domingo, 10 de noviembre de 2013

10 de Noviembre - Día Nacional del Enfermo

Día Nacional del Enfermo - “Anda y haz tú lo mismo” (Lc 10,37)
Carta Pastoral de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Argentina a las comunidades con motivo del Día Nacional del Enfermo que se celebrará el domingo 10 de noviembre de 2013 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 

Celebramos el 10 de noviembre el Día Nacional del Enfermo. Tomamos como tema: “Salir al encuentro del que sufre”. 

No es necesario que les recordemos la realidad del sufrimiento del hombre de hoy. De muchas maneras se busca huir del mismo, pero al sufrimiento lo tenemos cada uno, lo tienen las familias, lo tiene la sociedad entera. 

Hay una sensación de vacío e impotencia, de cansancio y desaliento ante tantas presiones, esclavitudes y dolencias que el hombre mismo se inflige cuando vive alejado de Dios y de sus mandamientos. Lo recuerda el Concilio Vaticano II, que da la respuesta en su mensaje a los enfermos: “La única verdad capaz de responder al misterio del sufrimiento y de daros un alivio sin engaño es la fe y la unión al Varón de dolores, a Cristo, Hijo de Dios, crucificado por nuestros pecados y nuestra salvación”. 

Por eso suena tan actual la invitación de Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt 11, 28-30). 

El Señor nos llama hoy a asumir desde la fe el propio sufrimiento, y también a salir al encuentro de los hermanos que sufren. Jesús nos dice: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas” (Mt 7, 12). 

Como Pedro y Juan, que al paralítico, que pedía limosna junto a la puerta del templo, no le ofrecieron plata ni oro, sino a Jesucristo (Hechos 3, 2-6), así también nosotros hoy podemos y debemos ofrecerle esto al hermano enfermo: acercarnos, mirarlo, y ofrecerle a Cristo, desde nuestra fe vivida por la caridad y donada por el servicio. El servicio realizado desde la fe es sanador. Por eso podemos ser presencia sanadora para nuestros hermanos enfermos o desanimados. 

La experiencia de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35) nos muestra que en los momentos oscuros, cuando nos invade el cansancio, el desaliento y la desesperanza, el Señor camina con nosotros, y al reconocerlo en el prójimo que acogemos o ayudamos, nos devuelve la fuerza, el aliento y la esperanza. 

Son muchos, en efecto, los enfermos, los que están solos y abatidos, que esperan y necesitan la visita, un saludo, la escucha, un abrazo, una sonrisa o una ayuda concreta. Lo que desearíamos recibir si estuviéramos en su lugar. 

El Señor nos invita, pues, a no pasar de largo. A no vivir centrados en nosotros mismos, sino abrirnos al proyecto de Dios que nos llama a acercarnos a los hermanos para ser mediadores o instrumentos de su misericordia, de su providencia, de su voluntad de curar y salvar. Jesús nos dirige con fuerza su invitación: “Anda y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). 

El ejemplo de la Virgen María nos ilumina y anima a realizar el camino de acercamiento al enfermo y necesitado. “María tomó su decisión y fue sin demora a la casa de Isabel, que esperaba un hijo… Se quedó tres meses con Isabel y después volvió a su casa” (Lc 1, 39.56). 

Rogamos al Señor nos conceda ser testigos de la esperanza. 

Dios los bendiga y guarde. 

Mons. Mons. Aurelio J. Kühn OFM, Presidente
Mons. Mons. Emilio Bianchi Di Cárcano
Mons. Mons. José L. Mollaghan
Mons. Mons. Luis Stöckler

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