Sacramento en amante adoración.  Primero rezaron para que el padre Lucia pudiera venir a las Filipinas y así empezar el gran apostolado para establecer la adoración perpetua en las parroquias.  Luego rezaron para que se extendiera por todo el país.  En este momento hay 500 capillas.  Ahora los Discípulos Eucarísticos oran para que podamos cumplir con nuestro objetivo de establecer en 1.000 parroquias, capillas de adoración perpetua.
          Estos dos ejemplos, el de la Madre Teresa y el de los Discípulos Eucarísticos, demuestran la verdad de lo que Jesús dijo en el Evangelio de hoy: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas, y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola.  María ha elegido la parte buena, que no le será quitada" (Lc 10, 41-42).
          La parte buena es estar con Jesús en el Santísimo Sacramento. El mejor tiempo invertido en la tierra, querido Tomás, es el tiempo que pasas junto a tu mejor amigo, Jesús en el Santísimo Sacramento.  Y es la forma más segura de producir gran fruto apostólico.

Fraternalmente tuyo en
Su Amor Eucarístico,

                                                                   Mons.  Pepe
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SANTÍSIMO SACRAMENTO TE ADORAMOS, TE BENDECIMOS Y TE GLORIFICAMOS.

SANTISIMO SACRAMENTO

HIMNO A JESÚS SACRAMENTADOPOR SANTO TOMÁS DE AQUINO(Adoro te devote) Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido. No veo las llagas como las vio Tomas pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame. ¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. Señor Jesús, bondadoso Pelícano, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero. Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.




El tiempo de Cuaresma


I. EL TIEMPO DE CUARESMA

1. Un tiempo con características propias.
La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las "armas de la penitencia cristiana": la oración, el ayuno y la limosna (ver Mt 6,1-6.16-18).
De manera semejante como el antiguo pueblo de Israel marchó durante cuarenta años por el desierto para ingresar a la tierra prometida, la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, se prepara durante cuarenta días para celebrar la Pascua del Señor. Si bien es un tiempo penitencial, no es un tiempo triste y depresivo. Se trata de un tiempo especial de purificación y de renovación de la vida cristiana para poder participar con mayor plenitud y gozo del misterio pascual del Señor.
La Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar el camino de la propia conversión. Este camino supone cooperar con la gracia, para dar muerte al hombre viejo que actúa en nosotros. Se trata de romper con el pecado que habita en nuestros corazones, alejarnos de todo aquello que nos aparta del Plan de Dios, y por consiguiente, de nuestra felicidad y realización personal.
La Cuaresma es uno de los cuatro tiempos fuertes del año litúrgico y ello debe verse reflejado con intensidad en cada uno de los detalles de su celebración. Cuanto más se acentúen sus particularidades, más fructuosamente podremos vivir toda su riqueza espiritual.
Por tanto habrá que esforzarse, entre otras cosas:
- Por que se capte que en este tiempo son distintos tanto el enfoque de las lecturas bíblicas (en la santa misa prácticamente no hay lectura continua), como el de los textos eucológicos (propios y determinados casi siempre de modo obligatorio para cada una de las celebraciones).
- Por que los cantos, sean totalmente distintos de los habituales y reflejen la espiritualidad penitencial, propia de este tiempo.
- Por lograr una ambientación sobria y austera que refleje el carácter de penitencia de la Cuaresma.

2. Sentido de la Cuaresma.
Lo primero que debemos decir al respecto es que la finalidad de la Cuaresma es ser un tiempo de preparación a la Pascua. Por ello se suele definir a la Cuaresma, "como camino hacia la Pascua". La Cuaresma no es por tanto un tiempo cerrado en sí mismo, o un tiempo "fuerte" o importante en sí mismo.
Es más bien un tiempo de preparación, y un tiempo "fuerte", en cuanto prepara para un tiempo "más fuerte" aún, que es la Pascua. El tiempo de Cuaresma como preparación a la Pascua se basa en dos pilares: por una parte, la contemplación de la Pascua de Jesús; y por otra parte, la participación personal en la Pascua del Señor a través de la penitencia y de la celebración o preparación de los sacramentos pascuales -bautismo, confirmación, reconciliación, eucaristía-, con los que incorporamos nuestra vida a la Pascua del Señor Jesús.
Incorporarnos al "misterio pascual" de Cristo supone participar en el misterio de su muerte y resurrección. No olvidemos que el Bautismo nos configura con la muerte y resurrección del Señor. La Cuaresma busca que esa dinámica bautismal (muerte para la vida) sea vivida más profundamente. Se trata entonces de morir a nuestro pecado para resucitar con Cristo a la verdadera vida: "Yo les aseguro que si el grano de trigo.muere dará mucho fruto" (Jn 20,24).  

A estos dos aspectos hay que añadir finalmente otro matiz más eclesial: la Cuaresma es tiempo apropiado para cuidar la catequesis y oración de los niños y jóvenes que se preparan a la confirmación y a la primera comunión; y para que toda la Iglesia ore por la conversión de los pecadores.


3. Oración, mortificación y caridad.
Son las tres grandes prácticas cuaresmales o medios de la penitencia cristiana (ver Mt 6,1-6.16-18).
Ante todo, está la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, el cristiano ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia entre en su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre a la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38). Por tanto debemos en el este tiempo animar a nuestros fieles a una vida de oración más intensa.
Para ello podría ser aconsejable introducir el rezo de Laúdes o Vísperas, en la forma que resulte más adecuada: los domingos o en los días laborables, como una celebración independiente o unidos a la Misa; invitar a nuestros fieles a formar algún grupo de oración que se reúna establemente bajo nuestra guía, una vez por semana durante media hora. De esta manera además de rezar podemos enseñarles a hacer oración; incentivar la oración por la conversión de los pecadores, oración propia de este tiempo; etc. Además, no hay que olvidar que la Cuaresma es tiempo propicio para leer y meditar diariamente la Palabra de Dios.
Por ello sería muy bueno ofrecer a nuestros fieles la relación de las lecturas bíblicas de la liturgia de la Iglesia de cada día con la confianza de que su meditación sea de gran ayuda para la conversión personal que nos exige este tiempo litúrgico.
La mortificación y la renuncia, en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto  para vivir el espíritu de la Cuaresma. No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas; de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que nos presenta el ritmo de la vida diaria, haciendo ocasión de ellos para unirnos a la cruz del Señor. De la misma manera, el renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y el desprendimiento. Incluso el fruto de esas renuncias y desprendimientos lo podemos traducir en alguna limosna para los pobres. Dentro de esta práctica cuaresmal están el ayuno y la abstinencia, de los que nos ocuparemos más adelante en un acápite especial.
La caridad. De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, la vivencia de la caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León Magno: "estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a las demás y cubre multitud de pecados". Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquel a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. De esta manera, vamos construyendo en el otro "el bien más precioso y efectivo, que es el de la coherencia con la propia vocación cristiana" (JuanPablo II).      
"Hay mayor felicidad en dar que en recibir" (Hch 20,35). Según Juan Pablo II, el llamado a dar "no se trata de un simple llamamiento moral, ni de un mandato que llega al hombre desde fuera" sino que "está radicado en lo más hondo del corazón humano: toda persona siente el deseo de ponerse en contacto con los otros, y se realiza plenamente cuando se da libremente a los demás". "¿Cómo no ver en la Cuaresma la ocasión propicia para hacer opciones decididas de altruismo y generosidad? Como medios para combatir el desmedido apego al dinero, este tiempo propone la práctica eficaz del ayuno y la limosna. Privarse no sólo de lo superfluo, sino también de algo más, para distribuirlo a quien vive en necesidad, contribuye a la negación de sí mismo, sin la cual no hay auténtica praxis de vida cristiana. Nutriéndose con una oración incesante, el bautizado demuestra, además, la prioridad efectiva que Dios tiene en la propia vida".
Por ello será oportuno discernir, conforme a la realidad de nuestras comunidades, qué campañas a favor de los pobres podemos organizar durante la Cuaresma, y cómo debemos alentar a nuestros fieles a la caridad personal.
La oración, la mortificación y la caridad, nos ayudan a vivir la conversión pascual: del encierro del egoísmo (pecado), estas tres prácticas de la cuaresma nos ayuda a vivir la dinámica de la apertura a Dios, a nosotros mismos y a los demás.
4. La abstinencia y el ayuno.
La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un "ejercicio" que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4; ver Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma)
¿Qué exige la Abstinencia y del  Ayuno?
La abstinencia prohíbe el uso de carnes, pero no de huevos, lactinios y cualquier condimento a base de grasa de animales. Son días de abstinencia todos los viernes del año.
El ayuno exige hacer una sola comida durante el día, pero no prohíbe tomar un poco de alimento por la mañana y por la noche, ateniéndose, en lo que respecta a la calidad y cantidad, a las costumbres locales aprobadas (Constitución Apostólica poenitemi, sobre doctrina y normas de la penitencia, III, 1,2). Son días de ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
Según acuerdo de los Obispos del Perú reunidos en Enero de 1985, y conforme a las Normas complementarias de la Conferencia Episcopal Peruana al Código de Derecho Canónico de Enero de 1986 aprobadas por la Santa Sede, el Ayuno y la Abstinencia puede ser reemplazado por: 
- Prácticas de piedad (por ejemplo, lectura de la Sagrada Escritura, Santa Misa, Rezo del Santo Rosario).
- Mortificaciones corporales concretas.
- Abstención de bebidas alcohólicas, tabaco, espectáculos.
- Limosna según las propias posibilidades. Obras de caridad, etc.

¿Quiénes están llamados a la abstinencia y al ayuno?
A la Abstinencia de carne: los mayores de 14 años.
Al Ayuno: los mayores de edad (18 años) hasta los 59 años.
¿Por qué el Ayuno? Nos habla el Santo Padre:
"Es necesario dar una respuesta profunda a esta pregunta, para que quede clara la relación entre el ayuno y la conversión, esto es, la transformación espiritual que acerca el hombre a Dios.
"El abstenerse de la comida y la bebida tiene como fin introducir en al existencia del hombre no sólo el equilibrio necesario, sino también el desprendimiento de lo que se podría definir como "actitud consumística.
"Tal actitud ha venido a ser en nuestro tiempo una de las características de la civilización occidental. ¡La actitud consumística! El hombre, orientado hacia los bienes materiales, muy frecuentemente abusa de ellos. La civilización se mide entonces según la cantidad y la calidad de las cosas que están en condiciones de proveer al hombre y no se mide con el metro adecuado al hombre.
"Esta civilización de consumo suministra los bienes materiales no sólo para que sirvan al hombre en orden a desarrollar las actividades creativas y útiles, sino cada vez más para satisfacer los sentidos, la excitación que se deriva de ellos, el placer momentáneo, una multiplicación de sensaciones cada vez mayor.
"El hombre de hoy debe ayunar, es decir, abstenerse de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos: ayunar significa abstenerse de algo. El hombre es él mismo solo cuando logra decirse a sí mismo: No. No es la renuncia por la renuncia: sino para el mejor y más equilibrado desarrollo de sí mismo, para vivir mejor los valores superiores, para el dominio de sí mismo".
5. La Confesión.
La Cuaresma es tiempo penitencial por excelencia y por tanto se presenta como tiempo propicio para impulsar la pastoral de este sacramento conforme a lo que nos ha pedido recientemente el Santo Padre y nuestro Arzobispo Primado, ya que la confesión sacramental es la vía ordinaria para alcanzar el perdón y la remisión de los pecados graves cometidos después del Bautismo.
No hay que olvidar que nuestros fieles saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año. Por todo ello, habrá que ofrecer horarios abundantes de confesiones.

6. La Cuaresma y la Piedad Popular.
La Cuaresma es tiempo propicio para una interacción fecunda entre liturgia y piedad popular. Entre las devociones de piedad popular más frecuentes durante la Cuaresma, que podemos alentar están:

La Veneración a Cristo Crucificado.
En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia para la "Adoración de la santa Cruz". Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.
Contemplando al Salvador crucificado captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor.
En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma.
No obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al acontecimiento de la Resurrección: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios.

La Lectura de la Pasión del Señor.
Durante el tiempo de Cuaresma, el amor a Cristo crucificado deberá llevar a la comunidad cristiana a preferir el miércoles y el viernes, sobre todo, para la lectura de la Pasión del Señor.
Esta lectura, de gran sentido doctrinal, atrae la atención de los fieles tanto por el contenido como por la estructura narrativa, y suscita en ellos sentimientos de auténtica piedad: arrepentimiento de las culpas cometidas, porque los fieles perciben que la Muerte de Cristo ha sucedido para remisión de los pecados de todo el género humano y también de los propios; compasión y solidaridad con el Inocente injustamente perseguido; gratitud por el amor infinito que Jesús, el Hermano primogénito, ha demostrado en su Pasión para con todos los hombres, sus hermanos; decisión de seguir los ejemplos de mansedumbre, paciencia, misericordia, perdón de las ofensas y abandono confiado en las manos del Padre, que Jesús dio de modo abundante y eficaz durante su Pasión.

El Vía Crucis.
Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. A través de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el "huerto llamado Getsemani" (Mc 14,32) el Señor fue "presa de la angustia" (Lc 22,44), hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores (ver Lc 23,33), al jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca (ver Jn 19,40-42).
Un testimonio del amor del pueblo cristiano por este ejercicio de piedad son los innumerables Vía Crucis erigidos en las iglesias, en los santuarios, en los claustros e incluso al aire libre, en el campo, o en la subida a una colina, a la cual las diversas estaciones le confieren una fisonomía sugestiva. En el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen también diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana: la comprensión de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias del seguimiento de Cristo, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (ver Lc 9,23) Por tanto debemos motivar su rezo los miércoles y/o viernes de cuaresma.

7. La Virgen María en la Cuaresma.
En el plan salvífico de Dios (ver Lc 2,34-35) están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa. Como Cristo es el "hombre de dolores" (Is 53,3), por medio del cual se ha complacido Dios en "reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz" (Col 1,20), así María es la "mujer del dolor", que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión. Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada (ver Lc 2,35).
Por ello la Cuaresma es también tiempo oportuno para crecer en nuestro amor filial a Aquella que al pie de la Cruz nos entregó a su Hijo, y se entregó Ella misma con Él, por nuestra salvación. Este amor filial lo podemos expresar durante la Cuaresma impulsando ciertas devociones marianas propias de este tiempo: "Los siete dolores de Santa María Virgen"; la devoción a  "Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores" (cuya memoria litúrgico se puede celebrar el viernes de la V semana de Cuaresma; y el rezo del Santo Rosario, especialmente los misterios de dolor.
También podemos impulsar el culto de la Virgen María a través de la colección de Misas de la Bienaventurada Virgen María, cuyos formularios de Cuaresma pueden ser usados el día sábado.