jueves, 24 de mayo de 2012

IMITACIÓN DE CRISTO - 12° Entrega - Segundo Libro


LIBRO SEGUNDO

Amonestaciones a la vida interior

CAPÍTULO I

De la conversación interior

Si menosprecias las cosas exteriores vendrá a ti el Reino de Dios:
Dice el Señor: El reino de Dios dentro de vosotros está (Lc., 17,21).  Conviértete a Dios de todo corazón y deja este mísero mundo, y hallará tu alma reposo. Aprende a menospreciar las cosas exteriores y darte a las interiores, y verás venir a ti el reino de Dios.
Ciertamente el reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo(Rom., 14,17), lo que no se da a los malos.
Jesucristo vendrá a ti y te mostrará su consolación, si interiormente le preparares digna morada en tu interior.
Toda su gloria y hermosura es de dentro(Salmo 44,14), y allí tiene su complacencia.
Su continua visitación es con el hombre interior y con él habla dulcemente, tiene agradable consolación, mucha paz y muy admirable familiaridad.
Ea, pues, alma fiel, y prepara tu corazón a este Esposo, para que quiera venir a ti y morar en ti; porque Él dice así; Si alguno me ama, guardará mi palabra, vendremos a él, y moraremos en él(Jn.,14,23).
Da pues lugar a Cristo, y a todo lo demás cierra la puerta. Si a Cristo tuvieres, estarás rico y te basta. Él será tu proveedor y fiel procurador en todo, para que no tengas necesidad de esperar en los hombres, porque los hombres se mudan muy prestos y desfallecen muy ligeramente: mas Jesucristo permanece para siempre, y está firmísimo hasta el fin (Jn., 12,34).

Po eso, pon toda tu confianza en Dios, considerándote como peregrino en la tierra:
No hay que poner mucha confianza en el hombre quebradizo y mortal, aunque sea provechoso y amado: ni haz de tomar mucha pena si alguna vez fuere contrario, porque los que hoy son contigo, mañana te pueden contradecir, y al contrario también; ; muchas veces se vuelven como el viento.
Pon en Dios toda tu confianza, y sea Él tu temor y tu amor. Él responderá por ti y lo hará bien, como mejor sea y convenga.
No tienes aquí ciudad permanente (Hebr., 13,14); donde quiera que estuvieres, serás extraño y peregrino, y no tendrás jamás reposo hasta que seas unido a Cristo entrañablemente.
¿Qué miras aquí, no siendo éste el lugar de tu reposo? En lo celestial ha de ser tu morada, y como de paso has de mirar todo el terreno. Todas las cosas pasan, y tú con ellas. Guárdate, no te pegues a ellas, porque no seas preso y perezcas.
En el Altísimo pon tu pensamiento; y tu oración diríjase sin cesar a Cristo.
Si no sabes contemplar las cosas profundas y celestiales, descansa en la Pasión de Jesucristo y mora muy de gana en sus sacratísimas llagas; porque si te llegas devotamente a las llagas y preciosas heridas de Jesucristo, gran consuelo sentirás en la tribulación, no harás mucho caso de los desprecios de los hombres y fácilmente sufrirás las palabras de los maldicientes.
También Jesucristo fue en el mundo despreciado por los hombres, y entre los denuestos, fue desamparado de los amigo y conocidos, en la mayor necesidad.

Sufre con Cristo y reinarás con Cristo:
Cristo quiso padecer y ser despreciado, ¿y tú osas quejarte de alguna cosa?
Cristo tuvo adversarios y murmuradores, ¿y tú quieres tener a todos por amigos y bienhechores?
¿De dónde se coronará tu paciencia, si ninguna adversidad se te ofrece?
Si no quieres sufrir algo por Cristo, ¿cómo serás amigo de Cristo?
Sufre con Cristo y por Cristo, si quieres reinar con Cristo.

El secreto de la unión con Jesús es morir a todo lo terreno y a sí mismo:
Si una vez entrases perfectamente en lo secreto de Jesucristo, y gustases un poco de su encendido amor, no tendrías cuidado de tu provecho o daño, antes te gozarais más de las injurias que te hiciesen; porque el amor de Jesús hace al hombre despreciable a sí mismo. El amante de Jesús y de la verdad, y el hombre verdaderamente interior y libre de las aficiones desordenadas, se puede volver libremente a Dios y levantarse sobre sí mismo en el espíritu, y descansar en Él con suavidad gozosa.
Aquél a quien saben todas sus cosas a lo que son, no como se dicen o estiman, es verdaderamente sabio, y enseñado más de Dios que de los hombres.
El que sabe andar dentro de sí y tener en poco las cosas de fuera, no busca lugares, ni espera tiempos para darse a ejercicios devotos.
El hombre interior presto se recoge; porque nunca se derrama del todo a las cosas exteriores. No le estorba el trabajo exterior o la ocupación tomada a tiempos por necesidad: mas como suceden las cosas, así se conforma con ellas.
El que está de dentro bien ordenado y dispuesto, no cuida de los hechos famosos y perversos de los hombres. Tanto el hombre se estorba y distrae, cuanto atrae a sí las cosas.
Si fueses bueno y limpio de corazón, todo te sucedería en bien y en provecho.
Por eso muchas cosas te turban y descontentan, porque aún no estás muerto a ti perfectamente, ni apartado de lo terreno. No hay cosa que tanto mancille y estorbe el corazón, cuanto el amor desordenado de las criaturas.
Si desprecias las consolaciones de fuera, podrás contemplar las cosas celestiales y gozarte muchas veces de dentro.

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