miércoles, 15 de mayo de 2013

Esperando al Espíritu Santo


Buenos días queridos hermanos en Cristo, el Domingo pasado celebramos la Ascensión del Señor, y estamos a la espera del Espíritu Santo que nos prometió enviar, que celebraremos el domingo próximo en la Solemnidad de Pentecostés.
Aquí les mandamos material para conocer y recibir con fervor, junto a la Santísima Virgen  María, a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

                       

¿Quién es el Espíritu Santo?

En el Credo decimos 'creo en el Espíritu Santo'. Hay muchos cristianos que rezan el credo y repiten esta afirmación pero no saben lo que es el Espíritu Santo. Les ocurre como aquellos hombres que encontró San Pablo en uno de sus viajes; otros habían llegado antes que ellos y los habían hecho cristianos; entonces San Pablo les preguntó si estaban bautizados y le dijeron que sí; luego les preguntó si cuando fueron bautizados recibieron el Espíritu Santo, y les contentaron que ni siquiera habían escuchado hablar de que existía un Espíritu Santo.

El Espíritu Santo no es un ángel guardián ni una fuerza en el sentido impersonal de esta expresión, sino una Persona divina: la tercera persona de la Santísima Trinidad.

Decir 'creo en el Espíritu Santo' es profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad; más precisamente, la tercera persona. Dios como el Padre y como el Hijo; que merece la misma adoración que el Padre y el Hijo; como el Padre y el Hijo es creador, hacedor de todas las cosas, santificador. Por eso cuando hacemos la señal de la cruz, nos santiguamos en el nombre de cada una de las tres personas de la Trinidad, y cuando rezamos el Gloria nombramos a cada una de las tres personas de la Santísima Trinidad.

Generalmente los cristianos hablan más y conocen más sobre Dios Padre y sobre Dios Hijo que sobre Dios Espíritu Santo. Por eso, hubo uno que lo llamó 'el Gran Desconocido'.

En el Nuevo Testamento se le dan varios nombres que nos muestran esto:

-Jesucristo lo llama 'el Paráclito', que significa 'consolador'. En nuestros sufrimientos, en las tribulaciones, el E.S. es quien nos consuela. Por eso uno de los antiguos himnos de la Iglesia le pedía cantando: riega lo que árido, sana lo que está enfermo, ayuda lo que es débil, aligera lo que es pesado.

-Abogado: porque nos defiende. Dice San Pablo: 'el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como nos conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros como gemidos inefables' (Rom 8,26).

-Espíritu de verdad: porque El es el que hace a los Apóstoles que se acuerden de todo lo que ha dicho Jesucristo, y El es el que hace que los cristianos y especialmente el Papa entiendan las Sagradas Escrituras sin equivocarse.

-Don de Dios: porque es el gran regalo que nos hace Dios; enviarnos al Espíritu Santo.

-Santificador: porque es el que produce la santidad en nuestros corazones; El suscita en nuestros corazones las virtudes y las buenas cualidades que nos hacen santos y agradables a Dios. Por eso dice San Pablo que los frutos del E.S. son: caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza (Gal 5,22-23).

-Vivificante: porque El nos da la vida (cf. Gal 5,25). El nos engendra en el bautismo, nos hace hijos de Dios y nos hace nacer espiritualmente.

No podemos ser cristianos si desconocemos al Espíritu Santo. Y no podemos ser buenos cristianos si no amamos devotamente al Espíritu Santo, si no lo invocamos y si no nos gozamos cuando El, por la gracia, habita en nuestros corazones.                                                               -------------------------------


EL ESPÍRITU SANTO ES EL GRAN DESCONOCIDO POR LAS ALMAS

Conocemos al Padre, y al Hijo, sin embargo, el Espíritu Santo es el gran desconocido por muchos.

El Espíritu Santo, que es Dios junto con el Padre y el Hijo, es el fiel esposo de nuestras almas.

El Espíritu Santo permanece cerca de nosotros, y sin embargo no le conocemos lo suficiente, no le tratamos como debiéramos.

SÓLO PODEMOS SER SANTOS CON LA ASISTENCIA DEL ESPÍRITU SANTO
Es imposible alcanzar santidad alguna si no tratamos al Espíritu Santo.
Todos los Santos han tenido un trato especial con Él. De ahí la gran importancia de conocerlo mejor.


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