miércoles, 23 de mayo de 2012

Ven Espíritu Santo


El ESPÍRITU SANTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO


*EL ESPÍRITU SANTO SE HACE PRESENTE EN LA

 CREACIÓN: ES EL VIENTO DE DIOS QUE SE CERNÍA

 SOBRE LAS AGUAS

"EN EL PRINCIPIO CREÓ DIOS LOS CIELOS Y LA TIERRA. LA TIERRA ERA CAOS Y CONFUSIÓN Y OSCURIDAD POR ENCIMA DEL ABISMO, Y UN VIENTO DE DIOS ALETEABA POR ENCIMA DE LAS AGUAS". GÉNESIS 1, 1-2


"...con su atributo de bondad hizo fuerza a todos los atributos de Dios, y todos unidos hicieron fuerza a la voluntad y querer de Dios, para que con su poder crease seres que, sin ser dioses, puedan participar de sus grandezas y hermosuras, de sus felididades..."Decenario al Espíritu Santo, Francisca Javiera del Valle

*LOS PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO HABLARON MOVIDOS POR EL ESPÍRITU SANTO

LOS PROFETAS SON PERSONAS ELEGIDAS POR DIOS PARA HABLAR DE CRISTO, DEL MESÍAS QUE NACERÍA EN ISRAEL PARA LA SALVACIÓN DE TODA LA HUMANIDAD.TODAS LAS PROFECÍAS TIENEN SU CUMPLIMIENTO EN CRISTO, DIOS Y HOMBRE VERDADERO. CRISTO ES LA PLENITUD DE LA REVELACIÓN DE DIOS A LOS HOMBRES.

"DESPRECIADO Y RECHAZADO DE LOS HOMBRES, VARÓN DE DOLORES Y EXPERIMENTADO EN EL SUFRIMIENTO COMO DE QUIEN SE OCULTA EL ROSTRO, DESPRECIADO, NO LE TUVIMOS EN CUENTA. PERO ÉL TOMÓ SOBRE SÍ NUESTRAS ENFERMEDADES, CARGÓ CON NUESTROS DOLORES, Y NOSOTROS LE TUVIMOS POR CASTIGADO, HERIDO DE DIOS Y HUMILLADO. PERO ÉL FUE TRASPASADO POR NUESTRAS INIQUIDADES, MOLIDO OR NUESTROS PECADOS. EL CASTIGO, PRECIO DE NUESTRA PAZ, CAYÓ SOBRE ÉL, Y POR SUS LLAGAS HEMOS SIDOF CURADOS." 
ISAÍAS 53, 2-6

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EL GRAN DESCONOCIDO
(Homilía pronunciada por monseñor Escrivá el 25-V-1969, fiesta de Pentecostés.)
Se contiene en el volumen Es Cristo que pasa

        Los Hechos de los Apóstoles, al narrarnos los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de Nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones. La victoria que Cristo –con su obediencia, con su inmolación en la Cruz y con su Resurrección– había obtenido sobre la muerte y sobre el pecado, se reveló entonces en toda su divina claridad.
        Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva. Habían seguido a Cristo y acogido con fe sus enseñanzas, pero no acertaban siempre a penetrar del todo su sentido: era necesario que llegara el Espíritu de verdad, que les hiciera comprender todas las cosas. Sabían que sólo en Jesús podían encontrar palabras de vida eterna, y estaban dispuestos a seguirle y a dar la vida por El, pero eran débiles y, cuando llegó la hora de la prueba, huyeron, lo dejaron solo. El día de Pentecostés todo eso ha pasado: el Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces. La palabra de los Apóstoles resuena recia y vibrante por las calles y plazas de Jerusalén.
        Los hombres y las mujeres que, venidos de las más diversas regiones, pueblan en aquellos días la ciudad, escuchan asombrados. Partos, medos y elamitas, los moradores de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y del Asia, los de Frigia, de Pamfilia y de Egipto, los de Libia, confinante con Cirene, y los que han venido de Roma, tanto judíos como prosélitos, los cretenses y los árabes, oímos hablar las maravillas de Dios en nuestras propias lenguas. Estos prodigios, que se obran ante sus ojos, les llevan a prestar atención a la predicación apostólica. El mismo Espíritu Santo, que actuaba en los discípulos del Señor, tocó también sus corazones y los condujo hacia la fe.
        Nos cuenta San Lucas que, después de haber hablado San Pedro proclamando la Resurrección de Cristo, muchos de los que le rodeaban se acercaron preguntando: ¿qué es lo que debemos hacer, hermanos? El Apóstol les respondió: Haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Aquel día se incorporaron a la Iglesia, termina diciéndonos el texto sagrado, cerca de tres mil personas.

        La venida solemne del Espíritu en el día de Pentecostés no fue un suceso aislado. Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de El y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana: El es quien inspira la predicación de San Pedro, quien confirma en su fe a los discípulos, quien sella con su presencia la llamada dirigida a los gentiles, quien envía a Saulo y a Bernabé hacia tierras lejanas para abrir nuevos caminos a la enseñanza de Jesús. En una palabra, su presencia y su actuación lo dominan todo.
(Continúa)

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EL ESPÍRITU SANTO Y LOS SANTOS

SANTA CATALINA DE SIENA, "EL DIÁLOGO. ORACIONES Y SILOQUIOS" 
"Ciertamente, el Espíritu Santo es en nosotros nuestro servidor, porque nos reparte esta doctrina, iluminando nuestro entendimiento e induciéndonos a que le sigamos. Igualmente nos administra la caridad del prójimo y el hambre del manjar de las almas y de la salvación de todo el mungo por honor a tí, Padre"

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